En los últimos años, la toma de suplementos nutricionales se ha popularizado hasta convertirse en una tendencia global. Cápsulas de vitaminas, polvos de colágeno o viales de magnesio prometen mejorar el sueño, la memoria o el aspecto de la piel. Pero la realidad es que no todas las promesas se cumplen, y los expertos advierten que hay que separar la ciencia del marketing.
La médica y divulgadora Sara Marín, en declaraciones a distintos medios, sostiene que el déficit de nuestro estilo de vida ha aumentado, algo que impulsa a muchas personas a buscar en los suplementos un atajo. Aunque en ciertos casos pueden ser útiles, la experta insiste en que no son un reemplazo de la dieta saludable, sino un refuerzo que debe estar recomendado por un profesional.

El auge de los suplementos nutricionales
En farmacias y supermercados hay estanterías llenas de productos que prometen frenar el envejecimiento, mejorar la concentración o depurar el organismo. La creatina, el magnesio, el omega-3 y el colágeno son algunos de los más buscados. Por ejemplo, la creatina se ha popularizado como complemento para deportistas, pero también se investiga por sus efectos sobre la ansiedad o el insomnio, ya que actúa como la “batería de las células”. Sara Marín recomienda en esos casos una dosis de 3 a 5 gramos diarios.
Los estudios científicos, no obstante, no siempre avalan todos los beneficios que se les atribuyen. Un reciente ensayo sobre el omega-3 ha comprobado que su principio activo llega al cerebro, pero no produce una mejora cognitiva clara en adultos sin patología previa. Eso indica que los suplementos no son la solución mágica para cualquier problema y que hay que conocer para qué sirven.

El omega-3 y la salud cerebral
Uno de los suplementos más consumidos es el omega-3, recomendado para la inflamación y para el cuidado del corazón. El neuropatólogo Alberto Rábano destaca que, según un ensayo de la Universidad de California, administrar DHA en dosis altas sí logra elevar los niveles de ese ácido graso en el tejido cerebral, lo que responde a preguntas pendientes. Sin embargo, no se observó un cambio en los marcadores clínicos ni en la memoria de los participantes.
La demanda de omega-3 también tiene su lado negativo: la pesquería del kril antártico se ha cerrado anticipadamente al alcanzar el límite de capturas de 620.000 toneladas. Este crustáceo es la base de estos suplementos y su explotación puede poner en riesgo el ecosistema marino si no se regula con criterio.
Colágeno: mitos y realidades
El colágeno es otro gran protagonista. A partir de los 25-30 años la producción natural de colágeno disminuye, por lo que muchos deciden tomarlo en formato hidrolizado. La farmacéutica Rocío Lajarín explica que el colágeno debe estar fragmentado en péptidos pequeños y contar con vitamina C para que el cuerpo lo aproveche. Sin embargo, la doctora Marín recuerda que la evidencia científica sobre su eficacia no es rotunda; lo que funciona es una buena alimentación y proteger la piel del sol.
En opinión de los expertos, el colágeno puede ser un buen extra para la hidratación y elasticidad, pero su efecto es menor comparado con los hábitos diarios. Así, si se busca mejorar la piel, lo primero es evitar el tabaco y seguir una dieta con antioxidantes.

Riesgos ocultos de la suplementación
No todo lo que vende de forma natural es seguro. Un estudio publicado en la revista de la Asociación Médica Americana relacionó los suplementos de plantas con daños hepáticos. Entre los componentes que pueden lesiones en el hígado están la cúrcuma a altas dosis, el extracto de te verde, la ashwagandha o la levadura de arroz rojo. Las personas que los toman suelen hacerlo sin informar a su médico, y eso se asocia con casos de hepatotoxicidad.
Además, las interacciones con fármacos son comunes: por ejemplo, el omega-3 no debe tomarse con anticoagulantes, y la ashwagandha puede ser perjudicial en enfermedades hepáticas. La doctora Marín recalca que los suplementos pueden ser peligrosos si se toman junto con medicación determinada, por eso nunca se debe automedicarse.

Claves para un consumo responsable
Antes de comprar un suplemento, hay que analizar tres puntos: si existe una necesidad real avalada por un especialista; si el producto tiene la formulación correcta (por ejemplo, péptidos de bajo peso en el colágeno); y si no interfiere con otras medicaciones. Además, es crucial revisar la cantidad de nutrientes de la propia dieta, ya que muchas personas consumen suficientes vitaminas y minerales con los alimentos y el suplemento sobra.
Sara Marín utiliza una metáfora perfecta: “Los suplementos son la guinda del pastel”. Si no hay una buena tarta, compuesta por una dieta equilibrada, ejercicio y descanso, la guinda no aporta nada. La salud del intestino, además, es fundamental para que esos nutrientes se asimilen, por lo que cuidar la microbiota es una de las claves que no se debe descuidar.
En definitiva, la tendencia de los suplementos no debe llevar a una automedicación. La información basada en la ciencia y la consulta con el farmacéutico o médico son la primera barrera para evitar riesgos. Solo así la suplementación puede ser una herramienta útil y no una moda que pone en peligro la salud.
