
El auge de los fármacos para la pérdida de peso, como Ozempic y otros agonistas del receptor GLP-1, no solo está cambiando la silueta de millones de personas, sino que también está reescribiendo las reglas del juego en la industria alimentaria global. Lo que empezó como una preocupación para los inversores se ha transformado en una carrera por adaptarse a un consumidor que come menos, elige mejor y mira con lupa las etiquetas.
En España, el fenómeno no es anecdótico. Según datos de la consultora Lantern, alrededor de medio millón de personas ya usan estos medicamentos en nuestro país, aproximadamente un 1% de la población. Mientras tanto, la estadounidense Boston Consulting Group cifra en 16 millones los usuarios en Estados Unidos, una cifra que no hace más que crecer. En este contexto, tanto las grandes multinacionales como los pequeños productores se preguntan cómo capear un temporal que, para algunos sectores, puede ser mucho más que un simple cambio de tendencia.
> La respuesta del sector no se ha hecho esperar. Nestlé, la mayor compañía de alimentos del mundo, ha visto en este cambio una oportunidad de negocio en lugar de una amenaza. Tal y como ha explicado su director de tecnología, Stefan Palzer, la multinacional está utilizando inteligencia artificial para analizar investigación clínica, identificar combinaciones de nutrientes y desarrollar productos pensados para los usuarios de estos fármacos. “Estamos bien posicionados con el catálogo. Es una gran oportunidad para nuestra empresa”, afirmó a Reuters.

Efectos secundarios: la diana de las nuevas estrategias
El principal caballo de batalla para la industria es contrarrestar los efectos de la pérdida de peso acelerada. La pérdida de masa muscular y la conocida “cara de Ozempic” (por el adelgazamiento facial) son los más visibles. Para atajarlo, Nestlé ha desarrollado formulaciones con proteínas y micronutrientes, y ha comenzado a incorporar proteína de colágeno en su marca Vital Proteins para atender los problemas de piel, cabello y uñas de los pacientes.
> La compañía asegura que ha patentado combinaciones de ingredientes para estimular el crecimiento del tejido muscular y, además, ha lanzado productos específicos como el batido Boost Advanced Nutrition Shake en Estados Unidos (con 35 gramos de proteína) o la versión Milo PRO High Protein en Asia y Australia. “Hemos encontrado una combinación de dos micronutrientes que estimula el crecimiento del tejido muscular, lo que aporta proteína y hace que el músculo se regenere más rápido”, explica Palzer.
> No obstante, no todos los expertos comparten el entusiasmo del sector. La profesora de Nutrición y Dietética de la Universidad de Nottingham, Amanda Avery, se muestrta crítica: “Es bastante triste que recurramos constantemente a productos nuevos más caros que los alimentos frescos y enteros, que ya contienen las mismas proteínas y nutrientes”. En su opinión, la carne, el pescado, los huevos o las legumbres deberían seguir siendo la principal fuente de estos nutrientes, aunque reconoc que la publicidad y el marketing de la gran industria han convertido estos productos en un nicho de mercado rentable.
La IA como herramienta para anticiparse al consumidor
> La empresa ha comenzado a monitorear redes sociales para detectar cambios en las tendencias de consumo y desarrollar productos personalizados en tiempo récord. En las superficies comerciales, el cambio se ve claramente. Se reduce el volumen y el tamaño de las porciones, mientras se refuerza el contenido nutricional para mantener el margen de beneficio. Un fenómeno conocido como reduflación, que está llegando también a los restaurantes, donde se observa una tendencia hacia raciones más pequeñas.
> Desde la industria, no se lanzan las campanas al vuelo. El profesor de la Michigan State University Bill Knudson, autor de un estudio sobre el impacto de los GLP-1 en la economía, señala que el efecto se notará en los próximos años: “Es un cambio de fondo, no una moda pasajera. Habrá una reducción generalizada de los alimentos con alto contenido en grasas y carbohidratos, aunque será una erosión lenta”.
Un nuevo escenario global: de la reduflación al mercado ‘premium’
El impacto no es solo un tercio de los consumidores. En el Reino Unido se calcula que un hogar con un paciente de GLP-1 gasta de media unos 500 euros menos al año en la cesta de la compra, lo que se traduce en un recorte de la demanda para los ultraprocesados. En Estados Unidos, la Universidad de Cornell ha cuantificado en un 5-8% la reducción del gasto mensual en estas familias. La tristeza se cierne sobre productos como los dulces, los snacks o la bollería, mientras que se produce un giro hacia alimentos funcionales y suplementos.
> Este cambio de consumobaras no solo una oportunidad para Nestlé. La compañía Danone, PepsiCo y otras están comenzando a lanzar sus propias líneas de productos ‘GLP-friendly’, una categoría emergente que busca compensar los efectos de los tratamientos. Pero también hay voces que piden moderación. La investigadora del CNIO, Guadalupe Sabio, avisa de que “no se pueden meter en una pastilla los beneficios del ejercicio”, en referencia a los productos que intentan imitar la actividad física.
> Los expertos en el sector coinciden que el camino no es la ceremonia, sino la adaptación. El futuro del sector se orienta hacia porciones más pequeñas, envases con proteínas, fibra y menos “basura”, con un precio más elevado que compensa la reducción de la cantidad. En este nuevo marco, el reto para la industria es mayúsculo: no perder la fidelidad del consumidor que ya no necesita saciedad, pero que espera seguir encontrando el placer y la nutrición en cada bocado.
> En definitiva, la ecuación está clara para la industria alimentaria. En pocos años, el mercado se ha segmentado en dos grandes grupos: los que necesitan comida para la “nueva normalidad” de los fármacos, y los que la van a seguir consumiendo de forma tradicional. La primera estrategia es una apuesta firme, aunque el futuro inmediato sigue dependiendo de si esta tendencia se consolida como un fenómeno estructural o se queda en una moda. De momento, los que están tomando decisiones en las salas de las multinacionales no están dispuestos a quedarse atrás.


