La ciencia pone el foco en los ultraprocesados: así impactan en la salud y el peso

  • Un ensayo controlado revela que las dietas ultraprocesadas llevan a consumir 500 calorías diarias extra, lo que se traduce en un aumento de peso en pocas semanas.
  • La textura blanda de estos productos acelera la ingesta y retrasa la saciedad, favoreciendo la sobrealimentación de forma casi imperceptible.
  • Nuevos sistemas de clasificación, aplicados a más de 300.000 personas, diferencian los ultraprocesados según su riesgo real, que no siempre coincide con la etiqueta de 'natural' o 'light'.
  • Edulcorantes y aditivos comúnmente usados alteran la microbiota intestinal y la respuesta a la glucosa, aunque su efecto varía según la persona.

Ultraprocesados y salud

La comunidad científica lleva años advirtiendo de que la comida industrial no alimenta igual que la fresca. Pero ahora los datos van más allá: un estudio desarrollado por el investigador Kevin Hall, recogido en un episodio del pódcast ZOE con Tim Spector y Sarah Berry, demuestra que los ultraprocesados provocan una ingesta extra de 500 calorías diarias sin que el consumidor lo note. Y lo más llamativo es que, en apenas dos semanas, ese exceso se traduce en casi un kilo más sobre la báscula.

Esta investigación, convertida ya en un punto de inflexión, enfrentó a dos grupos de participantes con dietas de idéntica composición en fibra, grasa, azúcar y carbohidratos. La única diferencia era el grado de procesamiento: mientras unos comían según la clasificación NOVA, otros seguían una pauta con aditivos, conservantes, colorantes y edulcorantes. Los que tomaron la versión industrial no solo engordaron, sino que además comían un 50% más rápido. El problema, según los expertos, no es solo lo que comemos, sino cómo está diseñado para que no podamos parar.

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Masticar menos, engordar más: el papel de la textura

La textura es una de las claves que están reescribiendo lo que sabemos sobre alimentación. El Estudio Restructure, dirigido por Ciaran Forde en Países Bajos, usó alimentos idénticos en su formulación pero alteró su consistencia: unos eran blandos y otros firmes. Los que comieron la versión blanda ingirieron 369 calorías más al día, sin cambiar ningún otro parámetro. Masticar más despacio activa antes las señales de saciedad, que tardan unos 20 minutos en llegar al cerebro.

Efectos de los ultraprocesados

Los investigadores de ZOE señalan que la industria alimentaria ha diseñado productos que anulan los frenos naturales del apetito. El concepto de alimentos ultraprocesados, sus riesgos y cómo reducir su consumo, descrito por Tera Fazzino en Estados Unidos, explica cómo la combinación de sal, grasa y carbohidratos en proporciones concretas estimula los centros de recompensa del cerebro. En su ensayo, quienes comían estos productos sumaron 300 calorías extra al día, incluso sin tener hambre. Es una técnica que, curiosamente, se originó en la década de 1960, cuando los científicos de la industria tabacalera estudiaron cómo hacer los productos más adictivos.

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Edulcorantes y aditivos: no son inocuos

El impacto de los ultraprocesados no se limita a las calorías. El laboratorio del Instituto Weizmann, en Israel, analizó los edulcorantes más usados (sacarina, sucralosa, aspartamo y stevia) en 120 personas con baja exposición previa a estos compuestos. Los resultados, comentados por Tim Spector, muestran que la sacarina y la sucralosa alteran la respuesta glucémica, con señales compatibles con un mayor riesgo de diabetes a largo plazo. Además, los cuatro edulcorantes modificaron la microbiota intestinal.

«Cada persona puede reaccionar a una sustancia química y no a otra», explicó Spector. Los expertos también advierten de que estos compuestos aparecen en productos aparentemente saludables, como yogures, bebidas deportivas o salsas, y que su efecto es difícil de generalizar aunque imposible de ignorar.

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El nuevo sistema para medir el riesgo real

La clasificación NOVA ha sido útil pero demasiado amplia: agrupa como ultraprocesados al 60% de los alimentos que se consumen en Reino Unido y Estados Unidos, sin distinguir entre un refresco y una barra de pan integral. Para afinar, el equipo de la profesora Sarah Berry ha desarrollado la ‘puntuación de riesgo de alimentos procesados’, que analiza tres variables: aditivos, tasa de ingesta energética y grado de hiperpalatabilidad. Con ello, clasifica los productos en riesgo bajo, moderado o alto.

Clasificación de alimentos ultraprocesados

Aplicado a los datos de 300.000 participantes, el modelo muestra que solo un 25% de las calorías que consumimos provienen de productos de alto riesgo. Dentro del 60% que NOVA considera ultraprocesado, casi un tercio es relativamente inofensivo. Entre los productos que quedan mejor parados de lo esperado están algunos chocolates negros, ultraprocesados que sí tienen cabida en tu dieta y panes de supermercado con composición simple. En el extremo opuesto, los yogures saborizados, los cereales azucarados, las salsas y la comida dirigida a niños concentran el mayor riesgo.

Este sistema, pendiente de revisión por pares en una revista científica, podría ayudar a los consumidores a elegir mejor dentro de un mercado donde las etiquetas confunden. Mientras tanto, los expertos recuerdan que reducir la presencia de ultraprocesados en la dieta diaria es la medida más eficaz: cuanto menos espacio ocupen, más fácil será mantener un peso saludable y proteger la salud metabólica.

Consumo de ultraprocesados
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