La combinación de abundantes lluvias invernales y posterior subida de las temperaturas ha encendido las alarmas entre los servicios de alergología y las redes de control aerobiológico de buena parte de España. El polen del ciprés, perteneciente al grupo de las cupresáceas, se ha disparado en ciudades y provincias como Granada, Jaén, Málaga, Madrid, Ciudad Real, Albacete o Salamanca, situando a miles de personas alérgicas en una situación delicada a las puertas de la primavera.
Los distintos equipos de vigilancia coinciden en que la polinización del ciprés no se ha salido del calendario habitual, pero sí en que las concentraciones han aumentado de forma muy brusca en pocos días. Esa “explosión” de polen está provocando síntomas más intensos de lo habitual en la población sensible: estornudos continuos, mucosas irritadas, conjuntivitis, sensación de ahogo o empeoramiento del asma.
Granada, Jaén y Málaga: un arranque explosivo de la campaña del ciprés
En Andalucía oriental, la situación es especialmente llamativa. La Unidad de Calidad Biológica del Aire de la Universidad de Granada (UCBA-UGR) ha comunicado niveles extremadamente altos de polen de ciprés, acompañados además por una presencia muy notable de polen de parietaria. Aunque la floración se produce en el periodo esperado, los registros muestran que las concentraciones en el aire han escalado con una rapidez inusual, lo que explica el aumento de consultas por síntomas respiratorios y oculares.
En la ciudad de Granada, barrrios históricos como el Albaicín o el Sacromonte concentran una elevada presencia de parietarias en muros y suelos húmedos. Estas hierbas, aparentemente discretas, liberan una gran cantidad de polen que se suma al del ciprés y agrava el malestar de los alérgicos. Desde la UCBA-UGR se recalca la importancia de identificar las plantas responsables de los síntomas para intentar reducir la exposición directa en las zonas más problemáticas.
En la provincia de Jaén, los datos de la estación de control aerobiológico coordinada por la Universidad de Jaén sitúan el polen del ciprés en nivel rojo, lo que equivale a concentraciones muy altas capaces de desencadenar síntomas incluso en personas con alergias leves. Se trata, en la práctica, del pistoletazo de salida del calendario alérgico provincial. Las lluvias de enero y febrero han favorecido un desarrollo vegetativo vigoroso y, tras el paso de las borrascas, el aumento repentino de las temperaturas ha actuado como detonante de la liberación de polen.
En Málaga, los datos de la Red Española de Aerobiología y del grupo de Aerobiología de la Universidad de Málaga apuntan a una temporada especialmente intensa para el ciprés entre febrero y marzo, con niveles altos previsibles hasta bien entrado abril. Además, en la primera semana de marzo se espera que el ciprés continúe cerca de su máximo, mientras que otras especies como el plátano de sombra y las ortigas empiezan también a ganar protagonismo en la atmósfera, lo que complica el día a día de los pacientes polisensibilizados.
Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León: picos invernales y previsiones cambiantes

La Comunidad de Madrid también anticipa un escenario complicado. La red Palinocam, que monitoriza los niveles de polen en la región, ha señalado previsiones de concentraciones altas de polen de cupresáceas (cipreses y arizónicas) en varios municipios y estaciones de la capital. Municipios como Alcobendas, Aranjuez o Getafe, y zonas de Madrid como Ciudad Universitaria o Arganzuela, se sitúan en la franja alta en los días de máximo riesgo, mientras que otras áreas presentan niveles medios o bajos.
Los responsables autonómicos recuerdan que estos valores pueden variar notablemente de un día a otro, muy condicionados por la meteorología. Las horas centrales del día suelen concentrar las cantidades más elevadas de polen, mientras que la lluvia o el descenso de las temperaturas actúan como un “lavado” de la atmósfera, reduciendo temporalmente la carga alergénica.
En Castilla-La Mancha, ciudades como Ciudad Real y Albacete se preparan igualmente para una primavera intensa. Tras unas semanas de lluvias abundantes y temperaturas por encima de lo habitual para finales de febrero, el jefe de Alergología del hospital de Ciudad Real advierte de que el ciprés es, de momento, el principal responsable de los síntomas, incluso aunque las estaciones de vigilancia aún no detecten grandes cantidades de gramíneas u olivo. La tierra húmeda y el calor favorecen una polinización elevada, pero el comportamiento exacto dependerá de cómo evolucione el tiempo en las próximas semanas.
En Albacete, especialistas en alergología subrayan que, a diferencia del año pasado, la polinización del ciprés se ha retrasado por la persistencia de las lluvias, pero ahora se espera una subida muy rápida de las concentraciones: se pasará de valores prácticamente nulos a cifras muy altas en pocos días. Esto supone que las personas sensibilizadas al ciprés pueden experimentar síntomas muy intensos en un corto espacio de tiempo, especialmente durante las próximas semanas.
En Castilla y León, los mapas de previsión elaborados por la Consejería de Sanidad apuntan a que el ciprés seguirá siendo el principal protagonista en provincias como Salamanca, donde se prevén niveles moderados en la capital, pero más altos en zonas como Béjar. A esta situación se suma ocasionalmente la intrusión de polvo africano en la atmósfera, un factor que puede empeorar la sintomatología respiratoria y aconseja limitar actividades físicas intensas al aire libre en personas sensibles.
Por qué el polen del ciprés está disparado: lluvias, calor y cambios en los patrones de alergia

Los alergólogos consultados en distintas provincias coinciden en que el patrón meteorológico de este invierno explica buena parte del problema. Tras un periodo prolongado de lluvias, que en muchos casos se extendió más de lo habitual sobre enero y parte de febrero, la polinización del ciprés se vio frenada o retrasada. Al cesar las precipitaciones y llegar varios días seguidos de temperaturas suaves o inusualmente altas para la época, los cipreses han liberado de golpe grandes cantidades de polen en un corto espacio de tiempo.
Este comportamiento hace que, aunque el calendario de floración se mantenga dentro de las fechas habituales, la intensidad de los picos sea mucho mayor. Profesionales como la doctora Carolina Mérida, del Servicio de Alergología del Hospital San Cecilio de Granada, describen cómo en cuestión de días se han alcanzado valores extremos, con miles de granos por metro cúbico de aire, sin una escalada progresiva que permita al organismo adaptarse.
Además, los expertos apuntan a que el perfil del paciente alérgico ha cambiado en las últimas décadas. Si hace 20 o 30 años predominaban los cuadros ligados a gramíneas y olivo, con síntomas concentrados en la primavera, hoy son cada vez más frecuentes los pacientes polisensibilizados. Estas personas reaccionan al polen del ciprés en invierno, al plátano de sombra en marzo, al olivo y las gramíneas en primavera y, en muchos casos, a malezas que polinizan en otoño. En la práctica, hay pacientes con molestias respiratorias y oculares durante buena parte del año.
En este contexto, el polen del ciprés ha ganado protagonismo como uno de los primeros desencadenantes de la temporada alérgica; para comparar, consulte el artículo sobre alergia al polen de cedro. A diferencia del olivo, cuyo polen puede recorrer grandes distancias transportado por el viento, el del ciprés es más pesado y tiende a depositarse cerca de los árboles. Eso implica que, en parques, setos de arizónicas y zonas ajardinadas donde abundan estas especies, la exposición puede ser especialmente alta para quienes viven o pasan mucho tiempo en sus inmediaciones.
Síntomas, diagnósticos y tratamientos: del antihistamínico a la vacuna
Los servicios de alergología de hospitales de toda España están observando un aumento de consultas por síntomas típicos de alergia al polen del ciprés: estornudos en salvas, congestión nasal, picor de ojos, lagrimeo, dolor de cabeza, irritación de garganta o tos, e incluso crisis de asma en los casos más graves. En muchas personas, estos síntomas se confunden con catarros persistentes, lo que retrasa el diagnóstico adecuado.
Los especialistas insisten en la importancia de acudir al médico de atención primaria cuando la rinitis es muy intensa, se recurre con frecuencia a medicación sin receta o aparecen signos de dificultad respiratoria. Desde ahí, se puede derivar al servicio de Alergología, donde se realizan pruebas cutáneas y análisis específicos para identificar con precisión a qué pólenes se es alérgico y en qué grado.
El tratamiento suele combinar antihistamínicos, sprays nasales e inhaladores para controlar los síntomas. Sin embargo, los alergólogos recuerdan que estas terapias no modifican la base del problema inmunológico, sino que actúan como un “parche” mientras dura la exposición al alérgeno. Por eso, en los casos más claros y persistentes se plantea la opción de la inmunoterapia específica mediante vacunas frente al polen implicado.
Según explican los expertos, las vacunas antialérgicas son, a día de hoy, el único tratamiento capaz de cambiar la evolución natural de la enfermedad. Funcionan como una reeducación del sistema inmune, aumentando el umbral de tolerancia al polen: la persona pasa de reaccionar con intensidad a pequeñas cantidades a soportar concentraciones más altas con mucho menos malestar. En pacientes con asma asociada al polen, esta estrategia puede incluso reducir de forma muy notable las crisis respiratorias.
Consejos prácticos para reducir la exposición al polen del ciprés
Más allá de la medicación, los organismos científicos y las redes de vigilancia recomiendan una serie de medidas cotidianas para disminuir el contacto con el polen del ciprés en los días de mayor concentración. Aunque no eliminan por completo la exposición, pueden marcar la diferencia entre una sintomatología llevadera y otra incapacitante.
- Controlar la información diaria sobre niveles de polen a través de redes como Palinocam en Madrid, la Red Española de Aerobiología o las páginas especializadas de universidades y sociedades científicas.
- Evitar actividades al aire libre innecesarias en las horas centrales del día y, en la medida de lo posible, reducir paseos y deporte en parques con abundancia de cipreses y arizónicas.
- Mantener las ventanas de la vivienda cerradas cuando las concentraciones son altas, ventilando en momentos puntuales de menor carga polínica.
- Viajar en coche con las ventanillas subidas y, si se dispone de ellos, utilizar filtros de aire adecuados para disminuir la entrada de polen en el habitáculo.
- Usar gafas de sol y mascarilla tipo FFP2 o quirúrgica al salir a la calle, una barrera que reduce de forma significativa la entrada de granos de polen por los ojos y las vías respiratorias.
- Tender la ropa en interiores o, si se hace en el exterior, evitar dejarla muchas horas al aire libre, ya que se impregna fácilmente de polen.
- Limpiar la casa con frecuencia, preferiblemente con aspiradora y paños húmedos, y limitar objetos que acumulen polvo y alérgenos, como alfombras gruesas o peluches.
- Lavar cara, manos y zona periocular al regresar a casa, y si es posible cambiarse de ropa para eliminar el polen depositado durante el día.
En los últimos años, muchos alergólogos subrayan que el uso de mascarillas se ha normalizado socialmente, algo que ha ayudado a que las personas con asma o rinitis alérgica se protejan sin sentirse observadas. Esta sencilla medida, incorporada desde la pandemia, se ha convertido en una herramienta más para sobrellevar los periodos de mayor polinización.
El papel de las redes de monitorización y las alertas personalizadas
España cuenta con una densa red de estaciones de control de polen gestionadas por universidades, servicios de salud y sociedades científicas. Sistemas como la UCBA-UGR en Granada, las estaciones de la Universidad de Jaén o la Red Española de Aerobiología proporcionan datos diarios que permiten trazar el calendario polínico y anticipar picos de riesgo.
En el caso de la Comunidad de Madrid, la red Palinocam ofrece un boletín actualizado sobre los niveles de polen desde mediados de enero hasta finales de junio, precisamente el periodo en el que el ciprés, y posteriormente otras especies, generan más problemas. Además, la ciudadanía puede darse de alta en servicios gratuitos de avisos por correo electrónico o SMS, que avisan cuando se superan determinados umbrales, lo cual ayuda a planificar actividades al aire libre o reforzar la medicación preventiva.
En Andalucía y Castilla-La Mancha, los grupos de aerobiología de las universidades colaboran con la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica y con los servicios regionales de salud para hacer llegar estos datos a la población. Buena parte de esta información puede consultarse en línea, de forma abierta, lo que permite a los pacientes tomar decisiones informadas sobre su exposición diaria al polen.
Esta monitorización continua resulta clave en años como el actual, en los que los cambios bruscos de tiempo alteran la intensidad de la polinización. Si se encadenan varios días secos y soleados, es probable que los niveles de ciprés se mantengan muy altos; si llegan nuevas borrascas con lluvias persistentes, se producirá un efecto de “lavado” que reducirá las concentraciones, al menos temporalmente.
Con un invierno marcado por lluvias abundantes y posteriores rachas de calor atípico, el polen del ciprés se ha consolidado como gran protagonista del inicio de la temporada alérgica en buena parte de España. Desde Granada a Madrid, pasando por Jaén, Málaga, Ciudad Real, Albacete o Salamanca, los registros coinciden en reflejar picos muy elevados que, en muchos casos, han llegado de forma repentina. Las recomendaciones de los especialistas apuntan a una combinación de medidas: seguir de cerca los boletines de polen, protegerse físicamente con mascarilla y gafas, ajustar la vida diaria a los días de mayor riesgo y, cuando los síntomas son intensos o prolongados, buscar un diagnóstico preciso y valorar tratamientos de fondo como la inmunoterapia. Todo ello, a la espera de ver cómo se comportará la atmósfera en las próximas semanas, de las que dependerá que la primavera sea más llevadera o especialmente dura para quienes conviven con la alergia al polen.
