Antes de congelar las fresas, es importante separarlas bien y conocer cómo se comporta esta fruta tan delicada. Las fresas se deterioran muy rápido porque son sensibles a ciertos hongos y porque respiran con mucha intensidad, lo que hace que acumulen gas carbónico dentro de los envases y se estropeen con facilidad. Por eso, desde el primer momento, conviene revisar una por una y retirar todas las que tengan moho, zonas blandas, demasiado maduras, descoloridas, olor extraño o un aspecto poco presentable. Esas piezas no se deben congelar ni consumir.
También conviene tener claro que las fresas descongeladas no mantienen exactamente la misma textura que las frescas: quedan más blandas y jugosas, por lo que no son adecuadas para decorar, pero sí resultan perfectas para batidos, helados, coulis, mermeladas o postres en los que se trituran o se cocinan. En cuanto al sabor, si se congelan al natural suelen conservar buena parte de su aroma y valor nutricional, aunque algunas personas notan una ligera pérdida de sabor y aroma tras el proceso de congelación y descongelación.
Cómo elegir, lavar y secar las fresas antes de congelarlas

Antes de congelar las fresas hay que lavarlas bien y secarlas muy bien, pero el orden de los pasos es clave. Primero, selecciona las fresas que estén maduras pero firmes, con buen color y sin golpes. Deshecha las que tengan moho y separa las que estén demasiado maduras para consumirlas de inmediato en postres o batidos.
Para lavarlas, pásalas rápidamente por agua fría, evitando dejarlas en remojo para que no absorban demasiada agua ni pierdan sabor. Es preferible mantener el pedúnculo verde mientras se lavan para que no entre agua en exceso en el interior del fruto.
Después del lavado, sécalas con mucha delicadeza: utiliza papel de cocina o un paño limpio, dando toques suaves para eliminar el máximo de humedad. En ningún caso conviene meter un fruto húmedo en el congelador porque se endurecería demasiado, se formarían cristales de hielo y empeoraría la textura. Por lo tanto, es importante tomarse el tiempo suficiente para secar las fresas correctamente.
Una vez bien secas, ya puedes retirar el rabito verde si lo deseas, sobre todo cuando vayas a congelarlas troceadas o al natural para usarlas directamente en recetas.
Formas de congelar fresas al natural paso a paso

Una vez que las fresas están lavadas y secas, se pueden colocar en un recipiente en el que no se peguen entre sí. De esta forma, se evita tener un amalgama de fresas congeladas difíciles de separar. Se debe escoger un recipiente adaptado al congelador, preferiblemente una fiambrera o bandeja plana, y colocarlo de forma estable para que las fresas queden en una sola capa.
Si quieres un resultado tipo IQF (congelado rápido e individual), coloca las fresas enteras o cortadas en rodajas, mitades o cuartos sobre una bandeja que quepa en el congelador, sin amontonarlas. Déjalas varias horas hasta que estén bien duras y, solo entonces, pásalas a bolsas con cierre hermético o recipientes para congelar, retirando el máximo de aire posible. Así evitarás los pegotes y conseguirás fresas sueltas que podrás dosificar mejor.
Para organizar el congelador, resulta muy práctico dividirlas en porciones de 300 gramos, medio kilo o la cantidad que suelas utilizar en tus recetas. Etiqueta las bolsas con la fecha y el contenido para controlar el tiempo que llevan congeladas y mantener una buena rotación.
Las fresas congeladas de este modo conservan prácticamente el mismo sabor y valor nutricional que las frescas, siempre que no les añadas azúcar u otros aditivos. Lo que varía es la textura, que pasa a ser más blanda, por lo que son ideales para smoothies, sorbetes, helados caseros, espumas o coulis.
Congelar fresas con almíbar para un sabor más dulce

Si preferís congelar las fresas y darles un sabor dulce, lo ideal es hacer un almíbar de azúcar. Esta técnica recubre la fruta con una fina capa de jarabe que ayuda a proteger la pulpa frente a la formación de cristales de hielo y aporta un toque extra de dulzor, muy agradable para postres.
Para preparar el almíbar, se mezclan 4 tazas de agua y una de azúcar en un cazo y se lleva a ebullición. Poco a poco, a medida que el azúcar va espesando y que el almíbar se vuelve transparente, se retira del fuego y se deja templar. Después se vierte el almíbar ya frío o ligeramente templado sobre las fresas colocadas en un recipiente apto para congelar, cubriéndolas por completo.
Al terminar, se colocan las fresas en el congelador siguiendo las indicaciones anteriores, procurando que el recipiente quede bien cerrado para evitar la formación de escarcha. Al descongelar las fresas en almíbar, resultan deliciosas y muy adecuadas para acompañar tartas, yogures, helados, flanes o budines, así como para comerlas tal cual si te gusta un postre muy goloso.
Conviene recordar que, aunque el almíbar mejora la textura y protege la fruta, también incrementa la cantidad de azúcar del conjunto. Si buscas una opción más ligera, es mejor congelarlas al natural o con una cantidad muy moderada de azúcar.
Congelar fresas con papel de aluminio y otras ideas prácticas
Si no se tiene un recipiente para congelar las fresas, se puede utilizar papel de aluminio. En este caso, y para evitar que se humedezcan de más, muchas personas optan por no lavarlas previamente, envolviéndolas de forma separada en trozos de papel de aluminio, cuidando de no machacarlas. Una vez descongeladas, las fresas estarán perfectas para usar en recetas donde la presentación no sea lo principal.
Otra alternativa consiste en introducir pequeños trozos de fresa en una cubitera con agua. Al congelarse, obtendrás cubitos de hielo con fresa en su interior, ideales para enfriar bebidas de forma vistosa y aportar un toque de sabor a agua, refrescos o cócteles.
Las fresas congeladas son una excelente base para preparar granizados, smoothies y helados caseros. Tener siempre bolsas de fresas congeladas en el congelador permite improvisar batidos saludables, sopas frías de fruta, gazpachos de fresa o postres rápidos sin necesidad de añadir demasiada azúcar.
A la hora de descongelarlas, lo más recomendable es dejarlas a temperatura ambiente o en la parte menos fría de la nevera, sobre un colador colocado encima de un recipiente para recoger el jugo que vayan soltando. Ese líquido puede aprovecharse en salsas dulces, siropes o bebidas, ya que concentra gran parte del sabor de la fruta.
Una buena provisión de fresas congeladas, escogidas en su mejor punto de maduración y conservadas correctamente, permite disfrutar de su color, aroma y beneficios nutricionales en batidos, postres y recetas dulces durante todo el año, incluso mucho después de que haya pasado su temporada más abundante.