
La edad que aparece en el DNI no siempre cuadra con la del cuerpo. Hay personas cuyos tejidos parecen conservarse mejor y otras cuya biología acusa antes el paso del tiempo, aunque compartan la misma fecha de nacimiento. La investigación intenta desde hace años desentrañar por qué ocurre esto y qué factores podrían modularlo, como los cinco nutrientes clave para ralentizar el envejecimiento.
En ese contexto se ha publicado un trabajo que ha dado bastante que hablar: un estudio clínico que analiza si la toma diaria de un suplemento multivitamínico y multimineral puede frenar, aunque sea ligeramente, el envejecimiento biológico. Los resultados apuntan a una pequeña ralentización de algunos marcadores, pero los especialistas europeos consultados piden prudencia y recuerdan que, hoy por hoy, los datos están lejos de justificar recomendaciones generalizadas.
Un ensayo que mira al ADN para medir la edad biológica
La nueva investigación forma parte del ensayo clínico COSMOS (Cocoa Supplement and Multivitamin Outcomes Study), realizado en Estados Unidos, que explora los efectos a largo plazo de un complejo multivitamínico de uso común y de un extracto de cacao. En este subestudio se siguió a 958 adultos mayores sin enfermedades crónicas graves al inicio: 482 mujeres y 476 hombres, con una media de edad cercana a los 70 años, donde el déficit de vitamina D es frecuente.
Durante dos años, los participantes fueron asignados a distintos grupos: algunos tomaron a diario un multivitamínico y multimineral (CMM), otros recibieron extracto de cacao, otros una combinación de ambos y un grupo placebo. A lo largo de ese tiempo se realizaron controles periódicos de sangre para analizar cambios en regiones específicas del ADN asociados al envejecimiento.
Esos cambios, conocidos como relojes epigenéticos o relojes biológicos, permiten estimar una «edad biológica» que puede no coincidir con la edad cronológica. En el estudio se emplearon cinco formas alternativas de medir esta edad o la velocidad a la que progresa, todas basadas en patrones de metilación del ADN que, según trabajos previos, se relacionan con mortalidad y riesgo de enfermedades crónicas en personas mayores.
Tras los dos años de seguimiento, el uso diario del complejo multivitamínico pareció asociarse con una leve reducción en la velocidad de envejecimiento en dos de esos cinco relojes biológicos. Los otros tres indicadores no mostraron diferencias significativas entre quienes tomaron el suplemento y quienes recibieron placebo.

Qué efecto se ha observado realmente (y qué tan grande es)
Los investigadores describen que, en los dos relojes epigenéticos donde se detectó un cambio, la velocidad de envejecimiento se redujo en el equivalente aproximado de 2,6 y 1,4 meses al año. Es decir, en términos estadísticos, las personas que tomaron el multivitamínico parecerían envejecer algo más despacio, aunque la magnitud del efecto es modesta.
Además, el enlentecimiento fue algo mayor en quienes presentaban al inicio una velocidad de envejecimiento más acelerada según estos marcadores. Dicho de otra forma, las personas biológicamente «más envejecidas» al principio pareció que se beneficiaban un poco más de la suplementación que quienes tenían relojes epigenéticos más favorables.
Por el contrario, la administración de extracto de cacao no mostró efectos claros sobre ninguno de los cinco relojes, pese a que estudios previos habían sugerido un posible beneficio del cacao en mortalidad cardiovascular o en algunos marcadores de inflamación.
Los propios autores califican estos hallazgos de interesantes pero preliminares. El estudio se centra en biomarcadores intermedios, no en resultados clínicos como la aparición de enfermedades, la discapacidad o la esperanza de vida, por lo que aún no se puede afirmar que estos pequeños cambios en la edad biológica se traduzcan en una vida más larga o más saludable.
Lo que dicen los expertos en España y Europa
Especialistas consultados por medios y plataformas científicas europeas coinciden en reconocer que el trabajo está bien planteado, pero llaman a interpretarlo con cautela. El investigador del CSIC Jordi Pérez-Tur subraya que el ensayo «muestra una coincidencia entre consumo de complejos multivitamínicos y una ligera disminución en la velocidad de envejecimiento», pero recuerda que correlación no equivale a causalidad y que falta conocer el mecanismo molecular que explicaría esa relación.
Pérez-Tur destaca además que solo dos de los cinco relojes biológicos utilizados cambiaron de forma significativa y que el efecto detectado supone apenas unos pocos meses. Ese tamaño de efecto, añade, podría deberse en parte al número limitado de personas en cada grupo (unos 250 individuos), lo que invita a diseñar trabajos con muestras mayores y más diversas.
Para la bióloga Carmen Romero Ferreiro, vicedecana de Investigación en la Universidad Francisco de Vitoria, el estudio «aporta evidencia sobre el posible papel de la suplementación multivitamínica en el envejecimiento biológico», pero resalta que, en el mejor de los casos, su papel sería complementario dentro de una estrategia global de salud. No considera que, con los datos actuales, pueda defenderse su uso como herramienta principal para un envejecimiento saludable.
Otros expertos en Medicina Preventiva y Salud Pública, como la profesora Pilar Guallar Castillón, se muestran aún más escépticos. A la luz de los datos globales de COSMOS, recuerda que el consumo prolongado de este tipo de multivitamínico no redujo de forma clara la mortalidad total, ni los infartos, ni los ictus, ni los fallecimientos por cáncer, y sin embargo se observó un mayor riesgo de sangrado gastrointestinal en quienes lo tomaban.
Limitaciones del estudio: lo que aún no sabemos
La mayoría de especialistas coinciden en que se trata de un estudio «interesante» pero aún preliminar, con varias limitaciones que obligan a ser prudentes antes de sacar conclusiones prácticas. Una de las principales es la corta duración del seguimiento: dos años son poco tiempo para valorar procesos que, como el envejecimiento, se desarrollan a lo largo de décadas.
El tamaño muestral también plantea dudas. Aunque cerca de mil participantes pueda parecer una cifra respetable, al dividirse en varios grupos (multivitamínico, cacao, combinación, placebo) los números efectivos por rama se reducen y eso dificulta detectar efectos pequeños con claridad. Estudios con decenas de miles de personas suelen ser necesarios para captar de manera robusta cambios ligeros en resultados clínicamente relevantes.
Otro punto débil es que el análisis no incorporó en profundidad factores como el tipo de dieta habitual, el nivel de actividad física, el tabaquismo u otros hábitos que también influyen en las modificaciones epigenéticas del ADN. Sin esta información detallada es complicado descartar que parte del efecto observado se deba a diferencias de estilo de vida entre grupos.
A ello se suma la composición de la muestra: en su mayoría personas mayores, de origen caucásico y con un nivel educativo relativamente alto. Esto limita la posibilidad de extrapolar los resultados a otras edades, orígenes étnicos o contextos socioeconómicos, incluidos los de muchos países europeos donde la dieta, el entorno y los sistemas sanitarios pueden ser distintos.
¿Importan estos relojes epigenéticos para la salud del día a día?
Uno de los debates abiertos gira en torno a la relevancia real de los relojes epigenéticos. Son herramientas prometedoras, pero todavía se consideran biomarcadores indirectos del envejecimiento. Se sabe que se asocian a mortalidad y riesgo de enfermedad en estudios observacionales, pero aún no está claro hasta qué punto modificarlos implica cambios concretos en la salud.
El investigador Víctor Celemín Capaldi, de la Universidad de Oviedo, apunta que el envejecimiento es un proceso complejo en el que intervienen múltiples vías moleculares, por lo que es improbable que un solo tipo de marcador capture toda la película. Por eso propone combinar estos relojes con otros indicadores que cambian con la edad, como expresión génica, parámetros sanguíneos específicos o composición de la microbiota intestinal.
En la misma línea, varios expertos recuerdan que la ausencia de cambios en algunos de estos relojes no significa necesariamente que no exista ningún efecto beneficioso del suplemento, pero tampoco lo contrario: un cambio favorable en un biomarcador puede no traducirse en una mejora tangible si no va acompañado de menos enfermedades, más autonomía o mayor esperanza de vida.
En resumen, los relojes epigenéticos se ven como una herramienta útil para generar hipótesis y orientar nuevas investigaciones, pero la comunidad científica insiste en que, por ahora, no bastan por sí solos para justificar decisiones clínicas o recomendaciones generalizadas sobre el consumo de multivitamínicos.
¿Tiene sentido tomar un multivitamínico para envejecer mejor?
La pregunta que muchos se hacen es obvia: sabiendo que el efecto observado es pequeño y que los resultados clínicos no son concluyentes, ¿merece la pena tomar un suplemento multivitamínico a diario? La mayoría de sociedades científicas europeas han sido cautas desde hace años: en personas sanas, con una alimentación variada, no recomiendan el uso rutinario de multivitamínicos para prevenir enfermedades o retrasar el envejecimiento.
El catedrático Miguel Ángel Martínez, experto en Medicina Preventiva y Salud Pública, recuerda que «los mismos autores reconocen que el efecto es pequeño» y que, con los datos actuales, no se puede afirmar que estos complementos prolonguen la vida o eviten de forma clara enfermedades crónicas. Considera que el trabajo es un paso más en la investigación, pero que todavía queda mucho por dilucidar sobre su impacto real en longevidad y calidad de vida.
Varios especialistas insisten en que los suplementos no son inocuos. Algunas vitaminas A y C y antioxidantes pueden ser beneficiosos en dosis adecuadas, pero un exceso puede resultar neutro o incluso perjudicial, interfiriendo en procesos celulares normales. En el propio ensayo se detectó mayor riesgo de sangrado gastrointestinal en el grupo que tomó el multivitamínico concreto analizado.
De ahí que muchos clínicos recomienden reservar estos productos para casos concretos de déficit demostrado o situaciones específicas (por ejemplo, ciertas etapas de la vida o enfermedades que alteran la absorción de nutrientes), siempre bajo supervisión sanitaria, y no como una especie de «seguro» antienvejecimiento para la población general.
El papel de la dieta y el estilo de vida en el envejecimiento saludable
Más allá de los suplementos, la evidencia acumulada en Europa apunta en la misma dirección desde hace décadas: lo que marca la diferencia en términos de salud y longevidad es, sobre todo, el conjunto de hábitos diarios. La alimentación, el ejercicio, el sueño, el control del estrés y el mantenimiento de relaciones sociales sólidas tienen un impacto mucho mayor que cualquier pastilla multivitamínica aislada.
En el caso de la dieta, expertos como Martínez recuerdan que «los suplementos nunca remedan la riqueza de compuestos que contienen los alimentos naturales». La dieta mediterránea, muy estudiada en España e Italia, aporta centenares de sustancias bioactivas —vitaminas, minerales, fibra, polifenoles, grasas saludables— en proporciones que la industria aún no sabe replicar del todo en una cápsula.
Una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva virgen extra, frutos secos y pescado se ha asociado repetidamente con menor riesgo de enfermedad cardiovascular, algunos tipos de cáncer y deterioro cognitivo. Esa combinación de nutrientes y compuestos minoritarios parece ser clave para mantenerse joven y proteger frente al envejecimiento acelerado.
De forma similar, la actividad física regular, evitar el tabaco, moderar (o eliminar) el consumo de alcohol y cuidar el descanso nocturno se han vinculado con mejor función inmunitaria, menor inflamación sistémica y mejor conservación de la masa muscular y ósea, todos ellos factores que influyen en cómo envejecemos más allá de la simple cuenta de los años.
Con lo que sabemos hasta ahora, la toma diaria de un suplemento multivitamínico puede estar asociada a una ligera ralentización de ciertos relojes biológicos en adultos mayores, pero ese efecto es modesto y no se ha traducido de forma clara en menos enfermedades o mayor supervivencia, mientras que sí se ha señalado un aumento de algunos efectos adversos. A falta de estudios más amplios y prolongados que confirmen y aclaren estos resultados, la recomendación más sensata pasa por centrarse en lo que sí ha demostrado con firmeza su utilidad —dieta saludable, ejercicio, no fumar y buen manejo de los factores de riesgo— y dejar los suplementos para quienes verdaderamente los necesiten, siempre bajo criterio profesional.