Récord en Cabrales: la subasta que eleva el precio del queso azul y el porqué de su éxito

  • El jurado eligió a la quesería Ángel Díaz Herrero en la 53ª edición del certamen de Cabrales
  • La subasta alcanzó 37.000€ y recayó en El Llagar de Colloto tras pujar varios hosteleros
  • La pieza, de algo más de dos kilos, maduró en la cueva de Los Mazos a 1.500 m
  • El sector reivindica su elaboración artesanal y el tirón mediático de los grandes récords

Queso azul en primer plano

En Arenas de Cabrales (Asturias), el certamen que cada verano encumbra al mejor Cabrales vivió una edición de alto voltaje: el jurado profesional distinguió a la quesería Ángel Díaz Herrero y la posterior puja subió el listón hasta los 37.000 euros por una pieza de algo más de dos kilos. La cita, con más de 2.000 asistentes y declarada de Interés Turístico Regional, volvió a atraer focos nacionales e internacionales.

La subasta, que arrancó con un precio de salida de 3.000 euros, enfrentó a varios hosteleros de distintas ciudades hasta que El Llagar de Colloto (Oviedo) se llevó el gato al agua. La cifra supera en 1.000 euros la marca del año anterior y aspira a ser validada como nuevo Récord Guinness del queso vendido en subasta.

Un certamen con tirón y un récord histórico

Queso Cabrales en certamen

La 53ª edición del concurso de Cabrales coronó a Ángel Díaz Herrero como mejor pieza, con Valfríu en el segundo escalón del podio. Entre los reconocimientos, el premio a mejor lote quesero fue para Valfríu (que repite por cuarto año), seguido de El Colladín y El Duje; y, en la clasificación individual, Ángel Díaz Herrero se impuso por segundo año consecutivo, por delante de Juan José Bada Herrero y Los Puertos.

La puja del día reunió a nueve casas de hostelería de distintas procedencias —entre ellas La Montera Picona de Ramón, Sidrería Román, Carlos Tartiere, Camping Las Gaviotas, Lo de Viole, El Dólar, La Cuenca, El Carbayín y El Llagar de Colloto—, poniendo de nuevo en el mapa el poder de atracción del azul asturiano.

El ambiente fue de gala y no faltaron autoridades del Principado y del Gobierno central, con entrega de galardones y un guiño al patrimonio quesero de los Picos de Europa. La expectación se palpa porque, cada año, el certamen no solo premia calidad: también muestra que el relato y la escasez cotizan en el mercado gastronómico.

Durante el acto se vivió una anécdota: al alzar la bandeja para la foto, el queso comprado por El Llagar de Colloto resbaló y tocó tierra. Con humor, el comprador lo recogió y posó de nuevo ante las cámaras, recordando que incluso en días redondos hay instantáneas improvisadas.

Quién está detrás del Cabrales ganador

Queso Cabrales en cueva

La pieza vencedora procede de la quesería Ángel Díaz Herrero, que regenta Encarnación (Encarni) Bada. La historia viene de lejos: generaciones que empezaron elaborando en casa y hoy firman un proceso afinado que llega a producir en torno a 10.000 kilos al año dentro de la Denominación de Origen Protegida Cabrales.

El queso se hace con leche de vaca DOP y madura en la cueva de Los Mazos, un enclave calizo a unos 1.500 metros de altitud en el corazón de los Picos de Europa. No hay acceso rodado, así que el equipo sube varias veces al mes por senderos —a pie o a caballo— con los quesos en mochilas, una logística que añade tiempo y esfuerzo a cada pieza.

Una vez en las estanterías de la cueva, el moho aúna trabajo y paciencia: aparecen las vetas azuladas y se controla la evolución con volteos y limpiezas periódicas. Los maestros queseros vigilan cremosidad, suavidad y olor para que el conjunto, además de equilibrado, llegue con personalidad propia al paladar.

Como explica el Consejo Regulador, la maduración oscila entre dos y diez meses según la pieza y su evolución en cueva. En este caso, el Cabrales ganador llevaba madurando desde diciembre, un periodo prolongado que ayuda a redondear aromas y textura sin perder afinado limpio.

El comprador y su estrategia de visibilidad

Queso servido en restaurante

El ganador de la puja fue Iván Suárez, al frente del restaurante El Llagar de Colloto (Oviedo). No es novato en estas lides: en ediciones anteriores desembolsó 14.300 euros (2018), 20.500 (2019), 17.000 (2022), 30.000 (2023) y 36.000 el año pasado. La línea es clara: el titular del “más caro del mundo” multiplica el alcance y refuerza la atracción de clientes.

El hostelero reconoce que en estas pujas hay pasión y cálculo, y que el impacto mediático vale su peso en oro. Además, anunció que, por cuarto año consecutivo, destinará un 15% de la cantidad a la Asociación Galbán, entidad asturiana volcada en la lucha contra el cáncer infantil.

¿Y el destino del queso? Parte para su padre, una porción para celebrar en casa con los suyos y el resto, bien racionado, para que los clientes puedan probar la pieza ganadora en sala en platos como una tortilla de arvejas, zanahoria y queso. La idea, dice, es ofrecer una experiencia singular sin perder de vista la cultura quesera que hay detrás.

Quienes pujan, coinciden desde el sector, buscan visibilidad y prestigio. La DOP insiste: todo esto solo tiene sentido si la calidad acompaña y el trabajo en cueva —donde no llegan los coches— se respeta desde el origen hasta el servicio en mesa.

Precios y acceso para el público

Detalle de queso azul cortado

El Cabrales ganador es intenso y untuoso, con ese punto mantecoso que muchos buscan en un azul de cueva. Ahora bien, no hace falta una subasta para disfrutarlo: en la propia zona y en tienda especializada se encuentran piezas desde alrededor de 30 €/kg (según maduración), una puerta de entrada asequible para el gran público y para incorporarlo a recetas como una tortilla de cebolla y queso.

Las diferencias de precio responden a tiempo de afinado, tamaño de la pieza y procedencia exacta dentro de la DOP. En todo caso, el recorrido aromático —salino, láctico y bien integrado— es parte del encanto que ha dado fama al Cabrales más allá de Asturias.

El valor de los quesos raros en el mundo

Selección de quesos especiales

Las cifras de vertigo no son exclusivas del Cabrales. En Serbia, el Pule, elaborado con escasa leche de burra balcánica, puede alcanzar alrededor de 1.000 €/kg por su extrema rareza. En Italia, el Bitto Storico —madurado durante años— cotiza entre 200 y 300 €/kg, y el Caciocavallo Podolico ronda los 150 €/kg.

En todos los casos confluyen artesanía, paciencia y escasez. Para muchos compradores, hacerse con estas piezas es un gesto que combina cultura gastronómica, identidad local y memoria del territorio. Justo las coordenadas en las que el Cabrales ha cimentado su prestigio.

La edición de este año dejó un mensaje claro: cuando el oficio en la cueva se une a una subasta vibrante, el Cabrales vuelve a convertirse en noticia mayúscula. Detrás del récord hay manos expertas, cuevas exigentes y un sector que, entre tradición y visibilidad, sostiene el carácter único de uno de los quesos más reconocibles del país.

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