Vacunación frente a la gripe y otras infecciones respiratorias: así llega la nueva temporada

  • Aumento temprano de la gripe en España y predominio de la variante K del virus H3N2.
  • La vacunación antigripal se separa de la del COVID-19 por la distinta situación epidemiológica.
  • Sanidad prioriza a mayores, niños pequeños, embarazadas, personas con patologías crónicas y personal esencial.
  • El ECDC reafirma la alta eficacia y seguridad de las vacunas en la Unión Europea.

Vacunas y salud pública

La actual temporada de virus respiratorios ha arrancado con fuerza en España y buena parte de Europa, con un aumento claro de los casos de gripe y un protagonismo especial de una nueva variante del virus. En este contexto, las autoridades sanitarias han vuelto a poner el foco en las vacunas, recordando que siguen siendo la herramienta más eficaz para evitar complicaciones graves, ingresos hospitalarios y fallecimientos.

Desde la temporada 2021-2022 se venía recomendando la vacunación conjunta frente a gripe y COVID-19, pero para la temporada 2025-2026 la Comisión de Salud Pública ha optado por emitir pautas diferenciadas para cada infección, al considerar que la situación epidemiológica de ambos virus no es idéntica. Estas indicaciones, recuerdan, se irán ajustando según evolucione la circulación de los patógenos.

Situación actual de la gripe en España y la variante K

Según el último informe del Sistema de Vigilancia de Infección Respiratoria Aguda, correspondiente a la semana del 17 al 23 de noviembre, la tasa de síndrome gripal en Atención Primaria ha alcanzado los 40,1 casos por cada 100.000 habitantes, superando ya el umbral epidémico a nivel nacional, aunque con diferencias marcadas entre comunidades autónomas.

En 2024 ese umbral no se sobrepasó hasta finales de diciembre, por lo que este año se observa un adelanto de varias semanas en el inicio de la ola gripal. Los datos de Aragón, Madrid, Cataluña y otras regiones apuntan en la misma dirección: la circulación del virus se ha intensificado antes de lo habitual y se espera que el pico de contagios llegue alrededor de las fechas navideñas.

Los expertos han señalado a la denominada variante K, perteneciente al linaje H3N2, como una de las principales responsables de este adelantamiento. Esta versión del virus acumula varias mutaciones que afectan a la zona donde actúan los anticuerpos que bloquean la infección, lo que provoca un escape parcial a la inmunidad generada por contagios previos o por la vacuna actual.

El virólogo Estanislao Nistal, profesor de Microbiología, explica que estas alteraciones hacen que el virus se parezca menos a las cepas incluidas en la vacuna de esta temporada y aumente su capacidad de transmisión. Japón, Reino Unido y Norteamérica también han notificado incrementos inusualmente tempranos de casos, en paralelo a lo que está ocurriendo en España.

En cualquier caso, los cuadros clínicos producidos por esta variante no difieren de los de la gripe «de siempre»: fiebre alta de inicio brusco, dolores musculares y de cabeza, tos seca y un cansancio acusado. El tratamiento sigue siendo sintomático: reposo, buena hidratación y medicación para aliviar la fiebre y el malestar, salvo indicación médica específica en pacientes de riesgo.

Campañas de vacunación

Impacto de la gripe y motivos para vacunarse

La gripe no es solo una molestia invernal. Un estudio reciente del Instituto de Salud Carlos III estimó que entre octubre de 2024 y mayo de 2025 esta enfermedad causó en España más de 33.000 hospitalizaciones, alrededor de 1.800 ingresos en UCI y un número similar de fallecimientos. Estas cifras ilustran el peso real de la infección en el sistema sanitario y en la mortalidad anual.

El objetivo de la campaña de vacunación es doble: por un lado, reforzar la protección de quienes tienen más probabilidades de sufrir complicaciones (mayores, personas con patologías crónicas, embarazadas, etc.) y, por otro, reducir la presión asistencial en hospitales, centros de salud y recursos sociosanitarios durante los meses de mayor circulación del virus.

La estructura molecular de los virus gripales cambia con frecuencia mediante procesos de deriva antigénica. Estos ajustes permiten que el patógeno escape, al menos en parte, de las defensas creadas por infecciones o vacunas anteriores. Por eso las autoridades insisten en que es necesario recibir una dosis cada temporada, incluso aunque se haya pasado la gripe el año anterior.

Además, con el tiempo el nivel de anticuerpos generados tras la vacunación o una infección natural va descendiendo. Las vacunas que se administran cada invierno se diseñan precisamente para adaptarse a las cepas que se prevé que circularán con mayor intensidad, de modo que la protección se ajuste lo más posible al virus real.

Seguridad de las vacunas y posición del ECDC

La seguridad de las vacunas es una de las preguntas recurrentes cada vez que arranca una campaña. En el caso de la gripe, los datos acumulados durante décadas muestran un perfil de seguridad muy favorable. Como sucede con cualquier medicamento, pueden aparecer reacciones adversas, pero en la mayoría de los casos son leves y de corta duración.

Entre los efectos más habituales se encuentran la inflamación y el dolor en la zona de la inyección, un ligero aumento de la temperatura, malestar general o molestias musculares. Estas manifestaciones suelen aparecer en las primeras horas tras la inoculación y remiten antes de 48 horas en la práctica totalidad de las personas vacunadas.

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) ha publicado recientemente una actualización de sus mensajes clave sobre efectividad, seguridad y uso de las vacunas en la Unión Europea. En este documento, la agencia recuerda que la inmunización sigue siendo una de las intervenciones de salud pública más eficaces y coste-eficientes, con una estimación de unos 154 millones de vidas salvadas en el mundo en los últimos 50 años.

En el ámbito europeo, el ECDC subraya que todas las vacunas autorizadas atraviesan rigurosos procesos de evaluación antes de su aprobación. Una vez en el mercado, se mantiene un seguimiento continuo en coordinación con la Agencia Europea del Medicamento, mediante estudios independientes y sistemas de notificación que permiten detectar posibles señales de riesgo y analizarlas con transparencia.

Además, se integran datos de vigilancia epidemiológica para medir el impacto real de las vacunas: cómo reducen la transmisión, previenen brotes y ayudan a definir qué grupos deben ser prioritarios y cuándo conviene actualizar las composiciones vacunales ante la aparición de nuevas variantes. Según el ECDC, el balance beneficio-riesgo de las vacunas disponibles en la UE es claramente favorable.

Quién debe vacunarse frente a la gripe

Para la temporada 2025-2026, las autoridades sanitarias españolas han definido cuatro grandes grupos de población para los que la vacuna antigripal está especialmente recomendada, de acuerdo con el documento de la Comisión de Salud Pública.

El primer bloque lo forman las personas con mayor riesgo de sufrir complicaciones por la gripe. Aquí se incluye a quienes tienen 60 o más años, a los niños de 6 a 59 meses, así como a las personas de 5 a 59 años con determinadas condiciones de riesgo: residentes en centros sociosanitarios, pacientes con diabetes, obesidad mórbida, enfermedades crónicas (cardiovasculares, respiratorias, renales, hepáticas, neurológicas, etc.), inmunodeprimidos, personas con cáncer, trastornos cognitivos o enfermedades como la celiaquía, hemofilia o anemias, además de quienes son fumadores habituales.

En este mismo grupo se incluyen todas las embarazadas y las mujeres en el posparto, así como los menores de entre 5 y 18 años que reciben tratamientos prolongados con ácido acetilsalicílico, dado que la combinación de gripe y este fármaco puede aumentar el riesgo de síndrome de Reye.

El segundo colectivo prioritario está compuesto por los profesionales de servicios esenciales para la comunidad: personal que trabaja en centros sanitarios y sociosanitarios, tanto públicos como privados, y profesionales de servicios públicos críticos como bomberos o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Un tercer bloque lo forman las personas que, por su situación, pueden transmitir la gripe a individuos vulnerables. Aquí se incluye a cuidadoras y cuidadores que atienden en el domicilio, convivientes de pacientes de riesgo y, de forma específica, los convivientes y cuidadores principales de menores de 6 meses. También se recomienda la vacunación a personal y estudiantes en prácticas en centros sanitarios, sociosanitarios, centros de menores y a quienes trabajan en oficinas de farmacia.

Finalmente, las autoridades incorporan otros grupos de riesgo, como el personal de guarderías y centros de educación infantil, así como quienes tienen exposición laboral a animales, por el papel que pueden desempeñar en la transmisión de determinados virus respiratorios.

Calendario, dosis y efectividad de la campaña

La campaña de vacunación frente a la gripe comenzó, en la mayoría de comunidades, entre la última semana de septiembre y el mes de octubre. Cada región ha diseñado su propio procedimiento organizativo, pero todas mantienen la recomendación de seguir administrando la vacuna mientras dure la temporada, de modo que las personas que todavía no se han inmunizado puedan hacerlo.

En general se administra una única dosis por temporada, también en el caso de la población infantil entre 6 y 59 meses sin patologías de riesgo que se vacuna por primera vez. No obstante, los calendarios pueden variar para algunos pacientes con condiciones específicas, por lo que se aconseja seguir las indicaciones del profesional sanitario.

La protección se desarrolla de manera gradual: la respuesta inmune empieza a ser apreciable a partir de la primera semana tras la vacunación y alcanza su nivel óptimo aproximadamente a las dos semanas. Por eso, los especialistas insisten en que es preferible vacunarse antes del pico de circulación del virus, aunque hacerlo durante la temporada sigue siendo útil.

Pese al escape parcial que pueda presentar la variante K respecto a las cepas incluidas en la vacuna de este año, la evidencia disponible indica que la inmunización sigue reduciendo de forma significativa el riesgo de enfermedad grave, complicaciones y hospitalizaciones, especialmente en los grupos vulnerables. La eficacia frente a la infección puede bajar cuando hay cierto desajuste entre virus y vacuna, pero la protección frente a los cuadros más severos se mantiene en niveles altos.

Medidas complementarias a la vacuna

La vacunación no es la única herramienta para frenar la propagación de la gripe y otros virus respiratorios. El Ministerio de Sanidad recomienda una serie de medidas que, aplicadas de forma constante, ayudan a reducir las infecciones, sobre todo en espacios cerrados y concurridos.

Entre estas pautas destacan taparse la boca y la nariz al toser o estornudar, preferiblemente con la parte interna del codo o con pañuelos de un solo uso, y desecharlos inmediatamente. Lavarse las manos con frecuencia, especialmente tras toser, estornudar o sonarse, sigue siendo uno de los gestos más efectivos para cortar la cadena de transmisión.

Si se presentan síntomas compatibles con gripe —fiebre, malestar, tos, congestión, dolores musculares— los expertos recomiendan limitar el contacto con otras personas en la medida de lo posible. El uso de mascarilla es aconsejable tanto en personas sintomáticas como en quienes pertenecen a grupos de riesgo y acuden a espacios cerrados o muy concurridos.

También se insiste en la importancia de ventilar los espacios cerrados, algo tan sencillo como abrir las ventanas de manera periódica para renovar el aire. Evitar el contacto estrecho con personas enfermas y no reutilizar pañuelos ya utilizados completan este paquete de medidas, que, sumadas a la vacunación, contribuyen a contener los brotes y a proteger a la población más frágil.

Respuesta de las comunidades autónomas: el caso de Madrid

El aumento de la incidencia gripal ha llevado a varias comunidades a reforzar sus dispositivos. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, el Gobierno regional ha habilitado el Hospital Enfermera Isabel Zendal para vacunar frente a la gripe a adultos sin necesidad de cita previa, después de que la región superara el umbral epidémico con una tasa de 42 casos por 100.000 habitantes en la semana 47.

Este centro ofrece vacunación de lunes a viernes, en horario ininterrumpido de 08:30 a 20:30 horas, y se suma a los más de 800 puntos de inmunización ya operativos. La medida se mantendrá mientras la situación epidemiológica lo requiera, con el objetivo de facilitar el acceso a la vacuna y aumentar la cobertura entre los colectivos prioritarios.

La campaña madrileña comenzó el 15 de octubre y ha alcanzado ya a más de 1,2 millones de personas. La administración regional recuerda que la vacunación está especialmente dirigida a mayores de 60 años, personal sanitario y sociosanitario, pacientes con patologías crónicas, embarazadas, cuidadores de personas vulnerables, fumadores y docentes de guarderías y educación infantil. En el caso de los menores de 18 años, la vacunación se realiza en los centros de salud.

Además de insistir en la inmunización, el Gobierno autonómico recomienda a la ciudadanía el uso de mascarilla en espacios públicos cerrados y en presencia de personas vulnerables, así como extremar las medidas de higiene de manos. Los puntos de vacunación se distribuyen principalmente en la red de atención primaria, hospitales del Servicio Madrileño de Salud y residencias de mayores y personas con discapacidad.

Desde la Viceconsejería de Sanidad se destaca que la planificación del llamado plan de invierno frente a la gripe comenzó meses antes, con previsiones de recursos humanos y definición de estrategias preventivas. En el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud se ha abordado también la necesidad de acordar recomendaciones comunes para el control de las infecciones respiratorias a nivel estatal.

Reticencias a la vacunación y percepción ciudadana

Pese a las recomendaciones oficiales, las encuestas apuntan a que una parte importante de la población española mantiene dudas o rechazo hacia la vacuna contra la gripe. Algunas estimaciones sitúan en torno a la mitad el porcentaje de personas que no tienen intención de vacunarse esta temporada, incluso en contextos de alta circulación viral como el actual.

Entre los argumentos más frecuentes figuran el miedo a los efectos secundarios, la idea de que «la vacuna no sirve porque uno se puede contagiar igual» o la percepción de que la gripe es una enfermedad leve que no justifica acudir al centro de salud. Esta resistencia se suma al cansancio acumulado tras la pandemia de COVID-19 y a cierta desconfianza hacia las instituciones.

La experiencia internacional muestra patrones similares. Estudios recientes han identificado una menor disposición a vacunarse frente al COVID-19 en determinados colectivos, como personas jóvenes, grupos con menor nivel de renta o minorías que han sufrido discriminación en el sistema sanitario. Aunque se trate de contextos distintos, estas dinámicas ayudan a entender por qué caló con más facilidad el mensaje de las mascarillas que el de la vacunación, incluso cuando ambos forman parte del mismo paquete de prevención.

En España, las comunidades autónomas han empezado a responder a este escenario con medidas específicas: campañas extraordinarias dirigidas a determinados grupos de edad, habilitación de puntos de vacunación sin cita los fines de semana o refuerzo de la información en centros de salud y medios de comunicación.

Los especialistas insisten en que, aunque puedan producirse infecciones en personas vacunadas, el principal objetivo de la vacuna es reducir de manera drástica la probabilidad de desarrollar cuadros graves, requerir ingreso hospitalario o fallecer. Evitar complicaciones y secuelas en pacientes vulnerables es, recuerdan, la razón de fondo de todas estas campañas.

Vacunas, salud pública y futuro de las campañas

La experiencia acumulada durante décadas de programas de inmunización y, en particular, durante la reciente pandemia, ha reforzado la idea de que las vacunas son un pilar central de la salud pública. Organismos como el ECDC o la Organización Mundial de la Salud destacan que su impacto va más allá de la protección individual, al contribuir a la inmunidad colectiva y reducir la circulación de patógenos peligrosos.

El seguimiento continuo de la efectividad de las vacunas, unido a la vigilancia epidemiológica de los virus, permite ajustar de forma periódica las composiciones vacunales, seleccionar las cepas más adecuadas y reorientar las estrategias cuando emergen variantes como la K del H3N2. Esta misma lógica se aplica a otros programas de inmunización, como los destinados a proteger frente al neumococo o el herpes zóster, que varias comunidades están reforzando.

La combinación de campañas específicas, acceso sencillo a los puntos de vacunación y mensajes claros basados en la evidencia científica será clave para mejorar las coberturas en los próximos años. En paralelo, los expertos señalan que es necesario abordar las barreras de confianza y la desinformación, especialmente entre los colectivos con peor acceso al sistema sanitario.

En un escenario en el que la gripe se ha adelantado varias semanas y convive con otros virus respiratorios, la vacunación —junto con las medidas higiénicas y el uso responsable de mascarillas— se consolida como la principal herramienta para minimizar el impacto en hospitales, residencias y, al final, en la vida cotidiana de la población.

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