
La sensación de bochorno que nos provoca la persistencia de las altas temperaturas es quizá el mayor inconveniente del verano. Para algunas personas no va más allá de una molestia pasajera, mientras que otras pueden experimentar irritabilidad, migrañas, dificultad para dormir e incluso ansiedad y sensación de ahogo, sobre todo cuando la humedad ambiental es elevada y el cuerpo no consigue refrescarse bien.

El remedio más eficaz contra el bochorno es contar en casa o en el trabajo con un aparato de aire acondicionado, ya que permite reducir la temperatura y, en muchos modelos, también la humedad relativa. Sin embargo, el precio de su instalación y su alto consumo son dos factores que echan para atrás a muchas personas. Afortunadamente, existen otras maneras de refrescar el cuerpo y la mente, combinando cambios de hábitos, trucos de ventilación, hidratación adecuada y una buena gestión del estado de ánimo.
¿Qué es el bochorno y por qué se produce?

En meteorología se habla de temperatura de bochorno para referirse a la temperatura que percibe el cuerpo, resultado de combinar la temperatura ambiente real y la humedad relativa. Cuando el aire está muy húmedo, la evaporación del sudor se reduce y el cuerpo no logra disipar bien el calor, por lo que la sensación térmica es mucho más alta que la que marca el termómetro.
El organismo necesita eliminar calor hacia el entorno para mantener estable su temperatura interna. Si el ambiente es caluroso y seco, el sudor se evapora y se produce un efecto refrescante. Pero cuando la humedad es elevada, el sudor se queda en la piel, se hace pegajoso y la sensación de agobio y cansancio aumenta. Esta situación es especialmente típica de zonas costeras, donde la humedad suele ser más alta que en el interior y basta una temperatura moderada para que el bochorno sea intenso.
Cómo refrescarse en casa sin abusar del aire acondicionado

Las duchas de agua fría nos permiten olvidarnos del calor durante los minutos que estamos bajo el agua; esa sensación de frescor puede prolongarse unas cuantas horas si, al salir, optamos por realizar una actividad relajante como leer un libro, ver una película o practicar técnicas de respiración calmada. Si tienes piscina en casa o en tu comunidad, todavía mejor: un baño breve disminuye la temperatura central del cuerpo y alivia rápidamente el bochorno.
Además de las duchas y el aire acondicionado, conviene aprovechar la ventilación cruzada abriendo ventanas opuestas en las horas más frescas del día, utilizar ventiladores para mover el aire y, si la humedad es muy alta, recurrir a un deshumidificador para reducir la sensación pegajosa. Mantener las persianas y cortinas bajadas en las horas de máximo sol también ayuda a evitar que la vivienda acumule calor.
En la elección de la ropa para estar en casa es preferible usar prendas de algodón o lino, amplias y transpirables, y ropa de cama ligera que no retenga el calor. Si el bochorno se intensifica por la noche, puede ser útil beber pequeños sorbos de agua fría antes de acostarse y tener un vaso de agua a mano, así como usar sábanas de algodón y un ventilador orientado de forma indirecta.
Cómo combatir el bochorno cuando sales a la calle
El aire acondicionado y las duchas frías son de gran ayuda cuando nos encontramos en casa o la oficina, pero cuando tenemos que salir a la calle aliviar la sensación de bochorno se vuelve más difícil, aunque no imposible. Ingerir líquidos es prioritario para mantener una correcta hidratación ante la alta sudoración. Asimismo, esta acción puede también ser beneficiosa contra el agobio producido por el calor si se trata de una bebida muy fría, preferiblemente agua o infusiones frías sin cafeína.
Para reducir el impacto del bochorno al aire libre es fundamental elegir ropa ligera y de colores claros, evitar tejidos sintéticos que dificulten la transpiración y, cuando sea posible, vestirse por capas finas para poder ir quitándolas si aumenta la sensación de calor. Mantenerse a la sombra, usar sombrilla, gorra o sombrero y caminar por calles menos expuestas al sol también marca una gran diferencia.
Conviene evitar las actividades físicas intensas en las horas centrales del día, ya que el cuerpo ya está sometido a un esfuerzo adicional para regular la temperatura. Si no queda más remedio que moverse, puede ser útil llevar un abanico o un pequeño ventilador portátil y buscar lugares con aire acondicionado para descansar de forma periódica.
Bochorno, estado de ánimo y salud en etapas sensibles

Tanto en casa como en la calle es muy importante no permitir que el calor cause estragos en nuestro estado de ánimo. Evitar empeñarnos en hacer grandes esfuerzos físicos o mentales y, al mismo tiempo, mantenernos ocupados con tareas cortas, sencillas y llevaderas ayuda a que la mente no se centre únicamente en la incomodidad del calor. Técnicas como la respiración profunda, la meditación o el yoga suave pueden reducir el estrés y mejorar la tolerancia a las molestias.
En algunas etapas de la vida, como la perimenopausia y la menopausia, el bochorno puede intensificarse debido a los cambios hormonales. Muchas mujeres experimentan sofocos, oleadas repentinas de calor en cara, cuello y pecho acompañadas de sudoración y palpitaciones, que pueden aparecer tanto de día como de noche. En verano, el calor ambiental actúa como desencadenante adicional y los sofocos pueden volverse más frecuentes o molestos.
En estos casos, además de las medidas generales contra el bochorno, es útil identificar desencadenantes personales como el estrés, las bebidas alcohólicas, la cafeína, las comidas muy calientes o picantes y los espacios mal ventilados, para reducir su consumo o exposición. Mantener un peso saludable, practicar actividad física moderada y seguir una alimentación equilibrada rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y grasas saludables también contribuye a mejorar la respuesta del organismo al calor.
Cuando los sofocos son muy intensos o afectan de forma importante a la calidad de vida, es recomendable consultar con un profesional de la salud para valorar opciones de tratamiento específicas, siempre personalizadas y supervisadas, que puedan complementar los cambios de estilo de vida y las medidas para combatir el bochorno veraniego.
Cuidar la temperatura del entorno, la hidratación, la ropa, el descanso y la gestión emocional permite afrontar los días de calor húmedo con más recursos y menos sensación de agobio, haciendo que el verano sea una época mucho más llevadera incluso cuando el bochorno aprieta.
