El debate sobre el sobrepeso vuelve a primer plano tras un vídeo del Hospital Centro de Andalucía en el que el endocrino Antonio Escribano insiste en una idea simple pero incómoda: nadie aumenta de peso sin ingerir calorías de más. La reflexión ha encendido las redes porque desmonta uno de los mitos más repetidos en consulta.
Con más de cuatro décadas dedicado a la relación entre alimentación, metabolismo y salud, Escribano —jefe de Endocrinología, Nutrición, Metabolismo y Composición Corporal— recuerda que los atajos y los relatos milagro no sustituyen a la fisiología. Su experiencia en federaciones deportivas y su trabajo con actores de La Sociedad de la nieve avalan una trayectoria centrada en evidencias, no en modas pasajeras.
El mensaje central: el exceso calórico se almacena

Escribano lo explica sin rodeos: cuando la ingesta supera el gasto, el organismo guarda ese sobrante en forma de grasa. No hay ecuaciones ocultas ni excepciones mágicas; el balance energético manda.
Según el especialista, muchas personas creen que comen poco, pero infravaloran el tamaño de las raciones y “olvidan” el picoteo. Esos pequeños extras —un puñado aquí, otro allá— terminan inclinando la balanza energética a favor del aumento de peso.
En su consulta ve a menudo ese patrón: la frase “apenas como” no cuadra con el cómputo real de calorías; a veces se atribuye a problemas como el hipotiroidismo. El cuerpo no fabrica kilos de la nada; si hay ganancia sostenida, hay exceso calórico sostenido.
Como resume el médico, si la entrada de energía supera lo que el cuerpo gasta, el excedente se convierte en reservas. No hay misterios en ese mecanismo.
Ayuno intermitente: beneficios y límites según su explicación

Sobre el ayuno intermitente, el endocrino detalla que pasar periodos prolongados sin comer —por ejemplo, alrededor de 12 horas— puede favorecer la movilización de grasa mientras dura la restricción.
El matiz llega al volver a comer: el organismo aprende esa pauta y, con el tiempo, tiende a ahorrar energía reduciendo el gasto. Si después la ingesta sube, es más fácil recuperar lo perdido, porque el metabolismo se ha hecho más “prudente”.
Esto no convierte el ayuno en “bueno” o “malo” per se; significa, según su enfoque, que sin control de cantidades y calidad, cualquier estrategia se desinfla. La clave sigue siendo ajustar la ingesta a lo que realmente necesitamos.
Pastillas para el apetito: por qué no son la solución

Escribano es tajante con los supuestos atajos: no existen píldoras que apaguen el apetito de forma segura y sostenida. La promesa de “comer igual y adelgazar” choca con la realidad del balance energético.
Su receta no tiene misterio, pero exige constancia: comer muy bien y en cantidades moderadas. De hecho, añade, en la práctica muchas personas deben comer aún menos de lo que creen que ya es poco para lograr el déficit que necesitan.
Hábitos prácticos para alinear ingesta y gasto

Más allá de la teoría, la propuesta del especialista pasa por organizar el día a día para no “dispararse” con las calorías. Pequeños cambios sostenidos marcan la diferencia.
- Medir raciones con frecuencia, al menos hasta ajustar el ojo con los tamaños reales.
- Planificar comidas para evitar el picoteo impulsivo que añade calorías sin darnos cuenta.
- Registrar ingestas (apps o papel) para comprobar si el “como poco” coincide con la realidad.
- Priorizar alimentos saciantes (proteína, verdura, legumbres) y limitar ultraprocesados densos en energía.
- Moverse a diario y cuidar sueño y estrés: no son “pastillas milagro”, pero ayudan a sostener el plan.
El mensaje ha circulado en redes a raíz de un vídeo del Hospital Centro de Andalucía, donde el médico desmiente varios mitos frecuentes. En esa intervención recalca que la coherencia entre lo que se come y lo que se gasta es la base de cualquier cambio físico que se mantenga en el tiempo.
La idea que sobrevuela toda su explicación es sencilla y, a la vez, exigente: sin superávit calórico no hay ganancia de grasa; y sin déficit sostenido no hay pérdida real. Queda poco espacio para la magia y mucho para los hábitos bien medidos.