Delgadez extrema, redes sociales y referentes públicos: una combinación cada vez más preocupante

  • Las redes sociales difunden retos y contenidos que romantizan la delgadez extrema, especialmente entre adolescentes.
  • Fenómenos como la “dieta de las princesas Disney” o el antiguo skinnytok promueven dietas restrictivas y conductas de riesgo sin aval científico.
  • Expertos en salud mental, nutrición y enfermería alertan del aumento de trastornos de la conducta alimentaria vinculados a estos mensajes.
  • La presión estética y el papel de referentes públicos con cuerpos extremadamente delgados refuerzan un ideal corporal irreal e inalcanzable.

delgadez extrema en redes sociales

En los últimos años se ha instalado una preocupación creciente por la delgadez extrema, especialmente entre adolescentes y jóvenes que consumen redes sociales a todas horas. Lo que antes quedaba más restringido a foros y blogs minoritarios, ahora aparece sin apenas filtros en los feeds de TikTok, Instagram o similares, envuelto en un lenguaje aspiracional y en apariencia inofensivo.

Mientras en teoría se celebra cada vez más la diversidad corporal y la salud por encima de la talla, en paralelo resurgen viejos fantasmas: dietas milagro, retos virales y comunidades online que romantizan la escualidez como si fuera sinónimo de éxito, control y disciplina. El resultado es un caldo de cultivo perfecto para los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y el malestar psicológico, con especial impacto en Europa y España, donde los expertos sanitarios no dejan de dar la voz de alarma.

Cuando la delgadez extrema se disfraza de juego inocente en TikTok

Uno de los fenómenos que más ha inquietado a los profesionales de la salud en España es la llamada “dieta de las princesas Disney”, un reto viral en TikTok que se presenta como una forma “mágica” de perder peso en solo dos semanas. Bajo una estética aparentemente infantil e inocente, se propone a las adolescentes que se conviertan cada día en una princesa distinta a cambio de una restricción calórica extrema, por debajo de las 600 kcal diarias.

La mecánica del reto es tan simple como peligrosa: comer solo manzanas rojas como Blancanieves, pasar jornadas enteras bebiendo únicamente té como Bella, limitarse a tomar agua como si se fuera Ariel o alimentarse casi en exclusivo de vegetales como el nopal al estilo Pocahontas. Todo ello envuelto en un relato de fantasía, superación personal y “recompensa” rápida en forma de una bajada drástica de peso.

Desde la Unidad de Cultura Científica del Consejo General de Enfermería (CGE), el divulgador Héctor Nafría recuerda que “las redes sociales están llenas de desinformación” y que el campo de la nutrición es especialmente fértil para que se cuelen bulos, dietas milagro y prácticas de alto riesgo disfrazadas de soluciones exprés. El problema no es solo lo que se promete, sino el formato lúdico y aspiracional con el que se vende.

La presidenta de la Asociación de Enfermeras de Nutrición y Dietética (AdENyD), Carmen Martín Salinas, alerta de que las adolescentes son el blanco perfecto de estos retos: por un lado, por su propia vulnerabilidad psicológica y, por otro, por el consumo intensivo de redes. Un estudio de la Universitat Pompeu Fabra y la Universitat Oberta de Catalunya sitúa a cerca del 20% de los adolescentes españoles de 12 a 18 años pasando más de dos horas al día conectados a TikTok, lo que multiplica las probabilidades de exposición a este tipo de contenidos.

En ese entorno poco regulado se mezclan deseo de encajar, presión estética y romantización de la delgadez extrema en una “tormenta perfecta” que engancha especialmente a quienes tienen más dudas sobre su cuerpo. No se presenta como una pauta clínica ni como una dieta estricta, sino como un juego entre amigas, algo que “no parece tan grave” y que precisamente por eso consigue calar con tanta fuerza.

Voces en primera persona: del reto viral al trastorno alimentario

Más allá de las cifras, las consecuencias de estos retos empiezan a verse en las consultas y en los testimonios de las propias jóvenes. Según recogen profesionales del CGE, se han detectado decenas de casos de TCA relacionados con prácticas como la “dieta de las princesas Disney”, y en algunos casos el desenlace ha sido fatal.

Verónica Dulanto, una de las chicas que participó en este reto, relató en un programa televisivo cómo esa experiencia casi le cuesta la vida. “Al menos yo lo puedo contar”, explicaba, subrayando que hay amigas suyas que no llegaron a superarlo. “He ido así a entierros de amigas que también se fiaron de esta ‘dieta de las princesas’”, confesó, poniendo palabras al miedo y la culpa que dejan estas tendencias tras de sí.

El nutricionista y divulgador @avilfit, muy activo en redes, insiste en que el formato que emplean estos retos es parte central del problema. Bajo su punto de vista, presentar una dieta restrictiva como si fuera un juego desactiva las alarmas de muchas familias y chicas jóvenes. “La siguen niñas y niños de entre 10 y 17 años. Les venden que cada día eres una princesa distinta y que puedes adelgazar casi de forma mágica en dos semanas”, explica, subrayando que no hay nada inocente en esta propuesta.

Para las profesionales de salud mental, la clave está en entender que no se trata solo de lo que se come o se deja de comer, sino del vínculo emocional que se genera con el cuerpo y con la comida. Cuando tu valor personal empieza a medirse exclusivamente en kilos o tallas, el paso a un trastorno de la conducta alimentaria está mucho más cerca de lo que parece.

Consecuencias físicas y mentales de las dietas extremas

Los efectos de estos métodos no se limitan a “pasar un poco de hambre” durante unos días. La presidenta de AdENyD detalla que, a corto plazo, este tipo de prácticas pueden provocar trastornos metabólicos como cetosis o acidosis láctica, problemas cardiocirculatorios y alteraciones gastrointestinales que se manifiestan en forma de náuseas, vómitos, estreñimiento o diarreas.

Además, el cuerpo empieza a manifestar señales visibles de alarma: sequedad del cabello, uñas frágiles, intolerancia intensa al frío o insomnio. A nivel neuropsicológico, el impacto tampoco es menor: cambios bruscos de humor, dificultad de concentración y distorsión de la imagen corporal, es decir, una percepción alterada del propio cuerpo que no coincide con la realidad.

Si estas conductas se mantienen en el tiempo, las consecuencias pueden ser aún más graves. Las y los especialistas señalan que a largo plazo se observan trastornos de la conducta alimentaria como anorexia y bulimia, alteraciones hormonales, problemas en el desarrollo y crecimiento en menores y, en los casos más extremos, baja autoestima, aislamiento social y cuadros depresivos que requieren tratamiento especializado.

La psicóloga sanitaria y dietista-nutricionista Andrea Arroyo, profesora en la Universitat Oberta de Catalunya, recuerda algo que a menudo se olvida: muchas de estas dietas se construyen sobre modelos corporales directamente imposibles. “Si quieres alcanzar las proporciones de una princesa de dibujos animados, estás persiguiendo algo ficticio”, advierte. La famosa “cintura de avispa” que se idealiza en tantas imágenes no existe en la vida real dentro de parámetros saludables, por lo que seguir esas pautas es, dice Arroyo, “un fracaso garantizado”.

En ese contexto, los profesionales piden centrar el discurso en la salud integral, el bienestar emocional y la diversidad de cuerpos reales, en lugar de obsesionarse con tallas inalcanzables que solo generan frustración, culpa y conductas de riesgo.

Del ‘skinnytok’ a las nuevas comunidades de delgadez extrema

La llamada “dieta de las princesas Disney” no es un caso aislado, sino un episodio más dentro de una tendencia que lleva tiempo ampliándose en plataformas digitales. Uno de los ejemplos más conocidos fue skinnytok, un hashtag de TikTok utilizado para agrupar vídeos que exaltaban las supuestas virtudes de la delgadez extrema y el adelgazamiento rápido a cualquier precio.

Bajo esa etiqueta se impulsaban dietas hiperrestrictivas, ayunos prolongados y rutinas de ejercicio desmedidas, casi siempre defendidas por jóvenes que presentaban su pérdida de peso como un logro personal y una fuente de validación social. Aunque parezca un fenómeno nuevo, los expertos lo consideran la reencarnación digital de los antiguos blogs pro-anorexia y pro-bulimia que circularon hace años en plataformas como Tumblr bajo nombres en clave como “Ana y Mia”.

La diferencia ahora es la potencia de difusión y la normalización. Hoy, la exposición a estos contenidos forma parte del día a día: se consumen en el móvil, en cualquier momento y lugar, y el algoritmo tiende a reforzar lo que más engancha. Si una persona interactúa con vídeos sobre dietas estrictas o “tips” para comer menos, pronto empieza a recibir más y más material de la misma línea, configurando una burbuja en la que la extrema delgadez se presenta como objetivo deseable.

La evidencia científica ya ha recogido este vínculo. Un amplio análisis de 284 estudios publicado en 2023, centrado en los factores de riesgo de los trastornos de la conducta alimentaria, concluye que la exposición frecuente a ideales estéticos irreales en redes sociales se asocia a un mayor riesgo de insatisfacción corporal y de aparición de conductas alimentarias problemáticas. No solo porque permiten compararse de manera constante con otros cuerpos, sino porque crean espacios donde ciertas ideas se refuerzan y se celebran dentro del grupo.

En junio de 2025, tratando de atajar el problema, TikTok anunció la prohibición global del hashtag skinnytok. Sin embargo, el fenómeno no desapareció: simplemente se desplazó a otras etiquetas, otras plataformas y, en algunos casos, a comunidades cerradas y de pago donde las recomendaciones de adelgazamiento extremo se monetizan de forma explícita bajo el paraguas de un supuesto “estilo de vida” disciplinado.

Presión estética, influencers y el negocio de la escualidez

En paralelo a estos retos y hashtags, el foco también se dirige a referentes públicos e influencers que, de forma más o menos consciente, contribuyen a normalizar la delgadez extrema. El caso de comunidades privadas donde se vende la escualidez como una filosofía de vida es paradigmático: se ofrece acceso a grupos exclusivos en los que se comparten menús muy bajos en calorías, trucos para “olvidarse del hambre” y rutinas de ejercicio intenso, siempre bajo la promesa de alcanzar un cuerpo extremadamente delgado.

Este tipo de propuestas, que se comercian como si fueran programas de bienestar o autoayuda, suelen presentarse con un lenguaje amable: no se habla de restricción, sino de “gusto refinado”; no se menciona el desorden alimentario, sino la “disciplina”; no se admite el hambre, sino la “estructura”. En la práctica, se legitiman conductas propias de un trastorno, pero se maquillan con un envoltorio aspiracional, exclusivo y supuestamente empoderador.

Otra dimensión del problema aparece cuando son figuras públicas de enorme influencia quienes comienzan a mostrar una delgadez inusitada o un cambio físico muy marcado. Cuando una mujer con años de visibilidad mediática, conocida por defender la diversidad corporal, aparece repentinamente con un cuerpo extremadamente delgado y se le da una fuerte cobertura en medios, el mensaje que llega a muchas jóvenes es ambiguo: por un lado se habla de aceptación, pero por otro se proyecta que, al final, el ideal sigue siendo estar lo más delgada posible.

Colectivos feministas y especialistas en salud pública alertan de que erotizar y glamurizar la delgadez extrema desde posiciones de poder y privilegio tiene un impacto especialmente dañino, sobre todo para chicas que se identifican con esas figuras por motivos de género, raza o historia personal. Si quien llevaba años reivindicando cuerpos diversos termina ajustándose a un canon cada vez más estrecho, muchas interpretan que “no había alternativa”: que para ser aceptada en ciertos entornos hay que renunciar al propio cuerpo real.

Aunque cada persona tiene derecho a decidir sobre su aspecto, los expertos piden que quienes cuentan con un gran altavoz mediático sean conscientes de la influencia que ejercen, especialmente cuando su imagen se asocia a causas sociales, diversidad o defensa de la salud. No se trata de fiscalizar cuerpos individuales, sino de evitar mensajes que, directa o indirectamente, refuercen la idea de que estar extremadamente delgada es un objetivo deseable en sí mismo.

Cómo detectar las señales de alarma y qué pueden hacer familias y jóvenes

En medio de este panorama, psicólogos y nutricionistas insisten en la importancia de aprender a distinguir entre hábitos saludables y conductas de riesgo. El psicólogo especializado en TCA Marc Ruiz de Mintenguía sugiere prestar atención a un punto clave: cuando una persona empieza a equiparar su valor personal con su aspecto físico, y además juzga a los demás de la misma manera, es momento de encender todas las alarmas.

Entre las señales de alerta más frecuentes se encuentran cambios drásticos en la forma de comer (saltarse comidas, ocultar alimentos, evitar comer en público), preocupación obsesiva por las calorías y la báscula, comentarios recurrentes de odio hacia el propio cuerpo, aislamiento social, pérdida rápida de peso o ejercicio físico compulsivo. Nada de esto, por sí solo, basta para diagnosticar un trastorno, pero sí indica que puede ser necesario buscar ayuda profesional.

En el ámbito familiar, los especialistas recomiendan generar espacios de diálogo abiertos y sin juicio, donde hijas e hijos puedan hablar de lo que ven en redes y de cómo se sienten con su cuerpo. Prohibir sin más el uso de plataformas suele ser poco eficaz; es más productivo acompañar, enseñar a cuestionar los mensajes que se reciben y ofrecer modelos alternativos de bienestar que no se centren solo en la apariencia física.

También se anima a las familias a vigilar el lenguaje que se usa en casa sobre el peso, la comida y el cuerpo. Comentarios aparentemente inofensivos sobre “engordar con solo mirar una tarta”, “estar mejor cuando se está más flaca” o “necesitar perder unos kilitos para el verano” pueden reforzar la idea de que el valor de una persona pasa por la báscula.

Desde el sistema sanitario y educativo europeo se reclama, además, reforzar la educación en salud mental y alimentación en colegios e institutos, dotando a docentes y profesionales de herramientas para identificar a tiempo situaciones de riesgo y para derivar a recursos especializados cuando sea necesario.

Todo apunta a que la delgadez extrema seguirá siendo un tema central en la conversación social mientras la estética y las redes ocupen tanto espacio en nuestras vidas. La clave, coinciden los expertos, pasa por cambiar el foco: menos culto a la talla y más atención al bienestar físico y emocional, menos filtros y más cuerpos reales en pantalla, menos silencios y más capacidad para pedir ayuda cuando la relación con la comida y el propio cuerpo se convierte en una batalla diaria.

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