Alimentos ultraprocesados y salud ósea: lo que revela la ciencia

  • Un gran estudio en Reino Unido asocia un mayor consumo de ultraprocesados con menor densidad mineral ósea y más fracturas de cadera.
  • El riesgo aumenta alrededor de un 10 % por cada 3,7 raciones diarias extra de estos productos.
  • El impacto negativo es más marcado en menores de 65 años y personas con bajo peso (IMC < 18,5).
  • Expertos y entidades europeas reclaman políticas de prevención y una dieta basada en alimentos frescos e integrales.

alimentos ultraprocesados y salud osea

Quien piense que los alimentos ultraprocesados solo afectan al peso o al corazón se queda corto. Una nueva línea de investigación internacional apunta a que también pasan factura a los huesos, un aspecto de la salud ósea que a menudo se descuida hasta que aparecen las primeras fracturas.

En los últimos años se ha acumulado evidencia científica que conecta el abuso de productos ultraprocesados con obesidad, peor control de la tensión arterial, más diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. Ahora, un amplio estudio con datos del Biobanco del Reino Unido añade un motivo más para levantar el pie del acelerador: una peor salud ósea y más riesgo de fracturas de cadera.

Un gran estudio internacional pone el foco en los huesos

La nueva investigación, publicada en la revista científica The British Journal of Nutrition, ha sido realizada por equipos de la Universidad de Tulane (Nueva Orleans, EEUU) y la Universidad Sun Yat-sen (Shenzhen, China), en colaboración con investigadores europeos que trabajan con la base de datos del Biobanco del Reino Unido. Este recurso incluye información detallada de salud y dieta de cientos de miles de personas adultas.

En total, el trabajo ha analizado los datos de más de 160.000 participantes, seguidos durante un periodo de algo más de 12 años. Los autores se centraron en la relación entre el consumo de alimentos ultraprocesados (AUP), la densidad mineral ósea en distintas zonas del esqueleto y la aparición de fracturas de cadera, un tipo de lesión especialmente grave en Europa por su impacto en la dependencia y la mortalidad en personas mayores.

Los resultados muestran que quienes tomaban más ultraprocesados presentaban densidad mineral ósea más baja en áreas clave, como el fémur superior y la región lumbar de la columna. Además, en este grupo se registró un mayor número de fracturas de cadera a lo largo del seguimiento, incluso tras ajustar por otros factores de riesgo como la actividad física, el peso corporal o la presencia de enfermedades previas.

Según explica el investigador principal, el profesor Lu Qi, este trabajo es la primera vez que se examina de forma tan directa en humanos el vínculo entre ultraprocesados y salud ósea en una cohorte tan amplia, apoyando lo que ya sugerían estudios previos más pequeños y ensayos en modelos animales.

relacion ultraprocesados y salud osea

Ocho raciones al día y un 10 % más de riesgo por cada porción extra

Uno de los datos que más ha llamado la atención a los especialistas europeos es la cantidad media de ultraprocesados que forman parte del día a día de la población analizada. De acuerdo con los registros dietéticos, las personas participantes consumían de media alrededor de ocho raciones diarias de este tipo de productos.

Las raciones no son idénticas para todos los alimentos, pero los autores dan un ejemplo ilustrativo: un consumo equivalente a un plato principal congelado, una galleta y un refresco ya supone varias de esas unidades. A ello se suman snacks salados, bollería industrial, pizzas listas para hornear, cereales azucarados de desayuno o bebidas azucaradas, muy presentes también en la dieta de muchos jóvenes europeos.

El análisis estadístico mostró una relación clara: por cada 3,7 raciones adicionales de ultraprocesados al día, el riesgo de sufrir una fractura de cadera aumentaba alrededor de un 10,5 %. Es decir, añadir varias porciones extra de estos productos a la dieta cotidiana se traduce en un incremento nada despreciable de probabilidad de fractura.

Los investigadores destacan que el vínculo entre cantidad de ultraprocesados consumidos y densidad ósea se mantenía incluso al tener en cuenta factores como la ingesta de calcio, la práctica de ejercicio o el índice de masa corporal. Esto sugiere que no se trata solo de una dieta globalmente poco saludable, sino que los ultraprocesados en sí mismos desempeñarían un papel específico en el deterioro del tejido óseo.

Los datos del Biobanco del Reino Unido apuntan, además, a que este patrón de consumo masivo de ultraprocesados no es algo exclusivo de Estados Unidos: en los países europeos ricos, estos productos también aportan una parte muy importante de las calorías diarias, especialmente en hogares de renta baja y media, donde suelen ser más accesibles y baratos que muchos alimentos frescos.

consumo ultraprocesados y riesgo de fracturas

Menores de 65 años y personas con bajo peso: los más vulnerables

El trabajo no solo analiza la media de la población, sino que identifica grupos en los que el impacto parece ser más intenso. Según los autores, la relación negativa entre alimentos ultraprocesados y densidad mineral ósea fue más evidente en personas menores de 65 años y en quienes presentaban un índice de masa corporal inferior a 18,5, es decir, bajo peso.

Un IMC reducido ya se considera por sí mismo un factor de riesgo para la salud de los huesos. En este contexto, añadir una dieta cargada de ultraprocesados podría agravar aún más la pérdida de densidad mineral, facilitando que se produzcan fracturas incluso con caídas relativamente leves o traumatismos cotidianos.

En el caso de los adultos menores de 65 años, los investigadores plantean que una mayor capacidad digestiva podría favorecer la absorción de los componentes menos saludables de estos productos, como determinados aditivos, grasas de baja calidad o azúcares libres. Esto podría explicar por qué el efecto negativo sobre el hueso aparece con especial claridad en este tramo de edad, y no solo en la población mayor.

Los datos encajan con trabajos previos que ya apuntaban a que la salud ósea puede verse comprometida desde etapas tempranas de la vida cuando la dieta es muy rica en productos de baja calidad nutricional. Un estudio de 2016, por ejemplo, observó que vivir cerca de múltiples establecimientos de comida rápida se asociaba con menor contenido mineral óseo en los bebés de mujeres embarazadas expuestas a ese entorno.

En paralelo, otro trabajo publicado en 2024 encontró que un alto consumo de ultraprocesados se relacionaba con un mayor riesgo de osteoporosis, una enfermedad que debilita los huesos y los hace más frágiles. El nuevo estudio amplia esta línea de evidencia y la extiende a grandes cohortes adultas, lo que refuerza el mensaje de cautela dirigido a la población general en Europa.

personas jovenes y bajo peso consumo ultraprocesados

Qué son exactamente los alimentos ultraprocesados

Para entender el alcance del problema, conviene aclarar qué entra en la categoría de alimentos ultraprocesados. No se trata solo de la «comida rápida» más evidente, sino de un conjunto amplio de productos industriales formulados a partir de ingredientes refinados y aditivos.

Según la clasificación NOVA, que se utiliza ampliamente en investigación nutricional, los ultraprocesados son formulaciones industriales listas para comer o calentar que incluyen, entre otros, grasas saturadas, azúcares añadidos, almidones refinados, sal en grandes cantidades, edulcorantes, colorantes, aromatizantes y conservantes. Es frecuente que apenas contengan alimentos integrales o sin procesar en su composición.

En la práctica, hablamos de platos preparados congelados, pizzas listas para hornear, refrescos y bebidas azucaradas, galletas y bolleria industrial, snacks salados crujientes, barritas «energéticas» muy refinadas o muchos cereales de desayuno azucarados, entre otros. Estos productos se diseñan para ser palatables, baratos y con larga vida útil, lo que facilita que ocupen cada vez más espacio en la cesta de la compra.

Datos citados en el estudio indican que, en algunos países desarrollados, estos alimentos aportan en torno al 55 % de las calorías diarias de jóvenes y adultos. Aunque la cifra varía entre países, las autoridades europeas de salud pública observan tendencias similares en varios Estados miembros, sobre todo en entornos urbanos donde el tiempo para cocinar es limitado y la oferta de productos listos para consumir es muy amplia.

El problema no es solo energético: además de ser muy calóricos, estos productos aportan pocas proteínas de calidad, fibra, vitaminas y minerales clave. Es decir, concentran azúcares, grasas de baja calidad y sal, pero apenas proporcionan los nutrientes necesarios para mantener en buen estado tejidos como el óseo, el muscular o el cardiovascular. Por eso conviene priorizar alimentos integrales y menos procesados en la cesta de la compra.

tipos de alimentos ultraprocesados

Mecanismos posibles: cómo pueden dañar los huesos

Aunque el estudio es observacional y no puede demostrar causalidad por sí solo, la comunidad científica baraja varios mecanismos biológicos plausibles que explicarían el impacto de los ultraprocesados sobre los huesos. Uno de ellos tiene que ver con los aditivos fosfatados y otros componentes que podrían alterar el metabolismo del calcio y del fósforo, dos minerales fundamentales para la estructura ósea.

Estudios experimentales sugieren que una dieta rica en determinados aditivos y en sodio puede favorecer la pérdida de calcio y otros minerales a través de la orina, lo que a la larga se traduciría en un menor contenido mineral en el hueso. En modelos animales se ha observado que este tipo de patrones alimentarios pueden reducir la densidad ósea y afectar a las placas de crecimiento, es decir, a las zonas del esqueleto donde se forma hueso nuevo durante la infancia y la adolescencia.

Otro factor clave es la inflamación de bajo grado. Los ultraprocesados, por su composición, favorecen la aparición de un estado inflamatorio crónico que se ha relacionado con mayor resorción ósea, es decir, con un aumento del proceso por el que el hueso viejo se descompone. Si la formación de hueso nuevo no compensa esa pérdida, la masa ósea termina reduciéndose.

A esto se añade el efecto de déficit de micronutrientes esenciales. Una dieta dominada por ultraprocesados suele ser pobre en calcio, vitamina D, magnesio y vitamina K, entre otros nutrientes que intervienen en la remodelación ósea. El resultado es una combinación poco favorable: exceso de energía, baja calidad nutricional y más inflamación, un cóctel que no ayuda precisamente a mantener unos huesos fuertes.

El estudio de Tulane y Sun Yat-sen se suma a este marco al mostrar que, incluso ajustando por factores como actividad física, consumo de calcio y otras variables de estilo de vida, la relación entre alto consumo de ultraprocesados y menor densidad mineral ósea se mantiene con fuerza estadística en una gran cohorte poblacional.

Todo ello encaja con la preocupación creciente de profesionales sanitarios europeos, que ven cómo la epidemia de ultraprocesados se superpone a otros retos como el sedentarismo o el envejecimiento poblacional, con el consiguiente aumento de fracturas, osteoporosis y discapacidad.

prevencion salud osea y reduccion de ultraprocesados

Un reto de salud pública para Europa: menos ultraprocesados y más alimentos integrales

La nueva evidencia no ha pasado desapercibida para organizaciones europeas dedicadas a la seguridad alimentaria y la salud. Desde Safe Food Advocacy Europe (SAFE), con sede en Bruselas, su subdirector Luigi Tozzi subraya que la preocupación social por los ultraprocesados está respaldada por datos independientes, no es una moda ni una alarma infundada.

Tozzi defiende que los resultados del estudio deberían servir para ajustar las políticas de salud pública en la Unión Europea, con un mayor énfasis en la prevención y en la reducción del consumo de productos ultraprocesados. Entre las medidas que se discuten en distintos foros figuran mejorar el etiquetado frontal, restringir la publicidad dirigida a menores, revisar la fiscalidad de determinados productos y reforzar la educación nutricional desde la escuela.

Las autoridades sanitarias europeas ya venían alertando de que los ultraprocesados contribuyen a más obesidad, hipertensión, diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares. El posible impacto adicional en la salud ósea se suma a esa lista y podría traducirse, a medio plazo, en más ingresos hospitalarios por fracturas, más cirugías de cadera y mayores costes sanitarios y sociales en países como España, Italia, Francia o Alemania.

Desde un punto de vista práctico, los expertos consultados coinciden en que no se trata de demonizar un alimento concreto, sino de revisar el conjunto de la dieta. El mensaje es claro: cuanto mayor sea la proporción de alimentos frescos, poco procesados y ricos en nutrientes (frutas, verduras, legumbres, frutos secos, sardinas en lata, lácteos sencillos, cereales integrales), menor será el espacio que dejen a los ultraprocesados.

Para la población general, reducir el consumo de estos productos y apostar por una alimentación de estilo mediterráneo puede ser una estrategia razonable para cuidar los huesos y el resto de la salud a largo plazo. Y, de paso, aliviar parte de la presión sobre los sistemas sanitarios europeos, ya muy exigidos por el envejecimiento demográfico.

El conjunto de la evidencia disponible apunta a que abusar de los alimentos ultraprocesados no solo suma calorías vacías, sino que se asocia a una menor densidad mineral ósea y más fracturas de cadera, sobre todo en personas jóvenes y con bajo peso. En un contexto en el que estos productos ya representan una fracción importante de la dieta en Europa, los resultados del gran estudio basado en el Biobanco del Reino Unido refuerzan el llamamiento a priorizar alimentos integrales, mejorar las políticas de prevención y replantear el lugar que los ultraprocesados ocupan en nuestra mesa cotidiana.

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