En EspaƱa, cada vez es mĆ”s habitual que, al sentarnos en un restaurante o hacer la compra en el sĆŗper, tengamos que fijarnos en alĆ©rgenos, trazas y sĆmbolos sin gluten. No es una manĆa pasajera: los datos muestran que las alergias alimentarias han pasado de ser algo relativamente infrecuente a convertirse en un reto sanitario de primer orden, especialmente entre los mĆ”s jóvenes.
Los especialistas advierten de que el sistema inmunitario de la población estĆ” cambiando y que, dentro del amplio abanico de alergias, las causadas por alimentos son las que mĆ”s estĆ”n creciendo. Al mismo tiempo, proliferan los diagnósticos āy a veces la modaā de intolerancias, lo que genera confusión, diagnósticos dudosos y, en ocasiones, restricciones dietĆ©ticas innecesarias.
Un aumento llamativo de las alergias alimentarias
En poco mĆ”s de una dĆ©cada, las consultas relacionadas con alergias en EspaƱa han pasado de cifras que no alcanzaban los dos millones al aƱo a alrededor de 16 millones de atenciones en 2023, segĆŗn datos citados por especialistas en alergologĆa. Dentro de este incremento general, las alergias alimentarias son las que tiran con mĆ”s fuerza de la estadĆstica, hasta el punto de hablar de una autĆ©ntica āepidemia silenciosaā en Europa.
Este fenómeno no se explica solo por la genética. Los alergólogos insisten en que las condiciones del entorno, la contaminación y el cambio climÔtico estÔn modificando la exposición a alérgenos y la forma en que el organismo reacciona ante ellos, y han aparecido casos vinculados a alérgenos menos esperados. A ello se suma una mejora notable en la capacidad diagnóstica y en la conciencia social, lo que hace que muchos casos que antes pasaban desapercibidos ahora se etiqueten adecuadamente.
Un estudio reciente sobre el impacto de las alergias alimentarias en EspaƱa, dirigido por la experta en tecnologĆa de los alimentos Ana Guerrero, pone de relieve que estas patologĆas condicionan la vida social, el ocio y la salud emocional. Sus resultados seƱalan, por ejemplo, que los hombres suelen manifestar mĆ”s miedo a ingerir un alĆ©rgeno por error, mientras que muchas mujeres refieren una mayor sensación de exclusión social cuando comen fuera de casa.
En paralelo, voces como la de la farmacĆ©utica Amapola Munuera, vinculada al Imperial College de Londres, recuerdan que la alergia alimentaria es una āenfermedad de riesgo vitalā. Se calcula que hasta un tercio de las anafilaxias graves estĆ”n provocadas por alimentos y que, en un pequeƱo porcentaje de casos, pueden ser mortales.

Alergia alimentaria e intolerancia: parecidas en el lenguaje, muy distintas en el cuerpo
Uno de los errores mÔs extendidos es utilizar indistintamente los términos alergia e intolerancia alimentaria. Para especialistas como Maria Teresa Dordal, alergóloga del Hospital de Bellvitge, o la pediatra alergóloga Mònica Piquer, la diferencia no es un matiz: condiciona el riesgo y el tratamiento.
En la alergia, el problema estĆ” en el sistema inmunitario. El cuerpo reacciona de forma anómala frente a las proteĆnas de un alimento aparentemente inocuo. Esa reacción puede ser inmediata āurticaria, dificultad para respirar, inflamación de labios o lenguaā o mĆ”s tardĆa, horas despuĆ©s de la ingesta. La forma mĆ”s grave es la anafilaxia, una respuesta sistĆ©mica que compromete la presión arterial y la respiración y que, sin atención rĆ”pida, puede ser mortal.
La intolerancia alimentaria, en cambio, tiene su origen en un mecanismo digestivo, metabólico o enzimĆ”tico. El organismo no digiere bien un componente del alimento (como la lactosa) y aparecen sĆntomas sobre todo intestinales: dolor abdominal, gases, diarrea, nĆ”useas o vómitos. Suelen ser muy molestos, pero no implican de por sĆ un riesgo vital inmediato.
AdemĆ”s, la intolerancia suele ser dosis dependiente: cuanto mĆ”s se come del alimento problemĆ”tico, mĆ”s intensos son los sĆntomas. En la alergia, en cambio, una cantidad mĆnima, incluso trazas, puede ser suficiente para desencadenar una reacción importante. Esta diferencia hace que el manejo cotidiano sea radicalmente distinto en un caso y en otro.
Los expertos subrayan que muchas intolerancias no pueden demostrarse con pruebas claras y que no basta con retirar un alimento y encontrarse mejor para dar por hecho un diagnóstico. En algunos casos, la mejorĆa puede deberse a otros cambios en la dieta o en la microbiota intestinal. Por eso recomiendan siempre realizar las pruebas y reintroducciones pautadas por profesionales, en lugar de basarse Ćŗnicamente en modas o autodiagnósticos.
Alimentos que mƔs alergia dan en EspaƱa y Europa
La normativa europea obliga a declarar en el etiquetado los 14 alĆ©rgenos responsables de la mayorĆa de reacciones graves en la población. Aunque mĆ”s de un centenar de alimentos pueden causar alergia, en la prĆ”ctica unos pocos concentran la enorme mayorĆa de los casos.
En CataluƱa, por ejemplo, los datos clĆnicos seƱalan que, en niƱos, los principales desencadenantes son la leche, el huevo y el pescado. En adultos, en cambio, destacan el melocotón y otras frutas afines, los frutos secos y el marisco. Estos patrones son similares a los descritos en otros paĆses europeos, donde se repite el protagonismo de la leche, el huevo, el pescado, los cacahuetes, las nueces, el trigo, la soja, los crustĆ”ceos y las semillas como el sĆ©samo.
Junto a las alergias, la intolerancia a la lactosa es, con diferencia, la mÔs frecuente en España y Europa. Se debe a la falta o disminución de la enzima que descompone este azúcar de la leche y puede ser transitoria (por ejemplo, tras una infección intestinal) o persistente. También se ven intolerancias menos habituales a compuestos como la fructosa, el sorbitol o la histamina.
Los alergólogos recuerdan que, salvo en casos muy concretos que aparecen en la infancia, las alergias alimentarias tienden a ser crónicas. Algunas, como las que afectan a leche o huevo cuando se inician a edades muy tempranas, pueden remitir con los años, pero en general se recomienda asumir que la vigilancia serÔ para toda la vida, especialmente cuando ha habido reacciones graves previas.

Prevención temprana y nuevas terapias: de retrasar alimentos a introducirlos antes
Durante mucho tiempo se pensó que la mejor forma de evitar alergias alimentarias en los niƱos era retrasar la introducción de alimentos āconflictivosā como huevo, frutos secos o pescado, incluida la introducción de manĆ en bebĆ©s. Esa recomendación hoy estĆ” prĆ”cticamente desterrada: la evidencia actual apunta en la dirección contraria.
Especialistas en alergia infantil seƱalan que, entre los 4 y los 6 meses de vida, se abre una autĆ©ntica āventana de oportunidadā para que el sistema inmune aprenda a tolerar ciertos alimentos. La introducción controlada y continuada de huevo bien cocinado o de frutos secos bien triturados, siempre con supervisión profesional, puede reducir el riesgo de desarrollar alergia mĆ”s adelante.
En este nuevo enfoque, la palabra clave es continuidad. No basta con ofrecer el alimento un dĆa y olvidarse: es necesario mantenerlo en la dieta, en pequeƱas cantidades regulares, para consolidar la tolerancia. Interrumpir bruscamente esa exposición āpor ejemplo, por miedo sin base mĆ©dicaā puede ir en contra del objetivo preventivo.
Para los niƱos y adultos que ya han desarrollado una alergia, algunos hospitales espaƱoles, como el Sant Joan de DĆ©u, trabajan con inmunoterapia oral. Esta tĆ©cnica consiste en administrar dosis mĆnimas y controladas del alimento al que el paciente es alĆ©rgico, incrementĆ”ndolas de forma muy gradual hasta alcanzar una ādosis de seguridadā que eleve el umbral de reacción.
La inmunoterapia no ācuraā la alergia en todos los casos, pero sĆ puede disminuir el riesgo de anafilaxia ante una ingesta accidental y mejorar la calidad de vida, al reducir el miedo constante a una reacción grave por pequeƱas trazas.
La cocina y el restaurante: dos escenarios de riesgo diario
Para una persona con alergia o intolerancia alimentaria, la cocina āque para muchos es un espacio de disfruteā puede convertirse en el lugar mĆ”s delicado de la casa. No se trata solo de lo que se compra, sino de cómo se manipula, se cocina y se limpia.
La Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia estima que unos dos millones de personas en España conviven con alergias o intolerancias alimentarias, y los expertos en seguridad alimentaria constatan que la principal preocupación gira en torno a la llamada contaminación cruzada. Es decir, cuando un alimento entra en contacto con restos de otro que contiene alérgenos.
En la industria, la legislación europea obliga a declarar los 14 alĆ©rgenos principales y a advertir sobre posibles trazas cuando sea necesario. De ahĆ que proliferen avisos del tipo āpuede contenerā o āelaborado en una fĆ”brica que tambiĆ©n procesaā¦ā. Los especialistas reconocen que en ocasiones se abusa de estos mensajes para ācurarse en saludā, lo que genera frustración entre quienes padecen alergias severas y ven limitada su lista de productos seguros; retirados por alĆ©rgenos no declarados son un ejemplo de la complejidad del problema.
En la restauración, aunque las normas se han endurecido y cada vez mĆ”s cartas incluyen iconos de alĆ©rgenos, la realidad es desigual. Un ejemplo tĆpico que citan los expertos: unas patatas fritas que, en principio, no contienen gluten, pueden volverse peligrosas si se han cocinado en el mismo aceite donde antes se han preparado rebozados con harina de trigo. Lo mismo ocurre con planchas, tablas de cortar o utensilios que no se limpian adecuadamente entre usos; alertas como la de soja no declarada en palomitas muestran riesgos similares.
En el hogar, las recomendaciones pasan por separar bien los alimentos, usar cuchillos y tablas diferenciados cuando sea necesario, evitar compartir tostadoras o envases donde puedan quedar migas y extremar la higiene de manos y superficies. TambiƩn se insiste en algo tan sencillo como no compartir vasos o cubiertos, sobre todo cuando hay niƱos con alergias conocidas.
La casa como refugio seguro⦠siempre que se tomen medidas
Muchas personas con alergia alimentaria describen el hogar como su espacio de mayor seguridad. AllĆ controlan quĆ© se compra, cómo se almacena y cómo se cocina. Sin embargo, los despistes de convivientes o visitas pueden provocar incidentes, especialmente cuando las alergias son muy severas y reaccionan a trazas mĆnimas.
Los especialistas recomiendan, en función de la gravedad, adoptar ciertas rutinas: reservar utensilios exclusivos para la persona alérgica, etiquetar claramente algunos envases, evitar que haya alimentos de alto riesgo al alcance de los niños pequeños y, sobre todo, implicar a toda la familia en la importancia de seguir estas pautas.
AdemĆ”s, se subraya la necesidad de mantener a mano la medicación de rescate indicada por el alergólogo (como adrenalina autoinyectable) y de que todos los miembros del entorno cercano sepan cómo usarla. Vivir con alergia alimentaria supone, en palabras de algunos expertos, hacerlo bajo una āespada de Damoclesā: la preparación y la información son las mejores herramientas para rebajar esa tensión.
El impacto no es solo fĆsico. Estudios recientes seƱalan que las alergias alimentarias pueden alterar la vida social, generar ansiedad y sensación de aislamiento, tanto en los propios pacientes como en sus familias. Rechazar invitaciones a comer, vigilar cada bocado fuera de casa o explicar una y otra vez la condición a desconocidos termina pasando factura emocional.
Por ello, la comunidad cientĆfica insiste en combinar la prevención estricta con una educación sanitaria que normalice y respete estas situaciones, evitando banalizar las alergias (āes solo una manĆaā) o restar importancia a las indicaciones mĆ©dicas.
Alertas alimentarias y papel de la AESAN
En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) juega un papel clave para proteger a las personas con alergias e intolerancias. Cuando se detecta que un producto contiene un alérgeno no declarado en su etiqueta, se activa una alerta que se difunde a través de los canales oficiales y de los sistemas europeos de intercambio rÔpido de información; casos como el retiro por etiquetado incorrecto recuerdan la importancia de estos mecanismos.
Un ejemplo reciente es la advertencia sobre la presencia de sulfitos no declarados en azúcar de coco de la marca Auchan, producida en España. Las autoridades informaron de varios lotes afectados e instaron a que las personas con intolerancia o sensibilidad a los sulfitos se abstuvieran de consumirlo, mientras los productos eran retirados de los canales de comercialización.
En estas situaciones, la AESAN recuerda una serie de pasos bÔsicos: lo primero es verificar la información en fuentes oficiales, como la propia web del organismo, para evitar caer en bulos. Después, valorar si se pertenece al grupo de riesgo afectado (en muchas alertas solo lo son quienes padecen determinadas alergias o intolerancias). Y, por último, comprobar cuidadosamente el producto: marca, denominación, peso, fecha de consumo preferente y, muy especialmente, el número de lote.
Si el alimento que tenemos en casa coincide con los datos de la alerta y pertenecemos a la población de riesgo, los expertos recomiendan no consumirlo bajo ninguna circunstancia, devolverlo al punto de venta āsi es posible con el tique de compraā y consultar a un servicio sanitario en caso de haber presentado sĆntomas compatibles tras su ingesta.
Para el resto de la población, la mayorĆa de estas alertas no supone un peligro directo, pero sĆ ayudan a visibilizar la importancia de un etiquetado riguroso y transparente, crucial para quienes dependen de esa información para evitar una reacción grave.
Gluten, celiaquĆa y sensibilidad: un terreno especialmente confuso
Entre las alergias e intolerancias ligadas a la alimentación, pocas generan tanta confusión como las relacionadas con el gluten y el trigo. En consulta llegan pacientes que se definen como āintolerantes al glutenā sin pruebas concluyentes, mientras las asociaciones de pacientes intentan aclarar conceptos.
La portavoz de la Asociación CelĆacos de Catalunya, Irene Puig, subraya que hay que distinguir entre tres realidades diferentes. La celiaquĆa es una enfermedad autoinmune crónica: la ingesta de gluten desencadena un daƱo progresivo en las vellosidades del intestino delgado, dificultando la absorción de nutrientes y pudiendo causar mĆŗltiples sĆntomas sistĆ©micos.
Por otra parte, existe la alergia al trigo y otros cereales, en la que el problema vuelve a ser inmunológico pero con una reacción mĆ”s inmediata, similar a otras alergias alimentarias clĆ”sicas. AquĆ, pequeƱas cantidades pueden provocar urticaria, dificultad respiratoria o incluso anafilaxia.
En un tercer grupo estarĆa la llamada sensibilidad al gluten no celĆaca, que se describió hace dĆ©cadas, pero cuyo mecanismo aĆŗn se investiga. Popularmente se le llama a menudo āintolerancia al glutenā, aunque esta etiqueta no es del todo precisa. Los sĆntomas suelen ser digestivos y generales (dolor abdominal, cansancio, niebla mental), pero sin el patrón inmunitario y las lesiones intestinales propias de la celiaquĆa.
El auge de dietas sin gluten, a veces sin indicación mĆ©dica, ha contribuido a extender la idea de que el gluten āsienta mal a todo el mundoā. Los especialistas insisten en que, salvo en personas con diagnóstico claro, eliminar el gluten de forma indiscriminada no aporta beneficios demostrados y puede complicar futuros diagnósticos, ademĆ”s de encarecer y restringir innecesariamente la dieta.
Errores frecuentes y mitos que pueden ser peligrosos
El incremento de información (y desinformación) en redes sociales ha dado alas a numerosos mitos sobre las alergias alimentarias. Algunos de ellos, si se toman al pie de la letra, pueden comprometer la seguridad de los pacientes.
Uno de los mĆ”s arraigados es pensar que āla alergia y la intolerancia son lo mismoā. Como hemos visto, no solo difieren en los mecanismos implicados, sino tambiĆ©n en la gravedad potencial de las reacciones y en el tipo de atención que requieren.
Otro error frecuente es asumir que la severidad de la reacción serĆ” siempre parecida. Muchos pacientes que han tenido respuestas leves en el pasado se confĆan, sin ser conscientes de que la siguiente exposición al alĆ©rgeno puede desencadenar una anafilaxia mĆ”s grave. La alergologĆa moderna recuerda que el grado de reacción es, en gran medida, impredecible.
TambiĆ©n es comĆŗn creer que un alimento solo provoca reacción si se ingiere. Aunque la vĆa oral es la mĆ”s peligrosa, las personas con alergias intensas pueden reaccionar por contacto cutĆ”neo o, en algunos casos, por inhalación de partĆculas o vapores durante la manipulación o cocinado.
Finalmente, persiste la idea de que las alergias no se pueden prevenir y que solo cabe resignarse. La evidencia actual indica que la manera, el momento y la frecuencia con que se introducen ciertos alimentos en la infancia influyen en el riesgo de sensibilización. De ahà el giro hacia estrategias de prevención activa y el desarrollo de inmunoterapias adaptadas.
Un desafĆo de salud pĆŗblica que exige información y sentido comĆŗn
Todo apunta a que, en las próximas dĆ©cadas, el nĆŗmero de personas con algĆŗn tipo de alergia āincluidas las alimentariasā seguirĆ” aumentando en Europa, impulsado por cambios ambientales, de estilo de vida y de exposición a alĆ©rgenos. Frente a este escenario, la respuesta no pasa solo por sumar mĆ”s fĆ”rmacos, sino por mejorar la educación sanitaria desde edades tempranas.
Diferenciar bien entre alergia e intolerancia, respetar las pautas dietéticas indicadas por los especialistas, comprender el significado real de las etiquetas y de las alertas sanitarias y tomar en serio la prevención de la contaminación cruzada en casa y en la restauración son pasos bÔsicos para reducir riesgos.
Al mismo tiempo, la investigación avanza hacia un enfoque cada vez mĆ”s molecular de la alergologĆa, capaz de perfilar quĆ© proteĆnas concretas desencadenan la respuesta inmune y cómo modularla. La combinación de estas herramientas cientĆficas con una ciudadanĆa bien informada puede marcar la diferencia entre vivir las alergias alimentarias como una amenaza constante o como una condición que, con cuidados razonables, permite mantener una buena calidad de vida.
