
La obesidad infantil se ha consolidado como uno de los grandes desafíos de salud pública en España y en el resto de Europa, y la nutrición infantil es clave. Las cifras más recientes apuntan a que cientos de miles de niños y niñas presentan exceso de peso desde etapas muy tempranas, un fenómeno que no solo afecta a su bienestar actual, sino que condiciona también su salud en la edad adulta.
Según el Atlas Mundial de la Obesidad 2026, en España hay alrededor de 735 000 menores de entre cinco y nueve años con obesidad o sobrepeso, una cifra que ilustra la magnitud del problema. Lejos de ser una cuestión aislada de hábitos individuales, los expertos señalan que influyen múltiples factores: el entorno alimentario, la disponibilidad de productos ultraprocesados, el sedentarismo y la falta de actividad física estructurada desde los primeros años de vida.
Un ensayo clínico español pone el foco en la etapa preescolar
En este contexto, una investigación coordinada desde la Universidad de Zaragoza, el Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón) y el área de Obesidad y Nutrición del CIBER (CIBEROBN) ha aportado nueva evidencia sobre cómo actuar de forma más eficaz en la prevención precoz. El trabajo se enmarca en el proyecto MELI-POP y ha sido publicado en la revista científica European Journal of Pediatrics.
El ensayo ha analizado a 206 niños y niñas de entre tres y seis años con alto riesgo de desarrollar obesidad por antecedentes familiares. Los menores procedían de tres ciudades españolas: Zaragoza, Córdoba y Santiago de Compostela, lo que ha permitido recoger datos de contextos distintos dentro del país. De ellos, 170 participantes completaron el seguimiento durante un periodo total de 12 meses.
El objetivo principal del equipo investigador era comprobar si una intervención intensiva basada en alimentación mediterránea y actividad física regular podía modificar la composición corporal de estos menores y reducir la probabilidad de que desarrollasen obesidad en etapas posteriores.
Para ello, los participantes se dividieron en dos grupos: un grupo de intervención y un grupo control. Esta estructura permitió comparar qué ocurría en los niños que recibían un programa específico frente a quienes solo contaban con recomendaciones generales de salud.
Durante el año de estudio, el grupo de intervención recibió educación nutricional mensual dirigida a las familias, sesiones de actividad física dos veces por semana y alimentos característicos del patrón mediterráneo, como aceite de oliva virgen extra y pescado. El grupo control, en cambio, únicamente dispuso de consejos básicos sobre salud infantil sin un plan detallado de dieta o ejercicio.
Dieta mediterránea y ejercicio: impacto desigual en niños y niñas
Tras 12 meses de seguimiento, los resultados han mostrado un efecto claro, pero no idéntico, según el sexo. Las niñas del grupo de intervención registraron una reducción significativa del índice de masa corporal (IMC) y una mejora en distintos indicadores de grasa corporal, lo que indica una composición corporal más saludable.
En el caso de los niños varones, esos cambios no se observaron. Aunque participaron en las mismas actividades y recibieron la misma educación nutricional, su IMC y sus parámetros de adiposidad se mantuvieron estables. Este hallazgo ha llamado la atención de los investigadores, que apuntan a la necesidad de diseñar estrategias diferenciadas por sexo a la hora de prevenir la obesidad infantil.
Los autores del estudio subrayan que estas diferencias podrían deberse a factores biológicos, hormonales o de respuesta metabólica, pero también a matices en el comportamiento, como la forma en que cada grupo se implica en la actividad física o en los cambios de alimentación. En cualquier caso, queda claro que las intervenciones generalistas pueden no funcionar del mismo modo en niños y niñas.
Más allá de la adiposidad, el equipo evaluó otros factores de riesgo cardiovascular, como la presión arterial, el perfil de lípidos en sangre (colesterol y triglicéridos) o los niveles de glucosa e insulina. En estos parámetros no se detectaron cambios significativos tras la intervención, algo que los investigadores atribuyen a que los menores partían ya de valores normales al inicio del ensayo, lo que dejaba menos margen de mejora medible.
Para los responsables del proyecto, el dato clave es que, incluso en niños de corta edad con antecedentes familiares de obesidad, una intervención estructurada basada en dieta mediterránea y ejercicio puede modificar la composición corporal, especialmente en las niñas, y actuar como un freno temprano al desarrollo de exceso de peso.
MELI-POP: una intervención intensiva con sello español
El proyecto MELI-POP se ha desarrollado íntegramente en España y se considera una de las iniciativas más completas en el ámbito de la prevención precoz de la obesidad infantil. El ensayo ha contado con la implicación del grupo GENUD de la Universidad de Zaragoza, el IIS Aragón y el área de Obesidad y Nutrición del CIBER, además del respaldo del Instituto de Salud Carlos III.
La coordinación ha corrido a cargo de Alicia Larruy García, la doctora Pilar de Miguel Etayo y el profesor Luis A. Moreno, investigadores con una amplia trayectoria en nutrición pediátrica y estilos de vida saludables. Su enfoque ha sido combinar el rigor científico de un ensayo clínico con una intervención que pudiera, en un futuro, trasladarse a la práctica real en colegios, centros de salud y familias.
Durante el estudio, la educación nutricional mensual tuvo un papel central. No se trataba solo de entregar pautas teóricas, sino de ayudar a las familias a adaptar la compra, la cocina y las rutinas diarias para que la dieta mediterránea fuese viable en el día a día: aumentar el consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales; priorizar el aceite de oliva virgen extra; y reducir la presencia de productos ultraprocesados, azúcares añadidos y carnes procesadas.
En paralelo, las sesiones de actividad física dos veces por semana se diseñaron para ser atractivas y adaptadas a la edad preescolar, con juegos activos y propuestas lúdicas orientadas a romper el sedentarismo y asociar el ejercicio con algo divertido. La idea era que la actividad física no se viviese como una obligación, sino como parte natural de la rutina infantil.
El estudio también ha puesto de manifiesto la importancia de implicar a varios entornos a la vez: la familia, el centro educativo y los servicios sanitarios. Cuando todos reman en la misma dirección —favorecer la dieta mediterránea y la práctica regular de ejercicio— las probabilidades de éxito aumentan, especialmente si se empieza a trabajar entre los 3 y los 6 años.
La ventana crítica de los 3 a 6 años
Una de las principales conclusiones de los investigadores es que la etapa preescolar, entre los 3 y los 6 años, constituye una ventana de oportunidad clave para consolidar hábitos que influyan en la salud futura. En ese periodo, tanto las rutinas familiares como la entrada en la educación infantil facilitan la creación de patrones de alimentación y actividad que tienden a mantenerse en el tiempo.
El proyecto MELI-POP muestra que si se actúa a tiempo, antes de que el exceso de peso esté plenamente instaurado, es posible reducir la adiposidad y mejorar la composición corporal incluso en menores con riesgo elevado por sus antecedentes familiares. Esto resulta especialmente relevante en un país como España, donde el sobrepeso infantil se sitúa entre los más altos de Europa.
Los expertos recuerdan que la obesidad infantil no es solo una cuestión estética, sino un factor de riesgo de enfermedades crónicas en la edad adulta, como diabetes tipo 2, hipertensión o problemas cardiovasculares. De ahí que cada vez se insista más en programas preventivos en edades tempranas y no solo en tratamientos cuando el problema ya está consolidado.
El análisis de los datos del ensayo confirma que la combinación de alimentación equilibrada y actividad física es una vía prometedora para reducir el riesgo de obesidad, sobre todo en niñas, pero también sugiere que será necesario seguir afinando las estrategias dirigidas a los niños, buscando fórmulas igual de efectivas para ellos.
Los autores del trabajo consideran que estas evidencias sitúan a España en una posición destacada dentro de Europa en la búsqueda de modelos preventivos de «alta precisión» en la infancia temprana, donde se tienen en cuenta las particularidades de cada grupo y no se recurre a soluciones únicas para todos.
En un escenario en el que más de 700 000 menores españoles ya conviven con obesidad o sobrepeso, fortalecer este tipo de intervenciones tempranas se presenta como una pieza clave. Actuar desde los tres años, ajustar las recomendaciones según el sexo y apoyarse en la dieta mediterránea y el juego activo permite avanzar hacia una generación que, con un poco de suerte y mucho trabajo, tenga menos probabilidades de vivir con exceso de peso y sus complicaciones asociadas. Además, la atención a los ultraprocesados en la alimentación infantil resulta esencial para ese objetivo.