Ayuno intermitente: eficaz para adelgazar, pero no superior a la dieta clásica

  • La mayor revisiĂłn Cochrane concluye que el ayuno intermitente no adelgaza más que la dieta hipocalĂłrica tradicional.
  • Los distintos tipos de ayuno logran pĂ©rdidas de peso moderadas y similares a las de comer menos calorĂ­as a diario.
  • Faltan estudios de larga duraciĂłn y con poblaciones más diversas para valorar efectos sobre salud global.
  • Los expertos en España lo ven como una alternativa Ăştil más, siempre dentro de un plan personalizado y supervisado.

ayuno intermitente y dieta clásica

Durante los últimos años, el ayuno intermitente se ha disparado en popularidad como método para perder peso, impulsado por redes sociales, influencers y experiencias personales. Ventanas de 16 horas sin comer, días alternos de restricción o el llamado “ayuno del guerrero” se han presentado casi como una solución milagrosa frente al sobrepeso y la obesidad, que afectan ya a más de la mitad de la población adulta en España.

Sin embargo, la evidencia más sólida disponible hasta ahora enfría bastante ese entusiasmo: una gran revisión sistemática publicada en la Biblioteca Cochrane señala que el ayuno intermitente ayuda a adelgazar, sí, pero no ofrece mejores resultados que una dieta hipocalórica convencional basada en comer menos calorías de forma continuada. En otras palabras, funciona, pero no es superior a la “dieta de toda la vida”.

Qué ha descubierto la gran revisión sobre el ayuno intermitente

estudios sobre ayuno intermitente

El trabajo ha sido publicado en la Biblioteca Cochrane, una de las fuentes más prestigiosas en medicina basada en la evidencia. Lo lideran los investigadores Luis Garegnani (Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires) y Eva Madrid (Centro Interdisciplinario de Estudios en Salud de la Universidad de Valparaíso y entorno de Cochrane Iberoamérica).

La revisión analiza 22 ensayos clínicos aleatorizados con cerca de 2.000 adultos con sobrepeso u obesidad, procedentes de Norteamérica, Europa, China, Australia y Sudamérica. En la mayoría de los estudios, el seguimiento se prolongó hasta 12 meses, un periodo relativamente corto para una enfermedad crónica como la obesidad, pero suficiente para comparar enfoques.

Los autores enfrentaron distintas modalidades de ayuno intermitente con las dietetas hipocalóricas clásicas y con el asesoramiento dietético habitual. El objetivo era valorar si limitar el horario de las comidas o alternar días de ingesta y de restricción suponía alguna ventaja en términos de pérdida de peso y salud.

La conclusión central es clara: no se hallaron diferencias clínicamente relevantes en la pérdida de peso entre quienes ayunaban con distintos esquemas y quienes simplemente reducían las calorías que comían cada día. El ayuno intermitente permitió una bajada de peso moderada, pero similar a la de las dietas tradicionales.

En palabras de los propios responsables, el ayuno intermitente no debería promocionarse como una solución mágica ni como una opción superior frente a la restricción calórica clásica. Su efecto adelgazante es, en la práctica, muy parecido.

Qué se entiende por ayuno intermitente y qué tipos se han estudiado

tipos de ayuno intermitente

Más que una dieta al uso, el ayuno intermitente es un patrón de alimentación que alterna periodos de ingesta con periodos de ayuno, en los que se dejan de consumir calorías o se restringen de forma muy marcada. No pone tanto el foco en qué se come, sino en cuándo se come.

En la revisión Cochrane se evaluaron varias fórmulas habituales en la práctica y en las redes sociales:

  • RestricciĂłn horaria de la alimentaciĂłn, como el popular 16-8, en el que se ayuna 16 horas y se ingiere comida solo en una ventana de 8 horas.
  • Modelos más suaves, como el 12-12, muy utilizados por quienes se inician en esta forma de comer.
  • Esquemas más extremos, como el llamado “ayuno del guerrero”, en el que se pasa hasta 20 horas sin comer y se concentra la ingesta en solo 4 horas.
  • El conocido mĂ©todo 5-2, que consiste en comer de forma habitual cinco dĂ­as a la semana y reducir fuertemente las calorĂ­as en dos dĂ­as no consecutivos.
  • Otras variantes de ayuno en dĂ­as alternos o ayuno periĂłdico, donde se intercalan jornadas con alimentaciĂłn normal y otras de restricciĂłn importante.

En todos estos casos, cuando se comparó el resultado en la báscula con el de una dieta hipocalórica convencional (comer menos cantidad a lo largo del día, repartido en varias comidas), no se observaron ventajas significativas del ayuno. Las personas adelgazaron, pero lo hicieron de manera similar tanto si jugaban con las ventanas de tiempo como si seguían un plan clásico de reducción calórica.

Los investigadores tampoco detectaron diferencias importantes entre los distintos tipos de ayuno entre sĂ­, ni resultados claramente distintos entre hombres y mujeres, aunque insisten en que el nĂşmero de estudios en cada subgrupo aĂşn es limitado y no permite sacar conclusiones muy finas.

Beneficios metabólicos posibles, pero sin “plus” para bajar más kilos

beneficios metabĂłlicos del ayuno

Que el ayuno intermitente no sea mejor para adelgazar no significa que carezca de interés desde el punto de vista metabólico. Varios expertos señalan que, si se hace correctamente, puede inducir una serie de cambios fisiológicos con potencial beneficio para la salud.

La investigadora Ana Belén Crujeiras, vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y responsable de Epigenómica en el Instituto de Investigación en Salud de Santiago (IDIS), recuerda que, tras un número de horas sin ingerir alimentos, el organismo entra en una situación de cetosis nutricional. En este contexto, el cuerpo comienza a utilizar con más intensidad los cuerpos cetónicos como fuente de energía.

Estos cuerpos cetónicos, explica, poseen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y actúan como moléculas señalizadoras capaces de modular ciertos mecanismos epigenéticos. En algunos estudios se ha visto que este estado se asocia con mejor bienestar subjetivo y calidad de vida en determinados pacientes, lo que sugiere que el ayuno podría tener efectos positivos más allá del peso.

Ahora bien, la propia Crujeiras matiza que la calidad de muchos estudios es limitada y los seguimientos son cortos, por lo que no se puede hablar todavĂ­a de una lista cerrada de beneficios ni de un impacto claro sobre enfermedades como la diabetes tipo 2 o los problemas cardiovasculares.

La revisión Cochrane refuerza esta idea: no se han encontrado pruebas sólidas de que el ayuno intermitente mejore la pérdida de peso por encima de la dieta clásica, y todavía faltan datos robustos sobre su efecto a largo plazo en otros aspectos de la salud.

Las lagunas de la evidencia: adherencia, calidad de vida y tipos de pacientes

investigaciones sobre ayuno intermitente

Uno de los puntos que más llaman la atención en la revisión es la cantidad de incógnitas que siguen abiertas. A pesar de que se trata del análisis más amplio hasta la fecha sobre este tema, los investigadores subrayan que la base científica aún tiene muchos huecos importantes.

Por ejemplo, solo 10 de los 22 ensayos incluidos comprobaron de forma sistemática si los participantes cumplían realmente con el protocolo de ayuno. Dicho de otro modo: en más de la mitad de los estudios no se sabe con claridad hasta qué punto las personas siguieron las indicaciones al pie de la letra, algo fundamental en nutrición.

Tampoco se evaluĂł de forma adecuada la satisfacciĂłn de los pacientes con la dieta o su impacto en la calidad de vida cotidiana. Y esto es clave, porque la realidad demuestra que muchas dietas se abandonan no por falta de eficacia teĂłrica, sino porque resultan difĂ­ciles de mantener, generan malestar o no encajan con el ritmo de vida.

Además, ninguno de los ensayos analizó con detalle el efecto del ayuno intermitente sobre la diabetes u otras enfermedades estrechamente ligadas a la obesidad, algo especialmente llamativo si se tiene en cuenta que la prevención y el control de estas patologías son objetivos prioritarios en salud pública.

Otro aspecto problemático es la representatividad de las muestras estudiadas. La mayoría de los trabajos se llevaron a cabo en países de renta alta y con participantes mayoritariamente blancos, cuando la prevalencia de sobrepeso y obesidad se ha triplicado desde 1975 y afecta por igual a países con menos recursos.

Los autores de la revisión señalan que, en el futuro, hará falta investigar el ayuno intermitente en contextos socioeconómicos y culturales más variados para comprobar si los resultados se mantienen en otras poblaciones, incluido el entorno europeo y español.

Qué dicen los expertos en España: una herramienta más, no la solución mágica

expertos españoles en nutrición

En el ámbito español, las sociedades científicas han seguido de cerca estas conclusiones. Francisco J. Tinahones, presidente de la Fundación SEEDO y de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), pide matizar los titulares más tajantes.

En declaraciones recogidas por el Science Media Centre España, subraya que el artículo no afirma que el ayuno intermitente no sirva para perder peso, sino que, con los datos actuales, no hay evidencia de que sea superior a la restricción hipocalórica clásica. Es decir, el problema no es que no funcione, sino que no puede venderse como una opción “mejor” a las dietas convencionales.

De hecho, Tinahones recalca que sí hay indicios de que el ayuno intermitente es, como mínimo, tan eficaz como una dieta hipocalórica tradicional en personas con sobrepeso u obesidad. Desde su punto de vista, puede considerarse una alternativa válida dentro del abanico de estrategias para perder peso, siempre que se adapte al paciente y se supervise por profesionales.

El endocrinólogo recuerda también estudios previos en los que se compararon diferentes abordajes dietéticos: dieta hipocalórica clásica (a menudo basada en el patrón mediterráneo), dieta cetogénica, ayuno en días alternos y ayuno intermitente. En uno de estos trabajos, publicado en la revista BMC Medicine y liderado por investigadores españoles, la dieta cetogénica y los dos tipos de ayuno consiguieron pérdidas de peso mayores que la dieta hipocalórica estándar en personas con obesidad.

Ese tipo de resultados sugiere que el ayuno intermitente puede ofrecer ventajas concretas en algunos perfiles, pero todavía no permite coronarlo como la mejor opción para todos. Tinahones insiste en la necesidad de contar con más ensayos clínicos, de mayor duración y con buen control de la adherencia, para delimitar mejor su papel en el tratamiento de la obesidad.

Por su parte, Ana Belén Crujeiras señala que la revisión Cochrane es rigurosa y se ajusta a los estándares científicos para este tipo de estudios, pero recuerda que muchos de los ensayos analizados tienen limitaciones. A su juicio, no estamos ante la última palabra sobre el ayuno intermitente, que podría ser muy útil en determinados casos si se sigue investigando con más profundidad.

Ayuno intermitente y vida real: adherencia, perfiles y precauciones

Más allá de las curvas de peso en los gráficos, los especialistas insisten en que el factor decisivo a la hora de elegir una estrategia para adelgazar es la adherencia, es decir, la capacidad de mantenerla a largo plazo. Y aquí es donde el ayuno intermitente puede resultar atractivo para ciertos pacientes.

Para algunas personas, es más sencillo concentrar la comida en una franja horaria concreta (por ejemplo, comer solo entre las 12 y las 20 horas) o marcar dos días de fuerte restricción a la semana, que estar pendiente de contar calorías todos los días. Esta sensación de “simplificación” puede traducirse en una mejor constancia.

Otros, en cambio, experimentan mucha hambre, irritabilidad, dificultades para dormir o bajones de energĂ­a cuando pasan demasiadas horas sin comer. En estos casos, el ayuno intermitente se vuelve poco sostenible, por muy prometedores que parezcan los resultados en un estudio clĂ­nico.

Los autores de la revisión y los expertos consultados coinciden en que los profesionales sanitarios tendrán que valorar caso por caso si recomendar el ayuno intermitente. Importan factores como los horarios laborales, el tipo de actividad física, la presencia de enfermedades previas, los medicamentos que se toman, el historial de peso y de dietas anteriores, e incluso el entorno social y familiar.

Tampoco hay que olvidar que el ayuno intermitente no es apropiado para todo el mundo. Se desaconseja, entre otros, en embarazadas, niños y adolescentes, personas mayores frágiles, pacientes con diabetes tipo 1 u otros problemas metabólicos complejos, determinadas patologías cardiacas, renales o hepáticas y en quienes tienen —o han tenido— trastornos de la conducta alimentaria. En todas estas situaciones, la supervisión médica y nutricional no es negociable.

La obesidad como enfermedad crónica: por qué no hay una dieta ganadora

La Organización Mundial de la Salud recuerda que la obesidad se ha triplicado desde 1975 y que el exceso de peso se ha convertido en un problema global que afecta tanto a países ricos como a aquellos con menos recursos. En España y en gran parte de Europa, más de la mitad de los adultos conviven con sobrepeso u obesidad, con el consiguiente aumento del riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otras patologías.

En este contexto, es comprensible que cada nuevo enfoque dietético genere expectación y se viralice en redes. Pero los especialistas en endocrinología y nutrición insisten en que la obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial, influida por el entorno, la genética, los hábitos, la situación socioeconómica y el estado emocional, entre otros elementos.

Tal y como resume Ana Belén Crujeiras, los tratamientos para el exceso de peso deben ser personalizados y abordarse de forma holístico y multidisciplinar. Eso implica tener en cuenta el estilo de vida, los gustos alimentarios, el perfil metabólico y molecular, y también factores psicológicos, en lugar de buscar una única dieta “ganadora” válida para todos.

En la práctica, esto se traduce en que a unas personas les puede encajar mejor una dieta hipocalórica tradicional; a otras, un esquema de ayuno intermitente bien pautado; y a otras, una estrategia de corte más cetogénico o combinada con tratamiento farmacológico. En algunos casos se recurre incluso a la cirugía bariátrica, siempre dentro de un programa integral.

La propia red Cochrane Iberoamérica y los expertos consultados insisten en que no es posible hacer una recomendación universal sobre el ayuno intermitente. Los resultados de los estudios actuales no se pueden extrapolar como si sirvieran igual para toda la población, especialmente cuando la mayoría de los ensayos se han realizado en contextos de renta alta y con características demográficas muy concretas.

Con todo lo que sabemos hasta ahora, la fotografía general es bastante nítida: el ayuno intermitente puede ser una opción válida para perder peso en adultos con sobrepeso u obesidad y, como mínimo, alcanza resultados similares a la dieta hipocalórica clásica. No obstante, la mejor evidencia disponible indica que no adelgaza más que comer menos calorías de forma tradicional. Su utilidad real dependerá de si encaja con la vida de cada persona, de cómo se acompañe desde la consulta y de si se integra dentro de un abordaje amplio y sostenible de la obesidad, en el que la prioridad no sea solo lo que marca la báscula a corto plazo, sino la salud global a largo recorrido.

comida kilo
ArtĂ­culo relacionado:
Ayuno intermitente