El café ha tenido durante mucho tiempo mala fama, especialmente en relación con la tensión arterial, los nervios y el corazón. Sin embargo, la evidencia científica acumulada indica que, consumido con moderación y dentro de un estilo de vida saludable, puede convertirse en un aliado para el cerebro, el sistema cardiovascular, el metabolismo y la prevención de diferentes enfermedades degenerativas, incluida la demencia. Además, consumido en la edad adulta contribuye a mantener el desarrollo cognitivo a lo largo del tiempo.
Hoy se sabe que el café aporta múltiples compuestos bioactivos (cafeína, polifenoles, ácido clorogénico, antioxidantes, minerales y vitaminas) que actúan sobre el sistema nervioso, los vasos sanguíneos y el metabolismo de la glucosa. Estudios observacionales de gran tamaño sugieren que una ingesta moderada de café con cafeína y también de té se asocia con menor riesgo de demencia, accidente cerebrovascular y deterioro cognitivo, sobre todo cuando su consumo se mantiene durante años como parte de una vida cerebrosaludable.
El café es ideal para:

Tener siempre energía. El elemento presente en mayor cantidad del café es la cafeína, que estimula el sistema nervioso. La cafeína permite mejorar la coordinación, la fuerza y la flexibilidad de los movimientos, facilita la concentración y ayuda a borrar el cansancio diario. Diversos estudios han observado que quienes consumen de 2 a 3 tazas diarias de café con cafeína suelen mostrar mejor rendimiento en pruebas objetivas de función cognitiva y menos quejas de fallos de memoria subjetivos.
Combatir el cáncer. El café parece contribuir a prevenir el cáncer de colon, en parte porque inhibe la producción de ácidos biliares que favorecen lesiones en esa zona. Además, sus polifenoles y antioxidantes reducen el estrés oxidativo y la inflamación, procesos implicados en la aparición de varios tipos de cáncer y en el daño celular.
Reducir el riesgo de sufrir enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Parkinson o el Alzheimer. Algunas investigaciones han mostrado que beber café con moderación puede reducir notablemente el riesgo de estas enfermedades; en ciertos estudios se ha observado una reducción sustancial del riesgo en consumidores moderados. Estudios epidemiológicos de gran tamaño han encontrado que las personas que beben de 2 a 3 tazas de café o de 1 a 2 tazas de té al día presentan un menor riesgo de demencia y un deterioro cognitivo más lento a lo largo de los años. En grandes cohortes, el riesgo de desarrollar demencia puede ser hasta un 18% menor en consumidores habituales frente a quienes apenas lo toman.
Evitar la diabetes. La cafeína y otros compuestos del café influyen en el páncreas y el metabolismo de la glucosa: pueden estimular la secreción de insulina en el corto plazo y mejorar la sensibilidad a la insulina, lo que ayuda a regular la glucemia y reduce el riesgo de diabetes tipo 2, un importante factor de riesgo para la demencia y las enfermedades cardiovasculares.
Cuidar las alergias y el asma. El café actúa como broncodilatador suave, lo que puede mejorar el flujo de aire en las vías respiratorias y aliviar de forma temporal síntomas de asma o broncoespasmo leve. Tradicionalmente se ha señalado que la cafeína puede ayudar en problemas respiratorios leves.
Combatir la depresión. Como estimulante, el café puede ayudar a reducir ciertos síntomas depresivos. Estudios observacionales asocian el consumo regular de café con menor riesgo de síntomas depresivos, probablemente por su acción sobre neurotransmisores, su aporte de antioxidantes y su papel social como bebida que favorece la interacción.
Mejora la memoria y la función cognitiva. El café puede evitar la formación de coágulos sanguíneos y, en la mayoría de adultos sanos con consumo moderado, no incrementa de forma sostenida la tensión arterial ni el ritmo cardíaco. Su alto contenido en antioxidantes ayuda a reducir el deterioro celular. Además, el café estimula el tránsito intestinal, por lo que es útil para tratar el estreñimiento, y aporta minerales como potasio y magnesio, necesarios para el equilibrio hídrico y la función muscular.
También se ha observado que quienes consumen cantidades moderadas de café y té presentan un menor riesgo de accidente cerebrovascular y de demencia posterior al ictus. En algunos estudios, las personas que bebían más café o té tenían hasta un 32% menos de riesgo de ictus y un 28% menos de riesgo de demencia en comparación con quienes no los consumían, probablemente gracias al efecto combinado de los antioxidantes, la mejora de la circulación y la modulación de la inflamación.
Las propiedades esenciales del café
Entre los muchos nutrientes aportados por el café, los antioxidantes son esenciales para el organismo, así como los minerales. Estos elementos permiten mantener el equilibrio líquido en las células, ayudan a prevenir las enfermedades degenerativas y el cáncer, y contribuyen a combatir la demencia. Los huesos y músculos funcionan mejor si el aporte en antioxidantes y en minerales es óptimo. Igualmente, el café aporta vitaminas que ayudan a reforzar el sistema inmunitario.
Un aspecto clave que muestran las investigaciones recientes es el llamado efecto techo o punto óptimo de consumo: la protección más clara frente a demencia y deterioro cognitivo se observa con alrededor de 2 a 3 tazas de café con cafeína al día, o bien 1 a 2 tazas de té. Tomar cantidades superiores no parece aportar beneficios adicionales importantes para el cerebro y, en cambio, podría incrementar ansiedad, nerviosismo o interferir con la calidad del sueño en personas sensibles.
El café descafeinado no muestra el mismo efecto neuroprotector en los estudios disponibles. Aunque también aporta polifenoles y otros compuestos saludables, los datos señalan a la cafeína como principal responsable del efecto protector frente al deterioro cognitivo. La cafeína actúa como antagonista de los receptores de adenosina en el cerebro, modulando la transmisión sináptica y ayudando a reducir la acumulación de beta-amiloide, proteína implicada en la enfermedad de Alzheimer.
Un dato especialmente alentador es que la protección asociada al café y al té parece ser independiente de la predisposición genética. Incluso personas con factores de riesgo genético elevados para la demencia se pueden beneficiar de un consumo moderado de estas bebidas, siempre que se integren en un conjunto de hábitos cerebrosaludables que incluya dieta equilibrada, ejercicio físico, sueño de calidad y relaciones sociales activas.
Aun así, conviene recordar que los estudios que relacionan café y demencia son principalmente observacionales. Esto significa que muestran asociaciones, pero no prueban una causa directa. Además, el consumo de café debe adaptarse a la tolerancia individual: personas con ansiedad intensa, insomnio marcado, temblor esencial o ciertas patologías cardiacas pueden necesitar limitar o evitar la cafeína. Una pauta razonable es no tomar café a partir de media tarde para proteger el sueño nocturno.
Considerado en conjunto, el café puede formar parte de una estrategia de salud pública accesible y placentera para cuidar el cerebro y reducir el riesgo de demencia y otras enfermedades crónicas, siempre que se consuma de forma moderada, preferiblemente sin azúcar añadido y en el contexto de una dieta mediterránea, ejercicio regular y control de factores de riesgo como la hipertensión, la obesidad o la diabetes.