Los alimentos ultraprocesados se han convertido en un tema recurrente en la nutrición y la salud pública. Un nuevo estudio europeo ha identificado una firma metabólica en la sangre asociada a su consumo, mientras que expertos en España e Italia alertan sobre el aumento de su ingesta, especialmente entre los más jóvenes.
La evidencia científica y las opiniones de especialistas coinciden en que el patrón alimentario actual está desplazando a la dieta mediterránea tradicional, con consecuencias para la salud metabólica y el bienestar general. A continuación, repasamos los hallazgos más recientes y las recomendaciones para reducir su impacto.
Una firma metabólica en la sangre

Un equipo internacional de investigadores, liderado por la doctora Jessica Blanco-Lopez de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC/OMS), ha publicado en la revista Critical Reviews in Food Science and Nutrition un análisis de datos del estudio EPIC. El trabajo vincula el consumo de alimentos ultraprocesados con 22 metabolitos circulantes y ocho ácidos grasos plasmáticos, lo que sugiere alteraciones en el metabolismo energético y lipídico. Según los autores, esta firma metabólica podría explicar en parte el mayor riesgo de enfermedades crónicas asociado a estos productos.
El problema en la población joven
Los datos del informe Coldiretti-Censis en Italia muestran que el 45% de los italianos consume snacks salados al menos una vez por semana, y entre los jóvenes la cifra asciende al 61%. Además, el 29% de los jóvenes consume bebidas energéticas semanalmente, casi nueve veces más que las personas mayores. Esta tendencia también se refleja en España, donde la técnica en nutrición Ana Luzón advierte que los niños y adolescentes están sustituyendo la cocina casera por productos ultraprocesados.
La periodista científica Michaeleen Doucleff, autora de ‘Niños Dopamina’, explica que estos productos están diseñados para activar el sistema de dopamina del cerebro, generando deseo sin proporcionar satisfacción. Esto lleva a un consumo excesivo y a problemas como ansiedad y menor autoestima en los niños. Doucleff recomienda limitar la presencia de ultraprocesados en casa y ofrecer alternativas atractivas.
Recuperar la cocina casera
Ana Luzón, técnica en nutrición, subraya que hemos pasado de cocinar alimentos a consumir productos, y que la clave está en recuperar el patrón alimentario tradicional, no necesariamente cada alimento concreto. En España, el consumo de carne ronda los 40 kilos por persona al año, mientras que las legumbres han disminuido. La experta aboga por cocinar más, sentarse a comer y llenar el plato de verduras y legumbres.
Por su parte, el estudio europeo también destaca la necesidad de más investigaciones para esclarecer las vías biológicas. Los autores del estudio EPIC señalan que incluso bajos niveles de grasas trans industriales persisten en la circulación, lo que refuerza la importancia de reducir el consumo de ultraprocesados. Tanto los expertos como los investigadores coinciden en que la educación alimentaria y las políticas públicas son fundamentales para frenar esta tendencia.
La evidencia acumulada apunta a que los alimentos ultraprocesados no solo desplazan a opciones más saludables, sino que también alteran el metabolismo y el sistema de recompensa cerebral. Reducir su consumo, fomentar la cocina casera y educar desde edades tempranas son pasos necesarios para mejorar la salud de la población europea, especialmente de los más jóvenes.
