El verano en España huele y sabe a tomate. No a ese tomate perfecto y sin sabor que a veces llega a los supermercados, sino al que se cultiva en huertas familiares, al que se guarda la semilla de un año para otro y al que, con solo un poco de sal y aceite, se convierte en el plato estrella de cualquier comida. Este año, sin embargo, el tomate no solo es protagonista en la cocina, sino también en la actualidad agrícola del país. Desde Cantabria hasta Almería, pasando por Ibiza y Córdoba, el sector vive un momento de contrastes: mientras unos buscan recuperar variedades antiguas casi perdidas, otros se enfrentan a una competencia internacional feroz y a un clima que no da tregua.
La diversidad de tomates que se cultivan en España es asombrosa. Solo en Galicia, el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo tiene registradas 17 variedades autóctonas, como el Negro de Santiago o el Azul de Narón. En Córdoba, el tomate rosa de Alcolea, con su aspecto arrugado y su tamaño irregular, se ha convertido en un lujo que los clientes buscan incluso desde Madrid. Y en Polanco, Cantabria, el Ayuntamiento ha puesto en marcha una iniciativa para encontrar el tomate que sabe a tomate, ese que se ha transmitido de generación en generación sin nombre comercial. Todas estas historias tienen algo en común: el valor de lo tradicional frente a la producción industrial.
Polanco, la capital del tomate antiguo

El Ayuntamiento de Polanco, en colaboración con el Banco de Semillas de Tomate Antiguo, ha lanzado una búsqueda ciudadana para localizar esas variedades que crecen en huertas familiares y que, a menudo, no tienen nombre. La alcaldesa Rosa Díaz las califica de auténticos tesoros gastronómicos que merecen ser preservados. La iniciativa culminará los días 22 y 23 de agosto con la VIII Feria Nacional del Tomate Antiguo, donde se celebrará el Concurso Nacional del Tomate Antiguo para elegir el Mejor Tomate de España. El año pasado, una pequeña variedad de Zaragoza que estuvo a punto de desaparecer en los años 80 se alzó con el galardón, demostrando que el tamaño no importa cuando el sabor es el protagonista.
Además, este año la feria estrena una categoría especial para los vecinos de Polanco, con el objetivo de que las huertas del municipio se sientan parte activa del evento. El Banco de Semillas no solo guarda las semillas, sino que las reparte gratuitamente para que estas variedades sigan cultivándose. Porque, como recuerdan los organizadores, una semilla plantada mantiene viva la variedad, mientras que una guardada solo la conserva.
El calor aprieta: maduración adelantada en Ibiza
Mientras en el norte se celebra la tradición, en las islas Baleares el calor está marcando el ritmo de las cosechas. Iván Colomar, presidente de la principal cooperativa agrícola de Ibiza, explica que las altas temperaturas nocturnas, unidas a la luna llena de finales de junio, han provocado un adelanto en la maduración de los tomates. En cuestión de días, la recogida pasó de 1.000 a 3.000-4.000 kilos. Sin embargo, esta aceleración tiene su lado negativo: el temor a que las plantas se agoten antes de mediados de agosto, dejando menos producto para la segunda quincena del verano. Las noches por encima de 23 grados no dan tregua a las plantas, que necesitan recuperarse del calor diurno. Colomar advierte que, si las temperaturas siguen así, la producción podría mermar en cantidad y calidad, afectando no solo al tomate, sino también a pimientos y sandías.
Este fenómeno no es aislado. En toda España, los agricultores se enfrentan a un clima cada vez más extremo. Mientras unos optan por adelantar las siembras o instalar mallas de sombreado, otros confían en que las lluvias del invierno hayan dejado suficiente reserva. Pero la incertidumbre es la tónica general.
Almería, el gigante exportador frente a la competencia marroquí

Almería cierra su tercer año consecutivo de recuperación en el cultivo del tomate. Según los datos presentados por COEXPHAL, la comercialización cayó solo un 2% en volumen, los precios subieron un 16% y la facturación creció un 13%. La provincia representa ya el 66% de las exportaciones españolas de tomate a la UE y Reino Unido, y uno de cada nueve tomates que se venden en esos mercados lleva sello almeriense. Alemania sigue siendo el principal destino, pero Reino Unido ha crecido un 11% en volumen, en parte porque los compradores vuelven a confiar en el origen español tras problemas de desabastecimiento con otros proveedores.
Sin embargo, el sector no está tranquilo. Marruecos ya cuenta con más superficie de tomate que Almería: cerca de 13.000 hectáreas frente a las 8.100 de la provincia andaluza. Y el proyecto en Dajla, en el Sáhara Occidental, prevé añadir otras 5.000 hectáreas, con el respaldo de fondos europeos que podrían financiar hasta 17.000 hectáreas adicionales. El problema del etiquetado sigue sin resolverse: la Comisión Europea no ha aplicado la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que obligaba a diferenciar el tomate saharaui del marroquí, y el Parlamento Europeo aprobó por un solo voto una fórmula que permite camuflar el origen real. El sector almeriense teme que, si Bruselas no actúa, su ventaja competitiva tenga fecha de caducidad.
Variedades de proximidad: el tomate rosa de Alcolea y los gallegos
Mientras la industria mira al exterior, en las fruterías de Córdoba y Galicia triunfan los tomates de toda la vida. El tomate rosa de Alcolea, con su piel arrugada y su tamaño descomunal, se vende a unos 20 kilos diarios en temporada. Los fruteros aseguran que no hay nada que se le compare en sabor y que basta con un poco de sal para disfrutarlo. En Galicia, el Negro de Santiago alcanza los 8 euros el kilo, el Azul de Narón los 6 y el de ensalada de Carballo los 4. Cada variedad tiene su uso: los más sabrosos se comen crudos, mientras que los de Carballo, cuando están maduros, son perfectos para recetas de aprovechamiento como gazpachos y salmorejos.
Estos tomates no solo son un placer para el paladar, sino también una fuente de nutrientes. Ricos en vitaminas A y C, licopeno y antioxidantes, aportan beneficios para la salud cardiovascular y la visión, además de ser bajos en calorías y muy hidratantes, ya que más del 95% de su peso es agua. Los expertos recuerdan que, aunque ningún alimento por sí solo hace milagros, incluir tomate en la dieta diaria es una decisión saludable, sobre todo si se cocina con un poco de aceite de oliva para aprovechar mejor el licopeno.
Lebrija, el motor industrial del tomate en Sevilla

En la provincia de Sevilla, la Cooperativa Las Marismas de Lebrija es un referente en la producción de concentrado de tomate. Con una campaña que genera hasta 300 puestos de trabajo, la entidad ha recibido recientemente la visita del alcalde, quien destacó el papel de la cooperativa como motor económico y ejemplo de innovación. Las perspectivas para esta campaña son positivas, gracias en parte a las ayudas estatales y autonómicas que han amortiguado las dificultades de los últimos años. La cooperativa apuesta por la calidad y la sostenibilidad, y su producto se comercializa en mercados de todo el mundo.
El tomate, en todas sus formas, sigue siendo un pilar de la agricultura española. Desde las pequeñas huertas que guardan semillas de generación en generación hasta los invernaderos que abastecen a media Europa, el sector se enfrenta a retos climáticos, comerciales y de conservación. Pero si algo demuestra la actualidad es que el tomate, ese fruto que parece simple, esconde una complejidad que merece ser contada.

