La dieta modula la microbiota de forma distinta en Crohn y colitis ulcerosa

  • Un equipo del VHIR describe cómo la dieta altera de forma diferente la microbiota en Crohn y colitis ulcerosa.
  • Las personas con enfermedad inflamatoria intestinal presentan peor calidad de dieta y menor diversidad bacteriana.
  • En Crohn destacan bacterias y rutas metabólicas específicas, mientras que en colitis ulcerosa pesa más el equilibrio global de la microbiota.
  • Se ha identificado un panel de 20 especies bacterianas que podría ayudar al diagnóstico no invasivo de la enfermedad de Crohn.

microbiota intestinal en Crohn y colitis ulcerosa

Un conjunto de trabajos liderados por el grupo de Investigación en Microbioma del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR) ha arrojado nueva luz sobre cómo la alimentación se relaciona con la inflamación intestinal en la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Estas dos patologías, las más frecuentes dentro de la enfermedad inflamatoria intestinal, comparten muchos síntomas, pero parecen responder de manera diferente a lo que comemos y a los cambios que ello provoca en la microbiota.

Los estudios, publicados en las revistas científicas Gut y Biomarker Research, muestran que la dieta modula la microbiota de forma distinta en Crohn y en colitis ulcerosa, y que esa diferencia se traduce en patrones inflamatorios divergentes en el intestino. Los hallazgos se han obtenido a partir de población atendida en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, lo que aporta datos especialmente relevantes para el contexto sanitario español y europeo.

Enfermedad inflamatoria intestinal: misma sintomatología, mecanismos distintos

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) agrupa un conjunto de trastornos crónicos en los que se produce inflamación persistente del tubo digestivo. Las formas más habituales son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, que en el día a día suelen manifestarse con dolor abdominal, diarrea, sangrado rectal, pérdida de peso y cansancio intenso, entre otros síntomas que afectan de forma notable a la calidad de vida.

Aunque a primera vista puedan parecer muy parecidas, su afectación anatómica no es la misma. Mientras que la colitis ulcerosa se limita al recubrimiento interno del colon y el recto, provocando úlceras en la mucosa, la enfermedad de Crohn puede dañar capas más profundas del aparato digestivo y con frecuencia compromete el intestino delgado, además de otros segmentos del tubo digestivo.

En los últimos años, diferentes grupos han apuntado al papel de la microbiota intestinal y de la dieta como piezas clave en la aparición y evolución de estas enfermedades. Sin embargo, se conocía poco sobre los mecanismos concretos que vinculan determinados microorganismos, patrones alimentarios y procesos inflamatorios. Precisamente, el objetivo del equipo del VHIR ha sido desentrañar esas diferencias entre Crohn y colitis ulcerosa y aclarar qué papel juega la alimentación en cada caso.

Según explica la doctora Chaysavanh Manichanh, responsable del grupo de Investigación en Microbioma del VHIR e investigadora del área de Enfermedades Digestivas y Hepáticas del CIBER (CIBEREHD), el interés se centra en comprender cómo los cambios en las bacterias intestinales se enlazan con la respuesta inmunitaria. Esta línea de investigación abre la puerta a nuevas maneras de enfocar tanto la prevención como el seguimiento clínico de estos pacientes en Europa.

Un estudio con casi 200 participantes para entender el papel de la dieta

En el trabajo publicado en Gut, el equipo analizó a cerca de 200 personas, entre las que se incluían pacientes con enfermedad de Crohn, con colitis ulcerosa y un grupo de individuos sanos que actuaban como control. A todos ellos se les evaluó la dieta habitual mediante cuestionarios detallados y se relacionaron estos datos con la composición y la función de su microbiota intestinal.

Además de la información dietética y microbiológica, se recogieron marcadores clínicos y bioquímicos de inflamación, lo que permitió estudiar de forma conjunta qué se come, qué bacterias predominan en el intestino y cómo de activa está la inflamación en cada momento. Este enfoque integrado aporta una visión más completa de la EII que la que ofrecen, por separado, los análisis tradicionales de laboratorio o las pruebas endoscópicas.

La principal conclusión es que las personas con enfermedad inflamatoria intestinal presentan, en general, una calidad de dieta más baja que la observada en la población sana. Esto se refleja en un menor consumo de alimentos frescos y ricos en fibra y un mayor peso de productos procesados y bebidas azucaradas, un patrón que se asocia a un estado inflamatorio más acusado.

Al analizar la microbiota intestinal, los investigadores encontraron que la diversidad bacteriana se reduce de manera notable en la EII, sobre todo en el caso de la enfermedad de Crohn. Esta menor variedad de microorganismos se vincula a una microbiota más frágil y menos capaz de desempeñar funciones protectoras, y su intensidad parece variar en función del tipo de dieta seguida por cada persona.

En este sentido, el estudio pone de manifiesto que una alimentación rica en fibra, fruta, verdura y frutos secos se asocia a un aumento de la diversidad microbiana, mientras que un alto consumo de alimentos ultraprocesados y refrescos azucarados se relaciona con una pérdida adicional de variedad y un perfil más proinflamatorio. Estos resultados encajan con las recomendaciones de hábitos saludables que impulsan las guías europeas de nutrición.

La dieta modula de forma diferente la microbiota en Crohn y colitis ulcerosa

Más allá de estas asociaciones generales, uno de los puntos clave del trabajo es que las conexiones entre dieta, microbiota e inflamación no son idénticas en Crohn y en colitis ulcerosa. Los autores describen que los mecanismos que enlazan lo que se come con el grado de inflamación intestinal siguen rutas diferenciadas según el tipo de EII.

En el caso de la enfermedad de Crohn, el equipo observó que determinados alimentos y patrones dietéticos influyen en grupos concretos de bacterias y en rutas metabólicas específicas. Estos cambios se correlacionan con marcadores de inflamación, de manera que algunas combinaciones de bacterias y metabolitos parecen favorecer un entorno más inflamatorio, mientras que otras se asocian a una reducción de la actividad inflamatoria.

Dentro de este patrón, se ha descrito que el consumo regular de café y pan integral puede relacionarse con la presencia de metabolitos y bacterias que contribuyen a disminuir la inflamación intestinal en personas con Crohn. No se trata de una recomendación cerrada para todos los pacientes, pero sí de un indicio de que ciertos componentes de la dieta podrían ejercer un efecto modulador beneficioso sobre rutas muy específicas.

En cambio, en la colitis ulcerosa el panorama es algo diferente. Según detalla el especialista del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Vall d’Hebron, el doctor Luis Mayorga, la relación entre dieta e inflamación parece depender más de cambios globales en la microbiota que de bacterias puntuales. En esta patología, el foco se sitúa en la pérdida de diversidad y en el desequilibrio funcional del ecosistema microbiano.

En este contexto, seguir un patrón de alimentación mediterránea rico en fibra —basado en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y aceite de oliva, y con un consumo moderado de pescado y frutos secos— se asocia con un mejor mantenimiento de la diversidad bacteriana. Ese equilibrio global de la microbiota parece ser un factor relevante para reducir la probabilidad de brotes inflamatorios en pacientes con colitis ulcerosa.

Un panel de bacterias intestinales como posible biomarcador de Crohn

De forma complementaria, el grupo de Investigación en Microbioma del VHIR ha llevado a cabo otro estudio, publicado en la revista Biomarker Research, en el que se centra de lleno en las alteraciones de la microbiota en Crohn y colitis ulcerosa y en sus posibles aplicaciones diagnósticas. En este trabajo se han analizado muestras fecales de 34 personas con Crohn, 33 con colitis ulcerosa y 67 individuos sanos.

Mediante diferentes técnicas de secuenciación y análisis funcional, los investigadores han podido identificar qué tipos de microorganismos predominan en cada grupo y qué funciones metabólicas realizan. Este enfoque no solo muestra qué bacterias están presentes, sino también cómo contribuyen a los procesos biológicos que tienen lugar en el intestino.

Los datos obtenidos señalan que la microbiota de los pacientes con enfermedad de Crohn presenta una alteración muy intensa, con una reducción marcada en la diversidad y en la cantidad de bacterias si se compara con la microbiota de personas sanas. Esta disbiosis se acompaña de un aumento de determinadas bacterias potencialmente patógenas, como algunas cepas de Escherichia coli, y de una disminución de bacterias beneficiosas que habitualmente participan en la protección de la mucosa intestinal.

Tal y como explica Gerard Serrano, investigador predoctoral del grupo de Investigación en Microbioma del VHIR, estos cambios configuran un perfil microbiano muy característico de la enfermedad de Crohn. A partir de esa información, el equipo ha logrado definir un panel de 20 especies bacterianas que se detectan de forma recurrente en estos pacientes y que podrían servir como firma microbiana de la enfermedad.

La relevancia clínica de este hallazgo radica en que el análisis de este conjunto de bacterias podría convertirse en una herramienta diagnóstica no invasiva y de bajo coste. En la práctica, podría ser de especial utilidad en aquellos casos en los que la endoscopia no ofrece resultados concluyentes o en los que se desea contar con información adicional sobre el estado de la enfermedad sin recurrir siempre a pruebas más agresivas.

Hacia recomendaciones dietéticas personalizadas según la microbiota

En conjunto, los resultados de ambos trabajos refuerzan la idea de que la microbiota intestinal no es un mero espectador en la enfermedad inflamatoria intestinal, sino que desempeña un papel activo en cómo la dieta impacta en la inflamación. Esto abre una ventana a estrategias de abordaje más ajustadas al perfil de cada paciente, tanto desde el punto de vista dietético como diagnóstico.

Uno de los mensajes que se desprende de estas investigaciones es que las recomendaciones nutricionales genéricas pueden quedarse cortas cuando se trata de personas con Crohn o colitis ulcerosa. Los autores apuntan a la necesidad de avanzar hacia planes nutricionales personalizados, que tengan en cuenta los patrones concretos de microbiota de cada individuo, sus hábitos alimentarios y la fase de la enfermedad en la que se encuentra.

En la práctica, ese enfoque podría traducirse en adaptar la dieta para favorecer bacterias y rutas metabólicas beneficiosas en la enfermedad de Crohn, y en priorizar el mantenimiento de la diversidad y el equilibrio global de la microbiota en la colitis ulcerosa. Este tipo de ajuste fino aún requiere más investigación y validación en estudios clínicos, pero marca una línea clara hacia una nutrición más precisa.

La doctora Manichanh señala que estos resultados sientan las bases para desarrollar, en el futuro, estrategias más individualizadas, donde las pautas dietéticas puedan definirse no solo en función del diagnóstico general de EII, sino también del perfil microbiano y de los biomarcadores de cada persona. Todo ello podría contribuir a mejorar el control de los síntomas, reducir el número de brotes y complementar los tratamientos farmacológicos actuales.

Para los sistemas de salud de España y del resto de Europa, esta línea de trabajo supone una oportunidad para integrar herramientas basadas en la microbiota en la práctica clínica, combinando análisis fecales, datos de dieta y marcadores de inflamación. De confirmarse en futuras investigaciones, estas estrategias podrían ayudar a optimizar recursos, minimizar pruebas invasivas y, sobre todo, ofrecer un manejo más ajustado a las necesidades reales de cada paciente con enfermedad inflamatoria intestinal.

En definitiva, los estudios del VHIR apuntan a que lo que comemos no solo influye en cómo nos sentimos, sino que modula de forma muy específica la microbiota y la inflamación en Crohn y colitis ulcerosa, abriendo una vía prometedora hacia diagnósticos más precisos y recomendaciones dietéticas adaptadas a cada caso.

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