Un chaval de 15 aƱos rechaza la comida familiar del domingo porque āno encaja en sus macrosā. Suena a anĆ©cdota, pero es la punta del iceberg de un fenómeno que crece sin hacer ruido. La confluencia entre el auge de los suplementos deportivos, la presión estĆ©tica de las redes sociales y el aumento de los trastornos alimentarios estĆ” generando una preocupación creciente entre padres y educadores, que ven cómo muchos jóvenes priorizan el gimnasio y TikTok sobre cualquier otra cosa.
El mercado europeo de suplementos nutricionales supera los 6.600 millones de dólares en 2026 y crece a un ritmo del 7,85% anual. En EspaƱa, entre el 20% y el 40% de los adolescentes que practican deporte consume algĆŗn tipo de suplemento, una cifra que se dispara entre quienes compiten a nivel federado. No son atletas de Ć©lite: son chicos del gimnasio del barrio que compran botes de proteĆnas en cualquier supermercado, herbolario o directamente desde el móvil.
El batido que ya no es tan inocente
La proteĆna en polvo, la whey y la creatina son, en adultos sanos y con dosis adecuadas, suplementos con un perfil de seguridad relativamente aceptable. Pero los adolescentes no son adultos. Sus cuerpos estĆ”n en pleno desarrollo y sus hĆgados y riƱones aĆŗn estĆ”n madurando, lo que convierte el consumo sin control en un riesgo para su salud. Un estudio publicado en 2025 con 2.731 jóvenes canadienses encontró que el uso de seis suplementos musculares habituales se asociaba con mayores sĆntomas de dismorfia muscular, y que estos sĆntomas se agravaban a medida que aumentaba el nĆŗmero de productos consumidos.
La dismorfia muscular, esa preocupación patológica por no ser suficientemente musculado, afecta al 2,2% de los chicos y al 1,4% de las chicas adolescentes en Estados Unidos, aunque los expertos creen que estĆ” infradiagnosticada. En EspaƱa, los trastornos de la conducta alimentaria ya afectan a 400.000 personas, 300.000 de ellas entre 12 y 24 aƱos, y la edad media de inicio se ha desplomado hasta los 12 aƱos y medio. Lo mĆ”s preocupante es que la mayorĆa de estos casos pasan desapercibidos: para los padres, el niƱo simplemente ācuida su alimentaciónā.
El algoritmo como espejo distorsionante
Para entender por qué esta crisis se ha acelerado en la última década hay que mirar la pantalla del móvil. El algoritmo de recomendación de TikTok es extraordinariamente preciso y los adolescentes con trastornos alimentarios han documentado que encontraban contenido proanorexia y probulimia con frecuencia sin buscarlo. Quien interactúa con contenido de dietas o ejercicio recibe mÔs imÔgenes de cuerpos cada vez mÔs perfectos como referencia, y un estudio publicado en Plos One demostró que la exposición a este tipo de contenido tiene consecuencias inmediatas sobre la insatisfacción con el propio cuerpo.
Los influencers se han convertido en fuente habitual de pautas nutricionales y de ejercicio, generando un cĆrculo vicioso en el que los jóvenes replican y comparten lo que ven, reforzados por los āme gustaā. La confianza ciega en los creadores de contenido de fitness aumenta la intención de adquirir suplementos entre los mĆ”s jóvenes, y aproximadamente 1 de cada 10 adolescentes ha utilizado productos para el control del peso sin prescripción mĆ©dica, segĆŗn una revisión sistemĆ”tica de 2024.
Un vacĆo regulatorio que importa
Europa regula los suplementos alimentarios como alimentos, pero los estÔndares nacionales divergen y el control unificado de la publicidad dirigida a menores en plataformas digitales es inexistente. En la prÔctica, un adolescente puede comprar creatina en cualquier tienda online sin que nadie le pregunte su edad, y ver decenas de anuncios encubiertos de esos mismos productos en su feed sin que estén clasificados como publicidad. Los estudios advierten ademÔs de que los suplementos legales para ganar músculo pueden actuar como puerta de entrada al uso de esteroides, triplicando el riesgo de que los jóvenes comiencen a consumirlos en los años siguientes.
Hay precedentes de una regulación mÔs firme. En 2023, el estado de Nueva York prohibió la venta de productos de control de peso a menores. En Europa, la presión regulatoria sobre la publicidad de alimentos ultraprocesados a menores ha avanzado mÔs que la relativa a suplementos deportivos, pese a que la evidencia de daño en este segundo caso es igualmente sólida.
QuƩ pueden hacer las familias y los centros educativos
Para las familias, la recomendación es que promuevan el consumo de proteĆnas y nutrientes a travĆ©s de alimentos reales en lugar de suplementos. Sobre todo, prestar atención a los signos de alerta que van mĆ”s allĆ” de la vida sana, como una rigidez extrema con la alimentación, aislamiento social relacionado con la dieta o el ejercicio, uso de suplementos sin prescripción, o ansiedad cuando se interrumpe la rutina de entrenamiento. Para los centros educativos, la educación mediĆ”tica crĆtica es tan necesaria como la educación nutricional: un adolescente que entiende cómo funciona TikTok tiene mĆ”s recursos para resistir sus efectos.
Para los sistemas de salud, el reto es doble: ampliar el concepto de trastorno alimentario y mejorar los recursos de detección y tratamiento. Para los reguladores, es necesario restringir la publicidad de suplementos dirigida a menores en plataformas digitales y establecer un marco común europeo que proteja a los adolescentes de una presión estética que, en lugar de cuidar el cuerpo, lo acaba castigando.
Los adolescentes manejan vocabulario tĆ©cnico āmacros, dĆ©ficit calórico, periodizaciónā que hace una dĆ©cada era casi exclusivo de nutricionistas deportivos, pero lo aplican sobre lo que un influencer les muestra en un vĆdeo de 30 segundos. Nunca hemos sabido tanto sobre nutrición y, al mismo tiempo, nunca hemos recibido tanta desinformación sobre el tema. El problema no es que los jóvenes cuiden su cuerpo; sĆ lo es que en un entorno de presión estĆ©tica algorĆtmica, suplementos sin control y legislación insuficiente, cuidar el cuerpo acabe convirtiĆ©ndose en un factor de riesgo para su salud mental y fĆsica.


