Los arándanos se han convertido en un habitual de la cesta de la compra y también en un reclamo frecuente en redes, donde a veces se les atribuyen efectos casi milagrosos. La realidad científica es más matizada: hay investigaciones prometedoras, pero también muestras pequeñas, resultados preliminares y advertencias sobre cómo interpretar los datos.
En las últimas semanas han coincidido varios frentes informativos en torno a esta fruta. Por un lado, nuevos ensayos sobre rendimiento deportivo y salud cardiometabólica; por otro, una revisión que pide cautela con los arándanos fermentados; y además, una retirada de producto congelado en Estados Unidos por un brote de E. coli. Todo ello dibuja un panorama en el que conviene separar lo que está probado de lo que aún suena a promesa.
Rendimiento deportivo: un dato llamativo, pero con letra pequeña

Un estudio ha llamado la atención por su resultado: los corredores que tomaron un suplemento de arándanos durante una semana completaron un test de 22,2 kilómetros un 4,2% más rápido que cuando ingirieron un placebo. La diferencia media superó los siete minutos, con 2h37:05 frente a 2h44:30.
El trabajo, sin embargo, era muy pequeño: solo nueve corredores de montaña y estaba financiado por el Consejo Estadounidense del Arándano. Los participantes hicieron dos contrarreloj separadas por 21 días y, antes de cada una, pasaron una semana con polvo de arándanos o con placebo. La dosis equivalía a unas tres tazas de fruta fresca al día.
Los autores observaron una menor frecuencia cardíaca en reposo y menos sensación de fatiga, aunque no todas las variables analizadas mostraron diferencias significativas. La explicación que apuntan son los compuestos de los arándanos que investiga la ciencia para reducir el estrés oxidativo y la inflamación del ejercicio prolongado y favorecer el óxido nítrico y el flujo sanguíneo muscular. Con nueve participantes, hablar de ‘dopaje con arándanos’ sería exagerado.
Cerebro y corazón: lo que se ha estudiado y lo que aún no está cerrado

El cardiólogo Aurelio Rojas ha defendido que esta fruta destaca por su potencial para proteger cerebro y corazón. Según su lectura, aumentaría el flujo sanguíneo cerebral en zonas vinculadas a memoria y atención, como el córtex prefrontal y el hipocampo, y citó un trabajo publicado en Nutritional Neuroscience con mejoras medibles tras 12 semanas.
También mencionó un estudio de Harvard con más de 16.000 mujeres en el que el consumo habitual se asoció a un potenciar la memoria y la salud cerebral retrasando el deterioro cognitivo de hasta dos años y medio. En presión arterial, aseguró que varios ensayos controlados han visto reducciones de entre 4 y 6 milímetros de mercurio en la sistólica, una cifra que consideró relevante para el riesgo cardiovascular.
Con todo, la evidencia no es uniforme. Una revisión de 12 ensayos clínicos realizados durante 24 años en cuatro países sobre arándanos silvestres encontró resultados favorables en algunos indicadores cardiometabólicos, como presión, grasas en sangre o glucosa, pero los autores insistieron en que no son concluyentes. Piden más investigación para entender por qué varían las respuestas según la persona, la cantidad o el formato.
Silvestres, congelados y fermentados: diferencias que conviene entender

Las variedades silvestres suelen ser más pequeñas que las cultivadas. Esa característica implica más piel en proporción y, por volumen, más fibra y antocianinas, los pigmentos que le dan el color azul. La fibra soluble puede formar una sustancia espesa en la digestión y servir de alimento a microorganismos intestinales. Que la silvestre concentre más ciertos componentes no significa que la cultivada carezca de valor nutricional.
Los arándanos congelados responden sobre todo a una cuestión práctica: se congelan en su punto de madurez, lo que ayuda a conservar fibra, antocianinas y antioxidantes durante más tiempo y reduce el riesgo de que se estropeen antes de consumirlos. No hay pruebas de que por sí solos ofrezcan una ventaja clínica frente a los frescos.
El caso de los fermentados es distinto. En redes se les atribuyen mejoras directas de la salud intestinal, pero todavía no hay respaldo suficiente en personas. La revisión menciona estudios iniciales en animales sobre glucosa y digestión de carbohidratos, pero no permite afirmar que ocurra lo mismo en humanos ni que mejoren a los arándanos convencionales. Tampoco la fermentación aparece como requisito para los posibles efectos de los silvestres.
Una alerta de seguridad: retirada de arándanos congelados en Estados Unidos

En paralelo a los estudios nutricionales, una alerta sanitaria ha recordado que la seguridad alimentaria no depende de las propiedades de la fruta. Una familia de Florida ha demandado a Publix y al distribuidor Quirch Foods alegando que una mujer falleció y su hijo fue hospitalizado tras consumir arándanos congelados GreenWise Organic. La demanda sostiene que el producto estaba defectuoso y contaminado, aunque las alegaciones no equivalen a una conclusión judicial ni a una determinación oficial.
Las autoridades federales sí confirmaron que los arándanos orgánicos congelados suministrados por Frutas y Hortalizas del Sur S.A., de Chile, estuvieron relacionados con un brote multiestatal de E. coli O145. El CDC informó de 17 casos en dos estados, seis hospitalizaciones y ninguna muerte contabilizada oficialmente en su actualización final del 21 de septiembre. Las enfermedades comenzaron entre el 11 de mayo y el 2 de agosto.
Publix retiró primero un lote el 3 de julio y luego amplió la retirada de arándanos congelados a todos los lotes de GreenWise Organic Whole Blueberries y Whole Mixed Berries de 10 y 48 onzas, distribuidos en Florida, Alabama, Georgia, Kentucky, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Tennessee y Virginia. La medida se clasificó como Clase I por posible riesgo sanitario. Después, la retirada se extendió a un lote de Great Value Organic Triple Berry Blend vendido en Walmart en 26 estados y Puerto Rico.
El retrato de los arándanos queda, por tanto, lejos de ser blanco o negro. Hay señales interesantes en rendimiento, memoria y salud cardiovascular, pero muchas proceden de estudios pequeños, financiados por la industria o con resultados que los propios investigadores consideran preliminares. Las variedades silvestres y los congelados tienen ventajas concretas de composición y conservación, mientras que los fermentados aún necesitan pruebas en humanos. Y, como muestra la retirada estadounidense, ninguna fruta, por saludable que se presente, está exenta de riesgos si falla la cadena de seguridad alimentaria.
