Microplásticos en la comida: riesgos y cómo reducir su ingesta

  • Los microplásticos y nanoplásticos se infiltran en la cadena alimentaria a través de la contaminación ambiental y el uso de envases sintéticos.
  • Utensilios de cocina, botellas y el calentamiento de plásticos en microondas son las principales fuentes de liberación de partículas.
  • Sustituir el plástico por materiales como vidrio, acero inoxidable o madera ayuda a disminuir la exposición diaria.

Microplásticos en alimentos

Seguramente te has fijado en que el plástico está en todas partes, pero lo que realmente asusta es que está entrando en nuestro cuerpo sin que nos demos cuenta. No hablamos de trozos grandes que podríamos escupir, sino de partículas invisibles que se cuelan en lo que comemos y bebemos, convirtiendo nuestra cocina en un campo de batalla contra contaminantes microscópicos.

Aunque no los veamos, estos intrusos ya han sido detectados en lugares tan alarmantes como la sangre, los pulmones, el hígado e incluso en la placenta y la leche materna. No es moco de pavo, ya que se estima que una cuarta parte de los aditivos químicos del plástico podrían provocar disrupciones hormonales o aumentar el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer.

¿De qué estamos hablando exactamente?

Partículas de plástico

Para entender el problema, primero hay que diferenciar los tamaños. Los macroplásticos son los que vemos a simple vista (más de 5 mm). Luego están los microplásticos, que van desde una micra hasta los 5 mm, siendo a veces más pequeños que un granito de arroz. Finalmente, tenemos los nanoplásticos, que son tan diminutos (menos de una micra) que resultan totalmente invisibles y tienen una capacidad peligrosa de penetrar en las células humanas.

Estas partículas son extremadamente persistentes y se desplazan con facilidad por el aire, la tierra y el agua. Al ser tan resistentes, no se degradan fácilmente y terminan integrándose en la cadena trófica, llegando hasta nuestro plato a través de diversos mecanismos de contaminación.

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Fuentes de contaminación en nuestros alimentos

Mucha gente piensa que solo el pescado contaminado es la fuente, pero la realidad es que los microplásticos están en frutas, verduras, miel, pan y hasta en la yema de los huevos. Las plantas pueden absorber estas partículas a través de sus raíces si el suelo está contaminado, y los animales las ingieren al confundirlas con plancton o alimento.

Sin embargo, el peligro aumenta drásticamente con los productos ultraprocesados y la industria alimentaria. Debido a que pasan por tantas máquinas y envases en la fábrica, tienen muchos más puntos de contacto con materiales sintéticos. Un dato curioso es que enjuagar el arroz puede reducir la presencia de plásticos entre un 20% y un 40%, aunque en alimentos como la sal marina es casi imposible eliminarlos debido a la contaminación del propio océano.

El peligro oculto en la cocina y el agua

Cocina y plásticos

A veces el problema no es el alimento en sí, sino cómo lo preparamos. Las tablas de cortar de plástico son auténticas fábricas de partículas; cada corte desprende fragmentos que se quedan pegados a la carne o la verdura. Lo peor es que, al cocinar, estos plásticos se licúan con el calor y se fusionan con la comida para luego solidificarse en el plato.

El agua también es un vector crítico. Ya sea del grifo o embotellada, contiene microplásticos. Sorprendentemente, el simple acto de abrir la tapa de una botella puede liberar cientos de partículas por litro. En este sentido, usar filtros de carbón puede eliminar hasta el 90% de estos residuos, aunque si luego te haces un té con una bolsita de plástico, estarías añadiendo miles de millones de nanoplásticos a tu taza.

Hábitos que disparan la ingesta de plásticos

Si tienes la costumbre de calentar el tupper en el microondas, ten cuidado. El calor extremo hace que el plástico libere millones de partículas en cuestión de minutos. Lo mismo ocurre con los vasos desechables para café; el contenido caliente daña la superficie del material y libera contaminantes que el agua fría no soltaría.

Incluso la limpieza puede ser traicionera. Las esponjas sintéticas se desgastan y liberan microfibras que pueden acabar en la vajilla. Para combatir esto, la clave está en hacer una transición gradual hacia materiales más nobles. No hace falta tirar todo a la basura hoy mismo, pero sí priorizar el vidrio, el acero inoxidable y la madera cuando necesitemos renovar algún utensilio.


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