Aprender cómo hacer puré de avellanas casero es una excelente forma de disfrutar de un ingrediente versátil, nutritivo y muy aromático que sirve tanto para recetas dulces como saladas. El puré de avellanas o crema de avellanas pura se elabora únicamente con este fruto seco y, si se hace correctamente, ofrece una textura sedosa y untuosa, perfecta para añadir a tostadas, salsas, batidos, cremas, helados o como base de recetas de chocolate y repostería.
El puré de avellanas es un preparado alimenticio excelente para la salud. Además, se puede acomodar fácilmente a sus postres, pero no sólo, es ideal para platos salados, así como aderezo para ensaladas. Gracias a su contenido de grasas saludables, proteínas vegetales y vitaminas, es una alternativa interesante a las cremas comerciales cargadas de azúcares y grasas refinadas.
Ingredientes para el puré de avellanas básico

Para un frasco de puré de avellanas:
- 250 g de avellanas enteras (pueden ser crudas con piel, crudas peladas o ya tostadas sin sal).
- Opcional: 1 cucharada de aceite de avellana u otro aceite vegetal suave si quieres una textura aún más fluida, especialmente si tu batidora no es muy potente.
- Opcional: una pizca muy pequeña de sal para realzar el sabor, sin convertirlo en un puré salado.
Esta cantidad de avellanas da lugar a un tarro de crema suficientemente grande para usar en varios desayunos, snacks o recetas. Si dispones de un procesador de alimentos grande, puedes duplicar la cantidad y aprovechar el tiempo de triturado.
Cómo tostar las avellanas correctamente

En primer lugar, se deben asar las avellanas en el horno. Se colocan las avellanas en una bandeja para hornear forrada con papel de hornear para evitar que se peguen y para que la cocción sea más uniforme.
Se precalienta el horno a 160 °C y se hornea durante 10 minutos como máximo. Es buena idea remover las avellanas a mitad del tiempo para que se tuesten por igual. También puedes tostarlas a una temperatura algo más alta, alrededor de 170-180 °C, reduciendo el tiempo a 8-10 minutos, vigilando siempre de cerca el color.
Es esencial que las avellanas no se quemen. Un exceso de tostado les da un sabor demasiado amargo y puede arruinar el resultado final. Sabrás que están listas cuando desprendan un aroma intenso y la piel comience a agrietarse ligeramente.
Alternativamente, si lo prefieres, puedes tostar las avellanas en una freidora de aire o airfryer, extendiéndolas en la cesta y programando unos 10-15 minutos a temperatura media, removiendo de vez en cuando y comprobando el punto de tostado.
Pelado y elección del tipo de puré: blanco o completo

Se retiran las avellanas del horno y se dejan enfriar unos minutos hasta que se puedan manipular sin quemarse. Si se desea quitar la piel, se toma una toalla limpia y se frotan las avellanas juntas en el interior del paño. La fricción hace que gran parte de la piel se desprenda con facilidad.
Esta masa de avellanas ya peladas se llama «blanca». El puré resultante tiene un sabor más suave y delicado, con un color claro, ideal si quieres usarlo en recetas en las que no deseas tonos muy oscuros ni matices amargos.
Sin embargo, si te gusta un sabor más intenso y ligeramente tostado, lo mejor es mantener la piel. Este se llama puré «completo», ya que conserva todas las partes de la avellana. Además, al mantener la piel se aprovechan más los compuestos antioxidantes que aportan un extra de interés nutricional.
No es imprescindible retirar todas las pieles: aunque quites la mayoría, es normal que queden algunas adheridas. Esto no estropea el puré, simplemente lo hace un poco más oscuro y con un perfil aromático más pronunciado.
Cómo triturar las avellanas hasta conseguir una crema sedosa

Se vierten las nueces en la batidora o procesador de alimentos y se mezclan durante 30 segundos para romperlas en trozos gruesos. A continuación se continúa mezclando en varias tandas hasta obtener una masa aceitosa y lisa.
Durante el proceso de triturado, las avellanas pasan por varias fases: primero se convierten en harina fina, después empiezan a apelmazarse formando una pasta granulosa y, tras seguir batiendo, liberan sus aceites naturales y se transforman en una crema fluida y brillante. Este proceso puede tardar varios minutos, dependiendo de la potencia de tu aparato.
Es recomendable hacer pequeñas pausas para evitar que la batidora se sobrecaliente y para bajar con una espátula la pasta que se queda en las paredes del vaso, de modo que las cuchillas sigan trabajando sobre toda la mezcla. Si notas que la crema se espesa demasiado y tu máquina se esfuerza en exceso, puedes añadir una cucharada de aceite de avellana o de otro aceite suave para facilitar el triturado.
El puré de avellanas ya está listo cuando la textura es totalmente homogénea, sin grumos visibles, y al levantar una cuchara cae en forma de cinta espesa. En este punto puedes probarlo y, si lo deseas, añadir una pizca de sal para potenciar el sabor natural de la avellana.
Conservación y usos del puré de avellanas casero
El puré de avellanas casero, al estar elaborado solo con frutos secos y, como mucho, una pequeña cantidad de aceite y sal, se conserva muy bien en un tarro de cristal hermético, preferiblemente en la nevera. De esta manera mantiene su sabor y sus propiedades durante varias semanas. Antes de usarlo, si notas que se ha separado ligeramente el aceite en la superficie, basta con remover bien con una cuchara.
Este ingrediente se utiliza también en muchas preparaciones de repostería, y sirve para preparar la pasta de avellanas. Se puede usar para untar en pan o tostadas, añadir a batidos y smoothies para incorporar grasas saludables, mezclar con yogur o cremas de fruta, enriquecer bizcochos y galletas o como base de helados caseros. También resulta muy interesante en recetas saladas, por ejemplo como aderezo de ensaladas, combinado con un poco de vinagre, limón, sal y especias, o para espesar salsas de verduras.
Si se desea un puré de avellanas ligeramente dulce, se pueden triturar las avellanas junto con dátiles, un poco de miel, sirope de arce u otro endulzante a gusto, vigilando siempre no añadir demasiado azúcar si se quiere mantener un perfil nutricional equilibrado.
Variantes: puré de avellanas para pasta de chocolate y otras cremas
Esta receta es válida también para almendras u otros frutos secos como anacardos, cacahuetes o nueces. El procedimiento es el mismo: tostar, pelar si se desea y triturar hasta obtener una crema suave. Cada fruto seco aporta un matiz de sabor y una textura ligeramente distinta, por lo que puedes experimentar hasta encontrar tu combinación favorita.
En el caso específico de las avellanas, este puré es la base perfecta para preparar diferentes tipos de cremas de chocolate o mezclas tipo crema de cacao y avellanas. Para ello, una vez tengas listo el puré de avellanas, puedes fundir chocolate negro o con leche vegetal y mezclarlo con la crema, ajustando la proporción de cacao, azúcar y grasas según quieras una versión más ligera o más próxima a las cremas comerciales.
Este ingrediente se utiliza también en muchas preparaciones de repostería, y sirve para prepara la pasta de avellanas. En este caso, después de asar las avellanas, se debe hacer un caramelo y mezclar sus avellanas enteras. Una vez el caramelo se ha endurecido alrededor de las avellanas, se tritura el conjunto hasta lograr una pasta densa y muy aromática, ideal para rellenos de bombones, turrones o capas crujientes en tartas.
El mismo puré de avellanas puede adaptarse a variantes aromatizadas añadiendo, durante el triturado o al final, cacao puro, algarroba en polvo, vainilla, canela, ralladura de naranja o incluso un toque de café. De este modo obtendrás una colección de cremas distintas partiendo de una sola receta base.
El puré de avellanas bien hecho transforma por completo la forma de disfrutar este fruto seco: desde un simple desayuno con pan hasta elaboraciones más complejas como helados, salsas o postres veganos, disponer de un tarro en la nevera abre un abanico enorme de posibilidades en la cocina diaria.