Levantarse por la mañana temprano puede ayudar a mantener el cuerpo más delgado, además de favorecer la salud general tanto física como psíquica, al mejorar el estado de ánimo.
Este planteo surge de una investigación llevada a cabo en la Universidad de Roehampton, Reino Unido, donde se evaluó a 1.086 persona adultas, en función de condición física, alimentación, hábitos del sueño, nivel de felicidad y la ansiedad.
Los resultados del estudio se definieron a través de la conformación de dos grupos, categorizándolos en “gente de la mañana» y «gente de la noche«, así el primer grupo o matutino era el que en promedio se levantaba alrededor de las 6:57 am, mientras que la gente de nocturna era la que se levantaba después de las 8:54 am, para comenzar su día.
Los fines de semana los dos grupos podían disfrutar de una hora más de sueño, así la gente de la mañana dormía hasta las 7:47 am y la gente de la noche, podía levantarse a las 10:09 am.
Como resultado de la evaluación, la gente que se levantó más temprano tendía a ser más sana y más feliz, pero también su índice de masa corporal era más bajo, de acuerdo con el Daily Mail.
En tanto que la gente nocturna veía la televisión por mucho más tiempo y al levantarse sobre la hora de iniciar sus actividades, solían saltarse el desayuno, lo cual se traducía en algo negativo para sus dietas, ya que durante el día tendían a consumir comidas rápidas o snacks, no solo durante el día sino también durante sus largas horas nocturnas, cuando este hábito es más insalubre para el peso corporal.
Levantarse temprano, metabolismo y control del peso

Cuando te levantas temprano y organizas tu mañana, estás aprovechando mejor tu metabolismo. El metabolismo es el conjunto de procesos químicos y físicos que permiten que el organismo transforme los alimentos en energía. Activarlo desde las primeras horas del día favorece que quemes calorías de forma más eficiente, te sientas con más vitalidad y mantengas un peso saludable a largo plazo.
Al despertarte, tu cuerpo sale de un periodo de ayuno nocturno. Si prolongas este ayuno de forma razonable y lo combinas con un desayuno temprano y equilibrado, ayudas a regular mejor el apetito, los niveles de glucosa y la quema de grasas. Diversas investigaciones señalan que comer más temprano y dejar pasar unas 12 horas entre la cena y el desayuno se asocia con un menor índice de masa corporal y una mejor salud metabólica.
Este enfoque se relaciona con el llamado ayuno intermitente en su versión de restricción horaria: concentrar la ingesta en una ventana de unas 8 horas y ayunar el resto del día. Limitar el horario de comidas, sobre todo si la mayor parte se realiza en las horas de luz, ayuda a estabilizar los ritmos biológicos del organismo y facilita la pérdida de peso sin empeorar el estado de ánimo ni la calidad del sueño.
Ritmos circadianos, luz natural y horario de las comidas

Levantarse temprano favorece la exposición a la luz natural de la mañana, un factor clave para sincronizar el reloj interno o ritmos circadianos. Estos ritmos regulan funciones tan importantes como la temperatura corporal, la producción de hormonas (melatonina, cortisol), el apetito y el nivel de alerta.
Recibir de 20 a 30 minutos de luz natural durante las primeras horas del día se ha asociado con un IMC más bajo, independientemente de la cantidad de calorías que se consuman. Esta exposición ayuda a que tu organismo sepa que es de día, aumente el gasto energético, regule mejor las hormonas del hambre y mejore la calidad del sueño nocturno.
Además, se ha observado que comer y cenar más temprano mejora el mantenimiento de la pérdida de peso y puede atenuar incluso el impacto del riesgo genético de obesidad. Cada hora de retraso en el horario medio de las comidas se relaciona con un aumento del IMC y con una mayor recuperación del peso perdido. Por tanto, no solo importa qué comes, sino también cuándo lo comes.
Buenos hábitos matutinos para potenciar la quema de grasa

Aprovechar el hecho de levantarse temprano para instaurar una serie de hábitos matutinos saludables puede marcar la diferencia en el control del peso.
Beber agua en ayunas ayuda a rehidratar el organismo tras la noche, estimula el sistema digestivo y contribuye a no confundir sed con hambre, lo que favorece comer menos en el desayuno y durante la mañana. Mantener una buena hidratación a lo largo del día se asocia con una mejor quema de grasa, un menor riesgo de obesidad y una reducción de la retención de líquidos.
Moverte al poco de levantarte también es muy recomendable. Unos minutos de ejercicio suave (caminar, estiramientos, yoga, movilidad articular) activan el sistema nervioso, sacan al cuerpo del “modo ahorro de energía” y aumentan el gasto calórico del resto de la jornada. En personas acostumbradas, entrenar por la mañana e incluso en ayunas puede potenciar la utilización de grasa como combustible, siempre que no existan contraindicaciones médicas.
La activación mental también cuenta. Evitar el “modo zombie” con el móvil en la cama y dedicar unos minutos a leer, meditar o planificar el día ayuda a mejorar la atención plena. Las personas con mayor capacidad para vivir el presente parecen tener más control sobre su ingesta y menor tendencia a comer de forma impulsiva o por ansiedad.
Por último, un desayuno equilibrado que combine proteínas magras, carbohidratos complejos, grasas saludables y fibra (por ejemplo, huevos o yogur griego con avena y fruta, frutos secos o semillas) contribuye a mantener estables los niveles de azúcar en sangre, reduce los antojos de media mañana y favorece un metabolismo activo durante todo el día.
Cuando se combinan el hábito de levantarse temprano, una buena calidad de sueño, horarios de comida alineados con la luz del día, hidratación adecuada, actividad física matutina y un desayuno bien planteado, se crea un entorno metabólico mucho más favorable para controlar el peso corporal, prevenir el sobrepeso y disfrutar de una salud física y emocional más estable.