Con motivo de la Semana Europea del Deporte, que se celebra del 23 al 30 de septiembre, la conversación sobre los hábitos que rodean la actividad física vuelve a estar de actualidad. Entre ellos, la suplementación nutricional ha dejado de ser un asunto exclusivo del deporte de competición y se ha colado en las rutinas de muchas personas que buscan sentirse mejor, recuperarse antes o cuidar su salud a medio plazo.
El Barómetro del bienestar y el rendimiento de Wellbeinn ha analizado la relación de la población española con los suplementos. Sus resultados dibujan un escenario en el que el consumo se ha normalizado, pero también dejan claro que no conviene tomarlos a la ligera: detrás de cada producto hay que mirar ingredientes, dosis, evidencias y necesidades reales.
Consumo al alza en España: Canarias a la cabeza
Según este barómetro, el 44,7% de los españoles consume suplementos relacionados con el deporte o el bienestar físico. De ellos, un 16,3% lo hace de forma habitual y un 28,4% de manera ocasional. Además, un 17,3% no los toma todavía pero muestra interés, mientras que un 38% asegura no haberlos probado nunca. En Canarias la cifra sube hasta el 56%, la más alta del país: un 30% los consume habitualmente y un 26% de forma puntual. Un 14% no los usa, pero se lo está pensando, y un 30% nunca los ha tomado.
La práctica deportiva marca diferencias claras. Entre quienes tienen un perfil fitness o de mejora personal, el 62,4% recurre a la suplementación. El porcentaje asciende al 67,2% en deportistas amateur que entrenan con objetivos concretos, mientras que baja a alrededor del 38% en quienes hacen actividad física ligera o recreativa. Es decir, el uso no es uniforme: se concentra sobre todo en quienes buscan progresar o recuperarse mejor.
Los motivos también han cambiado. En el conjunto de España, la salud general es la razón principal para el 38,6% de los encuestados, por delante de la recuperación y la reducción de la fatiga (24,8%) y de la mejora del rendimiento (18,4%). En Canarias, la salud general motiva al 28,6%, seguida de la recuperación (25,7%), el rendimiento (22,9%) y la estética o composición corporal (20%), un apartado que en el archipiélago casi triplica la media nacional, situada en el 7%.
A la hora de informarse, internet es la fuente más consultada: un 44,5% busca por su cuenta. Después aparecen amigos o familiares con conocimientos (37,3%), el nutricionista (29,8%), la recomendación médica (24,8%), las redes sociales (20,6%) y el entrenador personal (17,8%). En Canarias, la búsqueda propia alcanza el 46,4%, los consejos de allegados el 35,7% y el nutricionista el 28,6%; el entrenador gana peso (25% frente al 17,8% nacional) y las redes sociales influyen bastante menos (10,7% frente al 20,6% del total del país).
La letra pequeña: no son una varita mágica

Los especialistas consultados en distintos medios insisten en una idea sencilla: los suplementos no compensan malos hábitos. No sirven para tapar cinco horas de sueño, una alimentación pobre o un estrés crónico. La base sigue siendo descansar, moverse, comer de forma variada y gestionar la carga mental. Solo cuando esa base está más o menos cubierta tiene sentido plantearse un apoyo extra.
¿Cuándo pueden ayudar? Sobre todo cuando existe una deficiencia documentada, una necesidad aumentada, una dieta restringida o una indicación clínica concreta. En esos casos, la suplementación debe ser individualizada y entenderse como un complemento, nunca como sustituto de una alimentación equilibrada. Un adulto sano, en principio, no necesita suplementos de forma rutinaria salvo que un profesional lo considere oportuno.
Con la edad, las prioridades cambian. Lo que necesita una persona joven que entrena no es lo mismo que lo que puede requerir alguien con un trabajo sedentario, poco descanso o mayor riesgo cardiovascular. En etapas adultas y avanzadas suelen cobrar peso la salud ósea, muscular, cardiovascular y cognitiva, y ahí aparecen nutrientes como la vitamina D, el calcio, la B12, el magnesio o los omega-3. Aun así, que un nutriente sea importante no significa que tomar un suplemento vaya a prevenir enfermedades por sí solo.
Elegir con criterio exige mirar más allá del reclamo de portada. Importan la forma del ingrediente, la dosis, su origen y la evidencia que lo respalda. También conviene desconfiar de promesas rápidas o milagrosas y de mensajes que llegan desde influencers sin cualificación. Antes de comprar, los expertos recomiendan consultar a profesionales sanitarios y priorizar fuentes fiables.
Nutrientes bajo debate y precauciones útiles

En el ámbito cardiovascular se habla a menudo de omega-3, coenzima Q10, magnesio, vitaminas D, C y E, vitaminas del grupo B, folato, fibra, fitoesteroles o polifenoles. Son componentes que pueden tener interés nutricional, pero los expertos insisten en que eso no equivale a decir que un suplemento prevenga por sí mismo problemas de corazón. Su utilidad depende de la persona, la dosis, la situación clínica y la evidencia disponible.
El magnesio y la vitamina C son dos de los más populares. El magnesio contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso y muscular y ayuda a disminuir el cansancio, aunque tomar más no siempre supone un beneficio extra. La vitamina C participa en el sistema inmunitario, protege las células frente al daño oxidativo y favorece la formación de colágeno; una dieta rica en frutas y verduras suele cubrir las necesidades de la mayoría.
También hay que tener cuidado con las dosis altas. Determinados nutrientes, como el hierro o las vitaminas liposolubles A, D y E, pueden acumularse y provocar efectos adversos si se toman sin control. La recomendación general es no automedicarse y consultar a un médico o dietista-nutricionista, sobre todo si se tienen enfermedades, restricciones alimentarias o problemas de absorción.
El retrato final es el de una España que recurre cada vez más a los suplementos, con Canarias a la cabeza y con la salud y la recuperación como grandes motores. Al mismo tiempo, los expertos piden no perder de vista lo básico: comer bien, descansar, entrenar y controlar los factores de riesgo. Los suplementos pueden ser una pieza de apoyo en situaciones concretas, pero no una solución mágica ni un atajo para compensar un estilo de vida desordenado.
