La cerveza entusiasma más que nunca, pero ¿cuál debe ser su papel en la dieta?

Cerveza artesana

En los últimos tiempos, un renovado entusiasmo por la cerveza ha contribuido a destaparla como algo más que la bebida favorita para ver los partidos en la tele. Los matices que ofrecen las distintas variedades (dulce, amargo, seco, ligero, pesado, fuerte y suave) se están comenzando a apreciar cada vez más. De hecho, esta bebida alcohólica, tanto industriales como artesanas, ya se utiliza para potenciar el sabor de las comidas, un terreno reservado hasta hace poco únicamente para el vino, por lo que estamos asistiendo a todas luces a un refinamiento en toda regla de la cerveza.

Además, han surgido otros usos, como beberla después de practicar ejercicio para facilitar la recuperación del cuerpo o añadirla a los guisos, adobos, salsas y productos de panadería, pero ¿puede formar parte la cerveza de una dieta sana o tenemos que seguir haciendo caso al mito de la barriga “cervecera”?

Los factores nutricionales de la cerveza varían en función de la variedad que escojamos, ya que se preparan con distintos ingredientes, pero de promedio una cerveza contiene 150 calorías y 13 gramos de carbohidratos, mientras que si hablamos de la cerveza light, las cifras descienden hasta las 100 calorías y los 5 gramos de carbohidratos. Esto deja claro que sería una catástrofe para nuestra línea considerar la cerveza como uno de los pilares de nuestra alimentación.

Ahora bien, siempre y cuando no estemos intentando perder peso, no existe ningún inconveniente en tomar una o dos como máximo al día. Tomarla durante el aperitivo, para abrir el apetito, es una excelente idea, aunque también es fantástica para acompañar los platos principales. Este hábito, además de proporcionarnos mucha satisfacción en el paladar, especialmente si elegimos la variedad ideal para cada comida, también puede beneficiar la salud de nuestro corazón, ya que existen pruebas sólidas de que su consumo moderado es ventajoso para este órgano.


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