Los alimentos ultraprocesados reducen la fertilidad y alteran el desarrollo embrionario, según la ciencia

  • Los alimentos ultraprocesados se asocian con menor fertilidad en hombres y mujeres y con más tiempo para lograr embarazo.
  • En embarazos tempranos, se ha observado crecimiento embrionario más lento y saco vitelino más pequeño en mujeres con alta ingesta de ultraprocesados.
  • Los estudios apuntan a un papel de disruptores hormonales, inflamación y mala calidad nutricional como mecanismos de daño reproductivo.
  • Reducir los ultraprocesados y priorizar alimentos frescos podría mejorar la salud reproductiva y la del futuro bebé.

alimentos ultraprocesados reducen la fertilidad

El consumo habitual de alimentos ultraprocesados se está consolidando como un posible enemigo silencioso de la fertilidad. Más allá de su relación conocida con la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, nueva evidencia científica apunta a que estos productos podrían reducir las probabilidades de embarazo y condicionar el desarrollo temprano del embrión.

Varios trabajos internacionales recientes, con datos aplicables a contextos europeos como Países Bajos y, por extensión, países del sur de Europa como España, describen un patrón preocupante: cuanto mayor es la presencia de ultraprocesados en la dieta, peor es el pronóstico reproductivo tanto para hombres como para mujeres y más alterado aparece el crecimiento del futuro bebé en las primeras semanas de gestación.

Qué han descubierto los estudios sobre ultraprocesados y fertilidad

Uno de los trabajos más citados ha sido realizado por la Universidad Erasmus de Rotterdam dentro del programa de seguimiento poblacional Generation R Study Next. Este proyecto, centrado en salud reproductiva y desarrollo infantil, evaluó a 831 mujeres y 651 hombres desde antes de la concepción hasta las primeras fases del embarazo, analizando con detalle su patrón alimentario.

El estudio, publicado en la revista científica Human Reproduction, clasificó la ingesta de cada participante según el porcentaje de alimentos ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés) presentes en su dieta. Estos productos se caracterizan por su elevado contenido en azúcares añadidos, grasas de baja calidad, sal y aditivos, así como por haber sido sometidos a múltiples procesos industriales, lo que explica en parte los riesgos de los ultraprocesados.

En este grupo neerlandés, el consumo medio de ultraprocesados se situó en torno al 22 % en mujeres y el 25 % en hombres. Aunque estas cifras son similares a las de Países Bajos y algo superiores a las estimadas en países mediterráneos como España (donde suelen oscilar entre el 15 % y el 20 %), siguen muy por debajo de lo que se observa en Estados Unidos o Reino Unido, donde estos productos pueden aportar hasta la mitad de las calorías diarias.

Pese a tratarse de niveles considerados «moderados» en comparación internacional, los resultados muestran que incluso con ese porcentaje ya se detectan efectos claros sobre la fertilidad y el desarrollo embrionario. Es decir, no parece necesario llegar a consumos extremos para que empiecen a aparecer problemas.

impacto de alimentos ultraprocesados en fertilidad

Impacto en la fertilidad masculina: más subfertilidad y más tiempo para concebir

En el caso de los hombres, la asociación fue especialmente llamativa. Un mayor consumo de ultraprocesados se relacionó con más dificultades para lograr el embarazo con su pareja, algo que los investigadores describen como un aumento del riesgo de subfertilidad (más de doce meses intentando concebir sin éxito o necesidad de recurrir a técnicas de reproducción asistida).

Concretamente, los datos apuntan a que los hombres que basaban una parte importante de su alimentación en este tipo de productos tenían alrededor de un 63 % más de probabilidades de presentar problemas para que se produjera la concepción. Es decir, el tiempo hasta lograr el embarazo era sensiblemente más largo en los varones con mayor consumo de ultraprocesados.

Aunque el estudio no entra en detalle sobre parámetros como el recuento o la movilidad de los espermatozoides, los autores sugieren que la dieta puede influir de forma directa en la calidad del semen y en la función hormonal masculina. Este hallazgo pone el foco en un aspecto que tradicionalmente ha recibido menos atención: la responsabilidad del hombre en la fertilidad de la pareja, más allá de factores puramente ginecológicos.

Para los especialistas, la conclusión práctica es clara: si una pareja está pensando en tener un hijo, la mejora de la dieta no debe centrarse solo en la mujer. Reducir los ultraprocesados en el menú masculino puede ser una estrategia sencilla, relativamente rápida y con un potencial impacto real en las probabilidades de éxito reproductivo.

Efectos en mujeres: desarrollo embrionario más lento y saco vitelino reducido

En las mujeres del estudio neerlandés, la relación con la fertilidad no fue tan directa como en el caso de los hombres; es decir, no se observó un incremento tan claro del riesgo de subfertilidad en función del porcentaje de ultraprocesados. Sin embargo, donde sí aparecieron señales preocupantes fue en el desarrollo embrionario temprano.

A las siete semanas de gestación, los investigadores comprobaron mediante ecografía que los embriones de las mujeres con mayor consumo de ultraprocesados presentaban un tamaño ligeramente menor que el de aquellas con dietas más basadas en alimentos frescos y mínimamente procesados.

Además, se observó una reducción en el tamaño del saco vitelino, una estructura que actúa como fuente de nutrientes para el embrión en las primeras semanas, antes de que la placenta esté plenamente formada. Un saco vitelino más pequeño se ha asociado en diversas investigaciones con un mayor riesgo de aborto espontáneo y de parto prematuro, lo que convierte este hallazgo en un posible marcador de complicaciones futuras.

Los autores recalcan que los cambios detectados son sutiles, pero coherentes: un crecimiento embrionario algo más lento en el primer trimestre suele relacionarse con problemas posteriores, como bajo peso al nacer o mayor vulnerabilidad a trastornos cardiovasculares durante la infancia.

La otra cara de la moneda: fertilidad femenina y reserva ovárica

Más allá del estudio de Rotterdam, otros trabajos han puesto el foco en la reserva ovárica y la fertilidad femenina en relación con los ultraprocesados. Una investigación publicada también en Human Reproduction describe que las mujeres con una dieta muy cargada de estos productos tienden a presentar niveles más bajos de hormona antimülleriana (AMH), uno de los indicadores más utilizados para estimar la cantidad de óvulos disponibles.

Un valor reducido de AMH puede interpretarse como una disminución del potencial reproductivo, algo así como un «envejecimiento ovárico» acelerado. Según el trabajo, los componentes químicos, los aditivos y el pobre perfil nutricional característico de muchos ultraprocesados contribuirían no solo a dificultar la concepción, sino también a condicionar el curso de la gestación.

En paralelo, otro estudio, publicado en la revista Nutrition and Health, analizó datos de más de 2.500 mujeres procedentes de encuestas nacionales de salud. Sus conclusiones apuntan a que aquellas con mayor ingesta de ultraprocesados tenían hasta un 68 % menos de probabilidades de ser fértiles, incluso tras ajustar por otros factores como el peso corporal, la edad o el tabaquismo.

Estos resultados sugieren que, para muchas mujeres, la alimentación podría estar actuando como un factor limitante inadvertido a la hora de quedarse embarazadas. No se trataría solo de sumar calorías de baja calidad, sino de alterar vías hormonales implicadas directamente en la ovulación y en el mantenimiento del embarazo.

Comida rápida, snacks y bollería: ejemplos concretos de riesgo

Cuando se habla de ultraprocesados, no siempre está claro qué productos entran en esta categoría. Los expertos se refieren a artículos como patatas fritas de bolsa, pizzas congeladas, bollería industrial, bebidas azucaradas, cereales de desayuno muy endulzados, embutidos de charcutería y platos listos para calentar, entre otros.

Estos productos se elaboran a partir de fracciones de alimentos (harinas refinadas, almidones modificados, azúcares libres y grasas) a las que se añaden emulsionantes, colorantes, potenciadores del sabor, endulzantes y conservantes. El resultado suele ser un producto muy palatable, de larga duración en la despensa y pobre en fibra y micronutrientes esenciales como ácido fólico, hierro o vitaminas del grupo B.

En muchos países desarrollados, este tipo de productos puede llegar a representar hasta el 60 % de las calorías diarias. Aunque en España y en otros países del sur de Europa el porcentaje medio es menor, las tendencias apuntan a un aumento progresivo, especialmente entre los más jóvenes y en hogares con menos tiempo o recursos para cocinar.

La combinación de mala calidad nutricional, alto contenido energético y exposición a sustancias químicas procedentes del procesamiento y los envases configura un cóctel que, según los investigadores, podría estar pasando factura a la capacidad reproductiva de la población sin que apenas seamos conscientes.

Posibles mecanismos: hormonas alteradas, inflamación y químicos ambientales

Una de las preguntas clave es por qué estos alimentos se relacionan con una peor fertilidad. Los científicos apuntan a varios mecanismos simultáneos. Por un lado, su composición favorece procesos de inflamación sistémica y estrés oxidativo, estados que dañan tejidos sensibles como el ovario, el testículo o el propio embrión en desarrollo.

Por otro lado, la industria alimentaria utiliza con frecuencia materiales plásticos y recubrimientos en envases y en maquinaria de procesado. De allí pueden liberarse ftalatos, bisfenol A (BPA), acrilamidas y otros compuestos que terminan en pequeñas cantidades en los alimentos. Muchos de estos químicos se consideran disruptores endocrinos, es decir, sustancias capaces de interferir con las hormonas naturales del organismo.

Al imitar o bloquear la acción de hormonas como los estrógenos, estas moléculas pueden confundir al sistema reproductivo, alterar la ovulación, afectar a la calidad de los ovocitos o modificar la producción de testosterona y la formación de espermatozoides. En mujeres jóvenes, esta exposición repetida podría traducirse en un agotamiento más rápido de los folículos ováricos, algo que se asemeja a un envejecimiento prematuro del aparato reproductor.

Además, la falta de nutrientes clave —como el ya mencionado ácido fólico, ciertas vitaminas y minerales— repercute directamente en la formación adecuada del embrión y la placenta. Si la dieta no aporta lo necesario en un momento tan crítico, el feto puede no alcanzar el crecimiento esperado para su edad gestacional, con posibles consecuencias a corto y largo plazo.

Consecuencias a largo plazo para el bebé y la salud futura

Los estudios subrayan que las alteraciones observadas en el primer trimestre de embarazo, por pequeñas que parezcan, no deben tomarse a la ligera. Un crecimiento embrionario ligeramente más lento y un saco vitelino reducido se asocian a un mayor riesgo de complicaciones posteriores, como parto prematuro, bajo peso al nacer y mayor susceptibilidad a problemas cardiovasculares o metabólicos en la infancia.

En otras palabras, la relación entre ultraprocesados y fertilidad no se limita al momento de concebir. Los hábitos alimentarios previos y durante la gestación pueden influir en la salud del niño durante años, encadenando una serie de efectos que empiezan mucho antes del nacimiento.

Por ello, los especialistas insisten en que la etapa preconcepcional —los meses anteriores a intentar un embarazo— es una ventana de oportunidad especialmente relevante. Ajustar la dieta entonces, reduciendo los ultraprocesados y mejorando la calidad global de la alimentación, podría disminuir riesgos tanto para los progenitores como para sus hijos.

Los datos disponibles, aunque proceden en buena parte de estudios observacionales, son consistentes entre sí y encajan con lo que se conoce de otros ámbitos, como la relación entre ultraprocesados, obesidad y diabetes. Falta por aclarar del todo los mecanismos biológicos exactos, pero la señal en términos de salud pública ya resulta difícil de ignorar.

Recomendaciones prácticas: qué cambios pueden ayudar a la fertilidad

Una de las ventajas de centrarse en la alimentación es que se trata de un factor modificable. A diferencia de la edad o de ciertos problemas médicos, reducir la presencia de ultraprocesados en la dieta está al alcance de muchas personas con pequeños cambios en la compra y en la cocina diaria.

Los expertos recomiendan priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados: frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, cereales integrales, pescado, huevos y carnes poco procesadas. En general, cuanto más reconocible es la lista de ingredientes y menos aditivos contiene el producto, menor es la probabilidad de que se trate de un ultraprocesado.

También se aconseja reducir al máximo la ingesta de bebidas azucaradas, bollería industrial, snacks salados, pizzas y platos precocinados, intentando reservarlos, si acaso, para ocasiones puntuales. Cocinar en casa con ingredientes básicos, aunque requiere algo más de tiempo, puede ser una de las formas más eficaces de recortar la exposición a sustancias que alteran el equilibrio hormonal.

En parejas que están buscando un embarazo, los especialistas insisten en que estos cambios sean conjuntos: él y ella se benefician de un patrón alimentario más saludable. No se trata solo de controlar el peso, sino de mejorar el entorno hormonal y metabólico que rodea a los óvulos, los espermatozoides y el embrión en sus primeras fases de vida.

En conjunto, la evidencia científica disponible apunta a que una dieta con menos ultraprocesados y más alimentos de base fresca puede marcar la diferencia tanto en la capacidad de concebir como en la calidad del embarazo y la salud del bebé. Sin soluciones mágicas, pero con cambios asumibles en el día a día, la alimentación se perfila como una herramienta clave para cuidar la fertilidad en Europa y, muy probablemente, también en España.

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