Hígado graso: detección precoz con FLI y nuevas opciones con GLP-1

  • El FLI en reconocimientos laborales facilita el cribado del hígado graso en España: <30 descarta con alta probabilidad y >60 sugiere confirmación por ecografía.
  • Pérdida del 5-10% del peso, dieta tipo mediterránea y 150 minutos de ejercicio semanal reducen grasa hepática y riesgo cardiometabólico.
  • Existe hígado graso en personas con IMC normal (lean MASLD); se debe valorar grasa visceral y controlar factores de riesgo.
  • Semaglutida mostró mejoras hepáticas e inflamatorias en un subestudio de personas con VIH y MASLD; resultados prometedores que requieren confirmación.

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El hígado graso se ha convertido en una preocupación creciente en Europa y, muy especialmente, en España. A menudo cursa sin síntomas y puede pasar desapercibido durante años, lo que lo convierte en un enemigo silencioso para la salud metabólica y cardiovascular de millones de personas.

Mientras se refuerza el cribado en el entorno laboral con herramientas sencillas como el Índice de Hígado Graso (FLI), llegan también señales alentadoras desde congresos internacionales: agonistas del receptor GLP-1 como la semaglutida están mostrando beneficios metabólicos e inflamatorios más allá de la pérdida de peso, aunque aún requieren confirmación en estudios más amplios.

Qué es el hígado graso (MASLD) y por qué importa

La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, antes NAFLD) se caracteriza por la acumulación de grasa en el hígado en un contexto de alteraciones metabólicas. Su forma avanzada, la MASH (esteatohepatitis), puede progresar a fibrosis, cirrosis o incluso cáncer hepatocelular, de ahí la importancia de detectarla y actuar a tiempo.

Aunque suele relacionarse con exceso de peso, diabetes tipo 2 o dislipemia, no es exclusiva de personas con obesidad. De hecho, un porcentaje no menor aparece en individuos con IMC normal, lo que obliga a mirar más allá del peso y a valorar la grasa visceral, el perímetro de cintura y la resistencia a la insulina.

España: reconocimiento médico laboral y el Índice de Hígado Graso (FLI)

En el contexto español, los reconocimientos periódicos en la empresa son una ventana para el cribado precoz. El FLI, que integra IMC, perímetro abdominal, GGT y triglicéridos, permite estimar la probabilidad de esteatosis hepática sin pruebas invasivas. Valores <30 hacen poco probable la enfermedad (con excepciones), mientras que >60 apuntan a una alta probabilidad y justifican confirmación por imagen.

Un análisis reciente en España en más de 3.000 trabajadores reflejó signos ecográficos de esteatosis en una proporción relevante de la muestra, con mayor frecuencia en franjas de edad intermedia y avanzada. La utilidad del FLI radica en que se basa en parámetros ya disponibles, lo que optimiza costes y tiempos y facilita la toma de decisiones ante resultados alterados o indeterminados.

Conviene subrayar que el FLI es un método de cribado, no un diagnóstico definitivo. La confirmación se realiza habitualmente con ecografía o, para valorar daño y rigidez, con elastografía hepática. La biopsia continúa siendo el estándar para casos seleccionados, aunque, por su naturaleza invasiva, se reserva para cuando es realmente necesaria.

En centros españoles, la elastografía se ha consolidado como una herramienta no invasiva y sin efectos secundarios que cuantifica la rigidez hepática y ayuda a estimar la fibrosis, clave para estratificar riesgos y orientar el seguimiento.

Peso, hábitos y cuánto hay que bajar

La primera línea de tratamiento es clara: estilo de vida. Reducir entre un 5% y un 10% del peso corporal total disminuye la grasa hepática y mejora la inflamación; en algunos pacientes, pérdidas cercanas al 10% pueden asociarse a regresión de fibrosis. No hace falta una transformación radical, sino cambios sostenibles.

  • Seguir un patrón de dieta mediterránea: verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva virgen extra, frutos secos y pescado.
  • Limitar azúcares añadidos, harinas refinadas y ultraprocesados, y reducir las grasas trans.
  • Realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, combinando cardio y fuerza.
  • Evaluar el alcohol: en enfermedad por alcohol, la abstinencia es imprescindible; en MASLD, restringirlo ayuda a evitar daño adicional.

Algunos estudios sugieren un efecto protector del café consumido con moderación (sin azúcares añadidos). En cuanto a suplementos como vitamina E o silimarina, la evidencia es variable y su uso debe ser individualizado por el médico para evitar interacciones o falsas expectativas.

Personas delgadas con hígado graso: un reto oculto

La conocida como lean MASLD recuerda que el IMC normal no garantiza un hígado sano. Una distribución desfavorable de la grasa (visceral o ectópica), la resistencia a la insulina, la ingesta alta de fructosa o ciertos factores genéticos pueden favorecer la esteatosis incluso en ausencia de obesidad.

En estos casos conviene valorar el perfil cardiometabólico (glucosa, lípidos, presión arterial), explorar la presencia de dislipemia o hipertensión y, si las transaminasas son normales, no bajar la guardia: ecografía, elastografía y herramientas como FIB-4 o NAFLD Fibrosis Score ayudan a descartar fibrosis significativa.

Nuevas terapias: semaglutida y marcadores de inflamación

En el Liver Meeting de la AASLD se han presentado análisis del ensayo SLIM LIVER en personas con VIH y MASLD. Tras seis meses de semaglutida, los resultados ya divulgados mostraron un descenso notable de la grasa hepática y resolución de la enfermedad en una parte de los participantes, junto a reducciones de peso, cintura, resistencia a la insulina, glucemia y triglicéridos.

Los nuevos datos ahondan en biomarcadores: en un subgrupo que perdió al menos 2 kg (mediana de 52 años, con diversidad racial), se observaron descensos de triglicéridos y diglicéridos —especialmente en formas poliinsaturadas—, reducción de esfingomielinas y mejoras en lipoproteínas ligadas al riesgo cardiovascular. Además, los marcadores inflamatorios GlycA y GlycB disminuyeron, con normalización en más de la mitad de quienes partían elevados, y se detectó relación con variaciones en IL-6.

Interesantemente, estas mejoras no se relacionaron de forma directa con la pérdida de peso o la reducción de grasa hepática, lo que sugiere mecanismos complementarios por los que los GLP-1 podrían modular el riesgo cardiometabólico. Aun así, se trata de un subanálisis pequeño, por lo que harían falta ensayos más grandes y de mayor duración antes de generalizar hallazgos en población europea.

Pruebas, seguimiento y a quién priorizar

Como regla práctica, la elevación de enzimas hepáticas puede ser la primera pista, pero no siempre aparece. Por ello, la combinación de analítica, técnicas de imagen y scores de fibrosis es el enfoque más sólido para decidir seguimiento o derivación a hepatología.

En Atención Primaria y en salud laboral, tiene sentido priorizar el cribado en personas con síndrome metabólico, diabetes tipo 2, dislipemia, perímetro de cintura elevado o mayores de 40 años. Además de FLI, FIB-4 y NAFLD Fibrosis Score ayudan a seleccionar quién necesita pruebas no invasivas adicionales.

Una vez confirmado el diagnóstico, el plan debe contemplar cambios de hábitos estructurados, control riguroso de comorbilidades y, si procede, valoración de terapias farmacológicas (por ejemplo, agonistas GLP-1 en determinados perfiles), siempre individualizando según el grado de fibrosis y el riesgo cardiovascular.

La combinación de cribado accesible (como el FLI en exámenes laborales), intervención sobre el estilo de vida y el potencial de fármacos que actúan en varios frentes metabólicos está redefiniendo el manejo del hígado graso. Detectarlo pronto, medir el daño con herramientas no invasivas y acompañar al paciente con objetivos alcanzables marca la diferencia para evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida.

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