Atún en lata: qué fijarse en la etiqueta, riesgos y marcas según los últimos análisis

  • Diferencias entre "atún" y "atún claro" en lata y su impacto en el contenido de mercurio.
  • Recomendaciones de nutricionistas sobre consumo semanal y tipos de envase más seguros.
  • Resultados clave de los estudios de la OCU sobre calidad, sal, histamina y mercurio en marcas españolas.
  • Contexto internacional: seguridad, controles y comercio de atún en conserva entre la UE y terceros países.

latas de atun en conserva

El atún en lata se ha convertido en uno de esos básicos que nunca faltan en la despensa: resuelve una cena rápida, arregla una ensaladilla en cinco minutos y da vida a cualquier bocadillo improvisado. Más allá de su comodidad, aporta una buena cantidad de proteínas y ácidos grasos omega-3, lo que lo ha consolidado como una opción habitual en muchos hogares españoles y europeos.

Sin embargo, lo que para muchos es solo una conserva de batalla esconde matices importantes. Expertas en nutrición, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y organizaciones de consumidores como la OCU recuerdan que no todas las latas son iguales en términos de seguridad, contenido de mercurio y calidad global. Saber leer bien la etiqueta y entender qué estamos comprando se ha vuelto casi tan importante como tener el abre-latas a mano.

Atún vs atún claro: qué especie hay realmente en la lata

Una de las claves que más están destacando las nutricionistas es que no es lo mismo comprar una lata que pone simplemente “atún” que otra etiquetada como “atún claro”. A simple vista parecen productos similares, pero detrás hay especies distintas y, con ellas, diferencias en la acumulación de metales pesados.

Cuando en el envase solo aparece la denominación “atún”, lo habitual es que se trate de Katsuwonus pelamis, el llamado atún listado. Es un pez de menor tamaño, con un peso medio en torno a los 30-35 kilos y un ciclo de vida relativamente corto. Precisamente por ser más pequeño y vivir menos tiempo, tiende a acumular menos mercurio en sus tejidos que otras variedades de túnidos más grandes.

En cambio, las latas que se comercializan como “atún claro” suelen proceder de Thunnus albacares, conocido como yellowfin. Hablamos de un pez que puede alcanzar hasta unos 200 kilos de peso, situado más arriba en la cadena trófica y con una vida más larga. Todo ello favorece que vaya concentrando una mayor cantidad de mercurio a lo largo de los años, algo que las especialistas subrayan cada vez más cuando se habla de consumo frecuente de conservas de pescado.

Nutricionistas como Leticia Zoé y Blanca García-Orea (@blancanutri) coinciden en una idea básica: si se puede elegir, es preferible optar por las latas cuya denominación de venta sea “atún” antes que “atún claro”, especialmente en personas que consumen este producto de forma habitual o en hogares con mujeres embarazadas, niños y población vulnerable.

Cuando no es posible encontrar latas donde solo figure la palabra “atún”, la recomendación pasa por no abusar del atún claro y combinarlo con otros pescados en conserva de menor contenido en mercurio, como sardinas, conservas como la caballa o determinadas especies de salmón, que también aportan omega-3 y proteínas de alta calidad.

envases de atun en conserva

Mercurio en el atún: por qué preocupa y a quién afecta más

El debate sobre el consumo de atún enlatado y mercurio no es nuevo, pero en los últimos años se ha intensificado. El problema se centra en el metilmercurio, una forma orgánica de este metal pesado que se acumula en los tejidos de los peces y que, al llegar a la mesa, puede pasar a nuestro organismo.

Este compuesto tiene afinidad por el sistema nervioso central y se considera especialmente delicado en niños pequeños, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, ya que puede atravesar la barrera placentaria y afectar al desarrollo neurológico del feto y del lactante. Por ese motivo, las autoridades sanitarias marcan límites de ingesta y emiten recomendaciones de frecuencia de consumo para determinadas especies.

La realidad es que, debido a la contaminación marina, prácticamente todos los pescados contienen alguna cantidad de mercurio, aunque no en la misma proporción. Las especies grandes y depredadoras, situadas al final de la cadena alimentaria, tienden a presentar niveles más elevados. Dentro de este grupo se encuentran el pez espada, algunos tipos de tiburón y también determinados túnidos de gran tamaño.

Esto no implica que haya que desterrar el atún del menú. El pescado sigue siendo una fuente muy completa de nutrientes esenciales: proteínas de buena calidad, vitaminas del grupo B, minerales como selenio, fósforo o magnesio y los conocidos ácidos grasos omega-3, con efectos beneficiosos sobre la salud cardiovascular y cerebral. El mensaje de los organismos oficiales va más en la línea de mantener la moderación, elegir bien la especie y diversificar nuestro consumo de pescado.

En este contexto, las indicaciones de profesionales como García-Orea resultan claras: conviene no superar una o dos latas de atún a la semana en personas adultas sanas si se recurre a este producto con regularidad. En grupos sensibles, muchas guías recomiendan priorizar especies con niveles de mercurio más bajos y limitar aún más la frecuencia de consumo de grandes túnidos.

Envase de vidrio o lata: cómo elegir la presentación más segura

Otro de los aspectos que suelen pasar desapercibidos es el tipo de envase del atún en conserva. Aunque lo más frecuente sigue siendo encontrarlo en formato metálico, algunas marcas también lo ofrecen en tarros de vidrio, una alternativa que varias nutricionistas sugieren tener en cuenta.

La razón es que, durante el proceso de fabricación de las latas metálicas, pueden intervenir materiales que incorporan pequeñas cantidades de metales o compuestos procedentes del recubrimiento interior. Aunque la legislación europea es estricta y fija límites de migración, hay voces que, desde la prudencia, recomiendan priorizar los envases de cristal cuando se hace un consumo alto de conservas de pescado.

Blanca García-Orea apunta precisamente en esa dirección al sugerir que, cuando el presupuesto lo permite, se pueden priorizar envases de vidrio frente a la lata tradicional. De esta manera, se reducen las posibles fuentes de metales procedentes del envase y se limita la exposición a los ya presentes de forma natural en el propio pescado, como el mercurio.

En cualquier caso, tanto en lata como en tarro, es importante comprobar el estado físico del envase: no debe estar abombado, oxidado, deformado ni presentar golpes severos. Un cierre defectuoso o un envase dañado pueden comprometer la esterilidad interior y facilitar la proliferación de microorganismos peligrosos.

Otra duda recurrente es la elección entre atún al natural, en aceite de oliva, en escabeche o en aceite de girasol. Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, todas estas opciones son adecuadas, siempre que se respeten los procesos de conservación. Las diferencias afectan más a la calidad nutricional y al tipo de grasa. El escabeche, por ejemplo, suele incorporar algo de aceite de girasol, mientras que el aceite de oliva añade calorías pero aporta un perfil lipídico más interesante si se consume de forma moderada.

Qué ha encontrado la OCU en 32 marcas de atún en lata en España

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha analizado recientemente 32 marcas de atún en lata distribuidas en supermercados españoles, tanto en aceite de oliva como en aceite de girasol. Sus conclusiones sirven para tomar decisiones más informadas, no solo en materia de salud, sino también en relación con la calidad real de lo que compramos.

El primer dato que tranquiliza es que, en líneas generales, la calidad del atún en lata que se vende en España es buena. En las muestras estudiadas, los niveles de histamina y mercurio se sitúan por debajo de los límites legales, lo que indica que, desde el punto de vista de la seguridad, el producto suele ser correcto. También se comprobó que la información sobre el origen del pescado y el tipo de aceite empleado coincidía con lo indicado en la etiqueta en la mayoría de los casos.

No obstante, el estudio también puso sobre la mesa diferencias notables entre unas marcas y otras. La OCU revisó parámetros como la frescura del pescado, el contenido de sal, la cantidad de atún frente al líquido de cobertura, la textura de las piezas y la presencia de defectos como desmigado excesivo o músculo rojo. Estos factores influyen en la experiencia de consumo, pero también pueden tener impacto sobre la salud a largo plazo.

Uno de los aspectos más delicados es el contenido de sal. Según AESAN, un alimento se considera alto en sal cuando supera el 1,25 %. El análisis de la OCU refleja que el promedio de las latas evaluadas rondaba el 1,04 % de sal. Aunque esta cifra está por debajo del umbral de exceso, puede suponer un problema para personas hipertensas o que necesitan controlar el sodio. Además, algunas marcas concretas se acercan o superan valores poco recomendables dentro de un consumo frecuente.

La organización también destacó la relación calidad-precio. Llamó la atención que determinadas marcas de distribución más económicas obtuvieran puntuaciones de calidad muy elevadas, a la altura o incluso por encima de otras referencias más caras. Entre los ejemplos citados se encontraban productos como el atún en aceite de oliva de Sal de Plata (Aldi) o Hacendado (Mercadona), con valoraciones altas y precios contenidos por kilo.

Frente a estos buenos resultados, el informe señalaba igualmente algunas marcas con calificaciones más discretas, bien por exceso de sal, bien por problemas en el etiquetado o por resultados menos brillantes en las catas organolépticas. Entre las referencias peor valoradas se mencionaban, por ejemplo, Cabo de Peñas en aceite ecológico, Conservas Ortiz en aceite de oliva virgen extra ecológico y el pack vertical de Carrefour en aceite de girasol, que obtenían puntuaciones sensiblemente más bajas que otras competidoras.

Para el consumidor medio, estas conclusiones se traducen en una recomendación sencilla: leer con calma la etiqueta, revisar el contenido de sal, fijarse en el peso escurrido, comprobar el tipo de aceite y no asumir que lo más caro es siempre lo mejor. En muchos casos, una marca de precio ajustado puede ofrecer una calidad notable sin disparar el presupuesto familiar.

Consejos prácticos para un consumo responsable de atún en conserva

Con toda esta información sobre la mesa, la gran pregunta es cómo integrar el atún en lata de forma razonable en la dieta sin renunciar a sus ventajas. La idea no es demonizar el producto, sino tener claros unos cuantos principios básicos y consultar recetas saludables que faciliten esa integración.

El primer punto pasa por alternar el atún con otros pescados en conserva o frescos, de tal manera que no se convierta en la única fuente de pescado de la semana. Incorporar sardinas, caballa, mejillones o salmón permite mantener una buena ingesta de omega-3 reduciendo la exposición acumulada a mercurio, ya que muchas de estas especies suelen situarse en niveles más bajos.

En segundo lugar, conviene ajustar la frecuencia de consumo. Seguir orientaciones como las de García-Orea —no pasar de una o dos latas semanales en adultos— puede ser una referencia razonable, siempre que el resto de la semana se complemente con otros tipos de pescado y proteínas. Para colectivos sensibles, como embarazadas o niños, es recomendable atender específicamente a las guías emitidas por sanidad.

También es interesante prestar atención a la forma de presentación. Escoger, cuando sea posible, atún al natural o en aceite de oliva de calidad, es una opción a valorar. El escabeche y los aceites de girasol pueden seguir teniendo cabida, pero resulta útil revisar si se está sumando sal o grasas de baja calidad por otras vías de la dieta diaria.

Por último, no está de más recordar pequeñas pautas de seguridad doméstica: guardar las latas en lugar seco y fresco, evitar las que estén deformadas o abombadas y trasladar el contenido a un recipiente de vidrio si no se va a consumir toda la lata una vez abierta —y siempre siguiendo buenas prácticas de almacenamiento y reutilización como las que se describen en guías sobre reutilizar sobras de comida.

conserva de atun lista para consumir

El atún en lata en el comercio internacional y el mercado europeo

Más allá de lo que ocurre en la cocina de cada casa, el atún en conserva es un producto clave en el comercio alimentario global, y la Unión Europea desempeña un papel central tanto como consumidora como reguladora. La mayor parte de la demanda europea de atún enlatado se cubre con importaciones procedentes de terceros países, lo que hace que la seguridad y la sostenibilidad del suministro sean cuestiones estratégicas.

En los últimos años, se ha prestado una atención especial a las relaciones comerciales con países productores como Tailandia. En el marco de las negociaciones de un Acuerdo de Libre Comercio entre la UE y este país asiático, uno de los puntos de debate es precisamente cómo garantizar que el incremento de las importaciones de atún en conserva no vaya en detrimento de la trazabilidad, el control de la pesca ilegal y el respeto a las normas laborales.

Representantes tailandeses han subrayado que su industria pesquera ha llevado a cabo reformas legales y mejoras en los sistemas de certificación, incluyendo la ratificación del Convenio 188 de la OIT sobre trabajo en la pesca y la colaboración continuada con la UE para combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). Entre las medidas se encuentran sistemas de trazabilidad “del barco a la lata”, controles basados en normas como GMP y HACCP, y la obtención de certificaciones como la MSC de Cadena de Custodia en un número creciente de instalaciones.

Los datos recientes muestran que, aunque la UE importa más de un 33 % de su atún de países extracomunitarios, solo una pequeña fracción —en torno al 2-3 %— procede de Tailandia. Una porción relevante llega desde estados que mantienen advertencias europeas por pesca INDNR. Por ello, uno de los objetivos del acuerdo comercial en discusión es reforzar la confianza del consumidor europeo asegurando que el atún en conserva importado cumple estándares altos de sostenibilidad y legalidad.

Las instituciones europeas, a través de órganos como DG SANTE, realizan inspecciones periódicas en plantas de elaboración de terceros países para verificar que se respetan las normas sanitarias comunitarias. Al mismo tiempo, se está trabajando para vincular sistemas de certificación de captura, como el tailandés, con plataformas europeas de control como CATCH, con el fin de cerrar el círculo de la trazabilidad.

Para el consumidor final, todo este entramado normativo y comercial se resume en algo bastante concreto: que el atún en lata que llega a los lineales de los supermercados europeos proceda de pesquerías controladas, que no fomenten la sobreexplotación ni el trabajo precario y que pasen filtros estrictos de seguridad alimentaria. La combinación de controles públicos, certificaciones privadas y vigilancia ciudadana aspira a que una conserva aparentemente sencilla responda a una cadena de suministro mucho más compleja de lo que parece.

Con todas estas piezas —contenido de mercurio, tipo de especie, envase, sal, estudios de organizaciones de consumidores y regulación internacional—, el atún en lata sigue siendo un recurso cómodo y nutritivo, pero conviene dejar de verlo como un producto “neutro”. Elegir con algo más de criterio la especie, revisar el etiquetado, controlar la frecuencia de consumo y prestar atención al origen permite seguir disfrutando de esta conserva tan habitual en España y en buena parte de Europa con un equilibrio más sensato entre practicidad y salud.

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