
Los carbohidratos se encuentran muy presentes en la composición de los alimentos junto a las proteínas y a las grasas. La buena combinación de ambas es lo que hay que buscar y conseguir para tener una dieta equilibrada.
Por otro lado, éstas proporcionan las calorías necesarias para producir energía y proveer casi el 60% de energía que el organismo necesita para superar el día a día.
Qué son los carbohidratos y cómo los utiliza el cuerpo

Los carbohidratos son uno de los tres macronutrientes principales de la alimentación, junto con las proteínas y las grasas. A nivel químico son moléculas de azúcar que el organismo descompone hasta obtener glucosa. Esa glucosa pasa a la sangre y se utiliza como combustible principal para las células, los tejidos y los órganos, especialmente para el cerebro y los músculos.
Cuando consumimos alimentos que contienen carbohidratos, el sistema digestivo los transforma en glucosa y otros azúcares simples. La sangre transporta esa glucosa por todo el cuerpo para proporcionar energía inmediata. La que no se necesita en ese momento se almacena en forma de glucógeno en el hígado y los músculos, actuando como reserva para entre comidas o para esfuerzos intensos.
Mantener unos niveles estables de glucosa en sangre es básico para la salud. Picos muy altos y frecuentes de azúcar en sangre se relacionan con un mayor riesgo de resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, aumento de peso y problemas cardiovasculares. Por eso no solo importa cuántos carbohidratos tomamos, sino sobre todo de qué tipo proceden.
En una alimentación saludable, se recomienda que una parte importante de las calorías diarias provenga de carbohidratos, dando prioridad a las fuentes de calidad que aportan además fibra, vitaminas y minerales.
Tipos de carbohidratos: azúcares, almidones y fibra

Desde el punto de vista nutricional, los carbohidratos se dividen en tres grandes grupos según su estructura y cómo se comportan en el organismo:
- Azúcares: son carbohidratos simples que se encuentran de forma natural en frutas, verduras y lácteos, y también se añaden de manera industrial a refrescos, bollería, dulces y muchos productos procesados.
- Almidones: son carbohidratos complejos formados por cadenas largas de azúcares. Están presentes en cereales, legumbres, tubérculos y ciertas verduras con almidón.
- Fibra: también es un carbohidrato complejo, pero el organismo no puede digerirla por completo. Se encuentra en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y semillas, y es clave para la salud digestiva, la saciedad y el control del colesterol y de la glucosa en sangre.
En función de la velocidad a la que se digieren y elevan el azúcar en sangre, se habla de carbohidratos simples y carbohidratos complejos. Comprender bien esta diferencia te ayudará a tomar decisiones más conscientes a la hora de planificar tu alimentación diaria.
Carbohidratos simples
Estos carbohidratos son los azúcares simples que tienen una estructura química que se compone de uno o más azúcares. Son aquellos que se digieren de manera muy rápida y tienen muy poco valor nutritivo cuando proceden de azúcares refinados, porque no poseen suficientes nutrientes esenciales.
Se tiene que limitar su consumo porque tomados en grandes cantidades pueden ser perjudiciales para nuestra salud. Por lo que los que padecen diabetes tienen que reducir considerablemente su ingesta y priorizar fuentes de carbohidratos de absorción más lenta.
Entre los alimentos que contienen carbohidratos simples se encuentran todos aquellos que tienen en su composición azúcar refinada y son producidos industrialmente.
- Miel
- Mermelada
- Aquellos productos realizados con harinas blancas
- Pasteles, galletas, bollería
- Zumos de fruta industriales
- Refrescos azucarados
- Cereales refinados de desayuno
Además de estos ejemplos, también forman parte de los carbohidratos simples naturales que conviene diferenciar de los refinados:
- Frutas enteras como manzana, plátano, uvas o naranjas, que aportan fructosa junto con vitaminas, minerales y fibra.
- Productos lácteos como leche y yogur, que contienen lactosa y a la vez proporcionan proteínas de calidad y calcio.
Es importante diferenciar los azúcares simples naturales (frutas enteras, leche, yogur natural) de los azúcares simples refinados (azúcar blanco, dulces, bollería, refrescos). Los primeros pueden formar parte de una dieta equilibrada, mientras que los segundos conviene tomarlos solo de forma ocasional.
Beneficios y usos puntuales de los carbohidratos simples
Aunque suele recomendarse moderar su consumo, utilizados de forma adecuada los carbohidratos simples pueden tener ciertos beneficios:
- Aportan energía rápida, útil en momentos concretos como antes, durante o justo después de un ejercicio intenso.
- En personas con tendencia a hipoglucemias, pequeñas cantidades de azúcares de absorción rápida ayudan a normalizar el nivel de glucosa en sangre.
- Las frutas y los lácteos, pese a contener azúcares simples, son fuentes interesantes de antioxidantes, vitaminas y minerales.
La clave está en que la mayor parte de los carbohidratos simples procedan de alimentos frescos y no de productos ultraprocesados con altas cantidades de azúcar añadido.
Carbohidratos complejos

A diferencia de los anteriores, estos poseen tres o más azúcares unidos entre sí en forma de cadena. Son la mayoría ricos en fibra, minerales y vitaminas. Tardan más tiempo en ser digeridos, no aumentan tan rápido —y en muchos casos no aumentan de forma brusca— los niveles de azúcar en sangre y generan la misma energía que los carbohidratos simples, pero de forma más sostenida.
Éstos los puedes conseguir en las verduras, como las judías verdes, espinacas, brócoli y calabacines, en los cereales integrales y en todo tipo de legumbres y alubias. También en tubérculos como patata o boniato, especialmente cuando se consumen en preparaciones sencillas (hervidos, al vapor, al horno) y no fritos.
Desde el punto de vista fisiológico, dentro de los carbohidratos complejos se diferencian:
- Hidratos de carbono glucémicos o disponibles, como el almidón, que se digieren en el intestino delgado y elevan la glucosa en sangre de manera gradual.
- Hidratos de carbono no digestibles o no disponibles, conocidos como fibra dietética, que llegan casi intactos al intestino grueso y actúan como prebióticos, mejorando la salud intestinal.
La fibra dietética (junto con otros polisacáridos como el almidón resistente, la celulosa o la pectina) ayuda a regular el tránsito intestinal, aumenta la sensación de saciedad y contribuye a controlar el colesterol y los niveles de glucosa.
Ejemplos de carbohidratos complejos saludables
- Cereales integrales: avena integral, arroz integral, quinoa, trigo integral, pan y pasta integrales.
- Legumbres: lentejas, garbanzos, alubias, guisantes secos, soja.
- Verduras con almidón: patatas, boniato, maíz, calabaza.
- Verduras ricas en fibra: brócoli, coliflor, zanahorias, espinacas, acelgas, coles de Bruselas.
- Frutas ricas en fibra: manzana, pera, plátano, frutos rojos, cítricos.
- Frutos secos y semillas: almendras, nueces, semillas de lino, chía, girasol.
Diferencias entre carbohidratos simples y complejos

Debes saber identificar cuáles son los carbohidratos buenos y beneficiosos para el organismo, por lo que elige preferentemente los carbohidratos complejos y no simples refinados.
La diferencia principal viene dada por su estructura química y por la velocidad de digestión:
- Los carbohidratos simples contienen 1 o 2 unidades de azúcar y se absorben muy rápido, provocando subidas bruscas de glucosa en sangre y, posteriormente, caídas igual de rápidas.
- Los carbohidratos complejos poseen cadenas más largas, se digieren lentamente y proporcionan una liberación gradual de energía, evitando picos de glucosa.
Además, los carbohidratos complejos tienen un mayor valor nutricional al aportar fibra, vitaminas y minerales, mientras que muchos carbohidratos simples refinados son fuentes de calorías vacías con escasos nutrientes.
El llamado índice glucémico (IG) nos indica la rapidez con la que un alimento rico en carbohidratos eleva la glucosa en sangre. Los carbohidratos simples refinados suelen tener un IG alto, mientras que muchos carbohidratos complejos e integrales tienen un IG bajo o moderado. Combinar alimentos de IG alto con proteínas, grasas saludables o fibra ayuda a ralentizar la absorción de glucosa.
Ya que los carbohidratos simples, si no se queman adecuadamente, pueden permanecer durante mucho tiempo en el hígado y ser transformados en grasa, un consumo elevado favorece la creación de reservas de grasa. Esto puede dificultar el control del peso y aumentar el riesgo de alteraciones metabólicas.
Carbohidratos y alimentos procesados
Los alimentos procesados y ultraprocesados contienen con frecuencia carbohidratos simples en forma de azúcares añadidos, harinas refinadas y jarabes. Estos ingredientes aportan energía rápida pero de corta duración, sin apenas micronutrientes, y favorecen la aparición de picos y caídas de azúcar en sangre.
Ejemplos habituales son las galletas, bollería, refrescos, cereales azucarados, pan blanco, patatas fritas de bolsa o salsas industriales. Consumidos en exceso, se asocian con un riesgo mayor de aumento de peso, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Cómo elegir los mejores carbohidratos para tu dieta
A la hora de planificar tu alimentación diaria, no se trata de eliminar por completo un grupo de alimentos, sino de priorizar la calidad de los carbohidratos:
- Prioriza carbohidratos complejos: granos enteros, legumbres, frutas enteras y verduras variadas deberían ser la base de tu ingesta de hidratos.
- Lee las etiquetas: evita productos con mucho azúcar añadido y una larga lista de ingredientes refinados. Elige siempre que sea posible versiones integrales o poco procesadas.
- Controla las porciones: adapta la cantidad de carbohidratos a tu nivel de actividad física, tu edad y tu estado de salud.
- Combina bien los alimentos: acompaña los carbohidratos con fuentes de proteínas y grasas saludables (pescado, huevo, aceite de oliva, frutos secos) para mejorar la saciedad y estabilizar la glucosa.
- Da preferencia a la fruta entera frente a los zumos, ya que estos concentran mucho azúcar y apenas fibra.
Los carbohidratos, lejos de ser enemigos, son una pieza fundamental de una dieta sana siempre que la mayor parte proceda de fuentes complejas e integrales y se limite el consumo de azúcares refinados y productos ultraprocesados.
Contar con información clara sobre la diferencia entre carbohidratos simples y complejos te permite ajustar tu alimentación sin miedos injustificados, aprovechando su capacidad para aportar energía estable, favorecer una buena salud digestiva y ayudar a prevenir problemas metabólicos cuando escoges las fuentes adecuadas y las cantidades que mejor se adaptan a tu estilo de vida.