En los últimos años, las modas nutricionales sin base científica han dado un salto enorme desde las redes sociales hasta las mesas de muchas familias, colándose también en la alimentación de niños y adolescentes. Lo que a simple vista puede parecer un cambio “saludable” o una tendencia inocente, en realidad puede esconder restricciones peligrosas, carencias nutricionales y una relación distorsionada con la comida.
En España, pediatras de distintos puntos del país agrupados en la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) están advirtiendo con preocupación de este fenómeno. Aseguran que a las consultas llegan cada vez más padres con un interés genuino por mejorar la dieta de sus hijos, pero también con una enorme confusión entre lo que realmente está probado por la ciencia y lo que solo responde a tendencias virales, dietas milagro o recomendaciones de influencers.
Un congreso que pone el foco en las modas alimentarias y la salud infantil

Esta preocupación se ha puesto negro sobre blanco en el 22º Congreso de Actualización en Pediatría de la AEPap, celebrado en Madrid y que ha reunido a más de 700 profesionales de Atención Primaria. Uno de los bloques centrales de la cita ha girado precisamente en torno a las modas en la alimentación y su repercusión en la salud infantil, junto a otros temas como la obesidad, el uso de inteligencia artificial en consulta o los aspectos legales en casos de abusos y ciberacoso.
La Dra. Marta Castell, pediatra en el Centro de Salud Campanar (Valencia) y coordinadora del Grupo de Trabajo de Gastroenterología, Nutrición y Endocrinología infantil de la AEPap, ha sido una de las voces que más claramente ha descrito el problema: las familias reciben una cantidad masiva de información contradictoria, donde se mezclan recomendaciones bien fundamentadas con dietas sin evidencia, “superalimentos” milagrosos y mensajes simplistas que se viralizan con facilidad.
Según explica, el pediatra de Atención Primaria debería seguir siendo la figura de referencia a la que acudir cuando surgen dudas sobre alimentación en la infancia y la adolescencia. La consulta, ya sea presencial o telemática, es el espacio en el que se puede revisar la situación concreta de cada menor, desmontar mitos y acordar pautas realistas de alimentación saludable que encajen con la vida diaria de la familia.
El contexto no ayuda: España presenta una de las tasas de obesidad infantil más altas de Europa, con un 36,1 % de niños y niñas con obesidad o sobrepeso, mientras en teoría contamos con un patrón dietético tan reconocido como la dieta mediterránea. Para los pediatras, esta contradicción evidencia que no basta con saber qué es una buena dieta “sobre el papel”; hay que “re-mediterranizar” la mesa y recuperar hábitos sencillos y constantes, alejados de promesas rápidas y de modas extremas.
Cómo cambian las dudas y modas nutricionales según la edad

Los especialistas de Atención Primaria señalan que las modas nutricionales afectan a todas las etapas de la infancia, pero se manifiestan de forma distinta según la edad del menor. En el caso de los lactantes, muchas dudas giran en torno a la alimentación complementaria: cuándo empezar, cómo introducir los sólidos, si optar por métodos como el baby led weaning o qué fórmula infantil elegir cuando la lactancia materna no es posible o necesita apoyo.
A medida que los niños crecen y entran en la etapa preescolar y escolar, empiezan a aparecer con frecuencia iniciativas de las familias para “limpiar” la dieta. Es relativamente habitual que se retire la lactosa o el gluten sin diagnóstico médico, bajo la idea de que así la alimentación será más “ligera” o más sana. También surgen muchas preguntas sobre dieta vegetariana o vegana en niños y sobre cómo realizar una suplementación correcta de vitaminas y minerales para evitar carencias.
Sin embargo, el grupo que los pediatras consideran más vulnerable es la población adolescente. A estas edades, las redes sociales, los mensajes de personajes públicos y los retos virales tienen un fuerte poder de influencia. No es raro que los chicos y chicas se interesen por dietas rápidas para perder peso, planes muy restrictivos tipo “keto”, periodos de ayuno intermitente o consumo de supuestos “superalimentos” y suplementos deportivos, a menudo sin supervisión profesional y con información parcial.
La AEPap advierte de que, en estas etapas críticas del desarrollo, una alimentación marcada por restricciones injustificadas puede conducir a déficits de micronutrientes y falta de energía, alterando tanto el crecimiento físico como el rendimiento escolar y la vida social. Además, algunas de estas prácticas dietéticas pueden enmascarar problemas de autoestima o ser la puerta de entrada a trastornos de la conducta alimentaria.
Los pediatras subrayan que el objetivo debe ser construir una relación razonable y tranquila con la comida, donde se fomenten la variedad, el equilibrio y el disfrute sin obsesiones, evitando que la alimentación se convierta en una fuente constante de ansiedad para niños y familias.
Dietas bajas en carbohidratos y ayuno intermitente: riesgos en adolescentes
Entre las modas que más preocupan a los especialistas pediátricos destacan el ayuno intermitente y las dietas bajas en hidratos de carbono, como la dieta cetogénica o keto y las llamadas dietas low carb. Estas pautas, popularizadas inicialmente en adultos, han ido ganando terreno entre adolescentes que buscan resultados rápidos en la báscula o imitan lo que ven en internet.
El ayuno intermitente implica alternar periodos prolongados sin comer con franjas horarias en las que se concentran las ingestas. Los pediatras alertan de que, en población juvenil, se trata de una práctica muy restrictiva, que conlleva un alto riesgo de desequilibrios nutricionales y puede facilitar la aparición de conductas alimentarias desordenadas. En adolescentes, donde se están consolidando hábitos de por vida, este tipo de extremos puede ser especialmente problemático.
En el caso de la dieta cetogénica y otras low carb, el patrón se basa en un consumo muy elevado de grasas (en torno al 70 % de la energía diaria) y un aporte de proteínas alto, reduciendo drásticamente los hidratos de carbono hasta menos de 50 gramos al día para inducir una cetosis nutricional. En adultos con determinadas patologías, algunos estudios han observado beneficios, por ejemplo en diabetes tipo 2 o en casos concretos de obesidad.
En población adolescente, se han descrito posibles mejoras en situaciones como el síndrome de ovario poliquístico o ciertos tipos de acné, al disminuir los niveles de insulina y algunos andrógenos. No obstante, los pediatras de Atención Primaria matizan que estos posibles beneficios solo deberían valorarse en contextos clínicos muy seleccionados y siempre bajo supervisión profesional estrecha.
Cuando se adoptan por cuenta propia, sin un control sanitario y sin una planificación adecuada, estas dietas pueden provocar alteraciones en el perfil lipídico, déficits de vitaminas y minerales, sensación de fatiga, falta de concentración y, a medio plazo, posibles repercusiones en el crecimiento y el desarrollo. Además, suelen presentar una adherencia muy baja a largo plazo, lo que favorece el efecto “yo-yo” y refuerza la frustración con el peso corporal.
Los expertos insisten en que, para un adolescente con sobrepeso u obesidad, es más seguro y efectivo trabajar sobre la base de la dieta mediterránea, promover actividad física diaria, ajustar horarios de sueño y reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, antes que lanzarse a dietas extremas que pueden complicar tanto la salud física como la mental.
Bebidas vegetales, lácteos y el papel de los productos “plant-based”
Otra de las tendencias nutricionales que se ha extendido con fuerza en Europa y, de forma muy marcada, en España es el aumento del consumo de bebidas vegetales y productos etiquetados como plant-based. Según datos presentados en el congreso de la AEPap, las compras de este tipo de bebidas han crecido alrededor de un 75 % en la última década.
Este auge suele ir acompañado de la idea de que todo lo de origen vegetal es automáticamente más sano. Sin embargo, los pediatras advierten de que, en la infancia, la elección de la bebida que sustituye total o parcialmente a la leche es especialmente delicada. En menores de tres años, entre un 25 % y un 30 % de la energía diaria procede de productos lácteos, por lo que modificar este pilar sin una buena planificación puede acarrear carencias.
La leche de vaca entera sigue siendo la opción más habitual en muchos hogares porque es accesible y económica. Aporta una cantidad relevante de proteínas, grasas saturadas, calcio y vitamina D, aunque apenas contribuye con hierro o vitamina C. En determinados perfiles pediátricos, las fórmulas de continuación y las leches de crecimiento ofrecen un contenido proteico algo menor y sustituyen parte de la grasa láctea por grasas vegetales enriquecidas con DHA y EPA, lo que puede ser útil bajo recomendación profesional.
En cuanto a las bebidas vegetales (avena, arroz, soja, almendra, avellana, etc.), los expertos recuerdan que no todas son equivalentes desde el punto de vista nutricional. Por ejemplo, las bebidas de arroz están desaconsejadas en menores de tres años por su posible contenido en arsénico y por su bajo aporte de proteínas, calcio y hierro. Otras alternativas, como las de soja u otras semillas, pueden utilizarse en casos concretos de intolerancia a la lactosa o alergia a la proteína de leche de vaca, pero siempre ajustando el conjunto de la dieta.
La AEPap remarca que, para un niño menor de dos años, sustituir la leche materna, la leche de vaca o una fórmula adaptada por una bebida vegetal tipo avena resulta nutricionalmente inadecuado: suelen ser productos más bajos en calorías, con insuficiente aporte de proteínas y sin hierro ni otros minerales esenciales adecuados para esa etapa. Un cambio aparentemente sencillo puede tener consecuencias claras en el crecimiento y en el estado nutricional del menor.
Relacionado con este fenómeno, también se ha generalizado la idea de que todo producto plant-based es saludable. Los pediatras llaman la atención sobre el auge de ultraprocesados de origen vegetal: hamburguesas, salchichas, barritas o snacks etiquetados como veganos que, pese a su apariencia “eco”, pueden ser ricos en azúcares, grasas saturadas y sal. Como resume la Dra. Castell, “una hamburguesa plant-based sigue siendo una hamburguesa y una barrita plant-based sigue siendo un ultraprocesado” si su composición es similar a la de otros productos de este tipo.
El papel clave de la Atención Primaria ante la desinformación digital
Buena parte de estas modas nutricionales llegan a las familias a través de redes sociales y perfiles de gran impacto, donde se mezclan experiencias personales con mensajes comerciales, a menudo sin un filtro científico claro. La AEPap subraya que muchas de las recomendaciones que se viralizan pueden llevar a restricciones alimentarias innecesarias o a cambios bruscos de dieta que, en el caso de los menores, no son inocuos.
Por eso, los pediatras reclaman reforzar el papel de la Atención Primaria como primera línea para detectar riesgos, ofrecer información fiable y acompañar a las familias en la toma de decisiones. El objetivo es que los padres no se sientan solos frente a un aluvión de mensajes contradictorios y tengan un lugar donde contrastar cualquier moda antes de aplicarla en casa.
Durante la presentación del congreso también se abordó el debate sobre limitar el acceso de los menores a las redes sociales y el uso de pantallas. Aunque no se trata solo de prohibir, los expertos insisten en la necesidad de una educación digital sólida y de que madres y padres ejerzan un papel activo como referentes, marcando límites y supervisando los contenidos que consumen sus hijos.
La organización pediátrica recuerda que la desinformación nutricional es solo una parte del problema, junto al ciberacoso, los contenidos inapropiados o la exposición a modelos corporales poco realistas. Todo ello se entrelaza y puede influir tanto en lo que comen los menores como en cómo se ven a sí mismos, reforzando la importancia de un acompañamiento cercano desde la familia y desde la consulta.
En conjunto, las advertencias de la AEPap dibujan un escenario en el que la moda y la salud infantil chocan más de lo que parece: dietas de exclusión sin diagnóstico, ayunos y planes cetogénicos improvisados, bebidas vegetales asumidas como inocuas y ultraprocesados vegetales presentados como “mejores” que sus equivalentes tradicionales. Frente a esta mezcla de tendencias, los pediatras apuestan por volver a los básicos: dieta mediterránea bien aplicada, variedad de alimentos, supervisión profesional y sentido común, de manera que las decisiones sobre qué comen niños y adolescentes se tomen con información rigurosa y no al compás de la última moda viral.