La dieta mediterránea y la microbiota intestinal: un posible escudo frente al deterioro cognitivo

  • Un estudio en España con 746 mayores con riesgo cardiometabólico relaciona la dieta mediterránea con un deterioro cognitivo más lento.
  • Este patrón alimentario se asocia a una microbiota intestinal más saludable, clave en el eje intestino-cerebro.
  • Los investigadores han identificado una "huella microbiana" propia de la dieta mediterránea como nuevo biomarcador.
  • Los resultados apuntan a la dieta como herramienta accesible para favorecer un envejecimiento cognitivo más saludable.

Dieta mediterránea y salud cognitiva

Seguir una dieta mediterránea podría convertirse en un aliado importante para mantener la mente en forma a medida que pasan los años. Más allá de sus efectos conocidos sobre el corazón y el metabolismo, este patrón alimentario tradicional en España se relaciona ahora con una evolución más lenta del deterioro cognitivo en personas mayores con problemas metabólicos.

Una investigación desarrollada en el ámbito de la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Institut de Recerca Biomèdica CatSud, el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el área de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición del CIBER (CIBEROBN) aporta nuevas evidencias de que la microbiota intestinal desempeña un papel clave en esta protección. El trabajo apunta a que determinadas bacterias del intestino, favorecidas por la dieta mediterránea, podrían contribuir a preservar la función cognitiva durante el envejecimiento.

URV | viernes, 23 de enero de 2026

Un gran estudio con personas mayores con sobrepeso u obesidad

El estudio se ha llevado a cabo con 746 adultos mayores que presentaban sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico, es decir, un conjunto de alteraciones -como hipertensión, exceso de grasa abdominal o alteraciones de la glucosa- que aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular y diabetes. Todos ellos tenían un alto riesgo cardiometabólico y fueron seguidos durante un periodo de seis años.

El equipo investigador evaluó de forma sistemática tres grandes aspectos: el grado de adherencia a la dieta mediterránea, la composición de la microbiota intestinal y la evolución de la función cognitiva. Para ello, se recogieron datos detallados sobre los hábitos alimentarios, se analizaron muestras fecales para caracterizar las bacterias presentes en el intestino y se aplicaron pruebas neuropsicológicas para medir capacidades como la memoria, la atención o el razonamiento.

Los resultados, publicados en la revista científica BMC Medicine, indican que las personas que seguían de manera más estricta la dieta mediterránea presentaban una microbiota intestinal más favorable y, al mismo tiempo, un deterioro cognitivo más lento a lo largo del seguimiento. En cambio, quienes se alejaban de este patrón alimentario mostraban una evolución cognitiva menos positiva.

El trabajo se inscribe en el marco del consorcio PREDIMED-Plus, una amplia investigación multicéntrica desarrollada en España que estudia el impacto de la dieta mediterránea y el estilo de vida sobre la salud a largo plazo. Dentro de este contexto, la nueva publicación se centra específicamente en la relación entre alimentación, microbiota intestinal y función cerebral.

Microbiota intestinal y dieta mediterránea

La huella microbiana de la dieta mediterránea

Uno de los aspectos que el equipo destaca como más novedoso es la identificación de una “huella microbiana” asociada a la dieta mediterránea. Este concepto hace referencia a un conjunto característico de bacterias intestinales cuya presencia y abundancia se vincula a un mayor cumplimiento de este patrón alimentario. Además, los autores relacionan esta huella con cambios detectables en la microbiota que podrían explicar, en parte, los efectos observados.

En la práctica, esta huella funciona como un nuevo biomarcador basado en la microbiota: cuando predominan determinados grupos de microorganismos relacionados con la dieta mediterránea, también se observa una velocidad menor de deterioro cognitivo. Según los autores, este hallazgo proporciona pistas valiosas sobre los mecanismos biológicos que podrían explicar por qué este tipo de alimentación resulta beneficiosa para el cerebro.

La investigadora predoctoral Jiaqi Ni, primera firmante del trabajo de la URV, subraya que los datos obtenidos “demuestran que la microbiota intestinal es una pieza clave en los beneficios cognitivos de la dieta mediterránea”. En palabras de la autora, algunas bacterias ligadas a una mayor adherencia a esta dieta “podrían ofrecer cierta protección frente al deterioro de las funciones mentales”.

El catedrático de la URV Jordi Salas-Salvadó, director del estudio e investigador del CIBEROBN, señala que reconocer esta huella microbiana “abre nuevas oportunidades para diseñar intervenciones nutricionales o incluso microbianas” orientadas a fomentar un envejecimiento cognitivo más saludable. El equipo considera que, en un contexto de aumento de la esperanza de vida y de prevalencia creciente de la demencia, estas estrategias pueden resultar especialmente relevantes.

Asimismo, las investigadoras de la URV Nancy Babio y Stephanie K. Nishi, del Departamento de Bioquímica y Biotecnología, remarcan la importancia de estos resultados en sociedades como la española, donde la población envejece de forma acelerada. A su juicio, mejorar la calidad global de la dieta es una herramienta relativamente sencilla y accesible, con un impacto potencial real sobre la salud cerebral de las personas mayores.

El eje intestino-cerebro, en el punto de mira

En los últimos años, numerosos trabajos científicos han puesto sobre la mesa la existencia del llamado eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional a través del cual las bacterias intestinales pueden influir en el sistema nervioso central. Estos microorganismos participan en la digestión de los alimentos, intervienen en la respuesta inmunitaria y producen compuestos que pueden llegar hasta el cerebro.

Entre estas sustancias se encuentran, por ejemplo, metabolitos derivados de la fibra dietética, vitaminas y otras moléculas señalizadoras que contribuyen a modular procesos inflamatorios, el estado de ánimo o incluso el rendimiento cognitivo. La composición de la microbiota, por tanto, no es un elemento neutro, sino que forma parte de una compleja red de interacciones que afecta al organismo en su conjunto.

La dieta mediterránea, caracterizada por un alto consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva virgen extra, frutos secos y pescado, y por una menor presencia de productos procesados y carnes rojas, parece crear un entorno especialmente favorable para este ecosistema microbiano intestinal.

En el trabajo liderado por la URV y el IISPV, se observa que las personas con mayor adherencia a este patrón alimentario presentan un perfil de microbiota más diverso y saludable. Esta diversidad se asocia, a su vez, con una mejor capacidad para producir compuestos beneficiosos para la salud del cerebro, lo que encajaría con la menor velocidad de deterioro cognitivo observada durante el seguimiento.

La combinación de estos hallazgos refuerza la hipótesis de que no es solo un alimento concreto el que marca la diferencia, sino el conjunto del patrón dietético, que modula el entorno intestinal y, a través de él, podría influir en la evolución de funciones como la memoria o la atención.

Implicaciones para el envejecimiento en España y Europa

El estudio se desarrolla en un contexto en el que el envejecimiento de la población y el aumento de la prevalencia de la demencia son retos importantes tanto en España como en el resto de Europa. Las proyecciones indican que el número de personas con deterioro cognitivo leve o demencia seguirá creciendo en las próximas décadas, con un impacto sanitario, social y económico considerable.

Desde esta perspectiva, contar con estrategias preventivas basadas en el estilo de vida resulta especialmente atractivo. La dieta mediterránea, al formar parte de la tradición culinaria de muchos países del sur de Europa, se plantea como una opción realista para la población general, siempre que se fomente su mantenimiento frente a patrones alimentarios más occidentales y procesados.

Los autores del trabajo señalan que, aunque la investigación se ha centrado en personas mayores con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico, los resultados podrían inspirar recomendaciones nutricionales más amplias para promover un envejecimiento cognitivo saludable. No obstante, recuerdan que se trata de un estudio observacional de cohorte, por lo que no permite establecer una relación de causa-efecto definitiva, sino asociaciones sólidas que deberán seguir explorándose.

En cualquier caso, el hecho de haber identificado una huella microbiana concreta vinculada a la dieta mediterránea abre la puerta a utilizar este biomarcador en futuros trabajos. Por ejemplo, podría servir para evaluar si intervenciones dietéticas o probióticas logran modificar la microbiota en la dirección deseada y si estos cambios se traducen en beneficios mensurables sobre la función cognitiva.

Instituciones como la URV, el Institut de Recerca Biomèdica CatSud, el IISPV y el CIBEROBN coinciden en que es necesario seguir invirtiendo en este tipo de proyectos, que conectan nutrición, microbiología y neurología. La referencia completa del artículo, firmado entre otras personas por Ni J, Hernández-Cacho A, Nishi SK, Babio N y Salas-Salvadó J, es: «Mediterranean diet, gut microbiota, and cognitive decline in older adults with obesity/overweight and metabolic syndrome: a prospective cohort study», publicado en BMC Medicine (2025;23(1):669, doi: 10.1186/s12916-025-04488-y).

En conjunto, los resultados de este trabajo sugieren que mantener una dieta mediterránea podría ayudar a preservar la salud cerebral a través de cambios favorables en la microbiota intestinal, especialmente en personas mayores con riesgo cardiometabólico. Aunque no se plantea como una solución milagrosa, la evidencia apunta a que cuidar lo que se come, dentro del patrón mediterráneo, podría ser una pieza más en el puzle de un envejecimiento cognitivo lo más saludable posible.

Sofrito
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