La agricultura regenerativa gana peso en el debate agrario no solo por sus beneficios ambientales, sino también por su impacto directo en lo que llega al plato. Un proyecto desarrollado en Cataluña y presentado recientemente en Madrid apunta que esta forma de manejo del suelo puede ofrecer alimentos con mayor valor nutricional frente a los obtenidos con técnicas convencionales.
Los resultados finales del proyecto RegeneraCat, impulsado por el CREAF y la Asociación Española de Agricultura Regenerativa Ibérica, ponen cifras a algo que muchos agricultores venían observando sobre el terreno: suelos más vivos, cultivos de mayor calidad y un rendimiento que, tras un periodo de adaptación, puede igualar al de la agricultura tradicional con costes similares o incluso inferiores.
Agricultura regenerativa: qué se ha estudiado y dónde
El trabajo se ha desarrollado en cuatro fincas catalanas que aplican desde hace años prácticas regenerativas en diferentes sistemas productivos: huerta, viñedo, frutales y ganadería de vacuno en pastoreo. Durante dos años se han recogido y analizado muestras de suelo, agua y alimentos para comparar, en un mismo territorio, parcelas gestionadas de forma regenerativa con otras de manejo convencional.
El proyecto RegeneraCat ha sido liderado por el CREAF, gestionado por la Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca (Agaur) y financiado a través del Fondo Climático de la Generalitat de Catalunya. El objetivo principal era verificar si los beneficios que se atribuían a este modelo -más fertilidad, más biodiversidad y mayor resiliencia al clima- se traducen también en alimentos diferentes desde el punto de vista nutricional.
En una presentación celebrada en Madrid, cerca de la estación de Atocha, los responsables del estudio detallaron que se trata del primer análisis científico en España que compara de forma sistemática, y en un mismo contexto, producciones regenerativas y convencionales. Se han evaluado tanto indicadores agronómicos y ambientales como parámetros de calidad de los productos.
Durante este periodo, las parcelas regenerativas se han manejado siguiendo un conjunto de prácticas orientadas a regenerar la fertilidad del suelo: ausencia de laboreo profundo, cobertura vegetal permanente, rotaciones y asociaciones de cultivos, reducción de insumos externos y uso estratégico del pastoreo en las zonas con ganado.

Alimentos más densos en nutrientes y con mejor perfil saludable
Una de las partes centrales del estudio se ha centrado en la comparación nutricional de alimentos regenerativos y convencionales. Para ello, se analizaron cinco productos procedentes de tres de las fincas participantes: calabazas y calabacines de Verdcamp Fruits, peras de Pomona Fruits, y leche y yogur de Planeses.
Según ha explicado la investigadora de la Universitat Politècnica de València, Dolores Raigón, experta en análisis nutricional, apenas existen trabajos que aborden de forma directa la densidad nutricional de alimentos obtenidos mediante técnicas regenerativas. Este proyecto viene a cubrir en parte ese vacío y aporta datos que apuntan a una ventaja clara en la calidad de los productos.
En el caso de las calabazas cultivadas con manejo regenerativo, se ha observado un contenido superior de minerales clave, lo que implica un mayor aporte de micronutrientes esenciales para el organismo. Además, presentan concentraciones más elevadas de sustancias antioxidantes respecto a las calabazas de sistemas convencionales, un aspecto ligado a la protección frente al estrés oxidativo celular y a una posible reducción del riesgo de diversas patologías.
Los calabacines procedentes de estas mismas fincas también muestran diferencias relevantes: disponen de más sólidos solubles, mayor concentración mineral y un contenido proteico más alto. En términos prácticos, esto se traduce en una mayor densidad nutricional, es decir, más nutrientes por cada unidad de alimento, sin que ello suponga cambios radicales en el manejo del cultivo más allá del enfoque regenerativo.
Las peras de Pomona Fruits destacan por un perfil organoléptico muy equilibrado. El estudio señala que la relación entre ácidos y azúcares totales es especialmente armoniosa, dando lugar a frutas “ni demasiado dulces ni excesivamente ácidas”. Desde el punto de vista de salud, estas peras presentan aproximadamente el doble de capacidad antioxidante que las convencionales y un contenido superior de hidratos de carbono, convirtiéndose así en una opción algo más energética.
En el ámbito de los lácteos, la leche de vacas en fincas regenerativas de Planeses (Girona) presenta un índice aterogénico sensiblemente menor, asociado a un menor contenido de determinados ácidos grasos relacionados con la formación de placas en las arterias. Este dato se interpreta como un posible efecto beneficioso para la salud cardiovascular de quienes consumen de forma habitual este tipo de producto.
El yogur elaborado con esa misma leche ofrece resultados todavía más marcados. Los análisis muestran índices aterogénicos y trombogénicos más bajos, lo que indica una menor tendencia de las grasas presentes a favorecer la formación de coágulos sanguíneos. El conjunto de estos parámetros se asocia a un perfil lipídico más favorable, con potencial menor riesgo de problemas cardiovasculares y de episodios trombóticos.
Rendimiento agrícola y cuestionamiento de viejos argumentos
Más allá de la calidad de los alimentos, el informe del proyecto RegeneraCat cuestiona uno de los argumentos que tradicionalmente se han esgrimido contra la agricultura regenerativa: su supuesta incapacidad para alimentar a una población mundial creciente debido a la menor escala y a unos costes más elevados.
Según las conclusiones presentadas, una vez superada la fase de transición necesaria para recuperar la salud del suelo, las parcelas regenerativas alcanzan producciones equiparables a las convencionales. En algunos casos, los costes de manejo incluso se sitúan en niveles parecidos o más bajos, al depender menos de insumos externos como fertilizantes y fitosanitarios de síntesis.
Durante la presentación en Madrid, el catedrático de Ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del CREAF, Javier Retana, coordinador del proyecto, subrayó que estos resultados desmontan el “mantra” de que una agricultura basada en la regeneración del suelo no puede funcionar a gran escala. Hasta ahora esa crítica se respondía principalmente con experiencias concretas, pero el nuevo estudio aporta una validación científica en un contexto mediterráneo.
Para muchos productores que ya venían experimentando con este enfoque, los datos sirven como espaldarazo a un modelo que combina viabilidad económica y criterios ambientales. No se trata solo de obtener alimentos distintos, sino de hacerlo en un sistema que, según los resultados, puede mantenerse estable en el tiempo sin hipotecar la fertilidad futura de las tierras.
Un suelo que almacena más carbono y retiene mejor el agua
Uno de los hallazgos más citados del proyecto se refiere a la capacidad del suelo para almacenar carbono. En las parcelas con gestión regenerativa, la concentración de carbono orgánico resulta al menos un 35% superior a la de los suelos trabajados de forma convencional. Este dato tiene implicaciones directas en la lucha contra el cambio climático.
Tal y como recordó la investigadora del CREAF Sara Marañón, diferentes estudios internacionales estiman que, si se incrementara cada año un 0,4% el carbono almacenado en los suelos agrícolas y forestales, se podría compensar una parte muy significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero actuales. El aumento detectado en las fincas analizadas apunta a que la agricultura regenerativa puede convertirse en una herramienta relevante dentro de las políticas climáticas.
Además, el trabajo constata que la capacidad de retención de agua es un 9% mayor en los suelos regenerativos. En la práctica, estas tierras se comportan como una especie de esponja: pueden absorber mejor el agua de lluvia, reduciendo el riesgo de inundaciones localizadas, y almacenan más humedad útil de cara a periodos de sequía, algo crucial en regiones mediterráneas cada vez más expuestas a extremos climáticos.
Durante la presentación de los datos, se mostraron imágenes comparativas de dos parcelas contiguas sometidas a intensas borrascas: una, gestionada con métodos tradicionales, se encontraba prácticamente encharcada y con la cosecha dañada; la otra, trabajada con criterios regenerativos, mantenía una cobertura vegetal verde y no presentaba acumulaciones relevantes de agua en superficie, reflejando la diferencia en estructura y porosidad del suelo.
El estudio señala asimismo que este modelo de manejo contribuye a amortiguar las temperaturas extremas a nivel del suelo. En verano, las parcelas regenerativas pueden reducir hasta 3,6 ºC las máximas en comparación con las convencionales, gracias a la cubierta vegetal y a la mayor humedad retenida. Esta moderación térmica favorece tanto la actividad biológica del suelo como el bienestar de los cultivos en olas de calor.
Más vida en el suelo, más flores y más insectos
Un indicador clave de la fertilidad es la biodiversidad microbiana y faunística del suelo. En las fincas analizadas, se ha observado una mayor riqueza de bacterias, hongos y microartrópodos en las zonas manejadas con criterios regenerativos. Diversas especies detectadas se consideran bioindicadoras de ecosistemas más saludables.
Entre estos microorganismos aparecen hongos del género Metarhizium sp., conocidos por su uso como biopesticidas comerciales. Su presencia refuerza la idea de que un suelo vivo puede ejercer un cierto control natural sobre plagas, reduciendo la dependencia de tratamientos químicos. De este modo, se favorece una cadena alimentaria del suelo más rica y funcional.
A nivel superficial, la investigación también ha identificado una mayor diversidad de flores e insectos, especialmente polinizadores como abejas y mariposas, en las fincas con manejo regenerativo. El mantenimiento de franjas de vegetación, la ausencia de herbicidas de síntesis y la diversidad de cultivos generan hábitats más favorables para estas especies.
Este aumento de biodiversidad no se limita al plano ecológico; tiene también una lectura agronómica. Una red más compleja de organismos beneficiosos puede ayudar a estabilizar los sistemas productivos, reducir picos de plagas y mejorar algunos servicios ecosistémicos, como la polinización de cultivos o la descomposición de materia orgánica.
Un decálogo frente al greenwashing en agricultura regenerativa
El auge del término “agricultura regenerativa” ha venido acompañado de un uso muy desigual del concepto por parte de empresas y actores del sector. Ante la ausencia de una certificación oficial, la Asociación Española de Agricultura Regenerativa Ibérica ha impulsado, con apoyo científico, un documento que fija diez criterios básicos para identificar prácticas realmente regenerativas y evitar que se utilice la etiqueta como herramienta de marketing sin cambios de fondo.
Este decálogo ha sido consensuado por casi 200 personas vinculadas a la producción agraria, organizaciones del sector y personal investigador de distintas universidades y centros de estudio de toda España. La intención es ofrecer una referencia práctica tanto a agricultores como a administraciones, distribuidores y consumidores.
Los diez criterios se articulan en torno a aspectos como la adaptación al contexto local -territorial, social y agronómico-, la gestión responsable del agua, la protección y aumento de la biodiversidad, la integración del pastoreo dirigido cuando hay ganado, la eliminación de la labranza con volteo y la reducción al mínimo de la labranza vertical.
También se incluye la cobertura continua del suelo con vegetación o restos orgánicos, el uso de rotaciones, asociaciones y diversificación de cultivos, la gestión de las fincas sin fertilizantes ni biocidas de síntesis química ni organismos modificados genéticamente, la limitación del uso de plásticos y la correcta gestión de residuos, así como el refuerzo del vínculo social y territorial mediante cooperación y transferencia de conocimiento.
Con estos principios, las entidades implicadas buscan que el término “regenerativo” vaya acompañado de criterios verificables y de una práctica coherente en el campo, evitando que se convierta en una mera etiqueta comercial desvinculada de cambios reales en la forma de producir alimentos.
En conjunto, los resultados de RegeneraCat y el decálogo presentado apuntan a que la agricultura regenerativa, aplicada con rigor, puede ofrecer alimentos con mayor densidad nutricional, suelos más fértiles y resilientes, y explotaciones competitivas desde el punto de vista económico. Todo ello encaja con las prioridades de la transición ecológica en España y Europa, donde la presión climática y la demanda social de alimentos más saludables obligan a replantear cómo se cultivan los campos y cómo se gestionan los recursos naturales.