
Un alto porcentaje de la población sufrirá hemorroides en algún momento de sus vidas. Se trata de venas varicosas (nombre que reciben las venas cuando se agrandan y se hinchan) situadas en la parte exterior del ano.
Desde el punto de vista médico, las hemorroides son vasos sanguíneos y almohadillas vasculares que forman parte de la anatomía normal del ano y el recto. Aportan irrigación a la zona y colaboran en la continencia, ayudando a cerrar el conducto anal y a proteger los tejidos durante el paso de las heces. Solo cuando estas estructuras se dilatan, se inflaman o se prolapsan y empiezan a producir molestias hablamos de enfermedad hemorroidal.
Tipos de hemorroides y grados de afectación

Las hemorroides se clasifican clásicamente en internas y externas según su localización respecto a la llamada línea dentada (zona de transición entre la piel del ano y la mucosa del recto):
- Hemorroides internas: se sitúan por encima de la línea dentada, dentro del canal anal. Suelen provocar sangrado rojo vivo al defecar, sensación de presión o bulto interno y, a veces, sensación de evacuación incompleta.
- Hemorroides externas: se encuentran por debajo de la línea dentada, justo bajo la piel del margen anal. Son más visibles y se manifiestan como pequeños bultos dolorosos o molestos alrededor del ano, con frecuencia acompañados de picor o escozor.
En el caso de las hemorroides internas, los especialistas hablan de cuatro grados de gravedad en función del prolapso (salida hacia fuera):
- Grado I: sangrado al defecar sin que el tejido sobresalga al exterior.
- Grado II: el tejido hemorroidal sale con el esfuerzo durante la evacuación pero se retrae por sí solo.
- Grado III: las hemorroides protruyen hacia fuera con el esfuerzo o incluso sin él y requieren ser recolocadas manualmente.
- Grado IV: permanecen prolapsadas de forma constante y no pueden introducirse de nuevo de manera manual, por lo que suelen requerir valoración quirúrgica.
Las hemorroides externas, por su parte, pueden complicarse con una trombosis (formación de un coágulo en su interior), lo que provoca un bulto muy doloroso y tenso que puede requerir tratamiento médico o quirúrgico específico.
Quién tiene más riesgo de sufrir hemorroides

Las personas entre 45 y 65 años son las más propensas a sufrir hemorroides, así como las mujeres embarazadas. Sin embargo, aunque son dolorosas, las hemorroides no suelen ser peligrosas ni potencialmente mortales. Y es que, por lo general, terminan desapareciendo por sí solas o se controlan con medidas sencillas, especialmente en los grados más leves.
Además de la edad y el embarazo, existen otros factores que aumentan el riesgo de desarrollar hemorroides:
- Antecedentes familiares de hemorroides, que indican cierta predisposición genética.
- Obesidad o sobrepeso, que incrementan la presión en la zona abdominal y pélvica.
- Estilo de vida sedentario, con muchas horas sentado o de pie sin moverse, lo que empeora la circulación en la región anal.
- Consumo habitual de alimentos muy irritantes (picantes, grasas de mala calidad, alcohol) que pueden agravar la inflamación y el malestar.
No obstante, con la edad el tejido que conecta el recto con el ano se vuelve más débil y facilita el prolapso, por lo que el envejecimiento es un factor importante a tener en cuenta.
Causas principales de las hemorroides
Las hemorroides a menudo vienen causadas por el estreñimiento crónico o la diarrea. Forzar demasiado a la hora de hacer una evacuación intestinal es la principal causa directa. Levantar objetos pesados y otras actividades que requieren esfuerzo también pueden conducir a las hemorroides.
En términos generales, las hemorroides aparecen cuando se produce un aumento de presión en las venas de la zona anorrectal. Entre las causas y situaciones más frecuentes destacan:
- Estreñimiento crónico: las heces muy duras y los esfuerzos repetidos al defecar dilatan las venas anales y rectales.
- Diarrea persistente: las evacuaciones muy frecuentes e irritantes inflaman la mucosa y favorecen la congestión venosa.
- Embarazo y parto: el peso del útero, los cambios hormonales y el esfuerzo de pujar durante el parto aumentan mucho la presión en la región pélvica.
- Levantamiento de peso y esfuerzos intensos (deporte mal realizado, trabajos físicos exigentes) que incrementan la presión intraabdominal.
- Hábitos intestinales inadecuados: aguantar las ganas de ir al baño, pasar mucho tiempo sentado en el inodoro o contener la respiración al defecar incrementan de forma sostenida la presión sobre las venas.
Esforzarse o contener la respiración durante la defecación puede poner un exceso de presión sobre las venas y conducir directamente al desarrollo de hemorroides, por lo que se aconseja prestar atención a estos detalles, así como ir al baño tan pronto como se sienta la necesidad, ya que dejar que el impulso se desvanezca puede dificultar la evacuación más tarde, y no pasarse largos periodos sentado sobre el inodoro, pues eso puede inflamar las venas de la zona.
Síntomas frecuentes y cuándo consultar

Muchas personas tienen hemorroides sin notar molestias. Cuando se inflaman o irritan, pueden provocar una combinación de sangrado, dolor y sensaciones molestas en la zona anal. Entre los síntomas más habituales destacan:
- Sangrado rojo vivo durante o después de la defecación, visible en el papel higiénico o en la taza del inodoro.
- Dolor o molestias al sentarse o al evacuar, más frecuentes en hemorroides externas o trombosadas.
- Picor, ardor o escozor alrededor del ano debido a la irritación de la piel.
- Bultos o inflamación perceptible cerca del ano, sobre todo en hemorroides externas.
- Sensación de evacuación incompleta o de peso rectal, típica de algunas hemorroides internas.
Es importante recordar que estos síntomas también pueden aparecer en otras patologías, como fisuras anales o enfermedades más graves del intestino grueso. Por ello, si el sangrado es intenso, se repite con frecuencia o se acompaña de pérdida de peso, dolor abdominal o cambios en el ritmo intestinal, es esencial acudir a un especialista para un diagnóstico preciso.
Prevención de las hemorroides: dieta, hábitos y ejercicio
Para prevenir las hemorroides, es necesario llevar una dieta rica en fibra (cereales integrales, verdura, fruta, legumbres…), la cual nos ayudará a mantener las heces blandas y la regularidad en las deposiciones. Asimismo, es importante beber entre dos y tres litros de agua diarios y hacer ejercicio al menos tres veces a la semana para dar movilidad a los intestinos.
Los especialistas coinciden en que la mejor estrategia de prevención consiste en reducir los factores que aumentan la presión intraabdominal y favorecen el estreñimiento:
- Aumentar el consumo de fibra mediante frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
- Hidratarse correctamente, priorizando agua y evitando el exceso de bebidas excitantes y alcohol.
- Evitar el esfuerzo excesivo al defecar, sin aguantar las ganas y sin permanecer largos minutos sentado en el inodoro.
- Realizar actividad física regular (caminar, nadar, bicicleta suave) para mejorar la circulación y el movimiento intestinal.
- Romper los periodos prolongados sentado o de pie con pequeños paseos o cambios posturales cada cierto tiempo.
Además, conviene moderar el consumo de alimentos muy grasos, azúcares refinados y picantes, ya que pueden empeorar el tránsito intestinal y aumentar la irritación local. Mantener un peso corporal saludable también ayuda a disminuir la presión sobre la zona pélvica y, con ello, el riesgo de crisis hemorroidales.
Aunque las hemorroides son una afección muy frecuente y generalmente benigna, conocer bien sus causas, síntomas y medidas de prevención permite reducir al mínimo las molestias, detectar a tiempo las complicaciones y consultar con el profesional adecuado cuando sea necesario.
