Todas las mujeres que llegan a la menopausia comienzan a sufrir cambios en su cuerpo por culpa de las alteraciones hormonales que implica esta etapa de la vida. Estos cambios no solo afectan al ciclo menstrual o al estado de ánimo, sino también a la salud de los huesos, que pueden volverse más frágiles si no se cuidan de forma adecuada.
La reducción de la producción de estrógenos aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, como el cáncer, la diabetes y, de manera muy destacada, la osteoporosis. La osteoporosis es una enfermedad que requiere una atención particular, porque la pérdida de hormonas implica una disminución de los niveles de densidad ósea, lo que aumenta el riesgo de sufrir esta afección y de padecer fracturas incluso con traumatismos leves.
Se ha podido determinar que durante los primeros años posteriores a la retirada definitiva de la regla, las mujeres pueden presentar una reducción de masa ósea especialmente intensa. De hecho, estudios muestran que este descenso es más marcado durante los cinco primeros años tras la menopausia, por lo que la prevención es necesaria con el fin de adoptar buenos hábitos que permitan conservar los huesos en buena salud y disminuir al máximo la probabilidad de fracturas en la edad madura.
Durante los primeros años de vida y hasta la edad adulta temprana, el cuerpo tiene la capacidad de mantener un equilibrio entre la reducción de la masa ósea y la producción de nueva masa. Esta fase de acumulación permite alcanzar el llamado pico de masa ósea, es decir, la máxima cantidad de tejido óseo que tendrá una persona. En general, ese pico se alcanza hacia los 30 años; después, entre los 30 y 35 años, la pérdida de masa ósea puede comenzar a ser más rápida que su producción por parte del cuerpo, y por eso es importante comenzar a impulsarla con ejercicio, alimentación adecuada y estilos de vida saludables.
Gracias a la supresión de las menstruaciones en el momento de la menopausia, la pérdida de masa ósea se acelera de manera considerable y cuando los niveles de estrógenos disminuyen, los huesos se hacen más frágiles y son susceptibles de romperse. Esta fase se considera un periodo de pérdida ósea rápida, especialmente crítica en los primeros años tras el cese de las reglas, donde la densidad mineral ósea puede descender mucho más deprisa que por la edad cronológica por sí sola.
Las mujeres que tienen antecedentes familiares de osteopenia o de osteoporosis tienen más riesgo de desarrollar este problema. Conviene saber que una vez que se ha perdido masa ósea es difícil recuperarla. Sin embargo, para reducir los riesgos, es posible adoptar un estilo de vida más sano que permita conservarla para no comprometer la salud de los huesos.
Pérdida de densidad ósea durante la menopausia: qué ocurre en el hueso

Aunque pueda parecer lo contrario, el hueso no es una estructura inerte: es un tejido vivo en constante recambio. Existen dos tipos principales de células implicadas en este proceso:
- Osteoclastos: son las células que se encargan de destruir el hueso viejo o dañado, un proceso llamado resorción ósea.
- Osteoblastos: son las células que forman hueso nuevo, rellenando las zonas donde los osteoclastos han trabajado, lo que se conoce como formación ósea.
El equilibrio entre resorción y formación se denomina remodelado óseo. En condiciones normales, este recambio mantiene la estructura del esqueleto estable. Sin embargo, cuando descienden los niveles de estrógenos, como sucede en la menopausia, se altera este equilibrio:
- Aumenta la actividad de los osteoclastos y se destruye hueso con más rapidez.
- Disminuye o no aumenta en la misma medida la actividad de los osteoblastos, por lo que se forma menos hueso nuevo.
Como resultado, el organismo comienza a perder densidad mineral ósea. Esta pérdida puede ser especialmente intensa en determinados tipos de hueso. El hueso trabecular, más esponjoso y con una alta superficie interna (como el de las vértebras y ciertas zonas de la cadera), es el que más rápidamente se ve afectado, lo que explica el aumento de fracturas vertebrales y de cadera en mujeres posmenopáusicas.
Es importante destacar que esta pérdida ósea relacionada con la menopausia se suma a la reducción progresiva de masa ósea que ya se produce con el envejecimiento. Por eso se considera que la menopausia marca una fase crítica en la vida de la mujer, en la que la velocidad de pérdida ósea suele ser mayor que la que correspondería solo a la edad biológica.
Factores que aumentan el riesgo de pérdida ósea en la menopausia
No todas las mujeres desarrollan la misma pérdida de densidad ósea ni llegan a padecer osteoporosis, pero ciertos factores aumentan la vulnerabilidad del hueso en esta etapa:
- Antecedentes familiares de osteopenia, osteoporosis o fracturas por fragilidad.
- Menopausia precoz, ya sea natural o inducida por tratamientos médicos, que expone al hueso a un periodo más prolongado sin la protección de los estrógenos.
- Bajo peso corporal o constitución muy delgada, que se asocian a menor reserva de masa ósea.
- Tabaquismo y consumo elevado de alcohol o cafeína, que interfieren con el metabolismo óseo.
- Sedentarismo y ausencia de ejercicio con carga o resistencia, que reducen el estímulo mecánico necesario para mantener el hueso fuerte.
- Dieta pobre en calcio y vitamina D, o problemas de absorción intestinal que limiten la entrada de estos nutrientes.
- Uso prolongado de medicamentos osteopenizantes, como determinados corticoides o fármacos empleados en tratamientos oncológicos.
- Presencia de enfermedades crónicas endocrinas, inflamatorias o digestivas que afecten al metabolismo del calcio y del hueso.
Cuantos más factores de riesgo confluyen en una misma persona, mayor es la probabilidad de que la pérdida de masa ósea durante la menopausia sea rápida e intensa, y de que aparezcan fracturas osteoporóticas en la columna, la cadera o la muñeca.
Cómo se diagnostica la pérdida de densidad ósea en la menopausia
La disminución de densidad ósea es una enfermedad en gran parte silenciosa: no produce dolor ni síntomas claros hasta que se presenta una fractura o una deformidad vertebral. Por este motivo, es fundamental recurrir a pruebas diagnósticas cuando se reúnen factores de riesgo o se alcanza la edad recomendada.
La técnica de referencia para valorar la densidad mineral ósea es la densitometría ósea, también llamada estudio DEXA o DXA. Se trata de una prueba rápida e indolora, que utiliza una cantidad muy baja de radiación para medir la cantidad de mineral presente en los huesos, sobre todo en la columna lumbar y la cadera, zonas donde las fracturas son más relevantes.
Los resultados se expresan mediante:
- Una puntuación T (T-score), que compara tu densidad ósea con la de una población adulta joven sana del mismo sexo.
- Una puntuación Z (Z-score), que compara tu densidad ósea con la que sería esperable en personas de tu misma edad, sexo y características.
En mujeres posmenopáusicas se utilizan de forma habitual los valores de T-score para clasificar la situación ósea:
- Valor considerado normal cuando el T-score es igual o superior a -1.
- Osteopenia cuando el T-score se sitúa entre -1 y -2,5, lo que indica una masa ósea inferior a la normal, pero sin llegar a osteoporosis.
- Osteoporosis cuando el T-score es igual o inferior a -2,5, lo que implica una pérdida ósea importante y un riesgo elevado de fracturas.
En función de estos resultados, de la presencia de fracturas previas y de los factores de riesgo individuales, el profesional sanitario puede recomendar desde medidas preventivas intensivas hasta tratamientos específicos con fármacos que reduzcan la resorción ósea o estimulen la formación de nuevo hueso.
Hábitos y cuidados para frenar la pérdida ósea en la menopausia
Una vez entendidos los mecanismos de pérdida de densidad ósea durante la menopausia, el objetivo es actuar sobre todos aquellos aspectos que sí se pueden modificar con cambios en el estilo de vida y, cuando sea necesario, con apoyo farmacológico o suplementación.
- Ejercicio físico regular: las actividades con soporte de peso (caminar a paso ligero, subir escaleras, bailar, senderismo) y el entrenamiento de fuerza con pesas o bandas elásticas ayudan a mantener y, en algunos casos, a aumentar la densidad ósea. El trabajo de equilibrio y flexibilidad (yoga, tai chi) reduce el riesgo de caídas.
- Alimentación rica en calcio: incluir lácteos, bebidas enriquecidas, pescados pequeños que se consumen con espina, verduras de hoja verde, frutos secos y legumbres favorece un aporte suficiente de este mineral esencial para el hueso.
- Vitamina D adecuada: una exposición solar moderada y el consumo de alimentos que la contengan, además de suplementos si el profesional lo considera, mejoran la absorción del calcio y la función muscular.
- Control del peso corporal: evitar tanto el bajo peso extremo como la obesidad contribuye a reducir el riesgo de fracturas y la sobrecarga articular.
- Evitar tabaco y exceso de alcohol: el abandono del tabaco y la moderación en el consumo de alcohol son medidas fundamentales para proteger la estructura ósea.
En algunos casos, especialmente cuando la densitometría ya muestra osteopenia marcada u osteoporosis, el especialista puede valorar la prescripción de suplementos de calcio y vitamina D, terapia hormonal, medicamentos antirresortivos (como ciertos bifosfonatos) u otros tratamientos que ayuden a reducir la velocidad de pérdida ósea o a mejorar la calidad del hueso.
Cuidar la densidad ósea durante la menopausia significa combinar información, prevención y seguimiento médico: cuanto antes se adopten hábitos saludables y se detecte cualquier disminución de masa ósea, más probabilidades hay de mantener unos huesos fuertes y funcionales a largo plazo y de disfrutar de esta etapa de la vida con autonomía y buena calidad de vida.