La biopsia líquida se ha convertido en una de las grandes protagonistas de la oncología de precisión. Lo que hace apenas unos años se veía como una promesa casi futurista, hoy se usa ya en la práctica clínica para vigilar la evolución del cáncer, afinar tratamientos y detectar recaídas cuando todavía no se aprecian en las pruebas de imagen tradicionales.
En España, y muy especialmente en Galicia y el entorno del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), esta tecnología está viviendo un impulso notable. La celebración en Santiago del XI Simposio de Biopsia Líquida, que reúne a más de 300 especialistas nacionales e internacionales, simboliza ese cambio de etapa: de la investigación básica al uso clínico sistemático en distintos tipos de tumores.
Un cambio de fase: de la promesa a la herramienta clínica

En la rueda de prensa previa al simposio, el oncólogo Rafael López, jefe de Servicio de Oncología Médica-ONCOMET del CHUS, presidente de ASEICA y profesor de la Universidade de Santiago de Compostela, recordó cómo al inicio del proyecto “la biopsia líquida era vista casi como una excentricidad”. Hoy, en cambio, se debate cómo integrarla en la toma de decisiones diaria en los hospitales.
López subraya que el gran reto actual es disponer de información extremadamente precisa y sensible sobre el comportamiento real del tumor. Las técnicas estándar no siempre permiten saber si quedan células malignas tras una cirugía o si el cáncer está empezando a desarrollar resistencia a un fármaco concreto. La biopsia líquida, basada en el análisis de ADN tumoral circulante, células tumorales circulantes y otros componentes en sangre u otros fluidos, abre esa ventana de observación continua.
La XI edición del simposio está precisamente orientada a este tránsito: dejar atrás el debate sobre si es técnicamente posible detectar material tumoral en sangre y centrarse en cómo utilizar esa información para cambiar a tiempo los tratamientos, evitando que la enfermedad progrese o reaparezca. El programa científico se articula como un foro de reflexión sobre cómo incorporar estas herramientas de forma segura, equitativa y sostenible a los sistemas sanitarios.
La responsable de la Unidad de Análisis de Biopsia Líquida de ONCOMET, Laura Muinelo, destaca que la biopsia líquida ya no se considera solo un complemento puntual a la biopsia de tejido. Se entiende como una herramienta dinámica y longitudinal, pensada para seguir el tumor a lo largo del tiempo, con controles sucesivos que aportan una imagen en movimiento de la enfermedad en lugar de una fotografía aislada.
En Galicia, este cambio conceptual ya empieza a tener reflejo práctico. López explica que la técnica se está usando, aunque todavía con indicaciones muy concretas y controladas, en cáncer de pulmón, tumores digestivos, cáncer de mama, vejiga y otras neoplasias, canalizadas en parte a través del Comité Molecular de Tumores de la Consellería de Sanidade.
Detectar recaídas antes que las imágenes: enfermedad mínima residual

Uno de los conceptos estrella del encuentro es la enfermedad mínima residual. Se trata de identificar si, tras una cirugía aparentemente curativa, persisten en el organismo pequeñas poblaciones de células tumorales capaces de provocar una recaída meses o años después. Esa información resulta crucial para decidir si un paciente necesita tratamientos adicionales como la quimioterapia o si puede evitar efectos secundarios innecesarios.
Según explica Rafael López, en tumores como colon, mama o pulmón ya se dispone de datos muy sólidos que apuntan en esa dirección: si la biopsia líquida no detecta enfermedad mínima residual, un porcentaje de pacientes podría librarse de tratamientos agresivos que hasta ahora se aplicaban casi por sistema, ante la imposibilidad de saber con certeza si el tumor había desaparecido por completo.
El reto, admiten los expertos, es homogeneizar y estandarizar las técnicas y los criterios de interpretación para que un resultado negativo tenga el mismo significado tranquilizador en cualquier hospital. De ahí la insistencia en acordar umbrales, metodologías y controles de calidad que eviten diferencias interpretativas entre centros y países.
Esta capacidad de “espiar” al tumor tras la cirugía enlaza con una preocupación central de la oncología moderna: la metástasis es la responsable de la mayoría de las muertes por cáncer. Desde ONCOMET recuerdan que una de las motivaciones iniciales para apostar por la biopsia líquida, ya en 2005, fue precisamente estudiar el proceso metastásico a través de la sangre, donde viajan clones celulares que pueden colonizar otros órganos.
López insiste en que el cáncer no es una entidad homogénea. Dentro de un mismo tumor conviven distintos grupos de células, con perfiles genéticos y de comportamiento diferentes. Algunos clones predominan en determinados momentos y otros emergen más tarde, a menudo asociados a resistencia a fármacos. La biopsia líquida permite monitorizar esa dinámica y, potencialmente, ajustar la estrategia terapéutica antes de que la progresión sea evidente en un TAC o una resonancia.
Detección precoz, nuevos fluidos y cribado en poblaciones de riesgo
Más allá del seguimiento de pacientes ya diagnosticados, el simposio pone el foco en la detección precoz del cáncer y el estudio de la enfermedad en fases muy iniciales. En algunos tumores especialmente agresivos, como el cáncer de páncreas, llegar a tiempo puede marcar la diferencia entre optar por un tratamiento con intención curativa o limitarse a un abordaje paliativo.
En este terreno se están desarrollando nuevos test de alta sensibilidad capaces de identificar cantidades mínimas de ADN tumoral circulante u otras señales moleculares cuando el tumor todavía es invisible por imagen. Estos ensayos permiten saber si quedan restos de enfermedad tras una intervención quirúrgica, anticiparse a una recaída o confirmar que el tumor ha empezado a cambiar y a generar resistencias.
Laura Muinelo subraya también la exploración de fluidos biológicos alternativos a la sangre, como la bilis o el líquido cefalorraquídeo. En ciertos tumores, la señal tumoral en sangre es muy baja o está demasiado diluida, y el análisis de otros fluidos más cercanos al tumor puede mejorar de forma notable la capacidad de detección y abrir vías diagnósticas que antes no existían.
Otro de los ámbitos emergentes es la vigilancia activa en personas con alto riesgo genético, como portadores de síndromes hereditarios que predisponen a varios tipos de cáncer. La biopsia líquida puede convertirse en una herramienta clave para un seguimiento menos invasivo y más frecuente, reforzando la adherencia a los programas de control y permitiendo intervenir cuando aparecen las primeras señales de alarma.
Entre los profesionales se habla, casi como un objetivo de largo plazo, del “sueño del cribado universal”: poder evaluar de forma rutinaria si una persona sana alberga células tumorales o material genético maligno en circulación, y tratar la enfermedad cuando todavía es microscópica. Los expertos admiten que este escenario aún está lejos, pero lo ven cada vez más plausible a medida que mejoran la sensibilidad de las técnicas y la capacidad de interpretar resultados complejos.
En este mismo contexto, se están desarrollando estudios internacionales como el proyecto europeo EPILUNAR, liderado desde España por el grupo de Oncología Médica Traslacional de Santiago. Este consorcio utiliza biopsia líquida, biomarcadores epigenéticos e inteligencia artificial para optimizar la inmunoterapia en cáncer de pulmón no microcítico avanzado, buscando predecir qué pacientes se beneficiarán realmente del tratamiento y quiénes podrían evitar toxicidades innecesarias.
Inteligencia artificial y datos masivos al servicio de la oncología de precisión
La biopsia líquida genera una cantidad ingente de información molecular: mutaciones, alteraciones epigenéticas, perfiles de ARN, datos sobre el microambiente tumoral y su interacción con el sistema inmunitario, entre otros. Manejar y comprender todo ese volumen de datos excede con mucho la capacidad de análisis humano tradicional.
Por eso, la inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como uno de los grandes ejes del simposio. Los algoritmos avanzados permiten integrar datos de secuenciación, historia clínica, resultados de imagen y evolución del paciente, generando modelos predictivos que ayudan a anticipar cómo se comportará el tumor o cómo responderá a un determinado fármaco.
López suele ilustrar esta idea con una metáfora: hay técnicas que “pescan con caña” y buscan una alteración concreta, mientras que otras “pescan con red” y capturan miles de cambios y señales a la vez. La IA se encarga de “limpiar la red”, filtrando el ruido y resaltando los patrones significativos que pueden ser de utilidad clínica.
El reto no se limita al análisis bioinformático. Los especialistas insisten en que la verdadera prueba de fuego es trasladar esos datos complejos a decisiones clínicas claras: empezar o no un tratamiento, cambiar de fármaco, espaciar controles o proponer una cirugía. En este sentido, uno de los debates del simposio gira en torno a cómo estandarizar la interpretación de los informes para que oncólogos y comités multidisciplinares puedan integrarlos de forma segura en la consulta.
España participa además en proyectos europeos colaborativos que combinan biopsia líquida e IA para mejorar el uso de terapias dirigidas e inmunoterapia. El mencionado EPILUNAR, financiado en el marco de la convocatoria TRANSCAN 3, está analizando muestras de pacientes con cáncer de pulmón en varios hospitales españoles (Santiago, Navarra, Valencia, Madrid, entre otros) con el objetivo de identificar biomarcadores epigenéticos que predigan la respuesta a fármacos y la aparición de resistencias.
En paralelo, se observan avances técnicos en el campo de la secuenciación dirigida aplicada a biopsia líquida. Nuevos métodos de captura y análisis de ADN tumoral circulante, especialmente diseñados para paneles flexibles y flujos de trabajo simplificados, buscan ofrecer alta sensibilidad con menor coste y complejidad. Aunque muchos de estos desarrollos se están validando todavía en entornos de investigación o laboratorios especializados en Europa, su objetivo es claro: facilitar la incorporación de estas pruebas a la rutina clínica, incluso en centros con menor infraestructura tecnológica.
Aplicaciones en tumores concretos y microambiente tumoral
Sobre el terreno, la biopsia líquida ya está empezando a modificar la forma en que se tratan algunos tipos de cáncer. En cáncer de mama avanzado, por ejemplo, la detección de mutaciones específicas mediante análisis de sangre permite ajustar el tratamiento hormonal antes de que el tumor muestre signos claros de progresión, adelantando el cambio de fármaco para evitar que la enfermedad se descontrole.
En tumores genitourinarios, como el cáncer de próstata o de vejiga, el seguimiento mediante biopsia líquida ofrece una imagen más continua de la evolución de la enfermedad, reduciendo la necesidad de biopsias de tejido repetidas y otras pruebas más invasivas. Lo mismo ocurre en determinados cánceres digestivos, en los que la técnica se emplea ya para monitorizar respuesta y eventual aparición de recaídas.
Laura Muinelo destaca, además, el creciente interés por el estudio del microambiente tumoral a través de estas técnicas. No solo importa qué alteraciones genéticas tiene el tumor, sino también cómo interactúan las células cancerosas con su entorno y con el sistema inmunitario. El análisis de ARN circulante y otros marcadores permite obtener una visión más funcional de la enfermedad, clave para seleccionar estrategias terapéuticas, especialmente en combinación con inmunoterapia.
En paralelo, diferentes grupos trabajan en la detección y caracterización de células tumorales circulantes (CTC), que pueden ofrecer información complementaria al análisis de ADN libre circulante. La identificación de nuevas proteínas en la superficie de estas células, y el desarrollo de métodos más eficaces para capturarlas vivas, abre la puerta a estudiar metástasis y resistencia al tratamiento con un nivel de detalle que hace unos años era impensable.
Para los clínicos, una de las grandes ventajas prácticas de todas estas aproximaciones es que permiten seguir el cáncer casi en tiempo real mediante extracciones de sangre periódicas. Frente a la rigidez de las biopsias de tejido, ligadas a procedimientos invasivos y momentos puntuales, la biopsia líquida ofrece una secuencia de datos que ayuda a entender si la terapia está funcionando, si aparecen clones resistentes o si, por el contrario, el tumor parece controlado.
Acceso, regulación y modelo europeo
Si en el ámbito científico España está bien posicionada, con grupos punteros como ONCOMET y proyectos europeos coordinados desde Santiago, la aplicación clínica de la biopsia líquida todavía presenta desigualdades. Así lo reconocen tanto Rafael López como Laura Muinelo, que diferencian claramente entre la capacidad investigadora y la velocidad a la que estas herramientas se incorporan al sistema sanitario.
En los últimos años, diversos expertos han pedido que la financiación y cobertura de los test de biopsia líquida se acerquen a la de otros países europeos. Francia y Alemania se citan a menudo como ejemplos de modelos más estructurados, con redes de laboratorios acreditados, protocolos comunes y circuitos claros de derivación dentro de la sanidad pública, lo que facilita que más pacientes puedan acceder a estas pruebas cuando están indicadas.
Rafael López compara la situación con la adopción del coche eléctrico: todo apunta a que la biopsia líquida será una herramienta imprescindible en la oncología del futuro, pero su implantación está siendo más lenta de lo que a muchos profesionales les gustaría. Cuestiones regulatorias, prudencia clínica y costes económicos se combinan para que la incorporación sea gradual, con indicaciones bien delimitadas y, de momento, cierta variabilidad entre comunidades autónomas y hospitales.
En Galicia, la Consellería de Sanidade ha habilitado el uso de la biopsia líquida en situaciones concretas, valoradas caso por caso por el Comité Molecular de Tumores. Cuando se considera adecuado, las muestras pueden enviarse a laboratorios de referencia, incluyendo centros internacionales, para garantizar la calidad técnica del análisis.
A escala europea, iniciativas colaborativas como EPILUNAR y otros proyectos consorciados ponen de manifiesto la necesidad de armonizar regulación, estándares de calidad y criterios de acceso. Los organizadores del simposio subrayan que las capacidades tecnológicas han evolucionado más rápido que las normas de financiación y los marcos regulatorios, por lo que uno de los debates clave pasa por cómo adaptar los sistemas sanitarios a esta nueva realidad.
El propio XI Simposio de Biopsia Líquida incluye mesas específicas dedicadas a analizar estos retos organizativos y de política sanitaria, con participación de expertos de varios países europeos. Se abordarán desde modelos de acreditación de laboratorios hasta la posible inclusión de estas técnicas en carteras de servicios, pasando por la formación necesaria para que oncólogos, patólogos y otros especialistas interpreten correctamente los resultados.
Un foro consolidado con más de 300 especialistas
El encuentro de Santiago se ha consolidado, tras más de una década de trayectoria, como uno de los principales foros científicos sobre biopsia líquida en España y con creciente proyección internacional. En esta undécima edición, más de 300 profesionales de distintos ámbitos —oncología médica, biología molecular, bioinformática, patología, gestión sanitaria— participan en un programa con más de 20 mesas de trabajo, conferencias plenarias y sesiones técnicas.
Bajo la dirección científica de Rafael López y con la coordinación de Laura Muinelo, el simposio combina investigación básica, desarrollo tecnológico y experiencia clínica. No se trata solo de presentar resultados, sino de debatir cómo trasladar los avances a la realidad diaria de los hospitales, qué indicaciones priorizar, cómo seleccionar a los pacientes y qué circuitos organizativos son más eficientes.
El foro cuenta, además, con un respaldo institucional significativo. En el acto de inauguración participan representantes del Parlamento de Galicia, la Consellería de Sanidade y la gerencia del área sanitaria de Santiago y Barbanza, lo que refleja el interés de las autoridades sanitarias por el desarrollo de la oncología de precisión y su impacto en el sistema público de salud.
Con el paso de las ediciones, los organizadores destacan que cada año se presentan avances nuevos y no se repiten contenidos, una señal de la velocidad a la que se está moviendo este campo. También subrayan la importancia de la multidisciplinariedad: la biopsia líquida exige la colaboración estrecha de clínicos, biólogos, ingenieros, expertos en datos y gestores sanitarios.
La sensación compartida entre muchos de los asistentes es que la biopsia líquida está dejando de ser un experimento de laboratorio para convertirse en una pieza central de la medicina personalizada. Todavía quedan por resolver barreras de acceso, financiación y estandarización, pero la combinación de sensibilidad técnica, inteligencia artificial y experiencia clínica acumulada apunta a un escenario en el que seguir el cáncer a través de la sangre —y otros fluidos— será, poco a poco, parte habitual de la práctica oncológica en España y en el resto de Europa.