Perjuicios de tomar el sol de manera incontrolada y cómo proteger tu piel durante todo el año

  • La exposición incontrolada al sol provoca quemaduras, fotoenvejecimiento y aumenta de forma notable el riesgo de cáncer de piel.
  • El bronceado es una respuesta defensiva de la melanina y no un signo de salud; la piel acumula el daño solar a lo largo de la vida.
  • La mejor protección combina fotoprotectores de amplio espectro, ropa adecuada, gafas con filtro UV y evitar las horas de máxima radiación.
  • Ante cambios en lunares, manchas persistentes o quemaduras graves, es esencial acudir al médico o dermatólogo para una valoración precoz.

cuidado de la piel frente al sol

perjuicios de tomar el sol de manera incontrolada

Tomar el sol es una actividad muy agradable, necesaria para la síntesis de vitamina D y beneficiosa para el estado de ánimo, pero a largo plazo puede perjudicar la salud de las personas si se hace de forma incontrolada o sin medidas de protección. La exposición no controlada a los rayos solares ha sido asociada con las arrugas, las manchas, el cáncer de piel, el daño ocular y otros trastornos como la fotosensibilización o la inmunosupresión cutánea.

Bronceado

bronceado y riesgos del sol

¿Te resultan bonitas las pieles bronceadas? Seguro que sí, pero es importante saber que ese agradable color dorado que adquiere el cuerpo se debe a una lesión en la capa superior de la piel. El bronceado es la respuesta defensiva de la melanina, el pigmento que absorbe parte de la radiación UV para proteger las células más profundas. No se trata de un estado de salud, sino de una señal de que la piel está tratando de defenderse del daño.

La radiación ultravioleta se divide principalmente en UVA y UVB. Los UVB son responsables del eritema y de la quemadura solar, mientras que los UVA penetran más profundamente y favorecen el fotoenvejecimiento y la carcinogénesis cutánea. Las cabinas de bronceado emiten sobre todo rayos UVA, por lo que también incrementan el riesgo de melanoma y otros tumores de piel, a pesar de que no siempre provoquen quemadura visible.

Existe la falsa creencia de que estar moreno es una protección suficiente frente al sol. El bronceado solo proporciona una defensa parcial frente a las quemaduras, pero no impide los efectos tardíos de la radiación, como el envejecimiento prematuro o el desarrollo de cánceres cutáneos. Por ello, aunque la piel ya esté pigmentada, sigue siendo imprescindible utilizar un protector solar.

Para que los rayos ultravioleta (UV) no aceleren el envejecimiento de la piel ni aumenten el riesgo de cáncer de piel hay que utilizar un protector solar SPF 30 o superior, que proteja frente a UVA y UVB, aplicarlo en cantidad suficiente y reaplicarlo cada dos horas, o con mayor frecuencia si hay baño o sudor intenso.

Quemaduras

quemaduras solares en la piel

Y si el bronceado es peligroso para la salud, las quemaduras solares no lo son menos. La piel se pone roja y la persona siente dolor y quemazón con el contacto. Se trata de quemaduras de primer grado (afectan solamente a la capa externa de la piel) y se puede obtener algún alivio con ibuprofeno y geles refrescantes (mejor si llevan aloe vera), aunque requiere de un tiempo de curación de entre una y tres semanas, periodo durante el cual se desaconseja totalmente volver a exponerse a los rayos solares.

En exposiciones más intensas pueden aparecer ampollas, lo que indica una quemadura de segundo grado. En estos casos, la piel está más dañada, el riesgo de infección es mayor y conviene valorar atención médica. Nunca se deben reventar de forma casera las ampollas ni aplicar remedios irritantes; lo adecuado es mantener la zona limpia, hidratada y, si es necesario, utilizar apósitos específicos bajo supervisión profesional.

Las quemaduras solares repetidas, especialmente en infancia y adolescencia, se han relacionado con un incremento significativo del riesgo de melanoma y otros carcinomas cutáneos en la edad adulta. La piel tiene memoria y acumula el daño, de modo que cada episodio de enrojecimiento intenso o ampollas suma en el riesgo futuro.

Además de la piel, la exposición intensa puede producir insolación, con síntomas como cefalea, mareos, náuseas o incluso pérdida de conciencia, y también puede alterar el sistema inmunitario, facilitando la aparición de erupciones fotosensibles o brotes de algunas enfermedades autoinmunes.

Envejecimiento

Los rayos solares pueden hacerte parecer mayor, ya que dañan unas fibras de la piel llamadas elastina y alteran el colágeno. Cuando esto sucede, la piel comienza a ceder y estirarse de forma irregular, haciendo que aparezcan arrugas en zonas como el contorno de los ojos, la frente y la boca, así como flacidez y pérdida de firmeza.

Este proceso se conoce como fotoenvejecimiento cutáneo. Se manifiesta especialmente en las áreas más expuestas al sol, como cara, cuello, escote y manos. La piel se vuelve más áspera, toma un tono amarillento y aparecen manchas irregulares, telangiectasias (vasitos visibles) y lo que popularmente se llaman manchas de envejecimiento o léntigos solares.

Los rayos UV, sobre todo de tipo A, y otros factores externos como la contaminación o el tabaco, generan radicales libres con gran capacidad oxidante que dañan las células cutáneas. Por eso, además del uso de fotoprotectores, son de interés los cosméticos con antioxidantes que ayuden a contrarrestar el daño oxidativo en las proteínas, lípidos y ácidos nucleicos de la piel.

Además, no hay que olvidar otros perjuicios del sol, como las manchas oscuras localizadas (melasma, hiperpigmentaciones postinflamatorias) y la aparición de lesiones precancerosas (como las queratosis actínicas) que, si no se tratan, pueden evolucionar hacia carcinomas.

Cómo proteger la piel frente a los perjuicios del sol

protección solar adecuada

Si quieres prevenir las quemaduras solares, las arrugas, el cáncer de piel y otros daños, mantente alejado del sol, sobre todo entre las 10 y las 16 horas, que es cuando los rayos solares son más fuertes. Esta franja coincide con la mayor intensidad de radiación UV, por lo que reducir el tiempo de exposición en estas horas disminuye de forma importante el riesgo acumulado.

Si es estrictamente necesario que estés fuera, usa protector solar con SPF 30-50, de amplio espectro (frente a UVA y UVB), lleva gorra o sombrero, gafas de sol con filtro UV y cúbrete la piel con ropa tupida o con factor de protección ultravioleta. Es importante aplicar el fotoprotector 20-30 minutos antes de salir de casa, en cantidad generosa, y reaplicarlo cada dos horas o tras el baño o el sudor.

No hay que olvidar zonas especialmente sensibles como labios, orejas, cuello, manos y cuero cabelludo en personas con poco pelo. Los labios deben protegerse con un bálsamo con SPF 30 o superior, reaplicándolo de forma regular durante la exposición.

Existen además situaciones especiales, como el uso de determinados medicamentos fotosensibilizantes (por ejemplo, algunos antiinflamatorios, antibióticos, diuréticos o fármacos para enfermedades reumáticas), en las que la piel puede reaccionar de forma exagerada a la radiación solar. En estos casos, las medidas de fotoprotección deben ser todavía más estrictas y conviene consultar con el médico sobre las precauciones específicas a seguir.

Y si observas cualquier cambio en un lunar o mancha, una lesión que crece, sangra, pica o una llaga que no se cura, pide una consulta con tu médico o dermatólogo. La detección precoz de las lesiones cutáneas aumenta de forma notable las posibilidades de tratamiento eficaz y de evitar complicaciones graves.

Cuidar la piel frente al sol no solo mejora su aspecto y retrasa el envejecimiento, sino que también reduce el riesgo de enfermedades potencialmente graves; integrar la fotoprotección en la rutina diaria es una inversión en salud que se reflejará año tras año en una piel más sana, uniforme y resistente.