En los últimos tiempos, parece que en España no se habla de otra cosa en los pasillos del supermercado que no sea el contenido proteico de lo que echamos al carrito. Ya no es solo una preocupación de quienes pasan horas en el gimnasio levantando pesas, sino que el interés por mantener una musculatura sana y una mayor sensación de saciedad ha calado hondo en toda la población. Las proteínas son, al fin y al cabo, los ladrillos de nuestro cuerpo, encargándose de reparar tejidos y asegurar que nuestras hormonas y defensas funcionen como un reloj suizo.
A pesar de esta fiebre por los suplementos y los batidos, la mayoría de los expertos coinciden en que lo ideal es obtener este macronutriente de alimentos naturales y frescos. No hace falta complicarse la vida con productos extraños, ya que en la despensa mediterránea tenemos opciones de sobra que superan incluso al huevo en su aporte por ración. Eso sí, lo suyo es variar las fuentes de ingesta para no aburrirse y, de paso, aprovechar otros nutrientes esenciales como la fibra, las vitaminas y las grasas saludables que acompañan a estos alimentos.
Fuentes de origen animal: carnes magras y tesoros del mar

Si buscamos versatilidad y eficiencia, el pollo y el pavo siguen siendo los reyes indiscutibles de la cocina. Estas aves ofrecen una cantidad generosa de aminoácidos con muy poca grasa saturada, lo que las convierten en aliadas perfectas para el corazón y el control del peso. En una ración normal de unos cien gramos, podemos encontrar una densidad proteica difícil de batir por otros alimentos, permitiendo que platos tan sencillos como una ensalada o un salteado se transformen en una comida completa en un periquete.
Por otro lado, el pescado no solo nos regala proteínas de alta calidad, sino que viene con el pack completo de ácidos grasos omega-3. Tanto el salmón como el atún, ya sea fresco o en conserva, son opciones estupendas que ayudan a reducir la inflamación y mejoran la salud cardiovascular. Además, los lácteos fermentados como el yogur griego o el queso cottage han ganado muchísimos adeptos en nuestro país gracias a que son muy fáciles de digerir y aportan un extra de calcio que nunca viene mal para los huesos.
No podemos olvidarnos de los huevos, que durante mucho tiempo han sido el estándar de oro en nutrición. Aunque un solo huevo aporta unos seis gramos de proteína, combinarlo con lácteos ricos en caseína puede elevar significativamente el valor nutricional de un desayuno. Resulta curioso cómo algo tan tradicional como un cuenco de requesón con frutos secos puede darnos ese empujón de energía necesario para aguantar toda la mañana sin tener que picotear entre horas cosas que no debemos.
El potencial de las proteínas vegetales y los granos integrales

Para quienes prefieren dejar a un lado la carne o simplemente quieren reducir su consumo, el mundo vegetal es un auténtico filón. Las legumbres, como las lentejas, los garbanzos y los frijoles, son legumbres que arrasan entre deportistas y auténticas joyas nutricionales que aportan una cantidad de fibra excelente, algo de lo que solemos ir bastante escasos. Aunque se dice que son proteínas incompletas, basta con mezclarlas con un poco de arroz o algún cereal a lo largo del día para obtener todos los aminoácidos que nuestro organismo necesita para funcionar correctamente.
El tofu y el tempeh, derivados de la soja, son casos aparte porque sí que se consideran proteínas completas. Lo mejor de estos alimentos es su capacidad para absorber sabores, por lo que, si se cocinan con un poco de arte y unas buenas especias, pueden sustituir perfectamente a la ternera en guisos y hamburguesas caseras. Además, la soja fermentada aporta probióticos, lo que supone un beneficio extra para nuestra salud intestinal que no conviene ignorar si queremos sentirnos ligeros y con energía.
En cuanto a los cereales y frutos secos, la avena y la quinoa han pasado de ser desconocidas a ocupar un lugar de honor en nuestras mesas. Una simple taza de quinoa cocida puede aportar casi diez gramos de proteína, además de minerales como el magnesio y el hierro. Por su parte, los pistachos y las almendras son el tentempié ideal para deportistas, ya que ayudan a la recuperación muscular tras el ejercicio gracias a su perfil de nutrientes y grasas monoinsaturadas que protegen nuestras arterias.
No obstante, el mercado europeo está viviendo una situación curiosa con la proteína de suero de leche. Debido al auge de su uso en todo tipo de productos, desde barritas hasta cereales, la escasez de suero de leche dispara los precios en el último año, lo que ha llevado a muchos consumidores a redescubrir las fuentes naturales de toda la vida. Esta escasez ha puesto de manifiesto que, aunque los suplementos son cómodos, no hay nada como un buen plato de comida real para asegurar que nuestro cuerpo reciba lo mejor sin que el bolsillo sufra más de la cuenta.
Ajustar la cantidad de proteínas que ingerimos a nuestras necesidades personales es fundamental, ya que no necesita lo mismo una persona sedentaria que alguien que entrena para una maratón. Escoger una variedad equilibrada de productos frescos, priorizando las carnes magras, los pescados azules y una buena dosis de legumbres y frutos secos, es la mejor garantía para disfrutar de una salud de hierro y un cuerpo bien alimentado sin caer en excesos ni carencias innecesarias.

