Primavera de altos niveles de polen en España: regiones más afectadas, tipos de pólenes y cómo prepararse

  • Inviernos muy lluviosos y temperaturas suaves han creado una primavera con niveles de polen especialmente altos en gran parte de España.
  • Las gramíneas serán el principal problema, con picos de hasta 12.000 granos/m³ en Extremadura y valores muy altos en Andalucía y centro peninsular.
  • El cambio climático y la contaminación alargan la temporada de polen y aumentan su capacidad alergénica, generando una “tormenta perfecta” para las alergias.
  • Ciudades como Zaragoza ofrecen datos diarios de niveles de polen y se recomiendan medidas preventivas para reducir la exposición.

Niveles de polen en primavera

Tras un invierno inusualmente húmedo y templado en buena parte de España, la primavera se presenta como una de las más exigentes para quienes padecen alergia al polen. Las abundantes lluvias han limpiado el aire de forma puntual, pero al mismo tiempo han impulsado un crecimiento exuberante de la vegetación que ahora se traduce en una polinización especialmente intensa.

Las previsiones de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) apuntan a niveles de polen muy elevados, sobre todo de gramíneas, en el centro peninsular, Andalucía y Extremadura. En contraste, el litoral mediterráneo, Galicia y Canarias afrontarán una temporada algo más llevadera, con concentraciones generalmente leves o moderadas, aunque el contexto de cambio climático y contaminación hace que cada vez haya más personas alérgicas y que los síntomas se prolonguen durante más meses.

Cómo han influido las lluvias y el efecto lavado en los niveles de polen

Efecto de la lluvia sobre el polen

Los primeros meses del año han estado marcados por precipitaciones muy generosas y temperaturas superiores a la media. Este patrón meteorológico ha provocado el conocido “efecto lavado”: la lluvia arrastra los granos de polen a tierra y reduce de manera momentánea su concentración en el aire, dando un pequeño respiro a los alérgicos.

Sin embargo, ese alivio es engañoso. La humedad acumulada y el tiempo suave han permitido que plantas, árboles y gramíneas se desarrollen con mucha fuerza, de modo que, una vez iniciada la primavera, la vegetación está «muy bien armada» para liberar polen de forma masiva. Los alergólogos advierten de que este año se ha llegado a registrar el doble de lluvia de lo habitual en muchas localidades, lo que prepara el terreno para una temporada especialmente activa.

Las entidades científicas insisten en que no hay que fijarse solo en el nivel de polen de un día concreto, sino también en las condiciones en las que se está produciendo la polinización: humedad, temperaturas suaves, episodios de viento y contaminación pueden potenciar el impacto sobre la salud respiratoria.

Regiones con mayores niveles de polen en España

Mapa de niveles de polen

La distribución de los niveles de polen no es homogénea en todo el territorio. Depende tanto del clima regional como de la vegetación predominante. Este año, la SEAIC prevé un escenario muy claro: picos muy altos en el centro y suroeste, frente a valores bajos o leves en zonas de costa y archipiélagos.

En el centro peninsular (Castilla y León, Castilla-La Mancha y Comunidad de Madrid) se esperan niveles de gramíneas de moderados a intensos. Zonas como Toledo y Madrid pueden alcanzar alrededor de 6.000 granos por metro cúbico de aire, cifras capaces de desencadenar síntomas intensos incluso en personas con alergias bien controladas.

En el sur peninsular, la situación será desigual. Almería y Málaga mantendrán cantidades leves, mientras que Córdoba, Granada, Huelva y Cádiz registrarán niveles moderados. Las provincias con mayor carga polínica serán, con diferencia, Badajoz y Cáceres, donde las concentraciones de polen de gramíneas podrían moverse entre 10.000 y 12.000 granos/m³, y Sevilla y Jaén, con previsiones de entre 6.000 y 8.000 granos/m³.

En Galicia, los niveles oscilarán entre leves y moderados, con algo más de incidencia en provincias del interior como Ourense y Lugo. El norte peninsular (Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra y Aragón) se moverá en rangos considerados leves, en torno a 1.500-2.000 granos/m³, suficientes para ocasionar molestias, pero sin llegar a los valores extremos del suroeste.

Por su parte, el litoral mediterráneo (Cataluña, Comunidad Valenciana, Región de Murcia y Baleares) mantendrá niveles leves de polen durante gran parte de la temporada, mientras que Canarias registrará algunas de las cifras más bajas del país, con concentraciones aproximadas de 250 a 500 granos/m³ en islas como Tenerife o Gran Canaria.

Qué tipos de polen causan más problemas en España

Tipos de polen frecuentes

Aunque todos los focos apuntan a las gramíneas como principales responsables de las alergias respiratorias en España, no son las únicas protagonistas. La relevancia de cada polen varía mucho según la región y el tipo de vegetación.

Las gramíneas están presentes en amplias zonas de la península y explican gran parte de los casos de rinitis y asma alérgica. Sus niveles se consideran bajos a partir de 1-25 granos/m³, moderados entre 26 y 50, y altos cuando superan los 50 granos por metro cúbico de aire. En años húmedos y cálidos, como este, esas cifras se pueden disparar con facilidad.

Otros pólenes con un impacto significativo son las cupresáceas (los cipreses y otras coníferas ornamentales), el plátano de sombra, el olivo, las urticáceas (ortigas y parietarias) y especies de salsola en zonas más secas. Cada uno tiene su época de máxima presencia y su área de influencia característica.

Las cupresáceas muestran gran incidencia en ejes como Granada, Lleida-Córdoba y Tarragona-Sevilla, con picos que, en algunos años, incluso se adelantan al otoño. El plátano de sombra produce concentraciones muy altas en ciudades como Barcelona, Madrid, Valencia, Girona, Zaragoza o Talavera de la Reina, concentrando una parte importante de los síntomas en mediados de primavera.

El olivo se asocia sobre todo a provincias del sur y suroeste, como Jaén, Córdoba, Granada, Sevilla, Cádiz, Ciudad Real o Badajoz, donde puede alcanzar valores muy elevados. Las urticáceas son más habituales en áreas mediterráneas y húmedas (Vigo, Granada, Tarragona, Girona), mientras que la salsola es típica de comarcas más áridas como Lleida, Murcia-Elche, Zaragoza o Almería.

El caso de Zaragoza: mediciones diarias y especies predominantes

Medición de polen en ciudad

Un ejemplo concreto de seguimiento cercano de los niveles de polen es la ciudad de Zaragoza. Allí, el Ayuntamiento y el Colegio Oficial de Farmacéuticos colaboran para medir, identificar y difundir diariamente los tipos de polen presentes en la atmósfera desde mediados de marzo hasta mediados de junio.

El sistema se basa en un aparato captador instalado en el centro urbano. Personal municipal recoge las muestras, que se analizan en la Estación de Aerobiología del Colegio de Farmacéuticos. Los resultados se envían al Ayuntamiento y a las farmacias, y se publican en sus páginas web y redes sociales, de modo que los ciudadanos puedan consultar en cualquier momento el índice de polinización.

En un reciente registro de 48 horas, se constató que el plátano de sombra alcanzó los 2.146 granos/m³, situándose como el polen dominante, aunque en menor medida que en días previos. Le siguió el pino, con 503 granos por metro cúbico, un salto notable respecto a jornadas anteriores, en las que apenas se contabilizaban unas decenas.

Otros pólenes presentes en Zaragoza, pero en niveles bajos, fueron la morera (24 granos), ortiga-parietaria (4 granos), ciprés (18), fresno (6) y chopo (16). Para especies como plátano de sombra, morera, chopo, cipreses, tuyas, enebros, pinos, olivos, robles, encinas o árbol del cielo se considera que los valores entre 1 y 50 granos/m³ son bajos, entre 50 y 200 moderados y por encima de 200, altos.

En el caso de gramíneas, llantenes, cenizos y otras malezas, los niveles bajos se sitúan entre 1 y 25 granos/m³, moderados entre 26 y 50 y altos cuando rebasan los 50. Para ortigas y parietarias, se consideran bajos entre 1 y 15 granos/m³, moderados entre 16 y 30 y altos a partir de 30 granos.

Una alergia que ya no es solo de primavera

Temporada prolongada de polen

Los alergólogos coinciden en que la alergia al polen ha dejado de ser un problema estrictamente primaveral. El aumento de las temperaturas y la alteración de los patrones meteorológicos están modificando el calendario clásico de floración y polinización.

Estudios recientes apuntan a que la temporada de polen podría alargarse alrededor de un 19%, mientras que la concentración anual total de pólens se incrementaría entre un 16% y un 40%. En la práctica, esto significa que la exposición ya no se concentra en pocas semanas, sino que se prolonga durante muchos meses al año.

Especialistas de la SEAIC señalan que en ciudades como Madrid se han detectado picos de polen de cupresáceas incluso en noviembre en algunos años, algo impensable hace unas décadas. Este desplazamiento del calendario convierte a la alergia en un problema mucho más persistente, con pacientes que encadenan síntomas casi sin pausas.

Se calcula que la rinoconjuntivitis alérgica afecta ya a entre 7 y 8 millones de personas en España, y que las enfermedades alérgicas en general alcanzan a cerca del 35% de la población, con previsiones de llegar al 50% si la tendencia se mantiene. Además, los cuadros son cada vez más complejos, con múltiples sensibilizaciones y una mayor gravedad de los síntomas.

Cambio climático, contaminación y la “tormenta perfecta” para las alergias

Contaminación y polen

Los expertos describen la situación actual como una auténtica “tormenta perfecta” para el aumento de las alergias respiratorias. Por un lado, el cambio climático alarga la temporada de polinización y multiplica la cantidad de polen producida por muchas especies. Por otro, la contaminación atmosférica agrava la respuesta del organismo.

El incremento de CO₂ y otros contaminantes favorece una mayor floración y una producción más intensa de polen, a la vez que genera estrés en las plantas, que responden fabricando proteínas con mayor capacidad alergénica. La desertificación y los cambios de uso del suelo están introduciendo, además, nuevas especies alergénicas en áreas donde antes no estaban presentes, como algunas amarantáceas en regiones de Aragón, Comunidad Valenciana o Murcia.

La contaminación no solo irrita las vías respiratorias; también puede fragmentar los granos de polen en micropartículas capaces de penetrar más profundamente en el árbol respiratorio y desencadenar reacciones más agresivas. A esto se suman otros contaminantes ambientales o productos cotidianos (detergentes, aditivos, cosméticos) que actúan como disruptores de las barreras cutáneo-mucosas, haciendo la piel y las mucosas más permeables a los alérgenos.

El resultado es doble: aumenta el número de personas que se vuelven alérgicas y, en quienes ya están sensibilizados, la respuesta inflamatoria es más intensa y continuada. Los especialistas advierten de que incluso individuos sin antecedentes pueden desarrollar alergias respiratorias por una combinación prolongada de exposición a pólenes y contaminantes.

Síntomas más frecuentes y cadenas de molestias

El aumento de los niveles de polen y el alargamiento de la temporada conllevan un empeoramiento de los síntomas clásicos y la aparición de cuadros más complejos. Lo más habitual sigue siendo la rinoconjuntivitis, con estornudos en salvas, picor nasal, moqueo acuoso, ojos rojos y lagrimeo, a lo que se puede sumar sensación de presión facial y fatiga.

Los alergólogos destacan que se verán con más frecuencia sintomatologías encadenadas, es decir, episodios que se suceden prácticamente sin recuperación entre uno y otro. En pacientes con asma alérgica, la exposición prolongada puede provocar más crisis, con tos, opresión torácica y dificultad para respirar.

En un contexto de «tormenta perfecta», los especialistas recalcan que no debe infravalorarse un cuadro de rinitis o conjuntivitis aparentemente leve, ya que puede ser la antesala de problemas respiratorios de mayor entidad si se mantiene la exposición durante semanas o meses.

Seguimiento, falta de especialistas y necesidad de mejor atención

Ante un escenario de alergias cada vez más frecuentes y complejas, la SEAIC insiste en la importancia de reforzar la alergología dentro del Sistema Nacional de Salud. Su presidente, Ignacio Dávila, recuerda que se necesitan más alergólogos y mejor formación en las facultades de medicina, ya que la alergología sigue siendo una especialidad relativamente joven y con presencia limitada en los planes de estudio.

La entidad aboga por potenciar una alergología de precisión, capaz de adaptar el diagnóstico y el tratamiento a las características concretas de cada paciente. Este enfoque se apoya en herramientas de alto rendimiento e inteligencia artificial, con el objetivo de afinar la identificación de alérgenos relevantes y seleccionar terapias más eficaces.

Al mismo tiempo, se considera clave ofrecer a la población información actualizada sobre los niveles de polen. Iniciativas como la difusión diaria de datos en Zaragoza, o las redes de captadores de polen repartidas por la geografía española, permiten que los pacientes adapten sus rutinas y tratamientos a las condiciones reales de cada día.

Medidas prácticas para reducir la exposición al polen

Los especialistas coinciden en que, junto a los medicamentos pautados por el alergólogo, es fundamental aplicar medidas preventivas en el día a día para reducir el contacto con el polen y minimizar los síntomas.

Entre las recomendaciones más reiteradas está la de controlar la ventilación de la vivienda: se aconseja abrir las ventanas solo a primera hora de la mañana o por la noche, cuando las concentraciones son algo más bajas, y evitar mantenerlas abiertas durante las horas centrales del día, especialmente en los pisos altos, donde el polen circula con más facilidad.

También se desaconseja tender la ropa al aire libre en balcones, terrazas o azoteas en días de alta polinización. Las prendas actúan como un auténtico imán de polen, que luego se introduce en casa al usar sábanas, toallas o ropa de calle. Cambiarse de ropa y calzado al entrar en la vivienda, y lavar el pelo por la noche, ayuda a eliminar granos de polen adheridos durante el día.

Otras medidas útiles son evitar cortar el césped o tumbarse en él, reducir el tiempo de permanencia en parques o zonas de campo durante los picos de polinización y utilizar gafas de sol y mascarillas (por ejemplo FFP2) si es necesario permanecer al aire libre. Programar las vacaciones teniendo en cuenta la vegetación y la época de polinización de la zona también puede marcar la diferencia para los alérgicos más sensibles.

Desde los colegios de farmacéuticos se recuerda la importancia de seguir correctamente el tratamiento farmacológico prescrito para prevenir las crisis de síntomas intensos y, si el alergólogo así lo indica, iniciar la medicación de forma preventiva cuando se prevea un aumento de polen muy alergénico, como el del plátano de sombra o las gramíneas.

Con un invierno muy lluvioso, temperaturas suaves y un entorno cada vez más condicionado por el cambio climático y la contaminación, la primavera que empieza llega cargada de altos niveles de polen en buena parte de España. Conocer qué tipos de polen predominan en cada zona, seguir las previsiones oficiales, mejorar el diagnóstico y la atención alergológica y aplicar medidas sencillas de prevención permite a las personas alérgicas encarar una temporada complicada con algo más de margen y control sobre sus síntomas.

polen del ciprés
Artículo relacionado:
Polen del ciprés: niveles disparados y una temporada difícil para los alérgicos en España