
La vitamina D es un nutriente esencial para mantener la salud de los huesos, los músculos y el sistema inmunitario. Se sintetiza en la piel con la exposición al sol y también se obtiene de algunos alimentos y suplementos. Sin embargo, su uso no está exento de riesgos si no se maneja correctamente. En los últimos meses, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha tenido que intervenir en varias ocasiones por la aparición de casos graves de hipercalcemia (exceso de calcio en sangre) asociados a medicamentos con vitamina D.
El pasado mes de marzo, la AEMPS ya habÃa difundido una advertencia similar, y ahora lo ha vuelto a hacer porque las notificaciones de reacciones adversas continúan llegando. Los problemas se concentran en dos principios activos concretos: calcifediol y colecalciferol. Ambos se emplean para tratar o prevenir la deficiencia de vitamina D, pero equivocarse en la dosis o en la frecuencia de administración puede desencadenar consecuencias muy serias, especialmente en bebés, recién nacidos y pacientes adultos con patologÃas previas.
Una alerta que no es nueva

La AEMPS ha insistido en que los errores de medicación siguen siendo una causa frecuente de intoxicación por vitamina D. En su último comunicado oficial, el organismo recuerda que estas notificaciones provienen del Sistema Español de Farmacovigilancia y que los casos graves de hipercalcemia se han registrado tanto con calcifediol en adultos como con colecalciferol en recién nacidos, lactantes y adultos. El riesgo no reside en la sustancia en sÃ, sino en cómo se prescribe, se dispensa o se administra.
El calcifediol, por ejemplo, se ha visto involucrado en errores donde la frecuencia de administración se confunde con horas en lugar de dÃas, semanas o meses. Una prescripción mal introducida en el sistema informático puede hacer que el paciente reciba una cantidad diaria muy superior a la recomendada, provocando una acumulación tóxica de calcio en sangre. En otros casos, la dispensación se ha realizado siguiendo una pauta incorrecta, lo que incrementa aún más el peligro.
Por su parte, el colecalciferol se asocia a errores en la administración diaria, especialmente en población pediátrica. Se ha identificado que los pacientes reciben dosis más altas que las prescritas al usar medidores inadecuados o malinterpretar las indicaciones. En bebés y niños pequeños, un exceso de vitamina D puede generar hipercalcemia con sÃntomas como vómitos, deshidratación, fallo renal o arritmias, situaciones que requieren hospitalización urgente.
Errores tÃpicos con calcifediol y colecalciferol

Los datos reflejan que la mayorÃa de los incidentes se producen por tres motivos: prescripción electrónica con campos mal rellenados, falta de comunicación clara al paciente sobre la pauta exacta y uso de dispositivos de medición que no son los que vienen con el envase. En el caso del calcifediol, la AEMPS subraya que los profesionales médicos deben comprobar especialmente la frecuencia de administración, ya que una sola dosis errónea puede ser comparable a la de varias semanas. En el colecalciferol, el foco está en la cantidad exacta: muchos pacientes reciben gotas adicionales al pensar que asà aceleran los beneficios, sin ser conscientes del peligro.
Además, se han detectado casos en los que el farmacéutico dispensa el medicamento sin verificar que la pauta coincide con la ficha técnica autorizada. Esto es crucial, porque cada presentación tiene concentraciones distintas y una misma fórmula puede tener instrucciones diferentes. Por eso, los profesionales de farmacia desempeñan un papel clave en la prevención de estos errores, ya que deben confirmar tanto la dosis como la frecuencia antes de entregar el producto.
El perfil de los pacientes afectados es amplio: desde recién nacidos que reciben suplementos preventivos hasta adultos mayores con osteoporosis que necesitan dosis más altas. En todos los casos, la hipercalcemia puede manifestarse con sÃntomas como náuseas, debilidad, confusión o dolor abdominal. En situaciones graves, el exceso de calcio puede dañar los riñones y provocar arritmias cardÃacas, por lo que la detección temprana es vital.
Consejos para pacientes y cuidadores

La AEMPS ha publicado recomendaciones especÃficas para los pacientes y sus cuidadores. La principal es leer siempre el prospecto y comprobar la cantidad exacta que se debe administrar, asà como la frecuencia indicada. En el caso de los lÃquidos orales, es imprescindible utilizar únicamente la jeringa o el gotero que se incluye en la caja, nunca otro utensilio que no esté calibrado para esa concentración.
Si se ha tomado una cantidad superior a la indicada, es necesario consultar inmediatamente con un profesional sanitario o acudir al servicio de urgencias, aunque no se perciban sÃntomas. La hipercalcemia puede desarrollarse de forma lenta al principio, pero en bebés y personas mayores puede empeorar rápidamente. Además, en las visitas de seguimiento, los médicos deben preguntar especÃficamente sobre cómo está administrando el medicamento el paciente o su cuidador, para detectar desviaciones antes de que aparezcan problemas.
Los farmacéuticos, por su parte, deben aprovechar el momento de la dispensación para verificar que la pauta prescrita coincide con la información autorizada y para reforzar los consejos a la hora de tomar vitaminas. También conviene que adviertan a los usuarios de que la suplementación con vitamina D no debe realizarse de forma prolongada sin control médico, ya que los depósitos corporales pueden acumularse y llegar a ser tóxicos.
La importancia de la supervisión médica

Detrás de estos incidentes se encuentra un problema más profundo: la creencia de que la vitamina D es inofensiva porque es natural. Es una vitamina liposoluble, y el exceso no se elimina fácilmente por la orina, sino que se almacena en los tejidos grasos, lo que puede provocar toxicidad progresiva.
Los expertos recuerdan que la suplementación solo debe plantearse cuando existe una deficiencia de vitamina D confirmada mediante un análisis de sangre o cuando hay factores de riesgo claros (edad avanzada, poca exposición solar, enfermedades que afectan la absorción, etc.). En España, se estima que más de la mitad de la población tiene niveles insuficientes de vitamina D, pero eso no justifica la automedicación. Tomar dosis de 400 a 2.000 UI al dÃa puede ser adecuado en algunos casos, pero una sobredosis accidental puede superar ampliamente esos lÃmites.
La AEMPS insiste en que antes de recetar o dispensar estos medicamentos, se revise la ficha técnica y el prospecto de cada presentación concreta, ya que las concentraciones varÃan mucho. Además, recomienda que los médicos confirmen en las visitas posteriores que el paciente sigue correctamente la pauta, algo especialmente importante en tratamientos a largo plazo o en personas que toman varios medicamentos a la vez.
Más allá de la suplementación: hábitos y chequeos

Para evitar llegar a estas situaciones, los especialistas aconsejan mantener una exposición solar moderada y segura, siempre con protección adecuada para prevenir el cáncer de piel. Bastan entre 10 y 15 minutos al dÃa en brazos y piernas, evitando las horas centrales. También conviene incluir en la dieta alimentos ricos en vitamina D, como pescados azules (sardinas, salmón, caballa), yemas de huevo y, en algunos casos, alimentos enriquecidos.
Cuando se sospecha una deficiencia de vitamina D, la mejor opción es solicitarla a través de un análisis de sangre que mida la 25-hidroxivitamina D. Los resultados deben interpretarse junto con la estación del año, la edad, los antecedentes médicos y el estilo de vida. El déficit suele concentrarse entre marzo y abril, tras los meses de invierno, y se eleva en verano. Pero los valores no deben analizarse de forma aislada, sino que el médico valorará si realmente existe necesidad de suplementar.
En definitiva, la vitamina D es un nutriente imprescindible, pero su uso debe hacerse con responsabilidad. La reciente alerta de la AEMPS pone sobre la mesa que los errores en la administración pueden tener consecuencias graves, y que tanto los profesionales sanitarios como los pacientes deben extremar la vigilancia. Recordar la frecuencia exacta, usar los medidores adecuados y consultar ante cualquier duda son acciones sencillas que pueden evitar hospitalizaciones innecesarias.
