Enfermedades que puede causar la obesidad y cómo afectan al organismo

  • La obesidad se clasifica principalmente mediante el IMC y la grasa abdominal, que determinan el riesgo de sufrir complicaciones.
  • Incrementa de forma importante la probabilidad de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, hepáticas y varios tipos de cáncer.
  • También afecta a la salud articular, la fertilidad, el embarazo, la función sexual y la salud mental, agravando la calidad de vida.
  • La pérdida moderada de peso y los cambios de estilo de vida, con apoyo médico cuando es necesario, reducen significativamente estos riesgos.

Sobrepeso y obesidad

Muchas personas con obesidad se deciden a bajar de peso por cuestiones estéticas, pero la apariencia es el menor de los problemas de las personas con esta condición. Más allá del aspecto físico, el exceso de grasa corporal influye en el funcionamiento de casi todos los órganos del cuerpo y aumenta el riesgo de numerosas patologías graves. Aquí te hablamos de forma detallada sobre las enfermedades que puede causar la obesidad y por qué es tan importante prevenirla y tratarla a tiempo.

¿Qué se considera obesidad y cómo se mide?

Antes que nada, dejemos claro qué está considerado como obesidad. Tradicionalmente, se ha dicho que una persona obesa es aquella que pesa al menos un 20% más de lo que se considera un peso normal para su estatura. Sin embargo, en la práctica clínica se utiliza sobre todo el Índice de Masa Corporal (IMC), que relaciona el peso y la altura mediante la fórmula kg/m².

Los expertos utilizan el IMC como una herramienta de detección de exceso de grasa, aunque no mide de forma directa la grasa corporal ni sustituye la valoración individual de un profesional sanitario. Aun así, permite clasificar el riesgo:

  • Normopeso: IMC entre 18,5 y 24,9.
  • Sobrepeso: IMC entre 25,0 y 29,9.
  • Obesidad clase 1 (bajo riesgo relativo): IMC de 30 a 34,9.
  • Obesidad clase 2 (riesgo moderado): IMC de 35 a 39,9.
  • Obesidad clase 3 (alto riesgo, también llamada obesidad mórbida): IMC igual o superior a 40.

Además del IMC, importa mucho la distribución de la grasa corporal. Es más peligroso cuando la grasa se acumula en la zona abdominal (obesidad central o “en forma de manzana”) que cuando se concentra de cintura para abajo (caderas y muslos). El exceso de grasa alrededor de la cintura se asocia con mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, infarto y accidente cerebrovascular.

Existen otros métodos para estimar la grasa corporal, como la medición de pliegues cutáneos con plicómetro, el pesaje bajo el agua, la impedancia bioeléctrica o técnicas más avanzadas como la DXA. Aunque no siempre están disponibles, ayudan a obtener una evaluación más precisa de la composición corporal.

Principales enfermedades causadas por la obesidad

Enfermedades causadas por la obesidad

Las personas con obesidad son más propensas a las enfermedades del corazón y los infartos debido a que el peso extra aumenta la tensión arterial y el colesterol, y se asocia a niveles elevados de glucosa en sangre. El corazón se ve obligado a trabajar con más intensidad para llevar sangre a todos los tejidos, lo que a largo plazo favorece el desarrollo de cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca, angina y arritmias.

La buena noticia es que modificar el estilo de vida reduce mucho las probabilidades de padecer una cardiopatía. Estudios indican que perder entre el 5 y el 10% del peso inicial mejora la presión arterial, el perfil lipídico y reduce el riesgo de accidente cardiovascular.

El sobrepeso y la obesidad también se asocian a hipertensión. Un cuerpo de mayor tamaño necesita más sangre para aportar oxígeno a las células, lo que incrementa la fuerza con la que la sangre golpea las paredes arteriales. Además, el exceso de grasa puede dañar los riñones, órganos clave en la regulación de la tensión arterial. Esta combinación aumenta el riesgo de ictus, insuficiencia renal y muerte prematura.

La obesidad incrementa además el riesgo de diabetes tipo 2. El exceso de grasa, sobre todo abdominal, favorece la resistencia a la insulina, con elevación mantenida de glucosa en sangre que con el tiempo daña corazón, riñones, ojos y nervios. Perder entre un 5 y un 7% del peso corporal puede ayudar a prevenir o retrasar la aparición de diabetes tipo 2 en personas con alto riesgo.

También se potencia el síndrome metabólico, un conjunto de alteraciones (perímetro de cintura elevado, triglicéridos altos, HDL bajo, hipertensión y glucosa elevada) que multiplica el riesgo de infarto, diabetes y accidente cerebrovascular. Los cambios en el estilo de vida pueden prevenir o mejorar sustancialmente este cuadro.

Otras enfermedades relacionadas con la obesidad

Complicaciones de la obesidad

La obesidad aumenta la probabilidad de cálculos biliares y otros problemas de la vesícula, ya que niveles altos de colesterol en la bilis favorecen la formación de piedras. También puede alterar el funcionamiento del páncreas y aumentar el riesgo de pancreatitis, especialmente cuando hay triglicéridos muy elevados.

En el hígado, la acumulación de grasa causa la enfermedad del hígado graso no alcohólico y su forma inflamatoria, la esteatohepatitis no alcohólica, que pueden progresar a cirrosis e insuficiencia hepática. Pérdidas moderadas de peso (3–5%) reducen la grasa hepática; pérdidas mayores mejoran la inflamación y el daño celular.

La obesidad contribuye a la osteoartritis por la sobrecarga mecánica en articulaciones de carga (rodillas, caderas, columna) y por un estado inflamatorio crónico de bajo grado, lo que produce dolor, rigidez y pérdida de movilidad. La pérdida de peso alivia la presión sobre las articulaciones y mejora los síntomas.

La gota, causada por depósitos de cristales de ácido úrico en las articulaciones, es más frecuente en personas con sobrepeso. Aunque el tratamiento farmacológico es central, la pérdida de peso y una dieta adecuada contribuyen a prevenir y controlar los episodios.

En el ámbito respiratorio, la obesidad favorece la apnea del sueño —cierres repetidos de la vía aérea durante la noche— provocando ronquidos, pausas respiratorias y somnolencia diurna. El exceso de grasa en el cuello estrecha las vías aéreas; perder peso suele mejorar o resolver la apnea en muchos casos. El asma también puede agravarse con el exceso de peso, aumentando la severidad de los síntomas y la necesidad de medicación.

Además, algunos tipos de cáncer son más frecuentes en personas obesas: en hombres, colon, recto y próstata; en mujeres, mama, endometrio y vesícula biliar, entre otros. Ganar mucho peso en la edad adulta incrementa el riesgo oncológico, por lo que limitar el aumento de peso es una estrategia preventiva importante.

Los riñones se ven afectados directa o indirectamente (por diabetes e hipertensión): la obesidad aumenta el riesgo de enfermedad renal crónica y deterioro de la función renal incluso en ausencia de otras patologías.

Obesidad, embarazo, fertilidad y salud mental

La obesidad afecta la reproducción. En mujeres se relaciona con alteraciones del ciclo y de la ovulación, dificultando la gestación; en hombres, con menor recuento y calidad espermática. También aumenta el riesgo de complicaciones en el embarazo (diabetes gestacional, preeclampsia, cesárea), y expone al recién nacido a mayor probabilidad de obesidad y enfermedades metabólicas en la vida adulta.

La obesidad influye en la función sexual: mayor frecuencia de disfunción eréctil en hombres y dificultades en deseo, excitación o satisfacción en mujeres. Mejorar la salud metabólica y perder peso con apoyo profesional suele asociarse a una mejora de la vida sexual.

En lo psicológico, las personas con obesidad presentan un mayor riesgo de depresión, ansiedad y problemas de imagen corporal, agravados por el estigma y la discriminación. El abordaje multidisciplinar que incluye apoyo psicológico, nutricional y médico ayuda a mejorar la autoestima y la calidad de vida.

Tipos de obesidad según la causa y riesgos asociados

Más allá del desequilibrio entre calorías consumidas y gastadas, existen causas médicas y tratamientos que favorecen el aumento de peso, como el hipotiroidismo, el síndrome de Cushing o medicamentos (corticoides, algunos antidepresivos). La predisposición genética también influye, aunque los casos de obesidad monogénica son raros. En la mayoría de los pacientes, mejorar hábitos alimentarios y aumentar la actividad física reduce significativamente el peso, con o sin apoyo especializado.

Cabe señalar que no todas las personas con obesidad desarrollarán estas enfermedades: la historia familiar, la edad, el tabaquismo, el consumo de alcohol y el nivel de actividad física modulan el riesgo individual.

Cirugía bariátrica y posibles complicaciones

En algunos casos la dieta y el ejercicio no son suficientes; cuando la obesidad es severa o se acompaña de comorbilidades importantes, la cirugía bariátrica es una opción válida. Se trata de procedimientos que modifican el tracto digestivo para facilitar la pérdida de peso, pero son cirugías mayores que deben ser indicadas y controladas por equipos médicos expertos.

Las complicaciones quirúrgicas precoces y graves pueden incluir la ruptura de la línea de grapado, dehiscencia de sutura, úlceras, sangrado, estenosis de la ostomía gástrica y tromboembolismo pulmonar. A largo plazo son frecuentes las deficiencias nutricionales (hierro, vitamina B12, calcio, vitamina D, proteínas) que requieren suplementación y seguimiento. Otras secuelas posibles son diarreas, malnutrición calórico-proteica, hipoglucemias, formación de cálculos biliares, reflujo gastroesofágico, sensación de frío, pérdida de masa muscular y exceso de piel que en ocasiones exige cirugía plástica.

Prevención y recomendaciones

Todo el mundo tiene en su mano poner barreras a este problema practicando actividad física regularmente, siguiendo una dieta sana y equilibrada, durmiendo bien y evitando el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol. Cuando los cambios en el estilo de vida no son suficientes, hay tratamientos farmacológicos, programas de apoyo y opciones quirúrgicas que deben evaluarse con profesionales de la salud.

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Comprender cómo la obesidad incrementa el riesgo de tantas enfermedades permite tomar decisiones informadas sobre el estilo de vida, detectar a tiempo complicaciones y buscar el apoyo profesional necesario para recuperar un peso saludable y mejorar la calidad y la esperanza de vida.