La remolacha es una hortaliza muy rica en fibra y vitamina K, la vitamina anticoagulante y por ello su consumo en grandes cantidades puede ser peligroso para las personas que se encuentran bajo tratamiento anticoagulante.
La remolacha se compone de dos partes comestibles, la raíz que es un bulbo de color rojo, blanco o amarillo y sus hojas que se consume como verdura, siendo muy ricas en calcio. La raíz y sus hojas tienen una composición nutricional diferente, media taza de remolacha cocida contiene 1,7 gramos de fibra, mientras que una porción de hojas de remolacha cocida provee cerca de 4,2 g de fibra, por ejemplo.
Al igual que otros vegetales de hojas verdes, tales como hojas de nabo, brócoli o las coles de Bruselas, las hojas de remolacha son considerados un alimento muy alto en fibra, contenido muy importante para el buen funcionamiento digestivo y el control del colesterol.
Según la base de datos de USDA, una sola taza de hojas de remolacha cocida contiene cerca de 700 microgramos de la vitamina K, un elevado rango entre los alimentos, junto con la col rizada, espinacas, col rizada, el nabo verdes, hojas de mostaza y espárragos. Por el contrario la raíz cocida contiene sólo 0,170 microgramos de vitamina K por porción y no se considera una fuente importante de vitamina K.
Los medicamentos anticoagulantes se encargan de prevenir la formación de coágulos sanguíneos, inhibiendo la capacidad del hígado para utilizar la vitamina K en la síntesis de proteínas de coagulación de la sangre.
El contenido de vitamina K en los alimentos como las hojas de remolacha puede incidir en la acción de los medicamentos, por ello se debe tener muy en cuenta en la dieta, que deberá ser controlada de manera profesional.
Fuente: Magazine, Nutrition and health
Imagen: Flickr
Alimentos con vitamina K: listas orientativas por nivel
Los anticoagulantes orales antagonistas de la vitamina K (como warfarina o acenocumarol/Sintrom) reducen la capacidad de coagular. Un aumento brusco de vitamina K en la dieta puede disminuir el efecto del fármaco y elevar el riesgo de trombos; si la ingesta cae de repente, el efecto del medicamento puede potenciarse y aumentar el riesgo de hemorragia. Por ello, lo adecuado es mantener una ingesta estable de alimentos con vitamina K, sin eliminarlos por completo.

La vitamina K se presenta como K1 (filoquinona), abundante en verduras de hoja verde como hojas de remolacha, espinacas o col rizada, y K2 (menaquinona), de origen bacteriano intestinal. También existe la K3 (menadiona), de uso sintético. En pacientes anticoagulados se recomienda control médico periódico del INR para ajustar la dosis cuando haga falta.
Consejos prácticos: no es cierto que se deban evitar las verduras; la clave es la regularidad. Evita tomar muchos vegetales ricos en vitamina K varios días seguidos y después ninguno. Acompaña el fármaco con un vaso de agua, prioriza cereales integrales, y cuida la fibra y la hidratación para evitar estreñimiento que pueda favorecer sangrados.
Precauciones adicionales: no te automediques ni tomes complementos sin consultar. Algunas infusiones y productos de herbolario (por ejemplo, hierbabuena) pueden interferir. Limita alcohol, evita aceites vegetales hidrogenados y bollería industrial; recuerda que el hígado y ciertas grasas animales pueden aportar vitamina K.
Alto contenido (consumir con control y constancia si tomas anticoagulantes): remolacha (especialmente sus hojas), repollo, brócoli, col rizada y col lombarda, coles de Bruselas, lechuga romana, endibia, cebollino, perejil, espinacas, espárragos, nabo verde, kiwi, frutas desecadas (pasas, higos, orejones, ciruelas pasas), aguacate, té verde y negro, piñones, pistachos, anacardos, margarina.

Contenido medio (moderación y uniformidad a lo largo de la semana): pimiento verde, tomate maduro, zanahoria, judías verdes, apio, alcachofas, puerros, guisantes, pepino, coliflor, lechuga iceberg, mantequilla, bollería industrial, atún en aceite, orégano, uva, ciruela, anacardo, higos, avellanas, pistachos.
Bajo contenido (base de elección si necesitas limitar vitamina K): calabaza, champiñón, rábano, cebolla, maíz, lentejas, patatas, garbanzos, berenjenas, calabacín, judías blancas, pimiento rojo, aceites vegetales (oliva, soja, maíz, cacahuete, girasol, azafrán), queso, yogur, huevos, cuajada, leche, arroz, pan y pasta, harina, avena, rosquillas, macarrones, café, refrescos de cola, zumos, agua mineral, miel, ajo, sal, vinagre, mostaza, especias, azúcar, carnes magras (ternera, pollo, cerdo), jamón, pescados, moluscos y crustáceos. Evita el exceso de grasas muy procesadas y revisa siempre el etiquetado.

El binomio anticoagulantes y alimentación requiere seguimiento profesional. Mantén una dieta variada basada en vegetales, legumbres, frutas y proteínas magras, evitando cambios bruscos en la ingesta de vitamina K y acudiendo a tus controles de INR en las fechas indicadas. Para mayor información, puedes consultar otras recomendaciones en este artículo sobre alimentación y coagulación sanguínea.