
En los últimos años, Ozempic y otros fármacos basados en semaglutida han pasado de ser un tratamiento casi exclusivo para la diabetes tipo 2 a convertirse en uno de los temas centrales cuando se habla de obesidad, pérdida de peso y cambios de hábitos. Han irrumpido en las consultas, en la investigación científica, en los medios de comunicación e incluso en las redes sociales y el mundo del fitness.
Más allá del número que marca la báscula, estos medicamentos están empezando a mostrar efectos sobre la conducta alimentaria y el entorno de consumo. Desde cambios en la cesta de la compra hasta la forma de entrenar o la manera en que se percibe el propio cuerpo, las terapias con agonistas del GLP-1 están reconfigurando tanto la vida diaria de los pacientes como el mercado farmacéutico internacional.
Qué son Ozempic y los fármacos GLP-1
Ozempic es el nombre comercial de uno de los medicamentos más conocidos basados en semaglutida, un agonista del receptor del péptido similar al glucagón-1 (GLP-1). Esta molécula imita la acción de una hormona que el organismo libera de forma natural en el intestino cuando comemos y que ayuda a regular el azúcar en sangre, ralentizar el vaciado gástrico y generar sensación de saciedad.
En la práctica clínica, estos fármacos se prescriben principalmente a adultos con diabetes tipo 2, acompañados de dieta y ejercicio, y cada vez con más frecuencia para el control del peso a largo plazo en personas con obesidad o sobrepeso significativo. Medicamentos como Ozempic, Wegovy o Rybelsus pertenecen a esta familia, a la que se han sumado otros como Mounjaro o Zepbound, que combinan la acción sobre GLP-1 con otros receptores hormonales.
El principal efecto percibido por los pacientes es una disminución notable del apetito y una mayor sensación de saciedad. No se trata tanto de un “regulador suave” del hambre, explican los especialistas, sino de una supresión muy potente de la señal de apetito que lleva a reducir de forma marcada la ingesta de energía, muchas veces sin que la persona sea del todo consciente de cuánto ha dejado de comer.
Este mecanismo explica en buena medida la pérdida de peso, pero abre también interrogantes sobre qué tipo de peso se pierde y cómo afecta al conjunto del organismo. La reducción del hambre puede ser una ventaja para quien lucha con la obesidad, pero también implica riesgos si no se acompaña de una estrategia nutricional adecuada y un entrenamiento bien planteado.
Lo que dice la ciencia: cambian la cesta de la compra
Un conjunto creciente de investigaciones apunta a que los efectos de Ozempic y otros GLP-1 van más allá de la simple reducción de calorías. Un estudio reciente de la Universidad de Copenhague, publicado en la revista JAMA Network Open, ha analizado de forma detallada qué compran en el supermercado las personas que comienzan tratamiento con estos fármacos.
El trabajo, liderado por la investigadora Kathrine Kold Sørensen, examinó casi dos millones de tiques de compra de más de 1.100 participantes daneses, integrados en la cohorte SMIL (Salud, Alimentación, Compras y Estilo de Vida). De ellos, 293 iniciaron tratamiento con un agonista del GLP-1, como Ozempic o Wegovy, y se comparó su comportamiento de compra antes y después de la primera prescripción.
Los resultados muestran que, tras comenzar el tratamiento, las cestas de la compra incluían menos calorías totales, azúcares, grasas saturadas y carbohidratos, junto con un ligero aumento del contenido proteico. También se detectó una disminución en la proporción de alimentos ultraprocesados considerados menos saludables, con un desplazamiento hacia productos no procesados o mínimamente procesados.
Según los autores, estos cambios son modestos a nivel individual, pero podrían tener un efecto importante a escala poblacional, en un contexto en el que el uso de agonistas del GLP-1 está creciendo en muchos países. La principal fortaleza del estudio es que vincula datos reales de compras con registros de prescripción, evitando así parte de los sesgos habituales de los cuestionarios alimentarios tradicionales.
Limitaciones del estudio y cautelas necesarias
A pesar de lo sugerente de las conclusiones, los propios investigadores subrayan que se trata de un estudio observacional con limitaciones claras. La muestra procede de personas que aceptaron voluntariamente compartir sus recibos de supermercado, un grupo que puede no ser representativo del conjunto de la población.
Además, no se dispone de información sobre el índice de masa corporal de los participantes y los cambios en las compras podrían estar influidos por otros factores, como el asesoramiento dietético recibido al iniciar el tratamiento o una motivación extra para cuidarse. Al no poder establecer causalidad, lo que se observa son asociaciones consistentes, pero no una prueba definitiva de que el medicamento sea el único responsable de modificar la cesta de la compra.
Endocrinólogos consultados en España, como Joana Nicolau (Hospital Universitario Son Llàtzer, Palma de Mallorca) o Cristóbal Morales (Hospital Vithas Sevilla y Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad), valoran el estudio como una pieza más de un puzle que empieza a mostrar cómo estos fármacos alteran no solo cuánto se come, sino también qué se elige comer. Aun así, insisten en que no se puede descartar el papel de las recomendaciones nutricionales paralelas al tratamiento.
En modelos animales y en ensayos clínicos se había observado ya que, tras la administración de GLP-1, disminuye el interés por productos muy calóricos y procesados y aumenta la preferencia por alimentos básicos. Este nuevo trabajo en población real refuerza esa línea, pero de momento deja abiertas muchas preguntas sobre los mecanismos exactos y la duración de esos cambios.
Menos ultraprocesados, más proteína: datos que se repiten
Los patrones detectados en Dinamarca coinciden con otros análisis realizados en Estados Unidos. Informes financieros y estudios de mercado han encontrado que, entre las personas que usan fármacos tipo Ozempic, cae el gasto en snacks salados, dulces, bollería y otros productos de alto contenido energético, mientras que aumenta ligeramente el consumo de fruta, verdura, yogur y productos con mayor aporte proteico.
Un informe de la firma Morgan Stanley señalaba, por ejemplo, que el consumo de frutas y verduras podría incrementarse hasta un 46% en este grupo, al tiempo que se desploma la compra de alimentos muy procesados. Estas tendencias se traducen en una cesta de la compra algo más equilibrada, aunque no siempre acompañadas de una planificación nutricional profesional.
Sin embargo, los datos también muestran que una parte de estos cambios se revierte cuando se abandona el tratamiento. En los hogares que dejan de utilizar agonistas del GLP-1, el gasto en alimentos vuelve progresivamente hacia patrones menos saludables, con un repunte de chocolates, dulces y otros productos de alta densidad energética.
Esta evolución enlaza con otro aspecto clave de estos tratamientos: el riesgo de efecto rebote. Si durante los meses de uso del medicamento no se han consolidado nuevos hábitos alimentarios y de actividad física, es frecuente que, pasado un tiempo, el apetito reaparezca con fuerza y el peso recupere parte o la totalidad de lo perdido.
Una posible “vacuna” frente a los ultraprocesados… con matices
Desde la práctica clínica, algunos especialistas describen estos fármacos como una especie de “vacuna contra los ultraprocesados”. Cristóbal Morales, de la SEEDO, destaca que los agonistas del GLP-1 facilitan adoptar un estilo de vida más saludable al reducir los antojos y la ingesta impulsiva de productos ricos en azúcares y grasas.
Joana Nicolau insiste en que no se trata solo de menos hambre, sino de que los GLP-1 modulan circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, el control de impulsos y la respuesta placentera a la comida. En la consulta, comenta, muchas personas señalan que el “ruido alimentario” baja, sienten menos urgencia por picar entre horas y se abre una ventana de oportunidad para introducir cambios sostenibles en la dieta.
Otros expertos en farmacología, como Josefa García Barrado (Universidad de Salamanca), recuerdan sin embargo que ningún medicamento sustituye a la terapia conductual. La efectividad a largo plazo depende en gran medida de la capacidad de la persona para mantener nuevos hábitos, de su relación con la comida y de la adherencia a las pautas médicas.
El consenso entre los profesionales es que estos fármacos son una herramienta, no una solución definitiva. Pueden ser el punto de partida de un cambio profundo, pero su éxito real se juega fuera de la consulta: en la cocina, en el supermercado y en la forma de moverse a diario.
Impacto en el músculo, el rendimiento y la vida activa
En paralelo a los estudios sobre la cesta de la compra, han aparecido numerosas advertencias sobre el uso de Ozempic y similares en personas sin obesidad ni diabetes, especialmente en hombres que entrenan con objetivos estéticos o de rendimiento físico y buscan un atajo para “definirse” o bajar rápido unos kilos.
Especialistas en nutrición y ejercicio señalan que estos medicamentos no están diseñados para optimizar el físico de alguien ya activo, sino para tratar problemas concretos de salud como la obesidad clínica o la diabetes tipo 2. Al reducir de manera tan potente el apetito, el riesgo es caer en un déficit calórico profundo y prolongado que el cuerpo interpreta como una situación de escasez energética.
Cuando eso ocurre, el organismo reacciona ahorrando energía: baja el gasto, prioriza funciones vitales y empieza a ver el músculo como un tejido “caro”. Mantener masa muscular exige combustible, y si no lo hay, se recorta. Ensayos clínicos con Ozempic, Wegovy y otros GLP-1 muestran que una proporción relevante del peso perdido corresponde a masa magra, sobre todo cuando no se garantiza una ingesta suficiente de proteínas y no se mantiene un trabajo de fuerza bien estructurado.
En la práctica, muchos usuarios relatan que, tras unas semanas de tratamiento, se sienten más cansados, pierden fuerza en el gimnasio y les cuesta recuperarse de los entrenamientos. No es un problema de fuerza de voluntad, insisten los expertos, sino de falta de energía disponible para que el ejercicio tenga un efecto adaptativo y constructor de músculo.
A todo ello se añaden efectos secundarios descritos en la literatura médica, como náuseas persistentes, vómitos, problemas digestivos derivados del enlentecimiento del vaciado gástrico, deshidratación que puede afectar al riñón y alteraciones en vesícula o páncreas. Para personas muy activas, hay un riesgo añadido: perder la conexión con las señales internas de hambre, saciedad y fatiga, que son clave para ajustar el entrenamiento y la alimentación.
Para quién sí están indicados estos tratamientos
Los especialistas coinciden en que el uso adecuado de Ozempic y otros GLP-1 se da en personas con obesidad diagnosticada y/o con patologías asociadas, como diabetes tipo 2, síndrome metabólico o alto riesgo cardiovascular, siempre bajo control médico.
En estos casos, el objetivo no es estético, sino sanitario: reducir el riesgo de complicaciones graves, mejorar el control glucémico y aliviar la carga sobre órganos y sistemas. Incluso en este contexto, se recomienda acompañar el tratamiento farmacológico con una intervención dietética personalizada y con ejercicio, especialmente entrenamiento de fuerza, para preservar al máximo la masa muscular.
En cambio, no se considera un buen uso recurrir a estos fármacos en hombres normopeso o con un ligero sobrepeso que ya entrenan y solo quieren verse algo más definidos. En este perfil, la balanza se inclina claramente hacia los riesgos: pérdida de músculo, menor rendimiento y potencial efecto rebote a medio plazo.
Además, estos medicamentos no están pensados para tomarse indefinidamente. Con el tiempo, el cuerpo se adapta, el efecto puede atenuarse y el apetito reaparece. Si no se ha trabajado en profundidad el cambio de hábitos, el peso perdido suele regresar, mientras que el músculo perdido no siempre se recupera con la misma facilidad.
Un mercado multimillonario en plena transformación
El impacto de Ozempic no se limita a consultas y supermercados: ha revolucionado también la industria farmacéutica mundial. La danesa Novo Nordisk, desarrolladora de la semaglutida, llegó a situarse como la empresa más valiosa de Europa gracias al éxito de sus tratamientos para la diabetes y la obesidad.
Los analistas estiman que el mercado de estos medicamentos supera ya con holgura los 40.000 millones de dólares y podría más que duplicarse en la próxima década. Informes como los de la consultora Markets and Markets calculan que el potencial de la semaglutida pasará de unos 64.000 millones en 2025 a cerca de 170.000 millones en 2033, con tasas de crecimiento anual cercanas al 13%.
Este auge ha desatado una auténtica carrera entre grandes farmacéuticas. A Novo Nordisk se ha sumado con fuerza la estadounidense Eli Lilly, que ha lanzado su propio fármaco contra la obesidad, Zepbound, y ha intensificado la competencia en este segmento. El resultado es una guerra comercial por liderar la venta de tratamientos GLP-1 a escala global.
Al mismo tiempo, la industria explora nuevas formas de administración. Junto a las clásicas inyecciones semanales han empezado a aparecer presentaciones orales en comprimidos, lo que podría facilitar la adherencia en algunos pacientes y ampliar aún más el alcance de estas terapias.
La entrada de los genéricos: el papel de la española Galenicum
Mientras el uso de Ozempic se extiende, el calendario de patentes empieza a abrir una nueva fase del mercado. Las protecciones de semaglutida comienzan a expirar en 2026 en algunos países clave como Canadá, Brasil, Turquía, India y China, mientras que en Europa y Estados Unidos se mantendrán, en principio, hasta alrededor de 2030.
Este horizonte ha animado a varias compañías a prepararse para lanzar versiones genéricas del medicamento. Entre ellas destaca la farmacéutica catalana Galenicum, con sede en Esplugues de Llobregat (Barcelona), que ha firmado una alianza estratégica con el grupo indio Lupin para desarrollar y distribuir semaglutida genérica en 23 países.
Según el acuerdo, Galenicum asumirá el desarrollo, la fabricación y el suministro del producto, mientras que Lupin se encargará de las presentaciones regulatorias, las aprobaciones y la comercialización en los mercados objetivo. Entre los territorios previstos figuran Canadá, varios países de Europa, el Sudeste Asiático y América Latina.
La compañía española, participada por el fondo Peninsula Capital y uno de los principales fabricantes de paracetamol en España, ve en esta alianza una oportunidad para dar un salto importante en su crecimiento internacional y posicionarse como referente en el negocio B2B de los GLP-1. Su cofundador, Joaquim Domingo, ha señalado que el objetivo es liderar el suministro de semaglutida genérica a laboratorios y socios en todo el mundo.
En paralelo, otras firmas como Sandoz y Apotex han anunciado ya sus planes para comercializar semaglutida genérica en Canadá, y más de una decena de empresas chinas tramitan autorizaciones para hacer lo propio en su país. Todo apunta a que, en cuanto las patentes lo permitan, el escenario pasará de un dominio casi exclusivo de Novo Nordisk a un mercado mucho más plural y competido.
Cómo podrían afectar los genéricos a los precios y al acceso
La llegada de versiones genéricas de semaglutida tiene implicaciones directas para los sistemas sanitarios y para los pacientes. Hoy por hoy, el tratamiento mensual con estos fármacos puede rondar entre 200 y 500 euros, una cifra elevada que en muchos casos limita el acceso y tensiona los presupuestos públicos cuando se financia con dinero del sistema de salud.
Con la entrada de múltiples fabricantes, los analistas prevén descensos significativos en los precios, que en algunos escenarios podrían acercarse a reducciones del 80% o incluso del 85%, dependiendo de la competencia y de las políticas de compra de cada país. Para los pacientes, especialmente en contextos donde el medicamento no está cubierto por la sanidad pública, esto podría suponer un cambio importante.
Desde la óptica europea, la expansión de genéricos en mercados como Canadá, Asia o Latinoamérica servirá también como banco de pruebas sobre cómo gestionar el equilibrio entre acceso, sostenibilidad del sistema y uso racional de terapias muy demandadas. En la medida en que se acerque la expiración de patentes en la Unión Europea, la experiencia acumulada en otros territorios será un precedente valioso.
Empresas como Galenicum y Lupin insisten en que su estrategia pasa por aumentar el volumen disponible de semaglutida a escala global ante una demanda que no deja de crecer, reforzando al mismo tiempo los controles de calidad y el cumplimiento regulatorio para garantizar que las alternativas genéricas mantengan la eficacia y la seguridad del original.
Ozempic como marca: campañas y diferenciación
En este entorno cada vez más competitivo, Novo Nordisk ha intensificado sus esfuerzos para reforzar la identidad de marca de Ozempic. La compañía ha lanzado recientemente una campaña publicitaria que recupera el formato de los célebres anuncios “Get a Mac” de Apple, en los que se comparaban de forma desenfadada los ordenadores Mac y los PC.
En la nueva campaña, los actores Justin Long y John Hodgman vuelven a escena, esta vez para dar vida a Ozempic y a otros fármacos GLP-1. A través de situaciones cotidianas, como un concurso de televisión o charlas en la oficina, la farmacéutica destaca aspectos como el número de indicaciones aprobadas por la FDA, la mejora del control glucémico, la reducción del riesgo de eventos cardiovasculares graves y el potencial impacto sobre la enfermedad renal.
El mensaje central es claro: “solo hay un Ozempic”. Novo Nordisk quiere dejar claro qué productos cuentan con la aprobación y los datos de seguridad y eficacia revisados por las autoridades sanitarias, en un momento en que proliferan formulaciones, imitaciones y preparados no siempre regulados con el mismo rigor.
Desde la compañía subrayan que la campaña pretende fomentar un diálogo informado entre pacientes y profesionales sobre las distintas opciones de tratamiento con GLP-1, y recordar que no todos los medicamentos de esta familia son idénticos. Lo hace, además, en un contexto en el que la marca afronta retos comerciales por la irrupción de competidores potentes y por la inminente llegada de los genéricos.
Al mismo tiempo, el laboratorio danés intenta diversificar su cartera con otros productos como Wegovy, su GLP-1 específicamente enfocado al control de peso, incluyendo formulaciones en comprimidos orientadas a facilitar la toma para determinados perfiles de pacientes.
El auge de Ozempic y de los medicamentos basados en semaglutida está remodelando de arriba abajo cómo se entiende y se aborda la obesidad, el control del azúcar y los hábitos de vida. Los datos científicos sugieren que estas terapias no solo ayudan a perder peso, sino que también influyen en qué compran y qué comen las personas, al tiempo que obligan a replantear estrategias de entrenamiento, seguimiento clínico y prevención del efecto rebote. En paralelo, el mercado se prepara para una nueva etapa marcada por la entrada de genéricos, con empresas europeas como Galenicum ganando protagonismo y una competencia que probablemente abaratará los tratamientos y ampliará el acceso, siempre que se mantenga el foco en un uso responsable, supervisado y acompañado de cambios reales en el estilo de vida.