El Día Mundial del Corazón, que se conmemora cada 29 de septiembre, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no admite esperas: las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de fallecimiento en España y en el resto del mundo. A pesar de que muchas de ellas pueden prevenirse, la falta de concienciación y el ritmo de vida actual hacen que la prevención quede relegada a un segundo plano hasta que aparece un problema grave.
Los datos son contundentes. En España, 113.000 personas pierden la vida cada año por patologías del corazón, según el Instituto Nacional de Estadística. En el ámbito global, la Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 20 millones de fallecimientos anuales están relacionados con estas enfermedades, muchos de ellos prematuros. La buena noticia es que hasta el 80% de estos casos podrían evitarse con medidas de prevención adecuadas.
Hábitos que marcan la diferencia

La prevención cardiovascular no requiere grandes gestas, sino pequeños cambios sostenidos en el tiempo. Los especialistas coinciden en que la actividad física regular y el cardio son uno de los pilares. Para los adultos, se recomiendan entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio moderado, que pueden repartirse en sesiones de media hora o caminatas a buen ritmo. A esto conviene añadir ejercicios de fuerza al menos dos días por semana. Subir escaleras, desplazarse a pie o reducir las horas de sedentarismo también suman.
En la mesa, la dieta mediterránea se consolida como una aliada de lujo. Priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva virgen extra ayuda a mantener a raya factores como el colesterol, la glucosa y la presión arterial. Por el contrario, conviene limitar los ultraprocesados, el exceso de sal, los azúcares añadidos y las grasas saturadas. El tabaco debe evitarse por completo y, en cuanto al alcohol, los expertos insisten en que cuanto menos, mejor.
El descanso también juega un papel fundamental. Dormir de forma habitual entre 7 y 9 horas contribuye a proteger el corazón, mientras que el estrés crónico y el mal sueño se asocian con un mayor riesgo cardiovascular. Gestionar las emociones y dedicar tiempo al autocuidado son aspectos que, a menudo, se pasan por alto pero que influyen directamente en la salud del corazón.
Los profesionales insisten en que no es realista cambiar todos los hábitos de golpe. Por eso, proponen fijar objetivos realistas y progresivos. Algunas recomendaciones prácticas son:
- Comenzar caminando unos minutos más al día.
- Sustituir snacks ultraprocesados por fruta o frutos secos.
- Establecer una hora fija para acostarse.
- Buscar apoyo profesional para dejar de fumar.
Investigación y tecnología para anticiparse

La ciencia avanza a pasos agigantados en la detección precoz del riesgo cardiovascular. Un ejemplo es el proyecto EMABASK, desarrollado en Euskadi por Osakidetza y el Instituto de Investigación Sanitaria Biobizkaia. Esta iniciativa utiliza las mamografías del cribado de cáncer de mama para identificar calcificaciones arteriales, un hallazgo que puede triplicar la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares graves como la insuficiencia cardíaca. Además, el proyecto incorporará inteligencia artificial para analizar automáticamente las imágenes y alertar a Atención Primaria.
En la misma línea, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) ha presentado la campaña ‘Cada latido cuenta’, que aglutina varios programas científicos. Estudios como PESA, REACT o REBOOT, junto con iniciativas europeas como JACARDI, buscan integrar datos clínicos, de actividad física, sueño e imagen avanzada para predecir el riesgo antes de que aparezcan los síntomas. También se trabaja en dispositivos portátiles de ultrasonido vascular asistidos por inteligencia artificial y en terapias regenerativas para reparar el daño cardíaco.
Otra línea de investigación relevante es la conexión entre salud cardiovascular y salud cerebral. El programa del CNIC estudia cómo la aterosclerosis subclínica y los factores de riesgo como la hipertensión, el colesterol elevado o la diabetes pueden afectar a la función cognitiva décadas antes de que se manifiesten síntomas. Controlar estos factores no solo protege el corazón, sino también el cerebro.
Iniciativas cerca de la ciudadanía
La prevención también se acerca a la calle. Con motivo del Día Mundial del Corazón, HM Hospitales instaló una carpa en Málaga donde los ciudadanos pudieron realizarse electrocardiogramas y mediciones de presión arterial de forma gratuita. Los especialistas recuerdan que muchas patologías cardiovasculares se desarrollan de forma silenciosa, por lo que estas pruebas sencillas ayudan a identificar signos de alerta como arritmias o hipertensión no diagnosticada.
En la misma fecha, el Hospital Universitari Sagrat Cor de Barcelona hizo hincapié en la importancia de no esperar a que el corazón dé síntomas. Su jefe de Cardiología, el Dr. Jordi Pérez Rodon, subrayó que una persona puede encontrarse perfectamente y tener durante años la presión arterial o el colesterol elevados. Por ello, recomiendan revisiones periódicas para conocer el punto de partida y valorar el riesgo cardiovascular teniendo en cuenta la edad, el peso, el tabaquismo y los antecedentes familiares.
Otras iniciativas han tenido lugar en Andalucía. El Hospital Clínico San Cecilio de Granada organizó una jornada bajo el lema ‘No pierdas ni un latido’, con actividades prácticas sobre ejercicio, alimentación cardiosaludable y conocimiento del corazón. También se celebraron las VII Jornadas de Rehabilitación Cardíaca y Prevención Cardiovascular en Córdoba, organizadas por Aspacacor, y se leyó un manifiesto en la Plaza Antonio Mairena por una atención cardiovascular más equitativa. Además, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acogerá el 13 de octubre una jornada que vincula arte y salud cardiovascular.
Señales de alerta que no conviene ignorar
Aunque la prevención es fundamental, también es crucial reconocer las señales que indican que algo no va bien. Los especialistas advierten de que palpitaciones repetidas, falta de aire ante esfuerzos que antes se toleraban bien, una disminución llamativa de la capacidad física, mareos frecuentes o molestias torácicas merecen una valoración médica si aparecen de forma nueva, persisten o se repiten.
Ante un dolor o presión intensa en el pecho, especialmente si se acompaña de dificultad para respirar, sudoración, náuseas o malestar general, así como ante una pérdida de conocimiento o síntomas neurológicos de aparición brusca, se debe solicitar atención urgente. Actuar con rapidez puede marcar la diferencia.
La salud cardiovascular se construye día a día. Mantener una alimentación equilibrada, moverse con regularidad, dormir lo suficiente, evitar el tabaco y controlar factores como la presión arterial, el colesterol y la glucosa son medidas al alcance de todos. Además, la investigación y las iniciativas ciudadanas están facilitando que la detección precoz llegue a más personas. Conocer el propio riesgo y consultar ante cualquier señal de alarma sigue siendo la mejor estrategia para cuidar el corazón a lo largo de la vida.
