Durante los últimos años nos han bombardeado con la idea de que cualquier alimento que venga en un paquete con más de cinco ingredientes es poco menos que veneno. Sin embargo, parece que el discurso sobre los ultraprocesados está empezando a cambiar de forma drástica gracias a nuevas investigaciones que piden no meter a todos los productos en el mismo saco, ya que la simplificación excesiva podría estar alejándonos de opciones que son realmente interesantes para nuestro organismo.
No es que ahora de repente la bollería industrial sea buena, ni mucho menos, pero expertos en nutrición de instituciones de gran prestigio sugieren que ciertos alimentos de origen vegetal que técnicamente son ultraprocesados, como algunos panes integrales o cereales de desayuno sin azúcar, aportan beneficios que no podemos ignorar. La clave reside en aprender a separar el grano de la paja y entender que la etiqueta de ‘procesado’ no siempre es sinónimo de mala calidad nutricional, aunque es fundamental conocer qué son los ultraprocesados y sus riesgos según la ciencia.
La frontera entre lo que nos ayuda y lo que nos perjudica
El meollo de la cuestión ha saltado a la palestra tras un informe del Healthy Eating Research (HER) que pone los puntos sobre las íes: necesitamos políticas basadas en la ciencia y no solo en ideologías alimentarias. Según Noah Praamsma, un reconocido dietista que trabaja en el ámbito de la medicina responsable, es vital que los ultraprocesados considerados saludables queden fuera de las medidas restrictivas o los impuestos especiales, ya que su perfil nutricional es muy distinto al de unas salchichas o un refresco con gas.
Para que un alimento sea indultado de esta ‘lista negra’, debe cumplir unos requisitos bastante estrictos que no cualquier producto del súper logra pasar. Estamos hablando de que deben aportar grupos de alimentos recomendados, como fibra o proteínas de calidad, y mantener a raya los umbrales de azúcares añadidos, sodio y grasas saturadas. Además, un punto muy importante es que no deberían contener edulcorantes no azucarados, algo que hoy en día complica mucho que ciertos productos etiquetados como ‘fit’ o ‘light’ pasen el corte.
A menudo usamos atajos mentales para decidir qué compramos, pero la realidad es que el pan integral y los cereales de grano completo han demostrado en diversos estudios de la Universidad de Harvard que pueden incluso reducir el riesgo de padecer diabetes tipo 2. Ojo, que esto no es una carta blanca para vivir a base de paquetes, sino una invitación a seguir consejos para llevar una vida saludable con los alimentos, sabiendo que ese yogur natural o esos snacks salados de calidad no están arruinando tu salud cardiovascular como nos habían hecho creer en algunos círculos radicales.
Evidencia científica frente al miedo al procesamiento
Si nos ponemos técnicos, los datos son bastante reveladores y nos obligan a ser más precisos con nuestro lenguaje cotidiano. Investigaciones recientes han analizado cómo influye lo que comemos en el corazón y, aunque es cierto que el exceso de ultraprocesados en general sube el riesgo de ictus en un 9%, curiosamente ciertas categorías muestran una asociación inversa. Esto significa que cuanto más consumes de esos procesados específicos y buenos, mejor parece responder tu sistema cardiovascular frente a otras alternativas menos recomendables, evitando así que los ultraprocesados deriven en enfermedades crónicas.
En España y en el resto de Europa, este debate es fundamental porque gran parte de nuestras calorías diarias provienen de estos productos, especialmente en el caso de los más jóvenes de la casa. Por eso, distinguir entre una hamburguesa vegetal rica en legumbres y un embutido ultraprocesado es básico para que la administración no castigue industrias que realmente están intentando ofrecer alternativas más sostenibles y sanas. No se trata de defender a las grandes corporaciones, sino de no marear al consumidor con mensajes contradictorios que al final hacen que uno tire la toalla y coma cualquier cosa.
Al final, lo que la ciencia nos está diciendo es que el equilibrio sigue siendo el rey de la mesa, pero sin caer en el tabú de prohibir por prohibir. Reconocer que existen opciones procesadas con un valor nutricional decente nos permite formar parte de una dieta saludable de una manera mucho más realista y menos estresante. Al fin y al cabo, lo que importa es que el conjunto de lo que ingerimos a lo largo del día sea variado, rico en nutrientes y, sobre todo, que nos ayude a vivir más y mejor sin tener que analizar cada código de barras con lupa.
