Un nuevo trabajo de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) ha puesto el foco en la relación entre lo que comemos a diario y la aparición de cánceres del aparato digestivo. El estudio, realizado en hospitales de Alicante y València, señala que un consumo elevado de alimentos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo de tumores de esófago y estómago.
La investigación, publicada en la revista científica Frontiers in Nutrition, se suma a la creciente evidencia que desaconseja tomar este tipo de productos de forma habitual. Según los autores, las personas que ingieren más cantidad de ultraprocesados cada día presentan un riesgo claramente superior de padecer ciertos cánceres digestivos respecto a quienes los consumen en menor medida.
Un estudio con más de mil participantes en la Comunitat Valenciana
Para alcanzar estas conclusiones, el equipo de la UMH analizó datos de 1.218 personas dentro del estudio de casos y controles PANESOES, desarrollado en cuatro hospitales de Alicante y cinco de València. Este proyecto se centra en explorar la relación entre la dieta y tres tipos de cáncer del sistema digestivo: esófago, estómago y páncreas.
En la muestra se incluyeron 193 pacientes con cáncer de esófago, 412 con cáncer de estómago y 161 con cáncer de páncreas. Además, se reclutó a 452 personas sin cáncer, que actuaron como grupo de control para poder comparar los patrones de alimentación entre quienes habían desarrollado un tumor y quienes no.
Los investigadores aplicaron un diseño de estudio de casos y controles, en el que se reconstruye la dieta habitual de los participantes y se contrasta el consumo de diferentes categorías de alimentos, prestando especial atención al papel de los productos ultraprocesados en el día a día.
Para evitar que otros factores distorsionaran los resultados, el análisis estadístico se ajustó por variables como edad, sexo, nivel educativo, tabaquismo y consumo de alcohol. De este modo, el equipo pudo estimar de forma más precisa el impacto específico de los ultraprocesados sobre el riesgo de cáncer digestivo.
La investigadora Laura Torres Collado, del grupo de Epidemiología de la Nutrición (EPINUT) de la UMH y primera firmante del trabajo, destaca que la evidencia sobre el papel de determinados patrones dietéticos en la aparición de cáncer digestivo es cada vez más consistente, sobre todo cuando la dieta es rica en ultraprocesados y pobre en alimentos con fibra como frutas, verduras y legumbres.
Más de 148 gramos al día, umbral de mayor riesgo

Uno de los datos que más llama la atención es el umbral a partir del cual se observa un incremento claro del riesgo. Las personas que tomaban más de 148 gramos diarios de alimentos ultraprocesados mostraron probabilidades considerablemente más altas de sufrir determinados cánceres del sistema digestivo.
En el caso concreto del cáncer de esófago, los grandes consumidores presentaban 2,3 veces más probabilidad de desarrollar este tumor que quienes ingerían menos ultraprocesados. Esta diferencia se traduce en un incremento aproximado del 129 % de riesgo, una cifra que los autores consideran especialmente relevante desde el punto de vista de la salud pública.
Para el cáncer de estómago, el estudio detectó también una asociación significativa: el riesgo en los participantes con mayor consumo de ultraprocesados fue 1,56 veces superior, es decir, aproximadamente un 56 % más alto que en el grupo con menor ingesta.
En cambio, al analizar el cáncer de páncreas no se observaron relaciones estadísticamente significativas con la cantidad de alimentos ultraprocesados consumidos. Los investigadores subrayan que esta ausencia de asociación podría deberse a la complejidad de este tumor y a la necesidad de contar con muestras aún mayores y tiempos de seguimiento prolongados.
Los resultados, matizan los autores, no implican que un consumo puntual de estos productos desencadene un cáncer, pero sí apuntan a que un patrón de consumo habitual y elevado podría favorecer, con el paso de los años, la aparición de tumores en el esófago y el estómago, sobre todo cuando se combina con otros factores de riesgo.
Qué ultraprocesados se asocian más al cáncer digestivo
El trabajo de la UMH no solo analiza la cantidad total de ultraprocesados, sino que también examina subgrupos concretos de productos para identificar cuáles parecen relacionarse más con cada tipo de tumor digestivo.
Según explica el profesor Jesús Vioque, director del grupo EPINUT y líder del estudio, el consumo elevado de lácteos ultraprocesados —como algunos tipos de leche condensada, postres lácteos azucarados o helados industriales— se vincula a un mayor riesgo de cáncer de estómago. A este grupo se suman los dulces y la bollería industrial, ricos en azúcares simples y grasas de baja calidad nutricional.
Por otro lado, el análisis apunta a que los refrescos y bebidas azucaradas, junto con platos precocinados y preparados para freír o calentar (como sopas, salsas y comidas listas para consumir), muestran una asociación más marcada con el cáncer de esófago.
Estos alimentos se caracterizan, en general, por tener envases atractivos, preparación rápida y una larga vida útil, lo que facilita que entren de lleno en la rutina diaria. Sin embargo, su densidad calórica elevada y su perfil nutricional poco equilibrado los convierten en productos poco recomendables si forman parte habitual de la dieta.
Los investigadores recalcan que estos hallazgos no pretenden demonizar productos concretos de forma aislada, sino llamar la atención sobre un patrón de consumo global en el que los ultraprocesados desplazan a alimentos frescos y mínimamente procesados que forman parte de la dieta mediterránea tradicional.
Qué son exactamente los alimentos ultraprocesados
En la clasificación utilizada por el equipo de la UMH, se considera ultraprocesados a aquellos productos elaborados industrialmente en los que predominan ingredientes refinados y sustancias derivadas de alimentos, a menudo combinadas con múltiples aditivos alimentarios (colorantes, potenciadores del sabor, edulcorantes, estabilizantes, etc.).
Este tipo de productos presentan, por lo general, altos contenidos de grasas totales, grasas saturadas y, en ocasiones, grasas trans, además de cantidades elevadas de sal y azúcares simples. A la vez, tienden a contener poca fibra y menos vitaminas y minerales que sus equivalentes frescos o poco procesados.
Según detalla el investigador Alejandro Oncina Cánovas, también miembro del grupo EPINUT, el abuso de estos productos puede provocar exceso de calorías y desequilibrios en la ingesta de nutrientes, favoreciendo a medio y largo plazo problemas de salud como el aumento de peso, la hipertensión y alteraciones metabólicas.
En estudios previos, el mismo grupo de la UMH ya había observado que el consumo frecuente de ultraprocesados se relaciona con alteraciones en la microbiota intestinal, sobre todo en personas mayores con sobrepeso u obesidad. Estos cambios en la flora intestinal podrían desempeñar un papel relevante en la inflamación crónica de bajo grado y en procesos que, con el tiempo, influyen en el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer.
Otra línea de trabajo de EPINUT ha mostrado que una alta adherencia a patrones dietéticos provegetarianos basados en alimentos vegetales saludables —frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales— se asocia con un menor riesgo de cáncer de esófago, estómago y páncreas, mientras que un patrón vegetal poco saludable, dominado por productos vegetales muy procesados y ricos en azúcares, incrementa especialmente el riesgo de cáncer gástrico.
Un consumo al alza en España y otros países europeos
Más allá de los resultados clínicos, el estudio subraya que el problema no es aislado. En muchas sociedades de ingresos medios y altos, los ultraprocesados representan ya entre el 50 % y el 60 % de la energía diaria consumida, desplazando la cocina casera y los platos tradicionales basados en productos frescos.
En el caso de España, la UMH advierte de que estos productos suponen ya más del 30 % de las calorías totales que se consumen en los hogares. Es decir, una parte considerable de la energía que se ingiere procede de alimentos y bebidas con alto contenido en grasas, azúcares y sal, y bajo aporte de fibra y micronutrientes.
Esta tendencia se observa también en otros países europeos, donde los cambios en los horarios laborales, el aumento de la comida para llevar y las campañas de marketing han favorecido el auge de los productos listos para consumir. Frente a la cocina lenta y los guisos tradicionales, ganan terreno los snacks, bebidas azucaradas, bollería envasada y comidas precocinadas.
Desde el punto de vista de la salud pública, los autores señalan que este cambio de patrón dietético no solo se relaciona con el riesgo de cáncer digestivo, sino también con otros problemas como el aumento del índice de masa corporal, la hipertensión arterial y la mayor prevalencia de síndrome metabólico en la población.
Ante este escenario, la UMH recuerda que la dieta mediterránea, rica en productos frescos, aceite de oliva virgen extra, legumbres y cereales integrales, sigue siendo un modelo de referencia para proteger la salud digestiva y general, siempre que se mantenga frente al empuje de los ultraprocesados.
Necesidad de más estudios y posibles implicaciones en salud pública
A pesar de la solidez de los datos obtenidos, los responsables del trabajo insisten en que son necesarios más estudios en otras poblaciones y contextos geográficos para confirmar los resultados y profundizar en los mecanismos biológicos implicados entre el consumo de ultraprocesados y el riesgo de cáncer digestivo.
El profesor Jesús Vioque incide en que es importante seguir investigando cómo interactúan factores como la inflamación crónica, el estrés oxidativo, la microbiota intestinal y los posibles compuestos presentes en los ultraprocesados (por ejemplo, ciertos aditivos o productos de degradación generados durante la fabricación) en el desarrollo de tumores de esófago y estómago.
El estudio PANESOES ha contado con financiación del Ministerio de Sanidad, la Generalitat Valenciana y el Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante, y se ha desarrollado con la participación de investigadores integrados en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Instituto de Salud Carlos III. Este respaldo institucional subraya el interés creciente por el impacto de la alimentación en la carga de cáncer en España.
Desde la UMH se apunta a que los resultados podrían tener implicaciones futuras para el diseño de políticas de salud pública, campañas de educación nutricional y estrategias de prevención del cáncer digestivo, especialmente en países europeos donde el consumo de ultraprocesados sigue en aumento.
En conjunto, el trabajo de la Universidad Miguel Hernández refuerza la idea de que no todos los alimentos procesados son iguales, y que un patrón de dieta en el que abunden los ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo de cáncer de esófago y estómago. Optar por una alimentación basada en productos frescos, legumbres, frutas, verduras y elaboraciones caseras se perfila como una de las herramientas más sencillas y accesibles para cuidar la salud digestiva y reducir, en la medida de lo posible, la probabilidad de desarrollar estos tumores a lo largo de la vida.