Las dietas vegetarianas y el riesgo de cáncer: qué dice el mayor estudio hasta la fecha

  • Las dietas vegetarianas se asocian a menor riesgo de cinco tipos de cáncer frecuentes
  • Veganos y vegetarianos muestran más riesgo de cáncer colorrectal y de esófago en algunos análisis
  • Las dietas pescetarianas y con solo aves también reducen ciertos tumores frente a la carne roja
  • La calidad de la dieta y evitar deficiencias de calcio y vitamina B12 son claves en la prevención

Dieta vegetariana y riesgo de cáncer

Un gigantesco análisis internacional ha reavivado el debate sobre las dietas vegetarianas y el riesgo de cáncer. Lejos de ofrecer una respuesta sencilla, los datos apuntan a un panorama con claros beneficios frente a algunos tumores muy frecuentes, pero también con posibles riesgos añadidos en otros tipos de cáncer.

El trabajo, coordinado por la Unidad de Epidemiología del Cáncer de la Universidad de Oxford y financiado por el World Cancer Research Fund, ha seguido durante una media de 16 años la salud de alrededor de 1,8 millones de personas en Europa, América y Asia. Al comparar a consumidores habituales de carne con quienes siguen dietas vegetarianas, veganas, pescetarianas o basadas solo en aves, el estudio ha permitido dibujar con bastante precisión cómo se relacionan estos patrones alimentarios con la aparición de 17 tipos distintos de cáncer.

Un macroestudio sin precedentes sobre dieta y cáncer

Según los autores, se trata del mayor estudio realizado hasta ahora sobre dietas sin carne y riesgo de cáncer. En total se analizaron los datos de 1,64 millones de consumidores de carne, 57.016 personas que solo comían aves, 42.910 pescetarianos, 63.147 vegetarianos y 8.849 veganos, procedentes de países como Reino Unido, Estados Unidos, India o Taiwán.

Durante el seguimiento, que se prolongó unos 16 años de media, se registraron más de 220.000 diagnósticos de cáncer. Esto dio a los investigadores margen suficiente para evaluar la incidencia de tumores en el tracto gastrointestinal, pulmón, aparato reproductor, vías urinarias y cánceres de la sangre, entre otros.

Un aspecto relevante del trabajo es que la mayoría de participantes, incluidos los que comían carne, seguían patrones dietéticos relativamente saludables. Es decir, no eran grandes consumidores de carnes procesadas tipo salchichas o bacon, productos que la Organización Mundial de la Salud clasificó hace más de una década como carcinógenos de Grupo 1, en el mismo nivel de evidencia que el tabaco, el alcohol o el amianto.

Esto implica que las diferencias observadas entre grupos no se explican solo por eliminar los embutidos, sino por la combinación global de alimentos, incluida la reducción de carne roja y procesada y el aumento de frutas, verduras y fibra.

Resultados de estudio sobre vegetarianismo y cáncer

Menos riesgo de cinco cánceres frecuentes entre vegetarianos

El hallazgo que más titulares está generando es que las personas que no comen carne presentan un riesgo notablemente menor de cinco tipos de cáncer muy frecuentes: mieloma múltiple (un tumor de la sangre), y los cánceres de páncreas, próstata, mama y riñón.

En comparación con quienes consumen carne, los vegetarianos mostraron un 31 % menos de riesgo de mieloma múltiple, un 28 % menos de cáncer de riñón y un 21 % menos de cáncer de páncreas. Además, el riesgo de cáncer de próstata fue un 12 % más bajo y el de cáncer de mama un 9 % inferior respecto a los carnívoros.

Estos cinco tumores suponen aproximadamente una quinta parte de las muertes por cáncer en países como el Reino Unido, por lo que reducciones de este calibre podrían tener un impacto relevante a escala poblacional. Los autores subrayan que estos resultados se mantuvieron tras ajustar por factores como índice de masa corporal, tabaquismo u otros elementos del estilo de vida.

Una de las explicaciones propuestas es que, en general, las personas vegetarianas consumen más fruta, verdura y alimentos ricos en fibra, y se mantienen alejadas de la carne procesada. Este patrón se asocia desde hace años con un menor riesgo de diferentes tipos de cáncer, en parte por su efecto sobre la inflamación, el peso corporal y el entorno hormonal.

Cuando dejar la carne no es solo ventaja: riesgos detectados

Sin embargo, el estudio también detecta áreas donde las dietas sin carne podrían suponer un mayor riesgo oncológico. El dato que más sorprende es el observado en el cáncer colorrectal y en un tipo específico de cáncer de esófago.

Entre las personas veganas, se observó un aumento del 40 % en el riesgo de cáncer colorrectal frente a quienes comen carne. Y tanto veganos como vegetarianos mostraron casi el doble de riesgo de carcinoma epidermoide de esófago, el subtipo más frecuente de cáncer esofágico en muchos países.

Los propios autores piden interpretar estos resultados con prudencia. En el caso del cáncer colorrectal, el número de veganos en las cohortes era relativamente bajo y los diagnósticos se concentraban en Reino Unido y Estados Unidos, con datos dietéticos que en algunos casos se remontan a los años 80 y 90. Desde entonces, la oferta de productos vegetales enriquecidos y suplementos ha cambiado de forma notable.

Aun así, los investigadores plantean varias hipótesis. Una de ellas apunta a una menor ingesta de calcio en los grupos vegano y vegetariano, un nutriente que podría desempeñar un papel protector frente al cáncer de intestino al unirse a ácidos grasos y otras sustancias potencialmente dañinas en el colon.

Riesgos de dietas vegetarianas y veganas

El papel de los nutrientes críticos: calcio, vitaminas del grupo B y zinc

En las cohortes analizadas, las personas veganas presentaban el consumo de calcio más bajo, con ingestas medias en torno a 590 mg diarios, por debajo de las recomendaciones oficiales de países como el Reino Unido (700 mg al día). En cambio, disponían de la mayor ingesta de fibra y el menor consumo de alcohol, dos factores que en principio se consideran protectores frente al cáncer intestinal.

Además del calcio, se señalan posibles déficits de vitaminas del grupo B, como la B12 y la riboflavina, y de minerales como el zinc. Estas carencias se han relacionado en algunos estudios con un mayor riesgo de tumores en el esófago y otras partes del tracto digestivo, aunque las pruebas no son definitivas.

Los investigadores recuerdan que las dietas vegetarianas y veganas «bien planificadas» pueden ser saludables y nutricionalmente adecuadas, pero advierten de que, si no se sustituyen correctamente los productos animales por otras fuentes de nutrientes, pueden aparecer lagunas nutricionales que afecten al sistema inmunitario y a la capacidad del organismo para reparar daños celulares.

En los últimos años, la situación podría estar cambiando. El mayor consumo de bebidas vegetales y otros alimentos enriquecidos con calcio, vitamina B12 u otros micronutrientes hace pensar que las nuevas generaciones de veganos tal vez no presenten el mismo patrón de riesgo que los que participaron en estas cohortes históricas. Aun así, los expertos insisten en la necesidad de controles médicos y suplementación cuando sea necesario.

Otros patrones sin carne: pescetarianos y consumidores solo de aves

El análisis no se limitó a confrontar vegetarianos frente a carnívoros. Los autores también estudiaron qué ocurre con quienes siguen una dieta pescetariana (incluye pescado pero no carne) y con las personas que consumen solo carne de ave, evitando la carne roja y la procesada.

Los pescetarianos mostraron un menor riesgo de cáncer de mama, riñón e intestino en comparación con los consumidores de carne roja. Se plantea que los ácidos grasos insaturados del pescado, junto con un menor consumo de grasas saturadas y carnes procesadas, podrían explicar parte de este efecto protector.

Por su parte, las personas que comían exclusivamente aves y evitaban la carne roja y los embutidos registraron menos casos de cáncer de próstata. De nuevo, el patrón apunta a que la sustitución de carnes rojas y procesadas por fuentes de proteína más magras se asocia con mejores resultados en algunos tumores, incluso sin llegar a una dieta estrictamente vegetariana.

En conjunto, estas observaciones respaldan la idea de que el riesgo no depende solo de “comer o no comer carne”, sino de qué tipo de carne, en qué cantidad y en el contexto de qué estilo de alimentación global.

Patrones de dieta y tipos de cáncer

Europa y la carga del cáncer: dónde encaja la dieta

En Europa, el cáncer sigue suponiendo una carga sanitaria muy elevada. Las estimaciones recientes apuntan a unos 2,7 millones de nuevos diagnósticos al año en los países de la Unión Europea, con un ligero descenso respecto a 2022, pero todavía con cifras muy altas.

Los tumores de mama, próstata, colon-recto y pulmón concentran aproximadamente la mitad de los casos en la región. El cáncer afecta algo más a los hombres: alrededor del 54 % de los nuevos diagnósticos y el 56 % de las muertes se dan en varones, lo que pone sobre la mesa la necesidad de estrategias de prevención específicas por sexo, entre ellas las relacionadas con la alimentación.

Los datos de este macroestudio encajan con las recomendaciones de organismos europeos y internacionales que insisten en adoptar frutas, verduras y legumbres, cereales integrales y alimentos ricos en fibra, reduciendo al mínimo la carne procesada y moderando la carne roja.

Al mismo tiempo, los investigadores subrayan que los resultados proceden de un número limitado de países y de cohortes reclutadas hace años, por lo que aún no está claro hasta qué punto se pueden generalizar a todas las formas actuales de dieta vegetariana o vegana en Europa, donde la oferta de productos plant based y alimentos enriquecidos está creciendo a gran velocidad.

Calidad de la dieta y ultraprocesados: no todo lo vegetal es igual

Una advertencia que se repite en las valoraciones de especialistas externos es que no todas las dietas vegetarianas son iguales. Se puede seguir un patrón sin carne repleto de frutas, verduras, legumbres y frutos secos, o bien basarlo en hidratos de carbono muy refinados y productos ultraprocesados de origen vegetal.

Algunos expertos apuntan que las dietas vegetarianas y veganas de décadas pasadas solían estar más centradas en alimentos mínimamente procesados, mientras que hoy proliferan las alternativas vegetales muy transformadas (hamburguesas, embutidos vegetales, snacks) cuya relación con la salud a largo plazo todavía se está estudiando.

El estudio recordaba que las dietas sin carne se definen más por lo que excluyen que por lo que incluyen. Es decir, alguien puede dejar de consumir carne y, aun así, tener una alimentación pobre en nutrientes clave si no planifica adecuadamente sus menús o abusa de productos precocinados, aunque sean de origen vegetal.

De cara a la prevención del cáncer, los especialistas consultados coinciden en que la prioridad debería ser acercarse a patrones tipo «planta predominante» de calidad, como los que promueven las guías oficiales europeas, más que centrarse únicamente en la etiqueta de vegetariano, vegano o carnívoro.

En conjunto, la nueva evidencia refuerza la idea de que reducir la carne roja y procesada y aumentar la presencia de alimentos vegetales ricos en fibra puede ayudar a disminuir el riesgo de varios cánceres frecuentes en Europa, especialmente de mama, próstata, riñón, páncreas y algunos tumores hematológicos. Al mismo tiempo, pone sobre aviso de que adoptar una dieta vegetariana o vegana no garantiza automáticamente protección: sin una buena planificación, con suficiente calcio, vitaminas del grupo B, zinc y proteínas de calidad, podrían aparecer riesgos añadidos para el intestino y el esófago. Más que buscar una etiqueta perfecta, el mensaje que se impone es apostar por una alimentación mayoritariamente vegetal, variada y poco procesada, ajustada a las necesidades individuales y, siempre que sea posible, revisada por profesionales de la salud.

alimentos ultraprocesados y cáncer colorrectal
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