Durante mucho tiempo se ha asociado la evolución humana con el consumo de carne, pero una nueva investigación publicada en Science cambia esa perspectiva. Un equipo internacional de científicos ha demostrado que los azúcares naturales procedentes de frutas y miel fueron esenciales para el crecimiento del cerebro a lo largo de cuatro millones de años. El cerebro humano, que pesa solo el 2% del cuerpo, consume alrededor del 20% de la energía total, y esa energía proviene principalmente de la glucosa, un combustible que no se encuentra en la carne.
El estudio, liderado por Jennie Brand-Miller de la Universidad de Sídney y Karen Hardy de Glasgow, ha modelado las necesidades de glucosa de nuestros antepasados. Los resultados indican que los carbohidratos aportaron más de la mitad de la energía necesaria para el desarrollo del cerebro, desde los 300 gramos del Australopithecus hasta los 1.500 gramos del Homo sapiens. Esta conclusión desafía la narrativa tradicional que daba prioridad a las proteínas animales.
Un modelo de cuatro millones de años
Los investigadores calcularon la demanda obligatoria de glucosa de tejidos como el cerebro, los glóbulos rojos y los riñones, y la compararon con las fuentes disponibles en cada etapa evolutiva. En los primeros homininos, más del 65% de la energía provenía de frutas maduras, y con el tiempo, el uso del fuego permitió digerir almidones de tubérculos y cereales, que sustituyeron parte de los azúcares. El modelo incluye seis etapas, con proporciones de alimento animal que van desde el 5% hasta el 50% en los humanos modernos.
Las necesidades de glucosa varían según el sexo y la edad. Un hombre adulto requiere entre 150 y 200 gramos diarios, mientras que una mujer en edad reproductiva necesita entre 200 y 250 gramos debido al embarazo y la lactancia. Durante la lactancia, se emplean unos 80 gramos de glucosa al día para producir la leche. Esta demanda es tan alta que, en épocas de escasez, las mujeres podrían haber entrado en cetosis, lo que habría afectado la supervivencia.
La importancia de la glucosa en la reproducción
El estudio destaca que la glucosa no solo es energía, sino también material de construcción para el feto y la placenta. La síntesis de ADN, ARN y membranas celulares depende de este azúcar. Además, la escasez de carbohidratos en climas fríos pudo seleccionar genes que elevan la glucosa en sangre, lo que hoy nos predispone a la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Los autores no niegan el papel de la carne, que aportó proteínas y grasas, pero subrayan que los azúcares naturales venían acompañados de fibra y antioxidantes. En la naturaleza, el azúcar se consume dentro de alimentos completos, no como los alimentos ultraprocesados actuales. Por eso, la recomendación es obtener los carbohidratos de frutas y verduras, y no de productos ultraprocesados.
Implicaciones para la dieta moderna
La investigación también explica por qué sentimos atracción por los dulces: era una señal de alimento energético. Sin embargo, el azúcar refinado carece de los nutrientes que acompañaban a las fuentes naturales. Los expertos aconsejan priorizar frutas enteras, que aportan fibra y vitaminas, y limitar los azúcares añadidos. El equilibrio entre carbohidratos, proteínas y grasas es clave para la salud, tal como lo demuestra la evolución.
Este hallazgo no solo reescribe la historia de nuestra alimentación, sino que ofrece lecciones para el presente. Nuestro organismo está adaptado a obtener glucosa de alimentos naturales, no de productos procesados. La próxima vez que elijas un tentempié, recuerda que tu cerebro agradece la fruta, pero no los refrescos azucarados.