
La nutrición y correcta alimentación siempre ha sido tema de discusión entre los especialistas, que alimentos son mejores, que alimentos deben restringirse, pero que sucede cuando se trata de nutrición infantil. En la infancia, además de elegir alimentos, importan el contexto, los hábitos familiares y las actitudes de crianza frente a la comida. La alimentación está influida por tradiciones, disponibilidad de alimentos y modas, por lo que proliferan mitos que confunden. Frente a esa “ruidosa” conversación, el pediatra y el equipo de enfermería deben ser el referente cualificado para resolver dudas y personalizar las recomendaciones.

En los primeros mil días de vida, la alimentación actúa como una auténtica “ventana de oportunidad”: impacta el crecimiento, el desarrollo neurológico y el riesgo futuro de exceso de peso o deficiencias. Además, es el periodo en el que se consolidan patrones alimentarios que perduran. Por ello, hoy ponemos bajo la lupa creencias comunes y añadimos pautas prácticas basadas en la mejor evidencia disponible, evitando al máximo referencias a un año concreto para que la información sea siempre vigente.
A continuación os presentamos seis creencias comunes a prueba:
1. Sólo hay una manera de empezar con los sólidos – Falso:
Lo Convencional dice que los bebés deben comenzar a comer alimentos sólidos cuando llegan a los 6 meses con cereal de arroz, y luego poco a poco introducir las verduras suaves, seguidos de la fruta en puré.
En algunas culturas introducen hierbas y especias suaves a los bebés a una edad temprana para aumentar gradualmente su tolerancia. También es importante introducir la carne en una etapa temprana para evitar la anemia.
Mientras que muchos padres piensan que los purés son la única opción, la introducción de producto alimenticio en trozos es esencial para un desarrollo saludable. Aprender a masticar, ya sea con los dientes o las encías, fortalece los músculos de la mandíbula y ayuda con el desarrollo del habla.
Algunos padres practican un enfoque conocido como «destete de bebe», es otro término para permitir que un niño comience con la auto-alimentación con las manos. Algunos alimentos para probar si usted está siguiendo este enfoque incluyen zanahorias al vapor, pepinos, rebanadas de pan.
Actualización con evidencia: la alimentación complementaria puede iniciarse entre los 4 y 6 meses si el bebé muestra señales de preparación (mantiene la cabeza, se sienta con apoyo, interés por la comida y pierde el reflejo de extrusión), priorizando alimentos ricos en hierro y zinc (carne, legumbres, pescado) y ofreciendo texturas progresivas. No hay un orden rígido de alimentos para empezar; importa más la variedad y el avance de texturas que el puré en sí.
2. Los niños necesitan leche entera – verdadero y lo falso
La leche es el alimento más importante de un niño en el primer año de vida y sigue siendo muy importante en los años siguientes. La leche es rica en calcio que es importante para el crecimiento de huesos y dientes, y el calcio es más fácil obtenerlos desde la leche que a partir de alimentos vegetales.
Niños menores de 12 meses de edad deben tomar leche materna o fórmula. A partir del año los niños ya pueden beber leche entera y, en algunos casos, valorar la leche de cabra.
Matices clave: la leche de vaca no debe sustituir a una dieta variada. Las “leches de crecimiento” no aportan ventajas si hay alimentación equilibrada y a menudo añaden azúcares. En casos especiales (alergias o pautas vegetarianas estrictas), conviene valorar con el pediatra alternativas fortificadas y la posible suplementación de vitamina D y otros micronutrientes.
3. El pescado es alimento para el cerebro – cierto
El dicho de que el pescado es bueno para el cerebro proviene de descubrimientos relativamente recientes acerca de las cualidades nutricionales de los ácidos grasos omega 3, que se encuentran en abundancia en el pescado azul.
Dos de los ácidos grasos, el ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentaenoico (EPA) son particularmente vitales para el desarrollo del cerebro como las grasas DHA constituyen más del 30 por ciento de nuestros cerebros y DHA y EPA, constituyen más del 70 por ciento de un recién nacido.
Estudios recientes han demostrado que las mujeres embarazadas y los niños en 85% no están recibiendo suficientes ácidos grasos omega 3 en sus dietas.
Mantener las cantidades adecuadas de DHA en el cuerpo está destinado a contribuir y mantener la salud del cerebro del bebé, mejorando su vista, y ayudar a sus habilidades verbales. También reduce el riesgo de parto prematuro, por lo es importante tanto para una madre como su bebé saludables.
Precaución práctica: priorizar pescado pequeño (sardina, caballa pequeña, salmón) por su menor contenido en mercurio. Evitar grandes depredadores en la infancia temprana. El salmón es una opción adecuada a partir de los 6 meses.
4. Lo Fresco es el mejor – falsa
Algunas familias encuentran que el presupuesto de los hogares simplemente no se extiende a verduras frescas – y mucho menos orgánico. Pero parece que muchos vegetales congelados son tan nutritivas, o en algunos casos incluso más nutritivos, que las frescas. Las verduras congeladas suelen procesarse a las pocas horas de la cosecha y pocos nutrientes se pierden en el proceso de congelación, por lo tanto, mantienen su alto contenido de vitaminas y minerales. Otra forma de preservar el contenido de vitaminas de las verduras es al vapor en lugar de hervirlos, que filtra los nutrientes.
Consejo útil: elegir conservas de verdura sin sal añadida y frutas en su jugo natural (no en almíbar). Las técnicas culinarias suaves (al vapor, horno, salteado con aceite de oliva) ayudan a mantener micronutrientes.
5. Los malos alimentos deben mantenerse fuera del alcance – falsa
Con la obesidad infantil lleva cada vez más a muchos padres a colocar bocadillos poco saludables bajo llave, a repartir galletas y papas fritas en cantidades cuidadosamente dosificadas. Pero un estudio de investigación muestra en cambio que si un padre restringe un alimento, los niños sólo lo quieren más. Otros estudios muestran que los niños cuyos alimentos está muy restringido en su casa tienen muchas más probabilidades de darse un atracón cuando tienen acceso a los alimentos prohibidos.
Enfoque conductual: mejor construir un entorno donde lo que abunda son alimentos saludables y enseñar a reconocer hambre y saciedad. La oferta regular y sin presión de verduras, frutas y legumbres, junto al ejemplo de los adultos, mejora la aceptación real sin “efecto prohibido”.
6. La lactancia materna previene las infecciones de oído – real
Las infecciones del oído son una de las principales razones de que los bebés toman antibióticos, lo que puede debilitar su sistema inmunológico. Sin embargo, los investigadores de la Universidad Estatal de Nueva York han encontrado que los bebés alimentados exclusivamente con leche materna tienen un menor riesgo de otitis media (infecciones del oído medio).
Las infecciones del oído son comunes en todos los niños, pero los investigadores encontraron que las infecciones del oído primario para los niños entre seis y 12 meses de edad disminuyó de un 25% a 51% para aquellos exclusivamente amamantados con leche materna. La incidencia de lactantes alimentados con fórmula de la misma edad aumentó de 54 a 76%.
Más beneficios: además del efecto inmunológico, la lactancia apoya la autorregulación del apetito y se asocia con menor riesgo de ganancia de peso rápida cuando se respeta el ritmo del bebé. Es clave ofrecer apoyo a la madre sin juicio y adaptado a su realidad.
Guía práctica de alimentación complementaria basada en evidencia

- Cuándo empezar: entre los 4 y 6 meses según señales de preparación. Evitar retrasos más allá de las 26 semanas por riesgo de deficiencias (p. ej., hierro) y peor tolerancia a texturas.
- Con qué empezar: no hay alimento “obligatorio”. Priorizar hierro y zinc (carnes, legumbres, cereales fortificados), verduras, fruta y grasas saludables. Introducir de uno en uno y observar tolerancia.
- Lo que conviene limitar: sal (menos de 1 g/día en el primer año; entre 1-3 años alrededor de 2 g/día) y azúcares libres (idealmente por debajo del 5% de la energía). Evitar miel y leche de vaca como bebida antes de los 12 meses.
- Seguridad: ofrecer formas y tamaños adecuados para evitar atragantamiento; los frutos secos pueden ofrecerse molidos o en crema 100% fruto seco desde el inicio.
Alergias: del retraso a la tolerancia
Si hubo un mito que cambió, fue el de “retrasar alimentos alergénicos”. La evidencia actual apoya la introducción temprana y controlada de alimentos como huevo o cacahuete en el primer año, lo que puede favorecer la tolerancia (especialmente útil en niños con riesgo elevado, siempre con el pediatra informado). No se deben ofrecer frutos secos enteros por riesgo de atragantamiento, pero sí sus harinas o cremas. Una mayor diversidad de alimentos en el primer año se asocia con menor riesgo de asma y alergia.
Gluten: cómo introducirlo sin miedo
La pauta actual recomienda introducir el gluten en pequeñas cantidades entre los 4 y 11 meses, preferentemente alrededor del sexto mes, sin necesidad de sincronizarlo con la lactancia. La introducción ni muy temprana ni muy tardía parece el equilibrio más prudente.
Azúcar, zumos y ultraprocesados

El azúcar añadido no es necesario en la infancia y conviene evitarlo, en especial antes de los 2 años. Los zumos, incluso naturales, concentran azúcares y pierden fibra; mejor ofrecer siempre fruta entera. Las bebidas azucaradas y deportivas no tienen cabida en la dieta habitual infantil; el agua es la bebida de referencia.
Patrones de horarios: ¿de verdad el desayuno es “la comida más importante”?
Lo que determina la salud no es una comida aislada, sino el patrón global. Forzar un desayuno cargado de azúcar por “tradición” es contraproducente. Saltarse el desayuno puede asociarse a peores patrones más adelante, pero si el niño no tiene hambre al levantarse, no es necesario forzar; será preferible ofrecer después una opción nutritiva (fruta, lácteos naturales, pan integral con aceite de oliva). En los lactantes, comer principalmente de noche se ha relacionado con mayor riesgo de exceso de peso; favorecer un reparto que priorice la ingesta diurna ayuda.
Deficiencias y excesos frecuentes
En población infantil europea se repiten algunos patrones: exceso de proteínas, grasas saturadas, sodio y colesterol; e insuficiencia de fibra, vitamina D, hierro e yodo en determinados grupos. La suplementación con vitamina D de 400 UI/día en el primer año es una recomendación extendida, mientras que el hierro se individualiza (prematuros, bajo peso, lactancia exclusiva con tardía introducción de hierro, entre otros, pueden precisarlo). La sal debe controlarse de forma activa por la elevada presencia de sodio “oculto” en ultraprocesados.
“Buenos” y “malos” alimentos vs. patrones saludables
No existen alimentos intrínsecamente “buenos” o “malos” en términos absolutos; lo relevante es el conjunto de la dieta. Es útil distinguir entre alimentos esenciales (frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, lácteos o alternativas) y discrecionales (bollería, snacks, bebidas azucaradas), reservando estos últimos para ocasiones puntuales. Pensar en patrones facilita la adherencia y la educación nutricional.
Vegetarianismo y veganismo bien planificados
Las dietas vegetarianas y veganas planificadas pueden ser adecuadas en la infancia si cubren proteínas, hierro, zinc, calcio, omega-3, yodo y vitamina B12 (suplementación obligatoria en veganos). Es imprescindible el seguimiento por profesionales para ajustar texturas, porciones y suplementos cuando proceda.
Consejos prácticos para familias
- Ofrece variedad repetida sin presionar; la exposición reiterada aumenta la aceptación.
- Incluye al niño en la compra y cocina; mejora su interés y su aprendizaje observacional.
- Evita premios o castigos con comida; la comida no es moneda de cambio.
- Estructura horarios con comidas y tentempiés saludables (fruta, lácteo natural, frutos secos molidos) para evitar picoteo de baja calidad.
- Modera el sodio, vigila etiquetas y cocina con técnicas saludables.
Fuente: Essential Baby
Imagen: Flickr. Educar en alimentación desde las primeras etapas, apoyarse en el equipo pediátrico y construir un entorno donde predominen opciones saludables son pilares que funcionan en cualquier familia. Al integrar la mejor evidencia sobre complementaria, alergias, gluten, vitamina D, azúcar y patrones de horarios, es más fácil desmontar mitos y crear hábitos duraderos que protegen la salud hoy y mañana.