La comunidad científica lleva tiempo sospechando que el intestino no es solo un órgano digestivo, sino un auténtico centro de control para la salud. Ahora, un equipo de investigadores españoles ha dado un paso más al demostrar que las alteraciones en la microbiota intestinal podrían ser el hilo conductor de enfermedades inflamatorias muy distintas entre sí. El trabajo, publicado en el Journal of Investigational Allergology and Clinical Immunology (JIACI), forma parte de la Red de Enfermedades Inflamatorias (REI) y ha revisado 165 estudios científicos publicados hasta enero de 2025.
La investigación, liderada por la doctora Marina Pérez Gordo, de la Fundación Universitaria San Pablo CEU de Madrid, y el doctor José Antonio Cornejo García, del Hospital Regional Universitario de Málaga, ha contado con la participación de especialistas de varios centros de referencia, como el IDIBAPS de Barcelona, el IdISSC de Madrid, el Hospital Clínic de Barcelona y las universidades de Málaga y Valencia. Todos ellos han puesto el foco en cómo la disbiosis intestinal puede desencadenar una inflamación sistémica que afecta a órganos tan dispares como el cerebro, las articulaciones o los ojos.
Un mismo mecanismo para enfermedades distintas

El estudio describe patrones comunes en patologías como la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide, las enfermedades inflamatorias oculares (glaucoma, uveítis, ojo seco) y las alergias respiratorias y alimentarias. En todas ellas, los investigadores han observado una reducción de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, y una alteración en la regulación inmunológica. ‘Aunque cada enfermedad tiene su perfil específico, todas comparten un desequilibrio de la microbiota’, señalan los autores.
La clave está en la barrera intestinal, una estructura formada por células epiteliales que actúa como filtro. Cuando la microbiota está sana, produce metabolitos que mantienen esa barrera íntegra y favorecen la tolerancia inmunológica. Pero si se altera, aumenta la permeabilidad y moléculas bacterianas pueden pasar al torrente sanguíneo, activando una respuesta inflamatoria persistente. Este mecanismo explicaría por qué personas con predisposición genética desarrollan enfermedades inflamatorias en diferentes partes del cuerpo.
La barrera intestinal y los ácidos grasos

El estudio también recoge evidencias prometedoras en el campo de las enfermedades oculares. Ensayos clínicos a pequeña escala han observado mejoras en los síntomas del ojo seco tras la administración de probióticos y postbióticos específicos. Aunque los resultados son preliminares, abren la puerta a nuevas estrategias terapéuticas para patologías que hasta ahora solo se trataban con antiinflamatorios o inmunosupresores.
Hacia una medicina de precisión

Los autores del informe subrayan que el futuro pasa por una medicina de precisión basada en el análisis de la microbiota de cada paciente. ‘Comprender mejor cómo interactúan la microbiota intestinal y el sistema inmunitario permitirá desarrollar nuevas herramientas para prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades inflamatorias de forma más personalizada’, afirman. Sin embargo, advierten de que la mayoría de las intervenciones actuales, como probióticos, prebióticos o trasplante de microbiota fecal, todavía presentan niveles de evidencia moderados o bajos. La heterogeneidad de los estudios hace necesario desarrollar ensayos clínicos multicéntricos y protocolos estandarizados.
A pesar de las limitaciones, el trabajo de la REI supone un avance significativo al integrar el conocimiento sobre la microbiota intestinal en el abordaje de enfermedades inflamatorias. Los investigadores confían en que estos hallazgos puedan traducirse en nuevas opciones terapéuticas en los próximos años, mejorando la calidad de vida de millones de pacientes en España y Europa.
La investigación de la REI deja claro que el intestino es un órgano clave en la salud global. La disbiosis intestinal no solo afecta a la digestión, sino que puede ser el desencadenante de una inflamación sistémica que conecta enfermedades aparentemente sin relación. Con la colaboración de múltiples centros españoles, el trabajo sienta las bases para futuras terapias personalizadas que modulen la microbiota y abran nuevas vías de tratamiento para enfermedades inflamatorias crónicas.